OJOS Y
HOMBRES
(1954)
Considero
despacio y con asombro
la gran
metamorfosis, el prodigio
largamente
incubado en esa inmensa
matriz
inagotable que es el mundo.
Mas en vano
atormento yo mis horas
de soledad
tratando de explicarme
el cómo del
suceso. Inútilmente
prolongo mis
vigilias, examino
mi corazón por
dentro, me paseo
por ciertas
calles lívidas, por ciertas
madrugadas
difuntas, con mi cara
de náufrago
perdido o fraile insomne
que blasfema en
secreto y dando tumbos
de tanto no
saber irremediable.
Pero lo cierto
es que por fin surgieron
a millares los ojos.
¡Es un dogma!
Y, Narciso
total, el mundo pudo
mirarse trecho a
trecho y construirse
una múltiple
imagen de sí mismo.
Fue como un
gigantesco alumbramiento
de las tinieblas
a la luz. ¡Oh alba
de la visión al
cabo inaugurada!
Ojos rapaces,
ojos temerosos
poblaron el
abismo, destellaron
entre la fronda
insomne de las selvas,
entre corales,
entre blancas nubes,
entre colmenas y
entre nebulosas.
¡Oh santo
advenimiento de los ojos!
La luz fue luz,
los astros fueron astros.
La primavera
toda cupo en una
clara, pequeña,
límpida pupila.
Y al tiempo mil
rumores y alaridos
quebrantaron las
copas del silencio
y en la piel de
la tierra comenzaron
el odio y el
amor su eterno drama.
Los ojos
contemplaban un momento
las cosas y
volvían a cerrarse,
a disolverse en
el materno lecho,
a ser de nuevo
tierra inerte y muda.
Nuevas pupilas
siempre renacían,
ojos de amor, de
odio, de tristeza,
ojos
innumerables, ojos, ojos...
Hasta que al fin
la fiera pesadumbre
del pensamiento
y el ensueño pudo
encarnar en el
hombre y una hoguera
feroz organizar
en sus pupilas.
El ser se hizo
conciencia vigilante
y quiso resolver
su propio enigma
en el humano
corazón, abriendo
la historia del
espíritu, la guerra
del yo con las
tinieblas que oscurecen
la tan ansiada
explicación del mundo.
VENDEDOR SILENCIOSO EN UN MERCADO CHINO
(1990)
Bajo el sombrero
cónico, de paja,
se dibuja su rostro
de pergamino viejo
y miran misteriosos
sus ojos orientales.
Es un delgado y ya
reseco tronco
de pie junto a su
cesta de verdura:
Vendedor silencioso.
Viene de los inmensos
arrozales
que despliegan su
verde melancólico
por las llanuras,
llega de los huertos
cuidados con afán
meticuloso
y paciente pericia
milenaria.
Es la resignación
tallada poco
a poco por los soles
del verano
y los vientos brumosos
que ciegamente barren
extensiones
aullando como lobos.
No espera casi nada.
Centinela
de sus humildes
vegetales, sólo
desea conseguir unas
monedas
para pagar sus ocios
y el sustento frugal
con que mantiene
el ritmo de su sangre
ya dudoso.
Es un olmo desnudo
que respira sus
últimos otoños.
DOMINGO DE
RAMOS
(1994)
Hace ya varios
lustros
que el tiempo con
su lima silenciosa
trabaja sin
descanso y a destajo
en la demolición de
mi osamenta.
Un día me erosiona
las rodillas,
otro roe mis
vértebras lumbares
y con una paciencia
solapada
me mina los
cimientos
y prepara la ruina
de mi torre de
calcio y asadura.
Yo sigo caminando
con pies como
pezuñas
de plomo,
recorriendo las escasas
millas que me
separan del desastre.
Ahora sí, de veras,
me he quedado
sin el Pegaso de
las ilusiones
y a cualquiera le
ofrezco
el reino de mi
sangre y mis neuronas
por un caballo que
me lleve a cuestas
al fin de la
batalla
o más
sencillamente, por un asno
que me brinde sus
lomos
para entrar
resignado
en mi Jerusalén
inevitable.
Pues oigo ya a lo
lejos las trompetas
de mi semana santa,
me hacen señas
los movedizos ramos
y vislumbro
mi Gólgota final,
el ominoso
miércoles de
ceniza.
