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El
cuento humorístico Letra para salsa y tres soneos por
encargo (1981) de la escritora puertorriqueña Ana
Lydia Vega, es una muestra eficaz de la letra de una
canción feminista. El texto está concebido dentro de lo
que se puede considerar una estructura musical de salsa, y
posee una temática narrativa basada en la inversión del
poder patriarcal. Esta temática genera una cadencia
metafórica que acompaña los movimientos rítmicos y permite
el contoneo de la ironía, el humor y el absurdo,
elementos constituyentes éstos de una composición que se
apoya básicamente en el contrapunto, siguiendo el modelo
de la salsa tradicional.
La
salsa es una composición musical cuyas raíces se
encuentran en el variado subsuelo del Caribe. Sus toques,
sus instrumentos, sus pasos, constituyen lenguajes
culturales que remiten a su espacio de origen y, sus
textos reflejan el discurso del poder de la sociedad
patriarcal. Resulta singular, sin embargo, el hecho de que
este tipo de composición musical, básicamente caribeña,
surja en los escenarios de Nueva York en la década de los
sesenta; buscando lograr con su existencia, la
materialización del sentimiento de pérdida de una
identidad que lucha por sobrevivir en un espacio prestado.
Este fenómeno permite a la salsa nacer con cierta
inversión originaria, la cual estriba en ser representante
de aquello de lo cual realmente carece. Esta situación,
contrario a la lógica, lejos de restarle su espíritu
criollo, se lo fortalece. Paralelamente, la salsa muestra
el sentimiento patriarcal "machista" característico de
las culturas del Caribe a través de dos elementos básicos:
la lírica de sus canciones y los movimientos de la pareja
en el baile.
El
baile de parejas que impera en la salsa se hereda de la
cultura europea. Este baile consta de variados pasos, los
cuales siempre son guiados por los hombres y acatados por
las mujeres. Existen pasos lentos para una expresión
íntima y personal y otros más descompasados que reflejan
en la metáfora del gesto, el elemento erótico. En los
pasos rápidos, los bailadores se separan y ejecutan
movimientos de manera creativa. En ellos, es el papel de
la mujer el de recrear a su pareja con movimientos de
pechos, caderas y glúteos; movimientos éstos heredados de
los ancestros africanos, quienes en sus bailes, reflejaron
el rito sagrado de la maternidad. Estas danzas, en
ocasiones, fueron mal interpretadas y sus movimientos se
han considerado obscenos.
El discurso del poder es reflejado en la letra
de las composiciones musicales. Los amores tormentosos, la
astucia y la traición femenina, la pureza de la virginidad
prenupcial son algunos de los temas que llegan a la salsa
de sus antecesores musicales (el son, la plena, la
guaracha.) Dichos temas son presentados desde diferentes
puntos de vista, todos masculinos, con apreciable
evolución ideológica, como consecuencia válida del
decursar del tiempo. En un texto de salsa, el punto de
vista femenino, y aún más, feminista, puede constituir una
inversión con respecto a la salsa original, tal como fue
el origen neoyorquino de la composición musical con
respecto al Caribe, sin que con eso pierda ninguno de los
valores tradiciones. La salsa feminista tendrá como mejor
estrategia a la ironía, la cual en manos de la mujer, se
convierte en una verdadera arma de combate.
Ana Lydia Vega presenta una voz narradora
femenina en una principio de cadencia suave, quien está
dispuesta a agotar con descripciones el escenario de la
trama. La voz femenina no solo sustituye la voz del
hombre, sino también su visión de los hechos. A partir de
esta estrategia, la perspectiva de la mujer dominará el
relato, donde aparecen dos modelos de personajes, el Tipo
y la Tipa, quienes generalizan consecuentemente la
oposición patriarcal binaria básica de masculino/femenino.
El intercambio de roles entre estos personajes permitirá
el desplazamiento del poder, el cual se desprende del Tipo
hasta llegar paulatinamente a las manos de "ella." En el
supuesto caos de pérdida y recuperación que se produce, se
perfila un nuevo orden que descubre una actitud más
realista y un concepto más amplio y novedoso de la
conciencia femenina.
Los
modelos de personajes se acomodan a los patrones que
ofrece la tradición social caribeña. El Tipo es descrito a
partir de sus piropos… "rastrea a la Tipa" (147), la
persigue, la acosa, cargándola de adoraciones. Es modelado
como un hombre fuerte y atrevido que se siente firme en su
condición primaria y no puede contenerse ante un cuerpo
que le despierta la fascinación, la codicia y el deseo.
