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Marcos
Miranda
nació en la Habana, Cuba
(1945). Dramaturgo, actor, guionista, productor y director de
teatro, radio y televisión. Ha trabajado por más de cuarenta años en
los medios de comunicación, tanto en su país natal como en España,
Estados Unidos, México y Puerto Rico. Se inició en 1964 en el
“Teatro Universitario” de La Habana y desarrolló una amplia labor
como guionista y director en el Instituto Cubano de Radio y
Televisión (ICRT) durante 15 años, donde se especializó en la
adaptación y dirección de obras del teatro universal para ambos
medios, en seriales y programas infantiles. En la década de los
ochenta, creó en Madrid (España) la compañía teatral “Jóvenes
Actores Españoles” (JAE) donde impartió clases y desarrolló talentos
noveles. En 1989 fundó en Miami (EE.UU.) la compañía “Teatro del
Sol”, donde ha dirigido las obras: Un hijo a la medida y
La Santa Visa. Para el Grupo AMA dirigió la obra Entre
Mujeres, del autor español Santiago Moncada, y posteriormente se
trasladó a México, contratado por la empresa Televisa, para dirigir
la misma obra, la cual se mantuvo ininterrumpidamente en cartelera
durante siete años. Ha escrito más de una decena de obras teatrales,
entre las que se encuentran: Antinoo-El favorito, Las
abuelas, Entre hombres, El regreso de la Condesa,
Inconformes, El viejo y la comedia Cuatro viudas
para Paul. Ha obtenido numerosos premios y reconocimientos por
su labor como escritor y director. Entre sus obras premiadas se
encuentran: Lina, Premio Carlos Felipe en el Concurso
Internacional de Literatura de la ACCA (Miami, 1992); Amparo y
Clementina, II Accésit del Premio Internacional de Teatro
Alberto Gutiérrez de la Solana del Círculo de Cultura Panamericano (New
Jersey, 2002); y Réquiem por Oscar, XVIII Premio de Teatro
Radiofónico Margarita Xirgú de la Agencia Española de
Cooperación Internacional y Radio Exterior de España (2003). Es
miembro del Instituto Cultural René Ariza (ICRA), cuyo objetivo
fundamental es promover el arte y el teatro cubano escrito fuera de
la isla. En la actualidad produce, dirige y escribe televisión,
radio y teatro en los Estados Unidos, a la vez que es profesor
de Artes Escénicas y Locución para Televisión en los programas
Internacionales de Postgraduado, en Idioma Español, de la
Universidad de Miami en el Koubek Center.
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"...Escrita y dirigida por Marcos Miranda, la trama se
desarrolla en Cuba y tiene partes fundamentales que llegan
muy profundo... "La Santa
Visa" es, en cuanto a teatro
costumbrista, una comedia bien escrita, bien
concebida, bien realizada y muy bien actuada. Son dos horas
que se disfrutan mucho, se divierte uno por las ocurrencias
de sus personajes tan típicos y a la vez se recuerdan y
añoran muchas cosas de nuestra patria."
Josefina
Rubio
Recorriendo el
ambiente
Semanario La Voz de
la Calle
Miami, Florida,
EE.UU.
(Octubre de 1992)
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OR
Ahora que
acaba de salir tu libro de teatro Desde las dos orillas, es
importante que todos los que nos acercamos a tus obras conozcamos un
poco mejor tu actividad en el mundo de la dramaturgia. Por eso me
gustaría que nos hablaras de tus primeros pasos en la
actividad teatral.
MM Realmente mi
interés por el teatro nació en New York en 1957 cuando conocí a una
cubana que era en aquella época la secretaria General del Sindicato
de Actores Latinos en esa ciudad, la Sra. Carmen Gavilondo, ella fue
la que me transmitió la pasión y el interés por la actuación y de
ella aprendí el amor, el rigor, y la disciplina hacia la profesión.
OR A tu regreso a
Cuba te planteas entrar de lleno en el teatro y sé que formas parte
del Teatro Universitario. A partir de ese momento ¿Cuándo y cómo
comenzó tu relación con las tablas y las bambalinas?
MM Sí,
efectivamente, mis comienzos como actor fue en el Teatro
Universitario en el año 1963, con la Dra. Elena de Armas y Ramonín
Valenzuela, que fueron mis primeros profesores. La primera obra en
que intervine se llamaba Sinesio, el de Bolondrón, una
comedia costumbrista y recuerdo que mi personaje cruzaba el
escenario con un enorme paraguas y solo decía: “¡El agua está fría!”
Pero en la segunda función el paraguas se me trabó y no quiso
abrirse, y Ramonín me gritó a sotto vocce: ¡Sale sin paraguas! Y por
supuesto tiré el tareco aquel y ya en escena se me ocurrió decir:
¡“El agua esta fría y me estoy empapando”! A estas alturas no sé qué
pasó ni por qué el público prorrumpió en una enorme carcajada. El
caso es que luego me dejaron “la morcilla” que había inventado, y la
gente siempre se reía, sin yo entender cual era la gracia. Elena y
el inolvidable maestro Valenzuela me decían entre risas que era por
la cara de azorado que yo ponía. Después y con el mismo grupo hice
pequeños personajes en los clásicos El mercader de Venecia,
El avaro y otras.
