Después de haberme
agitado, siguiendo las instrucciones del escritor, leí Agítese antes
de leer, el nuevo libro de Mario Noel Rodríguez. Viví, a través de
las narraciones y de los poemas que configuran la obra, momentos
dolorosos, trágicos, áridos, eróticos y sensibles de la vida salvadoreña.
Quedé aturdida. Los dos cuerpos en la portada, un hombre desnudo del
tórax para arriba y una mujer completamente desnuda y con una funda
cubriéndole la identidad, anuncian profanación, dolor, muerte, tortura, y
desolación en una etapa negra de El Salvador. La cubierta contiene
reminiscencias de los campos nazis donde la vida no valía nada. Los
colores mustios deprimen al lector antes de meterse en la lectura.
Varias veces tuve el libro entre mis manos; observaba minuciosamente la
portada; sentía que algo me quemaba y lo volvía a colocar en la mesita de
centro de mi sala sin abrirlo. No encontraba un camino que evitara los
aguijonazos de la muerte absurda que se anuncia en el portal de la obra.
Empecé, siguiendo la
lógica, por los relatos anecdóticos y descubrí una voz auténtica que
contaba las historias con un humanismo desgarrante que me hicieron pensar
en The oration on the dignity of man de Giovanni Pico Della
Mirandola. Mario Noel Rodríguez, el autor de Agítese antes de leer,
nos enfrenta con episodios quejumbrosos y con una sociedad caótica y
abusiva que late en el texto. Se sufre y se disfruta leyendo, por ejemplo,
“La vida no amaga” donde la enfermedad y la soledad hunden en la
enajenación y la congoja a Godofredo, un poeta devorado por el cáncer;
“El Chipe Daltón” (una escena dantesca de la historia de El Salvador)
narra una anécdota de la vida de Roque Daltón camuflajeado de vestimenta e
identidad; corriéndole al destino (un tanto a lo cartesiano en Casa
Tomada); y “Te hacía dormida”, que a mi juicio es el relato
mejor logrado de la selección que el autor nos ofrece. La obra, en
general, es un calidoscopio temático que revela la vida del hombre en
todas las facetas.
El erotismo se
desborda en “Te hacía dormida”. El narrador heterodiegético con
focalización interna y externa comparte con el lector las intimidades de
los protagonistas. El punto de partida del relato es la sexualidad, o
mejor dicho, el sexo a lo triple equis, de los protagonistas. La música
es un recurso integral del relato. A través de la canción ¿Cómo fue…?
de Beny Moré, Mario Noel nos lleva al mundo de las posibilidades y al
mundo de los insólitos en el amor que, por lo general, es una constante en
el ser humano. Las imágenes, a parte de ser muy fuertes, funcionan
como detonantes que nos hacen reflexionar y revivir experiencias
profundamente humanas a medidas que avanzamos en la lectura:
“Luego
del amor queda un vacío tupido de flores. Cualquier palabra es tonta,
sólo un suspiro empaña deliciosamente el temblor que divide al ahora y
esos labios de ave exótica tan expuestos a la lectura obscena del Cantar
de los Cantares… ¿Cómo dibujar el sitio donde se reúne el llanto, los
pelos, el salivero del cuello, el cíclope enmudecido atravesando por ese
final grandioso parecido a la poesía?”
La prosa poética se
derrama en una lluvia metafórica que nos cautiva desde el principio. El
campo semántico de las imágenes eróticas nos convierte en protagonistas
del relato. La sublimización del coito nos transporta a una arcadia cuya
fragancia es un antídoto para los cuerpos que alcanzan la satisfacción
plena de una entrega, “…el cíclope enmudecido atravesado por ese final
grandioso parecido a la poesía?”. Podemos disfrutar de escenas llenas de
erotismo, de vivencias, de cotidianeidad, de humor, de sexo, y de
erudición en este relato. El falo es un cíclope que atraviesa el túnel
de la amada y la experiencia sólo se asemeja a la poesía. Te hacías
dormida es mucho más que sensualidad y erotismo, es una instancia
humana que reclama el derecho a la paz y a la privacidad perdidos en la
turbulencia histórica del caos y la violencia. El voyeurismo del mocoso,
uno de los personajes, es el acicate político del relato. A través de
él aprendemos que la vigilancia y la opresión no tienen límites y que se
pueden meter con la parte más íntima del ser humano: su sexualidad. Los
amantes estaban vigilados hasta en la alcoba: “_Sabían que el mocoso
los espiaba, entonces adrede, para que no entendiera se decían las cosas
más irracionales que haya creado el género humano.” La pérdida de la
privacidad exaspera como una vela apagada en medio de la obscuridad.