Ella, es presentada como la "perseguida", víctima del
atacador, mujer que necesita huir para sentirse a salvo,
"la
cual acelera automáticamente y, con un remeneo de
nalgas
en high, pone momentáneamente a salvo su
virtud."
Sin embargo, hay un movimiento melódico de ruptura cuando el
rol tradicional femenino pasivo queda roto de golpe al
tercer día de asedio. La víctima "coge impulso" (148) y
enfrenta al Tipo para proponerle un "¿Vamos?" aplastante.
Entonces comienza la verdadera salsa feminista, con un
segundo movimiento rítmico más rápido, a partir del cual
las funciones estereotípicas de los roles sociales de
género enfrentan un nuevo ciclo de desarrollo que tiene
como cadencia básica la inversión; inversión de poderes,
inversión de ritmos. Con esta estrategia, la autora
presenta una posible revaloración de la relación de la
pareja, al tomar al amor como célula inicial temática y
mostrar las diferencias básicas en los criterios de amor y
sexo. El poder masculino y la pasividad e histeria
femenina ante lo reprimido, comienzan a desplazarse entre
los personajes como producto del nuevo sistema de
valoraciones que rige la historia narrada.
La Tipa
ha sentido amor hasta ese momento por Héctor, dentista
anónimo para quien ha trabajado durante siete años. La
boda de Héctor con otra mujer, muy a diferencia de lo
planteado en las canciones tradicionales, lejos de sumirla
en la desesperación y negación de la vida, le hace sentir
que el himen le pesa demasiado. Su reacción ante el
abandono se convierte en nueva búsqueda, búsqueda que como
producto del nuevo sistema de valores ya no aspira a la
teórica castidad y al amor perfeccionado por una relación
prenupcial sino que reclama la práctica emergente del sexo,
sin que para ello sea necesario el amor ideal. Dice Vega
en su texto: "después de todo, el arma importa menos que
la detonación" (150).
El Tipo
como personaje perfecto destila virilidad y el ataque es
su especialidad. Irónicamente en la inversión de funciones,
el ataque es el primer punto en el cual los papeles quedan
cambiados. La Tipa, al "atacar" al Tipo en su propio
espacio, la calle, pasa a ser el sujeto de la acción,
mientras que él ocupará un lugar subordinado, de segunda
categoría, el cual hasta entonces le ha correspondido a
ella. La Tipa, como sujeto, le precisará la
invitación inmediata, guiará el automóvil, decidirá el
lugar a donde deben ir, pagará el motel y le tomará como
objeto para deshacerse de una virginidad que ya no
le interesa poseer.
El
motel como espacio representa una nueva estadía en la
relación de la pareja. Al llegar allí "la llave está
clavada en la cerradura" (145) y la Tipa se dispone
rápidamente a empujarla para entrar; "la Tipa abre la
puerta y enciende la luz" (145). En su nuevo rol, es ella
quien apremia al Tipo para que se quite la ropa; quien se
regodea con el strip-tease que le exige, y por
último, quien le tira por el aire, al asustado objeto
masculino, un "condescendiente condón de los indesechables"
(147.) Esta mujer, marginada hasta ahora socialmente, es
dueña de un nuevo poder. Organiza la acción y controla los
medios para su realización ya que es la poseedora del auto
y del dinero que debía tener el Tipo. El, en su nuevo rol,
ha perdido la agresión que tenía cuando estaba en la calle.
Los espacios cerrados propiamente femeninos, le han
desarrollado una función pasiva. Ha pasado del plano
práctico de la acción (los piropos, los asedios) al de la
ensoñación y entonces, como si viviera una novela rosa por
entregas, comienza a pensar en un apartamento de soltero
con vista al mar y en un romántico atardecer.
Ana
Lydia ha delineado claramente la inversión del poder
gracias a a la trasgresión de los espacios estereotípicos
por parte de cada personaje, y una vez logrado esto ha
preparado la acción para un tercer movimiento musical que
no es más que el comienzo del propio acto de sexo. Este
nuevo ritmo tiene como melodía a la ironía, la cual
desarticula todo el gran mito social falocéntrico. El
pobre Tipo, que ya ha perdido la voz, está encerrado en el
baño, donde hace grandes esfuerzos para que los recuerdos
desarrollen su naturaleza. Quiere impresionar con su
virilidad pero no lo logra, no encuentra la salida
emergencia, "su traje de superman está en el laundry"
(150.) Por eso, la impotencia lo lleva a una sola y única
salida: la histeria. Grita, pierde el color, patalea, cae
al piso con convulsiones" (Freud, 3) y por último declara
estar "malo del estómago" (151.)
