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“Su poesía representa
uno de los grandes logros de la poesía cubana contemporánea:
originalidad, lirismo intenso, novedad en el aliento; frescor de
algo nuevo; entrega en la amplitud; búsqueda de nuevos recursos
literarios.”
Dr. Odón
Betanzos Palacios
Director de
la Academia Norteamericana de la Lengua Española
“El estro poético de
Arminda Valdés Ginebra cada día asciende y se renueva, cosa bien
difícil y que solamente logran los verdaderos poetas.”
Dr. Julio Hernández
Miyares
Decano de la
Facultad de Lenguas Extranjeras
Kingsborough
Community College (CUNY
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Arminda Valdés Ginebra es una poetisa cubana,
nacida el 3 de marzo de 1922 en Güines,
al sur de la provincia de La Habana, Cuba.
Arminda se
graduó en La Universidad de La Habana, en la escuela de Arte
Dramático en el año 1951, y más tarde en el año 1952 termina su
doctorado en Pedagogía, en la misma Universidad. A finales del año
de 1952, la curiosidad de Arminda y su afán por los conocimientos
sobre los seres humanos y sus emociones, la llevan de regreso a la
Universidad donde se matricula en la Facultad de Filosofía y más
tarde, terminada esta, se matricula en la facultad de Psicología, la
cual no termina, debido a que contrae matrimonio.
Pero el afán
de Arminda por conocer a los seres humanos no es fácil de saciar y
regresa de nuevo a su amada Universidad en el año de 1957. Esta vez
se matricula en la escuela de Servicio Social de la cual se gradúa
en el 1960 y comienza a trabajar como especialista social en niños,
hasta el año de 1966 en que fue llamada por “El Consejo Nacional de
Cultura”, como consejera de teatro infantil y juvenil a nivel
nacional.
La trayectoria
literaria de Arminda comienza a los trece años,
cuando empieza a componer sus primeros versos. Ella nació con el
interés de dar su opinión, su sentir y de comunicarse por escrito
con el medio en que vivía. Después de escribir sus primeros poemas,
comenzó a decir lo que pensaba y sentía, en prosas, a veces poéticas
y otras no. Aunque Arminda siempre se expresó mejor a través del
poema, su prosa es clara y por supuesto, con entonaciones poéticas
que la hacen muy suya.
En el 1946,
cuando comienza a estudiar en La Universidad de La Habana, el amor
por la poesía crece dentro de ella y comienza a relacionarse con
otros poetas. En esa época también comienza a colaborar en algunas
columnas de varios periódicos y revistas, con ensayos críticos y
temas pedagógicos mayormente.
Arminda se
repliega en sí misma para descubrir su auténtico yo, el cual vemos
en su poesía, el núcleo central que ha de estructurar sus vivencias
y experiencias de forma definitiva. Pero en el proceso selectivo que
se prolonga en ella como en todos los jóvenes de capacidad superior,
no se siente dispuesta a mutilar ninguna de sus posibilidades, sin
dejar de reconocer que en la existencia humana hay a veces que
renunciar a ciertas cosas para poder alcanzar niveles más elevados
de superación en el orden personal y social.
Arminda
refleja en su obra todas las facetas de una mujer rodeada de ternura
y admiración. Y lo mismo sucede en su nueva poesía o su poesía del
exilio. Pero a su vez refleja en su obra la añoranza y ternura de su
nativo Güines o de
Cuba en general. En esta poesía evoca el misterio de las cosas que
ella percibe y no puede ver; la tristeza amorosa del pasado.
Es una poeta
exquisita, de sensibilidad semejante a la de Bécquer, ya que es
musical, lírica y sencilla. La mayor originalidad estilística se
halla tal vez en el terreno musical, huye de las formas
tradicionales, utiliza un nuevo ritmo, más flexible y armonioso.
Como dije
antes, su canto a la tierra nativa es de una calidad exquisita; se
siente un gran orgullo, no dicho, por su patria chica.
La Dra. Valdés
Ginebra, es sin lugar a dudas una mujer que trascenderá el mañana y
esto lo prueba la actualidad de su poesía y la fuerza de la
expresión y su tono. Considero que la originalidad es punto
fundamental en la poesía de Valdés Ginebra, lo cual no significa que
no haya en su trayectoria influencias y coincidencias, como en casi
todos los autores; el valor literario de la poeta es que tiene un
gran dominio del verso, y una fuerza cósmica que se nota en muchas
de sus obras en donde alude a la naturaleza, a la cual respeta y
venera como lo hace con Dios. Las palabras de Valdés Ginebra
siempre son palabras hermosas, rectas, llenas de luz y sobretodo
honestas con ella misma.