A finales del año 65
escribí y dirigí una versión teatral basada en la película de Walt
Disney del famoso cuento de Charles Perrault La Cenicienta,
para el Sindicato de la Industria Textil, ya que en ese momento
trabajaba en esa empresa. La obra tuvo tal éxito que al año
siguiente se repuso y obtuvo el mismo triunfo de prensa y de
taquilla lo cual me sirvió para que funcionarios del Instituto
Cubano de Radio y Televisión (ICRT) se me acercaran y me
propusieran un traslado de la empresa textil a la televisión y,
desde luego, mi respuesta fue obvia.
OR Sé que eres
hombre de radio y de televisión, pero ¿cómo estos dos mundos se
integran y complementan con tu actividad escénica?
MM Bueno,
temprano en el año de 1965 comencé a trabajar en CMQ Radio y también
me puse a estudiar un curso de Técnica del Guión Radiofónico y de
Televisión. Más tarde fui parte de la primera promoción del curso
para Directores de Televisión que tuvo el ICRT. Me considero que fui
muy afortunado, pues en aquella época los profesores eran
profesionales acreditados en el medio, entre ellos: Roberto Garriga,
Antonio Vázquez Gallo, Odilia Romero, Iris Dávila, Félix Pita
Rodríguez, Carlos Piñeiro, Rine Leal y otros. Aprendí mucho y
también tuve la tremenda suerte de que ese gran director que fue
Roberto Garriga, escogiera a dos asistentes, y yo fui uno de ellos.
Aquellos años fueron vertiginosos. Ya en 1970 adapté y dirigí mi
primer Teatro ICRT; una obra de Tennessee Williams, El zoo de
cristal, con la intervención de los actores María de los Ángeles
Santana, Sarita Malberti, Carlos Gilí y Rogelio Blaín. A partir de
ese momento mi carrera como escritor, director y actor fue en
ascenso hasta 1980, fecha en que fui expulsado de mi trabajo por
desafecto al régimen.
Hasta ese momento
había realizado 23 obras adaptadas y dirigidas para el Teatro ICRT;
24 obras igualmente adaptadas y dirigidas para el programa La Gran
Escena, espacio teatral de Radio Progreso, así como para El cuento,
Grandes Novelas, La comedia, Aventuras etc., todos para la
televisión.
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Marcos Miranda (tercero, de izquierda a derecha) actuando
en la serie Aventuras
sobre la vida de Hernán
Cortés en la década de los setenta. A su derecha
el actor José Corrales. Al fondo dos extras. (ICRT - La Habana, Cuba) |
Creo que toda esta
experiencia más los estudios en el Instituto Superior de Arte de La
Habana, me dieron las herramientas necesarias para enfrentarme a la
actividad escénica. Uno es el compendio de lo que puede absorber y
aprender de los demás, no importa si pasaste o no por la
universidad, hay quienes pasan por ella, y nada se les pega; en
cambio hay otros que sin pasar han sido capaces de trascender y
dejar una huella. Yo insisto en que he sido dichoso con las personas
que me enseñaron y con otras que sin ser mis maestros como el caso
de la dramaturga Celia Torriente y el gran actor y director español
Don Antonio Palacios, entre otros, lo fueron y dejaron una gran
huella en mi vida profesional.
OR Tú eres actor,
director y eres dramaturgo. Háblanos de cada una de estas
actividades por separado.
MM Para mí es muy
complicado hablar por separado de mi trabajo como actor, director y
dramaturgo. En verdad me encanta actuar pero disfruto muchísimo la
creación de un personaje, también en eso he sido dichoso, pues como
nunca fui galán, los papeles que me daban eran de villanos,
sicópatas, depresivos; personajes que no tienen nada que ver conmigo
y por lo tanto tenía que hacer un trabajo sicológico para
“levantarlos”, podría hacerte mil anécdotas, pero hubo uno que me
dio muchos dolores de cabeza, que fue el Abelardo Acuña de Santa
Juana de América de Andrés Lizárraga. Un terrateniente, un
hombre nacido, criado y curtido por la tierra; con una sicología muy
compleja: violento, autócrata, engreído, egocéntrico y cruel, nada
más lejano a mí. Tal fue mi obsesión por él, que solamente
incorporándolo a mi vida diaria (reacciones, forma de caminar, de
moverse, de hablar, comer, etc.), al extremo que me ocasionó
conflictos en mi vida familiar. Finalmente pude “sacarlo” a pesar de
todo eso (creo que con cierta dignidad) y obtener buenas críticas
y felicitaciones del director.
La dirección, creo que
es mi fuerte, si me preguntas qué es lo que más me gusta. Sin
dudarlo te respondería: Dirigir. Armar el rompecabezas, crear los
caracteres, transmitir a los actores mi criterio como creador, que
se basa en el texto frío y silencioso del autor para recrear lo que
él concibió: darle vida, color y pasión de modo que la audiencia
vibre, ría, llore, sufra o se divierta con su obra.
