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RODOLFO ALFONSO
Nació en Ciego de Ávila, Cuba (1929).
Poeta, narrador y novelista. Se educó en las escuelas públicas de
Cuba y al terminar su bachillerato, comenzó a estudiar en la
Universidad de la Habana, donde se graduó de Ingeniero Electricista.
Reside en los Estados Unidos desde 1962. Aunque siempre ha trabajado
como ingeniero y gerente de Ingeniería, alcanzando la posición de
Vicepresidente de Manufactura de Phelps Dodge International
Corporation, en donde llegó a ser responsable por la organización y
control de las funciones técnicas y de manufacturación para más de
cinco mil empleados y dieciséis compañías alrededor del mundo, su
verdadera pasión ha sido su vocación de escritor. Se retiró de esta
posición en Enero de 1995 para dedicarse a escribir a tiempo
completo. Fue miembro del Instituto de Ingenieros Eléctricos y
Electrónicos y miembro de la American Management Association. Por
veinte años viajó extensivamente por América Central, América del
Sur, Europa Occidental y algunos países asiáticos. Desde su retiro
ha escrito más de doscientos poemas, una docena de historias cortas
y tres novelas, Ha publicado dos libros de poesías, El arte
olvidado/The forgotten art y Justamente poesía/Just poetry.
EL ENCUENTRO
Nos
encontramos en la primavera
Y, de
pronto, la vida comenzó.
Nos
amamos tanto y de tal manera
Que nada
ni nadie más nos importó.
Ni un
marido amante y cariñoso
Al que
engañaste sin ninguna compasión.
Ni una
mujer ilusionada y amorosa
A la que
abandoné sin pena ni dolor.
Nos
jurábamos amor, noche tras noche,
Desde el
ocaso hasta el amanecer
Y en
cada uno de tus besos yo libaba
El
veneno de tu cuerpo con sabor a piel.
Pero
llegó el verano calcinante
Y el
agua de mis rios no alcanzó
A calmar
las ansias palpitantes
Que
ardían en tu mente y en tu corazón.
Día tras
día sentí que te perdía,
Que
mientras más yo te adoraba,
Que
mientras más yo te quería
Más y
más, de mí, tú te alejabas.
Nos
dijimos adiós, un día sin vida,
Cuando,
sin importarte mi amarga soledad,
Diste
una media vuelta y te marchaste
Pero
olvidarte, no podré jamás.
Al
llegar el Otoño hermoso y fresco,
Sin
quererlo, te acordaste de mí
Pues,
como deja la avispa el panal seco,
Tus
amantes se alejaron de ti.
Y
quisiste revivir aquellos besos
Que sin
pedirte nada te ofrendé,
Y
quisiste recrear el embeleso
Que en
tu ardiente boca una vez creé.
Por un
largo tiempo me buscaste,
Para
calmar tu amarga soledad
Pero
sólo mis heridas lastimaste
Pues aún
y por siempre sangrarán.
Cuando
llegue el frío y triste invierno,
Con el
pelo blanco, el rostro arrugado,
Las
ansias marchitadas por el tiempo
Y
nuestras almas cargadas de pecados,
Buscarás
en tus libros de recuerdos
Y no
sabrás a quien quisiste más
Aunque
muy bien sabes que como yo
Nadie te
quiso ni te querrán jamás.
Cuando
la larga noche nos alcance
Al
encontrarnos, del monte más allá,
Pensaré
que aquellos que han amado
Muchas
veces, nunca amaron de verdad
Y
recogiendo todas mis tristezas,
con una
gran tranquilidad,
Daré una
media vuelta y me alejaré de ti,
Sin
importarme tu
eterna soledad.
FEBRIL FANTASÍA
Alto pico que al cielo se levanta,
Erecto, erguido, enhiesto,
Retando con indómita arrogancia
La
lluvia, los truenos y los vientos.
Águila que en infinito espacio vuela,
Majestuosa, tranquila y altanera,
Observando, sobre la quieta superficie
De
la tierra, al hombre y a las fieras.