La variedad,
la riqueza de temas, podría decirse que es característica del
trabajo de la poeta desde sus inicios. El amor en sus hermosas
variedades; a la patria, a la naturaleza, tan rica en su Isla, a sus
padres, y hermanos, a los niños, en general, en fin, el amor en
todas sus
manifestaciones.
No hay tema en
la naturaleza que el perenne asombro y el afán artístico de Arminda
no hayan incursionado, con una elegancia de términos que hace
aparecer ante nuestros ojos a “Guarito” el gato de su padre, como un
animal mitológico, lleno de visos humanos y sentimentales. Con
Arminda entramos a su lejana casa de Güines,
aprendemos a conocer a sus abuelas Yaya y Nana, nos desgarramos con
la perdida de su hijo y remedamos a Lorca en giros tan dramáticos y
gitanos, como si la inspiración de Federico hubiera soplado su musa.
Escribió a los bolsillos, un original poema; no hay trámite preciso
entre la angustia y el amor, entre la patria y la familia: todo es
arte vivo, exótico como el Caribe de raíces cubanas.
Porque no es
la temática, sino la filosofía de su tratamiento, y en ella, la
artista no deja lugar a dudas, embelleciendo lo cotidiano, al ser
traducido por un pincel mágico, al lienzo poético que emana de su
secreto caudal, que inagotable, solo el Señor sabe de donde viene y
hacia donde se dirige.
Arminda tiene
el secreto de adornar sus versos con los colores de las flores, la
hierba, que adorna la tierra, las plantas, las piedras y los
palmares. Ella sabe el lenguaje del río, de los árboles, de los
pájaros y de las tardes. Entiende el dulce susurro de los ángeles y
puede ver sin miedo en las madrugadas. Escucha de forma muy tenue el
canto de las estrellas, del viento, del mar, del cálido sol que la
abraza y de las noches que la adormecen. Puede reconocer como nadie
la alegría y la tristeza, el aroma de las rosas, de los lirios, de
las espigas y la tierra, cuando sin remilgos siente el campo, el
valle, las lomas. Como nadie dibuja su pueblo natal, su patria chica
como le llama ella. Arminda es una mujer que a través de su poesía
nos deja ver un mundo que aparece ante nosotros como cristales de
idealidad, llenos de ternura, filosofía, jóvenes y más viejos.
En el caso del
libro “Sigo Zurciendo Las Medias de Mi Hijo”, nos presenta el tema
de la madre que está sufriendo, llena de dolor; sin embargo, en
otros libros su temas unen pasiones, familias, amores y otras veces
la nostalgia o la evocación de su patria que siempre emerge dentro
de su poesía.
Como dije
anteriormente, la paleta poética de Arminda es amplia y aparece con
un subido valor humano, muy hondo calor emocional. En ella se nota
la profunda cultura poética, la postura algunas veces recia y otras
toda dulzura dentro de la verdadera poesía de forma y sentimiento;
cuando nos adentra en su tema, adivinamos el desvelo familiar, la
ternura de la mujer que ha sabido amar y ser amada, la contextura
amorosa en todo su esplendor, hemos visto el camino de la soledad y
la belleza del envejecimiento sin horrorizarnos por eso. En cada
etapa de su vida ha podido usar los mismos temas pero jamás ha dicho
las cosas de la misma manera. El arte de la poesía, opino, que nació
con Arminda y morirá con ella. Según José Corrales, “Arminda
es muy sensual en sus temas, muy romántica y en casi todos los
poemas tiene al mar presente o ausente”.
Su obra es “un
viaje por el tiempo del verso”, del que da, en varios estilos y
formas. Su capacidad de trabajo es asombrosa, produce sin cesar y
las ideas mejores las encierra en versos que brotan con gran
espontaneidad.
Leyendo la
poesía de Valdés Ginebra, la hemos visto emerger, evolucionar,
incursionando en formas nuevas sin afirmarse ni mucho menos aún,
afincarse o encallar en una etapa definitiva. No se podría asegurar
cual es exactamente el tono de su voz, ni cual es su estilo
definitivo y es muy posible que ello sea porque Arminda continúa
creando, evolucionando, lanzando nuevas cosas cada amanecer.
