|
G. R.:
Señor Mosca, usted es argentino pero ha pasado la mayor parte de su
vida como escritor exiliado en Austria. Ya en
1974 aparecieron en la radio y televisión argentinas los cuentos por
los que recibió el famoso premio Leopoldo Lugones. Más tarde,
en Austria, publicó la colección de cuentos La Excusa,
la novela Flores para Agustina, diversos poemas y,
finalmente, su novela La marca en la arena.
La mayor parte de sus obras ha sido traducida al
alemán y ha gozado de muy buena crítica tanto por parte de la prensa
argentina como de la austríaca. Sin embargo, hasta ahora su obra ha
pasado casi inadvertida por las principales publicaciones
académicas. ¿Cómo se explica este fenómeno?
L. M. B.:
Yo mismo no tengo una explicación satisfactoria, pero sí una que me
consuela: Es un hecho conocido que conseguir una editorial de
prestigio y buena distribución es una ardua tarea. Hasta ahora me he
hallado aislado, porque por un lado he trabajado como médico y
recién hoy, que estoy jubilado por una lesión complicada de una raíz
nerviosa lumbar, me dedico de pleno a la narrativa.
La canonización
de los escritores responde a muchos factores. Yo no puedo responder
por todos ellos. Pero sí es un hecho que también hay que tener
paciencia. Hay que recordar que la canonización de los autores
descubiertos tardíamente o post mortem es mucho más intensa
que la de los que gozaron de fama en vida. Estos últimos se
convierten en verdaderos mitos, y tal vez el error de no
descubrirlos a tiempo se pague de esa manera. ¿Qué no daríamos por
tener la oportunidad de entrevistar a alguno de ellos, de saber qué
pensarían sobre esta u otra cuestión? Que a Kafka y a Rimbaud no
los reconocieron en vida dice mucho, el primero es quizás el más
importante prosista y el segundo el más importante lírico del siglo
XIX. Otro factor posible es que mi lenguaje literario es quizás
extratemporal y que pertenezca yo a aquéllos que todavía hay que
descubrir. ¿Será que pertenezco al llamado “underground”? De todas
formas me siento conforme conmigo mismo, sé que tengo mucho por
decir y que por mi formación médica, humanista y bastante sinólogo
poseo una fuente que descansa en sí misma. Y esa fuente está en
permanente movimiento, como diría Heráclito.
G. R.:
En los últimos diez años y, en especial, en su
última novela La marca en la arena destaca su interés por la
Conquista de Latinoamérica. ¿Por qué? ¿Cuál es su opinión acerca de
las diversas conmemoraciones oficiales del Quinto Centenario ?
L.M.B.:
Se ha festejado ruidosamente un hecho histórico que significó el
agrandamiento y enriquecimiento de un Continente y la ruptura y
empobrecimento de otro. Creo que más que fiesta hubiera sido más
acertado un acto de contrición. Después de los 500 años es tiempo de
señalar claramente cuáles han sido las ventajas y las desventajas
del 12 de Octubre de 1492. Nos quejamos de que la biblioteca de
Alejandría fue quemada por orden del califa Omar en el siglo VII
A.C., pero ni siquiera nombramos que miles de libros mayas cayeron
a las llamas de la inquisición colonial. Lo trágico es que recién
hoy se ha descubierto que los signos mayas son verdaderos textos de
un lenguaje y que en las paredes y escalones de los templos está
escrita parte o toda su historia.
Una de las
razones por la cual un escritor narra es que desea explicarse a los
demás. El narrador siente la premura de dar su opinión sobre los
grandes sucesos de este mundo. Se oye frecuentemente el reproche de
que muchos escritores son pesimistas. Yo digo... ¿Con qué derecho se
pretende que los escritores sean optimistas en un mundo en el cual
cada seis meses tenemos un conflicto bélico de tal envergadura que
los periódicos aseguran que podría ser el inicio de la 3ra. guerra
mundial?
Es por ésto que
el escritor narra, para explicar su punto de vista. Esta intención
de explicarse a sí mismo y a su entorno no es otra cosa que
justificar ese punto de vista distinto. En el caso de la ex-colonia
sucede que el territorio pos colonial sigue dependiendo
económicamente, pero en un momento dado de la historia la
dependencia a nivel cultural se diluye. En el campo cultural surge
un movimiento de espíritu independiente. En el caso particular de
América Latina, la cual contiene grandes territorios desprotegidos
económicamente, la cultura distinta asume la responsabilidad
histórica, por así decirlo, de mostrar y de explicar a través de
otra literatura, de otras músicas y de otras danzas, que ellos ya no
son los otros. Esta nueva forma de ordenar las notas musicales y de
contar historias es un certificado de identidad propia. Y este hecho
contradice la creencia tan común entre los colonizadores de que los
territorios pos coloniales no pueden administrarse a sí mismos,
porque de alguna manera son un caos. Ese caos es consecuencia de los
desgarres coloniales, y de ese mismo caos el creador pos colonial
encuentra la materia para su obra. En los últimos 15 años la
dependencia económica parece ser absoluta y definitiva. Los pueblos
del tercer mundo han perdido ya todas las esperanzas, pero nadie se
atreve a decirlo a voz llena. Pero no pasa lo mismo en el plano
cultural. En el caso de Argentina el tango es un ejemplo claro, hace
más de cien años que esta música, junto al folclore, caracteriza al
país, es decir, que se cuenta con un ritmo definido que define una
identidad. Otro tanto es la cumbia en el caso de Colombia o la samba
en el caso del Brasil. Será lo que llaman la razón pos colonial.