Fugaz cometa que viaja sin descanso,
Misterioso, etéreo, hermoso y frío,
Los
infinitos espacios siderales
Bajo las inmutables leyes del vacío.
Brillante Estrella que se quema,
Solitaria, ardiente, eterna y arrogante,
Sin
importarle por qué a esta tierra
Ha
de alumbrar en la distancia.
Todas esas cosas y muchas aún más bellas
Que
contemplamos, admiramos y envidiamos,
Qué
tristeza saber que son esclavas
De
las leyes eternas del arcano.
De
todo lo que existe, de todo lo que es,
Tan
sólo el hombre puede, en dolorosa agonía,
Romper las cadenas que al mundo le esclavizan.
¿O
es tan sólo mi febril fantasía?
PÉTALO A PÉTALO
Pétalo a pétalo tu capullo deshojé,
Y
hoja por hoja tu tallo desnudé
Pero, al dejarte tan sólo las espinas,
Con
ellas mis carnes desgarré.
Te
quise con pasión incontrolable,
Insaciable era mi sed de ti
Pero, al beber en la fuente de tus besos,
Tan
sólo pensé en mí.
Sorbo a sorbo tu néctar me bebí,
Y
una a una tus ansias ignoré
Pero, al ignorar a la mujer en ti,
Tu
amor por mí, sin saberlo, destrocé
Si
es que un día me quisiste,
Te
cansaste de dar sin recibir
Y
te marchaste de mi lado
Buscando amor en tu vivir.
LA NOCHE
La
noche se acerca con su manto de silencio,
Revelando los misterios del arcano eterno
La
vemos venir en las alas del los vientos.
¿Qué hemos hecho con todo el claro día?
¿Hemos terminado la faena que nos toca?
¿Hemos aprendido la lección que nos traía.?
¿Estamos listos a aceptar lo inevitable,
A
vivir, de la noche, el dolor o la alegría
Y a
domar las jacas que creemos indomables?
Y,
cuando vencedores del terror y la agonía,
Destrozados y sangrantes después de la batalla,
¿Estaremos dispuestos a enfrentar el nuevo día?
CUANDO
Cuando todo se desmorona a tu alrededor,
Cuando la duda toca a tu puerta y sigue tus pasos,
Cuando la vida casi se ha ido, no titubees,
Sigue avanzando a tu mejor andar.
Cuando el espectro de la traición camina con tu sombra,
Cuando el dolor y la locura asaltan tu carne y tu mente,
Cuando el miedo cubre tu alma, no les dejes entrar
Conserva tu entereza de ánimo y confía en ti.
Cuando ya no queden más deseos que satisfacer,
Cuando apenas pueda tu cansada mente pensar,
Cuando la esperanza y la devoción apenas vivan, no las dejes morir,
Mira siempre hacia adelante con amor en tu pecho.
Cuando todo esté al terminar,
Cuando no quede más vida que vivir,
Cuando no puedas encontrar a Dios, aférrate a tu fe
Y
sigue hacia adelante hasta el mismo fin.
SÓLO UN MUERTO
Cuando estés cansado de sentir la brisa
Refrescar tu rostro y alentar tu espíritu,
Cuando ya tengas cansada la sonrisa,
Seco los labios y los ojos marchitos
Y
del fuego de tu cuerpo queden sólo cenizas.
Cuando no encuentres las palabras
Para alimentar tu Musa incierta.
Cuando no sientas en tus entrañas
El
ardor de la pasión al verlas
Por
tu lado pasar con femeninas mañas.
Cuando no goces el fresco amanecer
Ni
sientas la caricia del sol equinoccial.
Cuando no tengas fuerzas para querer
Ni
te importen el amor ni la verdad
Y
no se alce tu voz la honra a defender.
Cuando al ver a un niño solitario y hambriento
O a
una mujer insinuándose a la venta,
No
sientas quemarte en fuego lento
Ni
grites con pasión vehemente y cierta
Ni
llore tu alma en doloroso lamento.