LIRIOS PARA ALLISON
HANSEN
(1996)
Ahora que la primavera
pinta de rojo los
tejados
de las casas antiguas
y se sube a los nidos
a preguntar por ti,
ahora que las cigüeñas
de la vieja ciudad
donde vivías
abandonan sus torres
e inspeccionan los
patios
para ver si te
encuentran,
ahora que la luna
añora los espejos
de tus ojos nocturnos
donde se
duplicaba,
a veces, soñadora
silente,
penetro en el zaguán
de la vetusta casa
que tu presencia
rejuvenecía
y abro nostálgico la
puerta
de este jardín un poco
abandonado.
Entonces los purpúreos
lirios que ya hace un
año
sembraste en un poema
de niebla susurrada,
me salen al encuentro
preguntando por
ti.
Y en ese instante creo
que vas a aparecer con
tu sonrisa
de esfumada Gioconda,
con tu figura leve
hecha de sol y pájaros
azules.
EXEQUIAS DE DON JUAN
(1997)
Sobre el armón de
artillería
el ataúd del rey
que no reinó
envuelto en la
bandera de la patria
que ya se
desintegra sin remedio
en las antiguas
taifas.
Detrás el hijo
-el nuevo rey que reina-
con los borbones
ojos que humedecen
las lágrimas
viriles
apenas
contenidas.
Secas voces de
mando. Una trompeta
que entona un
largo toque de silencio.
La joven reina
que se quiebra en llanto.
Sobre el armón
que rueda lentamente,
un pedazo de
España
entra en el
pudridero.
QUEVEDIANA
(2000)
“¡Ah de la vida!”... ¿Nadie me
responde?”
Francisco de Quevedo
En el desierto de mis
desengaños,
llamo con aldabón
enloquecido
a las férreas puertas
del olvido
que me niegan volver a
mis antaños.
Probablemente sólo son
engaños
cuanto la fe me tiene
prometido
y sé que por las horas
malherido,
ya sólo viviré muy
pocos años.
Miro los muros de mi
patria y siento
que se dividen ya sin
que los una
otra vez un ensueño
colectivo.
Y como conclusión del
argumento,
diré que he sido y soy
desde la cuna
un presente difunto
sucesivo.
ÁNGELA REYES
Nació en Jimena de la Frontera, Cádiz,
España (1946). Poeta, cuentista y novelista. Reside en Madrid. Es
miembro del Patronato y Secretaria General de la Asociación Prometeo
de Poesía y Directora de Sección de la revista en Internet PROMETEO
Digital (A.P.P.). Co-Directora de la Editorial Altorrey que publica
la revista “La Pájara Pinta”. Ha publicado diez poemarios, entre los
que se encuentran: Amaranta (1981), La muerte olvidada
(1984), Lázaro dudaba (1987), Cartas a Ulises de una mujer
que vive sola (1990), La niña azul (1993) y Carméndula
(2000). Ha recibido numerosos premios, entre los que se destacan: la
Mención de Honor en el Concurso “Centenario Juan Ramón Jiménez”
(1981), el Premio “Reina Amalia” (1985) y el Premio Internacional de
Poesía religiosa “San Lesmes Abad” (1986).
ESTÁ TU BARCA
VARADA
entre silencios de
fronda,
tiene la quilla
redonda
de tanto abrir la
cañada
por lo más azul. Ajada
la vela duerme y, qué
pena,
cuando el mar las olas
suena
ver silente el
corazón,
desprovisto de razón
latiendo sobre la
arena.
(Amaranta,
1981)
ESTA NOCHE
HE SENTIDO
el roce de tus dedos
en mi puerta,
siempre cerrada.
Me has llamado
desde el mural del
viento
y tu angustia rodó
conmigo.
a la estación de la
abstinencia.
Hoy te digo, María,
que ha llegado el
momento
de cerrar las cortinas
y dejar mis sandalias
en el rincón de los
que nunca vuelven.
Ensombrece mi espejo
y ahorca de la encina
mi sudario,
que para mí noviembre
ha reclinado la
cabeza.
Yo no sé cuánto tiempo
jugaré a estar perdido
con la lluvia
tensándome los nervios
y en los ojos un
coágulo de sangre
que no llegó a
desvanecerse.
(Lázaro dudaba,
1987)
EL PIANO
Anochece diciembre.
Bajo el viento
y la lluvia, la voz de
un piano suena;
resbala muro abajo
tanta pena
que humano me parece
su lamento.
¿Qué niña le castiga
al desaliento
y en el pedal azul
desencadena
un río de dolor, que
pasa y llena
de nostálgicas aguas
su aposento?