Como tampoco
la generación de la poeta, se puede definir con claridad ni
encasillarla en una u otra, ya que la autora ha vivido dentro de
varias. Por los muchos años sin detener su trabajo Valdés Ginebra
cabe, en mi criterio, en dos o tres generaciones teniendo en cuenta
los cambios que la artista ha ido experimentando en su avance hacia
la madurez lírica. La vida de un ser humano, por añadidura poeta,
tiene demasiadas encrucijadas y más aún la de alguien que ha pasado
por tantas etapas.
En la poesía
de Valdés-Ginebra se entretejen la voz de la hija, la hermana, la
madre y la enamorada, apareciendo también su labor patriótica, el
recuerdo de su patria, el dolor del exilio. Personalmente veo en la
poeta un ser de gran fortaleza, seguido de la mujer tierna y
delicada. Su poesía sube y baja como un carrusel, de la voz pasiva
al grito indómito, su voz es grandilocuente, culta, de gran gusto,
con ideas valiosas y un mensaje que siendo serio a la vez tiene
voz “sin zapatos”, simple, al decir de la autora y a un tiempo como
símbolo de estar pegada a la tierra, llena de vitalidad, de salud y
desnuda. Esta es su otra voz, la que no va por las alturas, sino por
el contrario va por los valles: las tierras llanas, la tierra dulce.
Su obra es originalmente temática porque logra despersonalizar su
poesía y elimina hojarascas y por la fuerza de su voz considero que
es esa la fuerza la que saca a el poeta de la monotonía. Su poesía
después del exilio es más profunda, pero a la vez en el caso de
“Sigo Zurciendo Las Medias de Mi Hijo” aparece con una voz muy honda
y cada uno de los versos que componen este libro, son versos que le
abren el alma al lector, le llegan muy profundo, como una herida en
su propia carne.
La poesía de
Arminda ha tenido un contexto cronológico evolutivo, ya que comienza
muy temprano y es una poesía que nunca se ha dormido, siempre se ha
mantenido en Movimiento; hasta en los peores momentos de su vida.
La poeta nunca
ha dejado de buscar la filosofía de la vida, el por qué de las cosas
y el intentar una nueva forma de aproximarse a los demás; ella no
escribe para complacer a otros, su obra es única y exclusivamente
expresión de sentimientos personales que es lo que cuenta para ella;
ella escribe de acuerdo a lo que ve, siente o pasa cada día de su
vida, con un lirismo que nos cautiva con su elegancia y
originalidad.
Arminda
siempre ha demostrado en su poesía un gran amor por lo autóctono. En
su trabajo aparece su tierra, lo suyo, aunque no ha dejado de
escribir a otros lugares, pero su mayor influencia es sobre todo
aquello que ha amado y una de las cosas que ama y amara siempre
Arminda, es su patria. Desde muy temprana edad, comienza a
inspirarse con las palmas reales, parte de su entorno de aquellos
tiempos, su terruño, el cual no olvida, ni intenta olvidar; esta
siempre latente en ella. Creció muy cerca del olor a tierra, a
semilla y surco, escuchando el susurro del hermoso río Mayabeque,
donde la hierba, según sus palabras, “es más verde que en cualquier
otro lugar”. En su poesía aparecen gentes y costumbres de aquel
lugar, donde según Arminda “cantan su ancestro y sus panales”.
Y como todos
los poetas exiliados recuerdan su patria y este recuerdo le brinda
un punto de apoyo; la Isla, no importa cuan lejos este, la siente
muy cerca y con todos sus recuerdos se ata a ella y la Isla le sirve
de salvavidas imaginario del cual ella sujeta sus recuerdos. La voz
del poeta exiliado tiene muchos tonos, pero en todos ellos predomina
una visión de nostalgia y cualquier pequeño detalle la transporta al
espacio de sus recuerdos.
En muchos de
los poetas su poesía es todo lo que les queda del ayer, es su
refugio, lo que nadie le puede quitar o robar; es su realidad. En
Arminda, siempre se nota un deje de nostalgia y aun el lenguaje
poético no puede nunca captar totalmente el pasado que la poeta se
empeña en recordar. Ella siempre mantendrá sus vivencias, cosas
pequeñas pero llenas de emociones, como son sus imágenes del pasado,
sus alegrías y sus tremendos dolores.