Cuando de hermanos la esclavitud y la vergüenza
Y
de la patria la agonía y tristeza total,
No
te muevan a arriesgar la vida sin pereza,
A
ofrendar tu sangre sin siquiera pensar
Ni
alces tu brazo con furia y ligereza.
Cuando ya el orgullo de tu raza y de tu estirpe
No
hagan hervir tu sangre con fervor profundo
Ni
te hagan avanzar con paso decidido y firme,
Sin
mirar atrás y sin importarte quien te sigue,
Hasta los más altos y puros confines de este mundo.
Entonces, aunque respires, te alimentes y camines,
Aunque te duela el cuerpo y apenas duermas,
Aunque vayas a la iglesia y de miedo reces,
Ya
no serás hombre, espíritu, ni bestia.
Serás tan sólo y simplemente un muerto.
ALEXIS FIGUEREDO
Nació en La Habana, Cuba (1965). Poeta y ensayista. De formación
autodidacta. Se radicó en Ciudad México a partir de 1991, donde
colaboró con diferentes publicaciones. Se trasladó a los Estados
Unidos en 1992. Durante su estancia en Miami, ciudad donde reside en
la actualidad, ha publicado ensayos y artículos para la prensa plana
como el diario La Nación. Ha publicado el poemario Lienzos de
Otoño
(Editorial Matsol,
2002). En el presente se encuentra enfrascado en su segunda obra,
donde la poesía deambula dentro de los cánones filosóficos
existencialistas.
INSOMNIO
Veo
luces acá adentro, parecen relámpagos,
Sin
embargo no hay tormenta afuera.
Estoy
lleno de sombras.
A lo
lejos canta un pájaro, yo acá lloro sin gemidos,
Enmudecido escuchando el agua de mi nostálgica fuente.
No
quiero salir, siento pasos en mi puerta.
Son
pisadas de consumo, y no quiero comprar nada.
Ellos me
harán las preguntas de siempre
Y es
preferible permanecer callado,
Entre
pantomimas inciertas.
Observo
los labios de la gente,
¡Como se
mueven!...
Gentes
que no puedo tocar, y sin embargo...
Me
atropellan,
Ah,
quién pudiera ser un pez,
O el río
huyendo de si mismo.
Dialogar
con las antiguas piedras,
Recurrir
al fuego
Diminuto
fuego bajo el entusiasmo de la lluvia.
Estoy
cansado.
APARICIONES
Se abren
las compuertas de la tristeza,
Aparece
tu sonrisa delgada,
Y tus
pupilas sombrías.
Como las
tardes de invierno que juntos divagamos,
Absorbidos por el éxtasis.
Tus
párpados fingían, como aquellas inexistentes palmatorias,
Que
habitan los olvidados manicomios
Tus
brazos secuestrados por el desgano,
Cabizbajos, tu existencia está inmóvil,
Sin
aliento.
Más yo
aun quiero ir a tu
encuentro,
A
nuestro horizonte neutro,
Y allí
desnudar tu sombra,
Con la
mirada de fuego,
Despidiendo sudores febriles,
Con los
poros erectos, con el aroma de sexo contenido.
Quiero
devorar tu aliento,
Agonizar
ante el encantado bosque de madera virgen.
Tengo
necesidad de amarte, lentamente,
Cautivo,
pero jadeante,
Beber de
nuestras ánforas
Y
después, exhaustos hasta la médula,
Desvanecernos descalzos, balbucientes,
Sobre
los campos de trigo,
En la
fría mañana que nos abre los brazos colmada de orgasmos.
DESPEDIDA
Clausuré
la televisión y encendí la luna
Sostuve
la brisa, despedí la esperanza,
Y le di
la bienvenida a la culpa, al desamparo.
El aroma
de los pinos acudió tardío.
¡Oh!
perros anhelantes, ustedes dinamitaron las colinas,
Pavimentaron los jardines hasta la última lágrima
Para mí
ya no hay remedios...
Hace
frío.
Voy a
izar la bandera blanca disfrazada de sangre
No seré
más que el himno jubiloso del harapo.