“Entre cenicienta y el partido”, otro relato de este libro, el escritor
reitera la pérdida de la privacidad durante los tiempos bélicos de la
historia salvadoreña. El elemento irruptor y perturbante que aparece son
los cateos repentinos que abrieron tumbas en el pecho de los ciudadanos
marcando una época negra que enlutó el alma nacional de El Salvador.
El libro Agítese
antes de leer de Mario Noel Rodríguez es un espejo que muestra las
secuelas de una guerra civil y la identidad de un pueblo indómito, El
Salvador, que se iza en la obra como el Izalco. Mario Noel nos ofrece una
historia violenta y truncada que dejó huellas imborrables en la
conciencia colectiva de su patria. El autor recrea, en las páginas de
este libro, una época de peligro, de acecho, y de muerte vividos y que
desgraciadamente, hasta cierto punto, continúa vigente. Hay tres
vertientes en esta obra que a mi juicio ameritan un estudio minucioso: 1)
el simbolismo de las imágenes recurrentes; 2) la búsqueda de lo racional
en un mundo completamente irracional; y 3) la irreverencia religiosa como
un escapismo lírico que muestra el descontento ante una sociedad
convulsionada. El psicoanálisis resulta útil cuando se lee un libro como
Agítese antes de leer porque puede arrojar un poco de luz en las
zonas obscuras de la conducta humana. Hay que señalar que Agítese antes
de leer contiene una veta de referencias bíblicas y de símbolos
recurrentes. Los gatos, los pájaros, las hormigas, las flores, los
cangrejos, la escoba, se asoman como fantasmas que presagian cosas
heráldicas en la obra. Abundan también los datos históricos y las
referencias lingüístico-literarias. El compendio de poemas que aparece en
Agítese antes de leer se inicia con una voz andrógina la del poeta
y la de Sor Juana Inés, “Versos necios que vagáis…” La poesía de Mario
Noel es un concierto polifónico que nos lleva a Neruda, a Vallejo, a Ezra
Pound, a Sor Juana, a Lorca, a Whitman, a Roque Daltón, entre otros….
Hay además, dos madres conviviendo en el alma del poeta: América y España.
El resentimiento manido que muchos escritores se empeñan en perpetuar
contra España no aparece en este libro. La voz poética se solidariza con
la problemática española y sufre en carne propia las desgracias de la
madre distante: “…Son las cinco en/ Sombra que arde, el olvido es la
espada que nos atraviesa.” Estos versos censuran las corridas de toros a
través de la muerte de Ignacio Sánchez Mejía. La sensibilidad poética y
la identidad de Mario Noel Rodríguez se pone de manifiesto cuando dice:
“…
Llevo las flechas
aunque no esté escrito
y las llevaré por
siglos con dolor de este
lado del mundo.
Sólo yo respondo por
ellas,
son señales
de identidad
que nadie podrá borrar.
Nací para recibirlas,
para llevar la
maldición de leer
las manos a los
mancos de lepanto,
para vivir la sombra
pesada de la remembranza.
Así nací, medio
vivo, medio muerto,
atravesado por los
años que vienen.
[1]
II
Un gitano de viento
susurra claveles y guitarras. Una
gitana, en el
estanque de la infancia,
bebe luz hasta
quedar encinta. Granada olorosa a saliva de
dos sorprendidos en
el balcón que da al misterio, unidos al
rayo de sol de la
metáfora prohibida. !Breve la poesía,
profundo el canto! ¿Qué
correntada de magenta trae la
ausencia, la pluma
con tendencia a flauta que dibujaba para
nadie? Raro el
viento y su ideología nerviosa.
!Qué cien años es
amistad pasajera para Lorca!
[2]
En el poema Pequeño
el poeta recrear ingeniosamente la geografía y la historia de su patria y
establece un paralelismo entre su tierra y Jesucristo:
“PEQUEÑO"
Vas a nacer tantas veces, pequeño.
Vendrás del Norte ventilado-latiendo-
al corazón abierto y joven,
del Sur subido de
tonos a la garganta gozosa montaña adentro,
del Oriente tibio al
regocijo del beso,
del Poniente
crepuscular al nacimiento de agua.
Vendrás a este
centro mío.
Las mañanas traerán
noticias de nuevos pájaros,
las noches serán
sorprendidas por candiles de afecto,
a miel sabrán los
consejos de las bocas mayores,
las cejas no estarán
juntas, sino volando,
porque imitarán a
las gaviotas cantarinas.