Como dramaturgo asumo
una gran responsabilidad, creo que es cuando me siento más
responsable, por lo que implica dejar escrita una obra que va a
quedar impresa para que otros creadores al cabo de los años puedan
recrear lo que yo escribí para otros públicos. ¡Ojalá sea así! Pero
te confieso que cuando pienso en eso me sobrecojo un poco. Yo empecé
mi vida profesional en la televisión cubana como escritor humorista
en el programa Detrás de la fachada, y eso fue durante 15
años en Cuba y desde entonces no he parado de escribir guiones para
radio y televisión hasta el día de hoy. De eso hace ya casi más de
43 años.
OR ...Y ¿ayuda al
momento de redactar una pieza teatral el hecho de ser actor y
director? ¿Cómo?
MM Mi trabajo como
escritor para los medios masivos de comunicación me ha dado un gran
oficio. La radio, la televisión y el cine, en mi opinión vienen de
una madre común: el teatro. Aunque cada una tenga su propia
personalidad, estilo, plástica y técnicas diferentes. Me ayudó mucho
iniciarme en el teatro y formarme como escritor y director de radio
y televisión, así como después estudiar dramaturgia como una parte
inherente a los tres medios; por eso pienso que mi labor como
dramaturgo es más dinámica y prolífera. Me apasiona escribir para
cualquiera de los medios, pero en el teatro hago punto y aparte. En
estos momentos, por ejemplo, voy a hacer un alto y voy a incursionar
en la novela. Estoy ahora en la fase investigativa de un argumento
que tiene puntos de contacto con mi vida aunque no es
autobiográfica.
Estoy convencido de
que la actuación y la dirección me ayudan tremendamente como autor.
En la creación de la sicología de los personajes, está el director;
en el diseño de la propia expresión oral, la forma de hablar de
cada uno; ahí está el actor. No sé si a ti te pasa como dramaturgo
que eres también, pero cuando estoy escribiendo una obra veo a los
individuos moverse y cada uno lo hace de una forma distinta; ese es
el director que hay en mí el que los mueve; y no todos tienen el
mismo rostro (que pudiera ser el de las actrices o actores que
conozco) sino otros rostros distintos que le pongo a cada uno de
ellos; ahí se mezclan, claro, el director y el actor.
Es un proceso, una
simbiosis, una metamorfosis, que se apodera de uno, haciéndote reír
o llorar mientras escribes.
OR Tú has escrito
muchas obras de teatro y también cientos de guiones radiales y de
televisión. En ellos hay drama y comedia, como en la vida misma.
¿Qué género es el que prefieres?
MM Tú sabes que
me encanta la comedia, en especial aquellas que llevan su toque
costumbrista y elementos de sátira que son las que he trabajado
durante todos estos años. Pero como escritor teatral prefiero la Pieza
como género, que es la que contiene dosis de drama, comedia,
melodrama y hasta tragedia. Ese fue el aporte de Antón Chejov al
teatro del siglo XX, esa herencia se mantiene en este siglo con gran
éxito y yo me siento muy cómodo trabajando la Pieza como dramaturgo,
director y actor.
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Por ejemplo, en el
libro Desde las dos orillas, que acaba de salir
publicado, Lina
es una pieza que contiene ese tipo de estructura. Por lo tanto “hay
de todo como en botica” como decimos los cubanos. El regreso de
la condesa es casi una típica comedia costumbrista, que encierra
la gran tragedia que vivimos los cubanos en el exilio, pero con el
humor que nos caracteriza: que nos reímos de nuestra propia
desgracia y hacemos chistes de nuestro propio dolor. Amparo y
Clementina es un juego escénico que se vale de todo: la comedia,
el drama sicológico, el melodrama, la tragedia, el costumbrismo y
hasta la farsa. Es una de mis favoritas, es una obra creada para un
festival de teatro. Para eso la concebí. |
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OR Has
creado muchos personajes de ficción en la escena y en los estudios
de radio y televisión. ¿Cuáles son los personajes que se te dan
mejor?
MM ¡Qué preguntita! ¿Qué
personajes se me dan mejor? Tengo que decirte que los personajes de
comedia me salen sin proponérmelo siquiera, la Cusita de Qué pasa
en casa, la Teté, de Teté comité, la Fermina de El
regreso de la condesa, el Bernabé de Detrás de la fachada
interpretado por el gran Enrique Arredondo; pero me apasiona crear
personajes con trasfondo sicológico, como el de la protagonista de
Lina, y el Ricardo de la misma obra; como los dos personajes
que le dan nombre a Amparo y Clementina y otros muchos de
otras obras que pronto irán viendo la luz en próximas ediciones de
mis libros.
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Marcos Miranda en
la aceptación del Premio de Teatro Radiofónico Margarita Xirgú
que otorga la
Agencia Española de
Cooperación Internacional y Radio Exterior de España.
Casa de América -
Madrid, España (2003) |

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