Animaré
las diminutas tribunas del silencio
ÉXTASIS
Emprender el vuelo,
Hacia la
más alta estrella, ignorando las nubes.
Beberse
tu aliento,
Entre el
alma y los sudores
Desnudar
hasta el decoro,
Lentamente, sin reparos,
Y
continuar el vuelo.
Ya
entonces tu mirada es de ángel
Y al
calor de mi sangre te duele ahí
Donde te
cortaron las alas
Las
utópicas constelaciones escuchan tus gemidos
Azules,
azules invaden.
Y ahí
vamos cabalgando,
con la
esperanza secuestrada entre las piernas,
firmes,
absortos, detrás del placer que conjura las cuatro estaciones
Entre
las fatigadas sábanas
Detrás
del orgasmo que nos devuelve la sed.
DESORIENTACIÓN
A través
de las frágiles paredes,
Detrás
de un lloroso cristal, aparece la noche
Más no
estoy seguro,
Hay
tantas lucecitas artificiales que desorientan mis códigos.
La luna
aparece triste, hueca,
Parece
llorar ante el exceso de maquillaje al que fue sometida.
¿Dónde
están todos?
Ahí,
conduciendo los gigantescos autos,
Albergados perennemente en el aire acondicionado,
Prostituidos ante el placer obsceno,
Siempre
simulando, con el manipulado gesticular.
Y
mientras tanto las calles se encuentran vacías,
Solo
dialogan árboles entre sí.
Las
luciérnagas duermen por temor al contagio,
Los
vocablos gimen agonizantes por el maltrato constante.
Yo
continúo detrás del sollozo,
Atisbando desde el reino de la tristeza,
Esa
tristeza que se viste de gala en las noches de estériles fiestas.
Quiero
estrechar la mano del llanto,
Cortejar
el fervor del aguacero en verano.
Me voy a
abrazar al desamparo.
Voy a
desdeñar el lujo enérgicamente.
Tengo
una necesidad imperiosa de cautivar la dignidad de las rosas,
Y así
establecer mi reino de colibríes errantes,
De
abejas sin holgazanes vampiros,
Un reino
libre de compra y venta.
Un
reino.
ALEVOSÍA PÓSTUMA
Diariamente pudimos entonar los cantos del alba,
Pestañar
exhaustos ante el crepúsculo.
Pudimos
salir a cortejar las nubes,
Las que
desfilan ante nosotros rutinariamente,
Las que
con delicadeza cabalgan acariciando montañas.
Las
primaveras intentaron seducirnos reiteradamente,
Trayendo
consigo frágiles mariposas,
Que
taciturnas se deleitan en lo transparente de la lluvia.
Pudimos
ser testigos,
Pero
preferimos marchar de espalda a los aguaceros.
Enlodando el horizonte,
Indiferentes al romper de la ola,
Al
diálogo del arroyo con las piedras;
Globalizados, atrapados en el tráfico.
Lejos
aletea el colibrí.
ARMINDA VALDÉS GINEBRA
Nació en Güines, Cuba (1922). Poeta,
dramaturga, crítica literaria, periodista, trabajadora social y
profesora. Doctora en Pedagogía por la Universidad de la Habana, en
donde también se graduó de Trabajadora Social, realizando cursos de
Filosofía y Letras, Psicología y Arte Dramático. Reside en los
Estados Unidos desde la década de los sesenta. Desde muy joven se
dedicó al periodismo, especialmente a la crítica literaria. En Cuba
publicó libros de teatro y de cuentos infantiles. Ha publicado los
siguientes libros para adultos: En Cuba: Júbilo alcanzado
(1962) y Huella vertical (1965). En España: Absorto en el
anagrama (1987), Sombras imaginarias (1989), Vigilia
del aliento (1990), Sigo zurciendo las medias de mi hijo
(1991) y dos cuadernos de poesía. En los E.U.A. ha publicado:
Renuevo tras la lluvia (1991) y Equilibrio del ansia
(1991), entre otros. Aparece en las Antologías Editorial poética
americana (Montevideo, 1950), Poesía cubana contemporánea
(Madrid, 1986), en el Colectivo de Poetas Q-21 y en el
Diccionario Biográfico de poetas cubanos en el exilio (New
Jersey, 1988), Poetas cubanos en Nueva York (Editorial
Betania, Madrid, 1988), Poetisas cubanas contemporáneas
(1990), World of Poetry Anthology (Campbell Editor, 1991),
Patria plural, El alba del hombre, Suma de amor y
América poética de El Editor Interamericano, Río de la
Plata, Argentina (1989, 1990, 1991, 1992 respectivamente), entre
otras publicaciones. En 1987 obtuvo el Primer Premio en el Certamen
poético de Rociana del Condado, Huelva (España), por su poemario
Absorto en el Anagrama y el Primer Premio “Agustín Acosta” de
Poesía por su libro Sombras imaginarias (Miami, 1989). En
1982 la revista literaria “Resumen Literario El Puente” de Madrid,
le dedicó el número 34 a su obra poética. Es miembro de la Academia
Iberoamericana de Poesía, Capítulo de Nueva York.