…
Te siento. Te vivo.
Eres la geografía de
este amor arrebatado,
de estos días de ver
al cielo para cubrirte de inviernos,
porque tu piel es
barro puro,
por eso te defiendo,
niño mío.
…
Y pasarán los siglos
arrebatando sueños,
pero tú, pequeño mío,
País amado,
vas a nacer tantas veces,
de pie con nosotros,
semillas de tu vientre.”[3]
El poeta personifica y
construye en el poema Pequeño, la patria a través de la figura de
un niño. El resultado es una imagen tierna y vulnerable de El Salvador.
El renacer que pronostican los versos en el poema nos indica que por
encima de las desgracias y las tragedias el pueblo se levanta como el
Candide de Voltaire porque no puede escapar de su sino. El planteamiento
filosófico que se desprende de estos versos indica que la lucha entre el
bien y el mal produce una fuerza que fortalece a la tierra y a los
hombres. El optimismo es obvio al igual que las referencias bíblicas que
le sirven al poeta para establecer la comparación entre Jesús y la tierra
sufrida:
” …
Tres veces cantará
la sangre:
río donde duermen y
juegan abuelos y nietos.
De los árboles
bajarán aromas de otros días,
De cuando el aire
límpido traía de las trenzas a la primavera
y lloraban los
hombres como niños deslumbrados.
La sangre subirá
desde tu vida.
De otros países
vendrán manos a besar tu aposento.
Sonajas, inciensos,
abrazos, desbordantes hasta la lágrima,
todo será coronar tu
risa de estar con nosotros.
Los amores
incompletos serán remachados de orquídeas,
los sueños volverán
a repetirse sobre el pecho amado,
el solitario buscará
sombra en los otros
y no habrá lugar
para lo gris, para las ruinas de la noche.”
La sangre alude al
gallo bíblico que cantó tres veces antes de que Jesucristo fuera
traicionado por Judas Iscariote. El poeta va de lo inanimado, la sangre,
a lo animado el gallo. La sangre y la vida son el punto culminante que
anuncian el renacer de la patria que paradójicamente se ha retroalimentado
de la sangre derramada durante la guerra. El verso “La sangre subirá
desde la vida” anuncia un futuro mucho más prometedor cuyo renacer, como
nos dice el poeta, va a culminar en un tributo que será rendido por los
hombres de otros países que reconocerán el mérito de una tierra que se
regenera a pesar de las embestidas de los hombres.
Las secuelas de la
guerra son impredecibles y las cicatrices, los arañazos, y la turbulencia
social que produce marcan la siquis y la conciencia de los individuos.
Los efectos de la guerra son sismos inevitables que agrietan el alma
nacional y esto se ve claramente en los relatos y en algunos de los poemas
que configuran el libro Agítese antes de leer. La guerra no para
nunca una vez iniciada, como bien dijo Demetrio el personaje de Mariano
Azuela, solamente se transforma y como prueba tenemos el alto nivele de
violencia y de criminalidad que vemos a diario en El Salvador y en otros
pueblos del planeta que han tenido una historia bélica. La guerra borra
la frontera entre la vida y la muerte y deja el terreno abonado para
acontecimientos como el ocurrido el pasado once de septiembre en Nueva
York. La seguridad y la confianza se esfuman como el humo de un volcán y
el panorama que queda es horripilante. “El Chipe veía fantasmas por
todos lados, cómo iba a creer que un cuate como yo le fuera a poner el
dedo.”
Agítese antes de leer es un libro que refleja la parte humana y la
parte neurálgica de un pueblo estoico, El Salvador, que no olvida sus
raíces primigenias: el mundo indigenista y las mantiene encendidas a
través de un vínculo lingüístico. El escritor Mario Noel Rodríguez no ha
dejado fuera de sus cuentos ni de sus poemas las expresiones populares que
mezclan los vocablos náhuatl con el español castizo y de esa mezcla surge
la identidad contemporánea salvadoreña. Los relatos y los poemas que el
escritor nos ofrece en esta obra ponen de relieve su madurez literaria.
En este libro encontramos una historia subyacente: las cicatrices de la
revolución salvadoreña y el cruce histórico cultural de 1492 revestida, a
veces, de intelectualidad y de una aparente sencillez que nos obliga a
transitar la historia por los senderos literarios.
El escritor
Mario Noel Rodríguez
sabe
como agitarnos.