Terminada con esta escena la exposición introductoria
comienzan los soneos de esta composición narrativa y
musical. El ritmo se acelera, se llena de acordes, se
sincopa, se hace más corto, para que la figura femenina (una
y múltiple) encuentre sus diferentes proyecciones y se
presente en toda su grandeza. Es este un espacio
específicamente dedicado al contrapunto, ya que cada soneo
representa una voz femenina que queda incluida en el
genérico "Tipa", y que en forma polifónica narra un
posible final para esta aventura. En realidad la polifonía
resulta invertida también, como buen producto del
contrapunto que representa, pues no son los soneos
versiones de un mismo final, sino finales diferentes y
aceptables para esta única y singular historia de amor en
ritmo feminista.
En el
soneo I la Tipa expresa su fuerza al volverse Madre. Le da
el ser al Tipo a través de la respiración boca a boca y le
acaricia la "pancita en crisis" (151.) Como proletaria, o
mujer, o marginada del poder, le propone ciertos cambios
que lo lleven a la acción, a fortalecerse gradualmente y a
lograr la unión de ambos:
Se
unionan. Emocionados entonan al unísono la
Internacional mientras sus infraestructuras se con-
mocionan. La naturaleza acude al llamado de las masas
movilizadas y el acto queda dialécticamente consumado.
(151)
En el
soneo II, se declara la igualdad de sexos, "…machetea la
opresión milenaria, la plancha perpetua y la cocina
forzada…" (151.) Ahora ella obliga al Tipo a que razone,
a que se arrepienta de su postura sectarista y machista y
a que se enmiende. La igualdad, grandísima ironía, debe
regir hasta en la participación de ambos en el acto
sexual.
Bajo el
foco implacable de la razón, el Tipo
confiesa, se arrepiente, hace firme propósito de
enmienda e implora fervientemente la comunión.
Emocionados, juntan cabezas y se funden en un largo
beso
igualitario, introduciendo exactamente la misma
cantidad de lengua en las respectivas cavidades
bucales.
La naturaleza acude al llamado unisex y el
acto
queda equitativamente consumado. (151)
Finalmente en el soneo III, quizá el más verosímil, la
Tipa se declara incapaz ante tanta histeria en la conducta
del Tipo. Salen del motel nuevamente con rumbo a la calle
donde ella le recogió. Allí, lo suelta como una carga en
medio de la fiesta patronal que aun no ha terminado. El
Tipo reforzado por el espacio externo, ocupa el lugar de
"macho" nuevamente. Vuelve al ataque acostumbrado, al uso
de la oralidad para llamar la atención de una nueva
víctima y a la proclamación de esta "frustrada" conquista.
Narrara la aventura como otra "victoria," desde su propio
punto de vista, con omisión de la suerte de la virginidad
de la Tipa, motor de todos los movimientos, la cual
finalmente no fue perdida.
Ana
Lydia Vega en su texto/salsa da nuevos valores para el
amor, el sexo, la mujer, el hombre, la pareja… los cuales
van más allá de las significaciones que tradicionalmente
han poseído. Hace observar que los temas que representan
estos signos han entrado en un nuevo sistema, el concepto
feminista de la relación sexual, y necesitan por tanto ser
revalorizados bajo los códigos que este sistema ofrece. Su
estrategia que se basa en la ironía, la parodia social y
la ridiculización de lo establecido, da una buena muestra
de que la mujer aunque haya estado sentenciada por siglos
a la marginalidad y a los espacios olvidados no ha perdido
su gracia, su frescura y lo que resulta más importante: su
condición de ejercer el poder.
Obras citadas
Freud, Sigmund. Select
papers on Hysteria and other
Psychoneuroses.
The Journal of Nervous and Mental
Disease, Publishing
Company: N.Y., 1912.
Vega, Ana Lydia.
"Letra para salsa y tres soneos por
encargo". En Aquí cuentan las mujeres. Pról. María
M.
Sola. Ed. Huracán: Puerto Rico, 1990.
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