En Arminda,
como en casi todos los poetas del exilio, se puede ver algunas veces
como recrea el paisaje de su isla, la nostalgia que aparece
continuamente del pasado que sin querer teme que no regresara; la
casi obsesiva presencia de todos los recuerdos de su infancia y
juventud, que vivió tan segura y protegida por los suyos. Pero, yo
creo lo que le ha hecho mas daño a Arminda ha sido el choque
cultural ante la realidad de un nuevo país, en el que no obstante ha
encontrado comprensión y apoyo por la ingerencia de personajes de la
poesía, con que ha establecido relación.
En Arminda, el
tema de la identidad nacional es de gran importancia, y en ella
trasciende y en su caso en particular se inserta en la obra creadora
como eje central de muchas de sus poesías y en cuyo alrededor no
solo gira su querida patria, sino a la vez un mundo mucho más
amplio.
En Valdés
Ginebra o mejor dicho, en su poesía patriótica se puede notar cuando
habla antes y después de haber dejado su tierra. Sus poesías muchas
veces son evocaciones íntimas que expresa con dulzura, en varios
metros y en una lengua natural. Su poesía, podemos decir que no es
exaltada ni retórica, es poesía en tono menor, tierna, dulce, con
suaves toques románticos. El exilio en Arminda abrió nuevos caminos
a lo mejor, la separación de su vida anterior y el entrar en un
medio completamente distinto marcan también su poesía patriótica. En
ella, después del exilio, aparece la nostalgia, el que fue y será
siempre vivo recuerdo de lo que siente muy suyo. En el libro
“Vigilia del Aliento” queda bien claro el recuerdo de lo que siente,
a su isla la huele, la sueña y la puede ver dentro de ella misma.
Cuando
encontramos a un poeta como Arminda Valdés Ginebra nos damos cuenta
rápidamente de su dirección, encontramos de inmediato una poesía que
ella como nadie ama. En todos sus libros encontramos las vivencias
de este ser increíble, junto con sus experiencias del diario vivir,
una vida dedicada a la poesía. Esta poesía no se pliega a un género
específico sino que se asoma por diversas vías y en cada una nos
deja muy impresa sus intenciones y la personalidad de la autora.
Cada libro de
Arminda, como el de todos los poetas, tiene sus características, sus
posibilidades, un rol a cumplir. Y en cada uno de ellos encontramos
una gran humanidad, que esta siempre latiendo en ellos.
En la poesía
de Valdés Ginebra encontramos símiles, metáforas, imágenes, que
aparecen aquí y allá y juegan de una manera muy hermosa. La forma
que conoce el poeta de decir con simples palabras cotidianas, cosas
que cobran un donaire inusitado. Las imágenes de Arminda son
preciosas, llenas de sonidos, que prenden en nuestros oídos la
música de lugares lejanos y tranquilos, donde la calma prevalece y
solo el canto de los pájaros nos adormece y nos dice las cosas con
voz mas profunda.
Todos sabemos
que es trabajo del poeta levantar el lenguaje. Por esa vía la lengua
y la poesía se encuentran. Pero en nuestro caso, nuestra poeta usa
una forma muy sutil de decir las cosas.
Arminda ha
publicado varios folletos y siete libros de poesía, entre ellos se
encuentran: “Jubilo Alcanzado” 1962; “Huella Vertical” 1965;
“Absorto en el Anagrama”, Premio “Odón Betanzos” (Rociana del
Condado, España, 1987); “Sombras imaginarias” 1989; “Vigilia del
Aliento”, 1990; “Sigo Zurciendo las Medias de Mi Hijo”, 1990;
“Renuevo tras la lluvia” y “Equilibrio del Ansia” 1993, pero su obra
inédita es increíble, entre ellos conserva un libro con el prólogo
del Dr. Juan Marinello.
Su poesía
siempre se ha mantenido en circulación gracias a periódicos,
revistas, antologías nacionales e internacionales y sus propios
libros. Arminda, ha sido capaz de seguir creando a pesar de todas
las dificultades que ha sufrido en su vida, más allá de su posición
de mujer, sobrellevando la perdida de su hijo, trabajando en un
libro de elegías que completa a los veintidós años de la tragedia,
con el título “Sigo Zurciendo Las Medias de Mi Hijo”, de una carga
emotiva que le sirvió siempre de válvula de escape a sus emociones.
Considerando que Valdés Ginebra aún continúa escribiendo, creando, a
pesar de todas las dificultades que ha sufrido en su vida y más
tarde el exilio que le ha tocado vivir, podemos decir que es “Un
Viaje muy largo, pero muy largo por el tiempo del verso”, casi como
el tiempo de su existencia”, porque aspira a continuar siempre
adelante.
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