NADIE
CONOCE
Se
sumergen mis manos en el agua
de
un pensamiento que me obsede.
No
logro apresar al mediodía
el
sol en que disipo lasitud y sosiego.
Me
asaltan sueño y pesadillas
golpeándome en los contornos
de
la idea.
Deshago hilvanes y me traslado
a
un punto cogido en medio de mantones
cubriendo desnudeces originarias.
Casi nadie conoce el misterio
de
los muros en grietas.
Son
atravesados por múltiples
existencias.
Por
diminutas eras que conforman
un
amplio universo
proyectado en dimensión futura.
Divago, sorteo mi senda, me ufano
cuando comulgo con lo simple
y
me regreso del ímpetu y las nociones
resumidas en un cuenco de palabras.
OCURRE CUANDO ME AFANO
Casi todo es pequeño cuando me resuelvo
a
escribir y colmo
las
tinieblas con mis manos,
amontonando el sobresalto de luces
brillando al revés.
Sobre un escollo tendido hacia la noche
destaca el centro de relámpagos
estremeciendo la inmensidad del aire
y
el cristal va adentrándose en el río.
Soy
sauce, soy madrépora, me aflijo
cuando rebusco teclas sin objeto.
Filtros empobrecen la magnitud
de
torbellinos que no alzan el rumbo.
Pero empujo el salterio con la frente,
levanto arena y la disperso, me afano
colmándome de luna los cabellos.
Casi todo minimiza el universo
dentro de un cauce absurdo
cuando resuelvo cantar mis poemas.
RESISTE LO TARDÍO
Tarde para todo lo esperado,
para lo prometido,
para que cuelgue el globo del sol
entre lo intacto y lo imperfecto,
para que se distienda la euforia
de
los ríos a través de la tierra interminable.
Tarde para mirarme en tus pupilas
para volver a sonreír,
para besarnos enlazando los dedos,
trenzando cuerpo y voces.
Tarde, tarde, repitiendo la música del aire,
el
cristal y la flecha que nos une
en
abrazo de cintas y velámenes
quebrando lo vacío.
Tarde para zurcir un recomienzo
y
tarde para el canto;
para desembocar nuestra jornada de crisoles
y
pétalos, de techos y linderos.
Quiero alcanzar el breve punto
en
que este afán se agote tras mi frente.
TRÁNSITO DE
MEMORIAS
Te
recuerdo y me olvido de cuanto
me
acaece. Las nubes
me
desatan el llanto sin destino
y
descorro los cielos donde se espesa el agua.
Apareces librando la cruz del compromiso
y
las piedras te tallan el perfil,
la
silueta y la sombra.
No
sabes de máscaras erróneas
y
los colores cambian el ritmo polimorfo
de
los vientos
disociados en tiempo y lejanías.
Se
insertan mis derrotas en naipes perdedores,
me
descubro en ciudades
sin
aceras, sin atajos ni musgo,
me
tomas el cabello y me empeño en murallas
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