El Quijote de la
mancha surge en el siglo XIII. El Cantar del Mío Cid en el XII, es
ésta una época en que la hispanidad buscaba afirmarse frente a la
ocupación árabe en la lucha por la reconquista. El arquetipo ibérico
había sido hallado y elevado al culto del héroe. Si el Quijote fue
mera imaginación y su finalidad era burlarse de la novela de
caballería, el Poema del Mío Cid cumplía con la tarea de narrar una
historia que era verdadera, pero modificada según los deseos de la
comunidad.
La marca en
la arena es de alguna manera un homenaje al Martín Fierro,
de Hernández. Yo elegí el nombre de Mariano Cruz haciendo alusión al
compañero del Martín Fierro. El contexto histórico es totalmente
real y los personajes son ficción, pero podrían haber sido
ciertos... o tal vez lo han sido y no lo sabemos. O lo sé yo, que
soy el autor, y lo callo. Lo cierto es que lo que interesa es la
historia y el alma de sus personajes.
Respecto al rol
femenino de Latinoamérica al cual alude el
prof. Hölz
en su
obra
Das
Fremde, das
Eigene, das Andere. Die Inszenierung kultureller und geschechtlicher
Identität in Lateinamerika es, al parecer, un aporte de valor.
Lamentablemente no he podido conseguir este libro. Y quisiera contar
con él para dar una opinión concreta. El
Prof. Hölz goza de mi admiración.
ha sido elegido por el
poder colonial.
Ese
rol femenino
de Latinoamérica,
entiendo yo. Es decir, que
España necesitaba colonias de comportamiento
de entrega. Si lo
entiendo bien, claro es que el centro colonial precisa la pasividad
de sus colonias. En los grandes centros del Caribe y del norte de
Sudamérica, regiones en las cuales las grandes culturas tuvieron que
entregarse a la violencia del conquistador, es así. Más hacia el
sur, en la zona de la pampa, cambian un poco las cosas. Los
indígenas de ésta zona no tenían una alta cultura que perder. Por
otro lado, ellos no se entregaron ni al conquistador ni a los
blancos que los continuaron en el poder. Por esto allí faltan las
razones para adoptar un rol femenino. El gaucho, personaje central o
pilar mismo de la argentinidad cree en el “deber” de luchar con el
cuchillo. Evita las armas de guerra porque estas “no son para
verdaderos hombres”, cosa que no sucede en varias zonas del caribe,
en las cuales defenderse o atacar con un revólver no es ninguna
deshonra. Además, si el hombre del Caribe se identifica por
mimetismo con el gallo, el del sur lo hace con el caballo. Se ve que
el panorama es otro. Y las obras literarias centrales del gauchismo
son muy masculinas: El Martín Fierro y el Don Segundo
Sombra. Y sin dudas también el Facundo Quiroga de Sarmiento,
aunque está impregnado éste de la crítica al personaje histórico.
G.R.:
¿Qué autores, filósofos
y ensayistas le han ayudado a desarrollar su estilo literario?
L.M.B.:
Lao Tsé es el filósofo que más ha influido en mi pensamiento,
también Heráclito. No puedo decirle cuales han sido los escritores
que han influido en mi estilo, pero sí puede decirle que son muchos
a los que admiro, tantos, que no podría nombrarlos. Cometo la
insensatez de nombrarle algunos de los latinoamericanos del llamado
boom, tales como: Roa Bastos, Horacio Quiroga, García Márquez,
Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Ciro Alegría,
Julio Cortázar y Ernesto Sábato. De los europeos: Marcel Proust,
Albert Camus, Jean Paul Sartre, Fedor Dostoyewski, Herman Hesse,
Leon Tolstoi, Luigi Pirandello, Frank Kafka, James Joyce y Oscar
Wilde.
G.R.:
Según usted, ¿cúal es la función esencial
del escritor contemporáneo?