La música camina. Su
figura
es navío sin mástil y
sin nombre.
Es muerte que en los
mazos se adelanta.
Sabe tanto este piano
de amargura
que en la noche se
crece como un hombre
y un gemido le hiere
la garganta.
(1987)
DORMÍA EL
NAVEGANTE
con la bondad del
ángel en su rostro,
con el atardecer
dorándole
el sur desnudo, el sur
y aquel lunar sumido
en la pereza,
el sur
y las quebradas líneas
de su cuerpo.
Lenta avancé mi mano
en donde más pequeña
era la tarde,
allí, en donde el
hombre oculta
su frontera,
sus juveniles aguas,
la tibia desazón del
bosque bien amado.
Feliz momento
su vientre era ciudad
perdida tras las
yerbas del otoño.
Y el sur
una tendida flor
siempre despierta
al borde del vacío,
una flor que al
rozarla me ofrecía
el oculto lenguaje de
la noche,
la magia de habitarme
oquedad y penumbra,
la luz anaranjada del
deseo.
(Cartas a Ulises
de una mujer que vive sola, 1990)
LA TARDE QUE MURIÓ LA NIÑA AZUL
el otoño rozó el
bronce de la aldaba.
Quemaba el aire
como beso de novio a
punto de partir
y allá,
en ese sitio en donde
octubre
le da a la uva su
color de incendio,
un perro de testuz
viajera
ladró con un sonido
casi humano.
Era una tarde
que compartía la vejez
con la orfandad de la retama
cuando murió la niña
azul.
Su casa daba al mar
y el mar,
desarraigando su posición yacente,
llegó tal un muchacho
y le besó en la boca
conocida.
Luego,
con ánimo de ir a
donde ella fuera,
enlutecióse
y no se hizo otra cosa
más que delta viril
que buscaba refugio en
su pálido cuello.
(Nada me asusta tanto
como cerrar los ojos
y verlos replegados
bajo la misma piel,
yéndose de la mano
para heredar la última
sonrisa).
(La niña azul,
1993)
NO SERÁ
ENTRE TUS OJOS
donde yo vaya a
construir mi nido,
pues temo que una
noche
la bruma conventual,
el dorondón de tu
mirada
decidan desahuciarme.
Tampoco entre tus
labios,
aunque me aguarde
el pan caliente de tu
aliento.
De tu cuerpo, que
tanto amo,
renuncio a visitar la
playa de las ingles.
¿Qué sería de mí junto
al puma de sal
siempre rugiendo y
puesto en pie?
¿Quién vendría a
salvarme del reflujo
y de los bajamares de
tus piernas?
Pero, dime, ¿y si
cayera hondo,
donde el añil y el
cobre
dan altura a tu pubis
dulcemente marino?
Quiero para vivir la
calle de tu frente.
No me importa que en
ella llueva
ni que la oscuridad me
obligue
a encender un farol
cada vez que decida ir
a tu encuentro.
Me gusta perseguir esa
cincha de luz
que por tu rostro
parte muy despacio.
Lleva tu misma
delgadez,
esa forma de andar,
cayendo hacia adelante.
Sólo en tu frente soy
feliz
-guardián de mis
aljibes-,
porque el claror del
día sabe a hombre,
tiene un regusto a
yedra masculina
y al respirar te
siento
como arroyo crecido
que baja enfebreciendo
mis veranos.
(Carméndula, 2000)
JUAN RUIZ DE TORRES
Nació en Madrid, España (1931). Poeta,
ensayista, antólogo, crítico literario, periodista y profesor
universitario. Dr. en Filología Hispánica, Dr. en Ingeniería
Industrial y Licenciado en Informática. Fundador, Miembro del
Patronato y actual Presidente de la Asociación Prometeo de Poesía (A.P.P.).
Fundador y Documentalista de la Academia Iberoamericana de Poesía
(A.I.P.). Fundador del Ateneo Casa del Tiempo. Asesor de la revista
en Internet PROMETEO Digital. Ha publicado 22 poemarios, además de
otras obras profesionales, ensayísticas y en prosa, entre los que se
destacan: Un camino al futuro (1952), La luz y la sombra
(1958), La suma imposible (1967), Los brindis del poeta
(1970), Poesía para sobrevivir (1980), Las trece Puertas
del Silencio (1984), y Herencia (Editorial Verbum,
Madrid; 1999), hermoso poemario de gran calidad poética y lleno de
amor a España y a la otra España que se extendió al otro lado del
Atlántico. Ha recibido numerosas distinciones, entre las que se
encuentran: Ateneo de Oro (1973) y Carlos Sabat Escasty (1989).