L.M.B.:
Yo estoy de acuerdo con Carpentier en cuanto a que el quehacer de la
literatura latinoamericana (la buena) está abocada a “mejorar lo
que es”. ¿Cómo podría ser de otro modo? El escritor de América
Latina tiene la impresión de que los graves inconvenientes con los
que cuentan los habitantes de la región son los efectos de la
colonia. Es verdad que se podrían haber hecho mucho mejor las cosas,
pero allí ha quedado montado un caudillismo transador y más
comprometido con los de afuera que con los de adentro. Desde ese
punto de vista tampoco hay que empañarse los cristales de los lentes
con el pasado de un colono perturbador, y ser ciego ante una
realidad de corrupción de la más genuina fabricación nacional. Yo
creo que ha llegado el momento de no dispersar la atención, los
problemas actuales van a comenzar a solucionarse en la medida que
los de adentro no se presten a la corrupción.
La humanización
de la sociedad en América Latina es de necesidad urgente. En
Argentina ya ha habido algunos cambios en estos sentidos. Pensemos
que se puede obtener humanización ahí donde las condiciones están
dadas para ello.
Seguro que, como
dice Ernesto Sábato, la intuición y la razón interaccionan entre sí.
Personalmente estoy seguro de que la intuición juega un papel más
importante que la razón cuando el escritor anda a la búsqueda de lo
que percibe o desea el inconsciente colectivo. Es más, antes del
percibir, sentir, imaginar y crear está el soñar. En ese amplio y
profundo campo que es el sueño comienzan a mezclarse las
experiencias de la realidad con los deseos, con los temores y todos
los sentimientos que poseemos, incluso el odio. El sueño es un
trabajo, un trabajo de enorme belleza y de gran productividad. Y lo
maravilloso de él es que no “lo hacemos”, sino que “él mismo se
hace”.
Es así que el
escritor debería poseer otro conocimiento que el del político. Su
función se parece a la de un chamán, porque habla con los vivos y
los muertos, entierra el dolor y hasta hace renacer de las cenizas a
los espíritus del pasado. Por éstas funciones es que gran parte de
la masa no sabe cómo comportarse frente a él, ella no sabe “qué
sentir" frente a este medium que hace malabarismos y del que
se cuenta que lleva en su galera las historias más agradables de
oír, pero también muchas otras que muchos no quisieran oír ya más.
G.R.:
Teniendo en
cuenta su orígen argentino y sus decadas de residencia en Austria,
¿se considera usted un escritor argentino, latinoamericano,
austríaco, europeo, cosmopolita o, sencillamente, escritor?
L.M.B.:
Soy un escritor argentino que por razones del destino también se
siente cosmopolita. Y además, cómo negar que he recibido mucho de
Austria. Creo que el ser humano juzga en primer lugar con los
sentimientos y en ese sentido tuve muy buenas experiencias. Debo
tener en cuenta que Argentina no fue un país fácil para mí. El daño
espiritual y físico que me causó fue incalculable, y sin embargo la
quiero (como lo dice el tango). Argentina no es fácil para nadie,
para nadie que esté ubicado en la zona media y baja de la sociedad
económica. Por otro lado, en Argentina soy respetado como médico. He
publicado allí varios libros de la materia y el último de ellos me
da grandes satisfacciones desde hace unos 15 años, porque tiene
muchos lectores. Además tengo allá excelentes amigos desde toda la
vida.
Pero yo sueño con
un planeta sin límites geográficos, me gustaría mucho poseer un
pasaporte universal, tal vez ello sea posible cuando tengamos que
diferenciarnos de nuestros vecinos extraterrestres. Justamente he
comenzado a trabajar en una novela que si se quiere se podría
definir de ciencia ficción. El personaje principal se mueve de
planeta a planeta y tiene uno de esos pasaportes.
G.R.:
Vamos a centrarnos en su última novela La marca
en la arena, en la cual destacan tres personajes: Mariano Cruz,
Américo Cruz y el Dr. Merino. El médico Merino demuestra una actitud
relativamente distanciada acerca del protagonista quijotesco Américo
Cruz, descendiente del liberador idealista Mariano Cruz.
Merino observa más bien que
actúa,
evalúa las situaciones
con la razón en vez de dejarse guiar por el instinto, como los Cruz.
¿Hasta qué punto hay aquí semejanzas con el
médico y autor Lidio Mosca Bustamante?
L.M.B.:
Evidentemente Merino se mantiene alejado de Mariano Cruz, y en
realidad se mantiene alejado de la aventura. Es que hay que
considerar que Merino es un hombre de cierta edad y que ya ha hecho
gran parte de la experiencia que otorga la vida...los personajes de
la novela son distintas personas tomadas en ciertos momentos de sus
vidas. Creo que para crear personajes hay que desencarnarse, y parte
de la creación es crear figuras que sean independientes del autor,
pero no creo que yo lo haya logrado en esa novela. Merino tiene algo
de mí, pero mucho menos de lo que se puede creer al ler la novela.
|