YO
RECUERDO (1952)
Hace tiempo te
dije "yo recuerdo",
buscando entre
tus ojos y los míos
un enlace sutil y
misterioso.
No era verdad. No
recordaba nada.
Sólo estaba
cubierto por la sombra
del deseo de amar.
Y cuando fue la
luz,
aún seguía vacío
el universo.
(Del poemario “Un camino al futuro”)
EN TODO ESTE TIEMPO QUE HA
PASADO (1958)
En todo este
tiempo que ha pasado
después de
aquello nuestro,
no sé si estuve
vivo, dormitando,
o simplemente
muerto.
Sólo sé que tu
imagen se marchaba,
que toda tú te
ibas
al igual que la
niebla se levanta
al Sol de
mediodía.
Hasta hoy, que en
las sombras de la tarde,
en una de tus
cartas,
el hambre antigua
ha vuelto inevitable,
y sé que me haces
falta.
En este largo,
oscuro laberinto
después de
aquello nuestro,
no puedo recordar
que haya latido
mi corazón
desierto.
(Del poemario “La luz y la sombra”)
LAS
HORAS (1967)
Hay horas que nos
saben como a sueño.
Hay horas que
destila una por una
la voz de la
nostalgia.
No parecen reales
esas horas.
Tal vez fueron
medidas
por las ruedas
exactas de todos los relojes.
Pero que nos
duraban...
¡no sé lo que
duraban!
Cada una nos iba
salpicando
de emoción y
agonía, de grito y de silencio.
Horas con la
razón de vacaciones
y la voz atascada
entre los labios.
Con la risa
pugnando con la lágrima
y el frío con el
fuego.
Unas horas
teñidas de extraña purpurina,
con aroma a
misterio y a victoria.
Horas que nos
valieron más que años,
aunque luego
pasaran la factura.
Horas que ¡duelen
tanto!,
pues nacieron sin
molde
y no podrán
salirnos repetidas.
¿Cómo vinieron? ¿Cómo
se marcharon?
¡Qué buena y mala
suerte
tenemos de que
ocurran esas horas!
Esas horas
extrañas
serás las que
envidiemos al pasado
cuando entremos,
de modo
irremediable, en el futuro.
Las horas de esos
días
que sabremos que
fueron tan reales
aunque apenas nos
sepan como a sueño.
(Del poemario “La suma imposible”)
BRINDIS
DEL POETA (1970)
Brindo...
... por las
espaldas de todas las mujeres.
... por nuestro
adiós desencantado a cada minuto que se va.
... por la
primera hierba de la Primavera.
... por todos los
bolígrafos que cambian de mano cada día.
... por el amor
que espera en una esquina del futuro.
(Del poemario “Los brindis del poeta”)
CASTILLA (1980)
Altiplano español,
dura meseta,
doscientos mil
kilómetros cuadrados
de obstinación y
polvo,
de viña y mies y
adobe,
de pueblos en
subasta,
de hielos y
paisajes requemados.
El de los pies
ligeros,
Aquiles, no
hallaría
una meta precisa
en tu horizonte.
Un castigo verían
otras gentes
en tenerte por
cuna de sus hijos.
La cólera de un
dios
engendró tus
distancias.
Pero, tierra
inflexible,
en ti guardo
raíces y cadenas.
Tómame.
Hazme ganar a
pulso
esa herencia de
hierro,
de sed y mediodía.
Que no me sienta
débil
y me acomode un
sol menos brillante.
Que mi mano
castiguen tus ortigas,
mis ojos tus
resoles,
mi olfato la
acritud de tus caballos.
Haz que empape mi
boca
el sabor de la
hogaza.
Que acompañe a mi
tumba
el antiguo
silencio de tus noches.
(Del
poemario “Poesía para sobrevivir”)
A
ROMPER (1999)
A romper,
a romper.
Tanto verso
fallido.
Fotos.
Y diccionarios.
Ombligos.
Discursos,
crucigramas.
Sólo el instante
único
se resuelve en
poema.
El resto es
vanidad,
tiempo al amor
perdido.
A romper.
Incluso este
manual.
Hay que salvar
los bosques.
(Inédito en libro)