Miami
Estados Unidos
Año IV

 Nº 21/22

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

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UN ENCUENTRO PARTICULAR CON

DARÍO OSES MOYA,

 DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA Y ARCHIVOS DE LA FUNDACIÓN PABLO NERUDA

 por 

Maricel Mayor Marsán

 

Darío Oses nació en 1949 en Santiago. Se diplomó de periodista en la Universidad de Chile, y desempeñó un efímero trabajo de reportero. Luego derivó al trabajo de comunicaciones, publicaciones y difusión cultural en la Universidad de Chile, donde ha realizado labores de editor de revistas y libros, Director de la Biblioteca Central, y Jefe del Departamento de Asuntos Culturales. Actualmente es director de la Biblioteca y Archivos de la Fundación Pablo Neruda. También ha realizado labores de crítico literario, en la revista Ercilla y en el programa de televisión  “El Show de los libros”, de redactor publicitario y guionista del programa TELEDUC.
La obra narrativa de Darío Oses se conoce inicialmente por cuentos que publica en revistas y en antologías. En 1992, publica dos novelas: Machos Tristes y Rockeros Celestes, con la que gana el Concurso de Novela Joven de la Editorial Andrés Bello. A continuación publica El Viaducto (1994), Caballero en el desierto (1996), La bella y las bestias (1997), 2010, Chile en llamas, (1998) una visión apocalíptica del Chile del bicentenario; El Virus Baco (2002), y tiene en prensa La música de las esperas, un volumen de cuentos. Aparte del premio mencionado ha recibido el Segundo Premio en el Concurso Nacional de Cuentos de la revista Paula, en 1975, y el Premio “Academia”, que otorga la Academia Chilena de la Lengua, en 1995. En 1997 se contó entre los finalistas en el Concurso de Novela Planeta Argentina.  La obra de Oses tiene un sello singular, y no es tributaria de ninguna corriente o escuela. Es, además, diversa. Cada una de sus novelas es diferente de la anterior. Si hay un rasgo común a todos sus relatos, éste podría ser un afán de examinar crítica y muchas veces irónicamente, la implantación de la modernidad en Chile y los efectos de desintegración social, vacío cultural, abolición del sentido de la vida humana, que este fenómeno produce.


 

En una modesta oficina, no menos modesta que la personalidad de este importante intelectual chileno, se llevó a cabo mi encuentro con Darío Oses Moya, el Director de la Biblioteca y Archivos  de la Fundación Pablo Neruda. Acompañado de su jovialidad y un gran conocimiento en la materia, me llevó a recorrer el local en donde se alberga la nueva biblioteca. La misma está localizada en una de esas antiguas casas del Barrio Bellavista en la ladera del Cerro San Cristóbal,  justo al lado de La Chascona, la casa de Pablo Neruda en Santiago, hoy sede de la fundación que atiende el patrimonio del poeta. Tan solo a una semana de su inauguración, pudimos comprobar el constante ir y venir del público allí presente, compartiendo con escritores, escolares y viejos amigos del poeta. Nuestra conversación culminó cuando la tarde filtraba sus últimos rayos solares a través de las ventanas de la Sala de Lecturas, dejando ver toda la desnudez invernal de los árboles y mitigando el particular frío de agosto en el hemisferio sur.

 

 

M.M.M. Teniendo en cuenta de que Pablo Neruda donó su primera colección de libros en el año 1953 a la Universidad de Chile, ¿cuál es el propósito principal de que la Fundación Pablo Neruda haya establecido su propia biblioteca y no haya considerado hacer lo mismo que el autor?

 

D.O.M. Todo parece indicar que el deseo del poeta fue formar una segunda biblioteca, luego de la donación de sus libros  y de su colección de caracolas marinas, a la Universidad de Chile, en 1953. De otro modo habría continuado donando los libros que fue adquiriendo a partir de 1954, a la biblioteca de la Universidad, cosa que no hizo.

 

 

     La donación a la Universidad no dejó de tener aspectos conflictivos. No hay que olvidar que se realizó mientras permanecía vigente la Ley de Defensa de la Democracia – llamada la ley maldita – que proscribió de la ciudadanía a los comunistas, entre los que se contaba Neruda. El mismo poeta escribió en sus memorias: “Cualquier hombre cristalino pensará en el regocijo con que recibirían en Chile esa donación mía. Pero hay también hombres anticristalinos. Un crítico oficial escribió artículos furiosos. Protestaba con vehemencia contra mi gesto. ¿Cuándo se podrá atajar al comunismo internacional?, proclamaba. Otro señor hizo en el parlamento discursos encendidos contra la universidad por haber aceptado mis maravillosos cunables e incunables; amenazó con cortar al instituto nacional los subsidios que recibe. Entre el articulista y el parlamentario lanzaron una ola de hielo sobre el pequeño mundo chileno. El rector de la universidad iba y venía por los pasillos del congreso, desencajado. Por cierto que han pasado veinte años de aquella fecha y nadie ha vuelto a ver mis libros ni mis caracoles. Parece como si hubieran retornado a las librerías y al océano”.

 

     Es necesario destacar que la Universidad se preocupó posteriormente de instalar una sala especial, muy bien alhajada para albergar las valiosas colecciones que donó el poeta, y se han realizado acciones de conservación de las mismas, que hoy se encuentran convenientemente preservadas y catalogadas. Una parte de la colección de caracolas está incluso en exposición permanente en la casa central universitaria.

 

     Pero la intención de Neruda, indudablemente, fue reunir una segunda biblioteca, personal. Como fino bibliófilo y gran conocedor del arte y de la historia del libro, esta biblioteca forma parte de su vida y de su entorno, lo mismo que los mascarones de proa y otros objetos que se encuentran en sus casas.

 

     Es importante, por otra parte, para esta Fundación, uno de cuyos propósitos fundamentales es fomentar el conocimiento y  la difusión de la obra de Neruda,  mantener un fondo bibliográfico y documental para los investigadores de su vida y poesía.

 

     Ahora, lo interesante es que aún cuando haya dos bibliotecas de Neruda, existe una permanente colaboración entre la Fundación y la Universidad, tanto para dar a conocer, como para conservar en la mejor forma posible el patrimonio del poeta.

 

M.M.M. ¿Me podría elaborar sobre los libros y documentos que alberga la recién fundada Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda?

 

D.O.M. Como se ha dicho, desde 1954 en adelante, Neruda siguió adquiriendo libros. Así, reunió una segunda biblioteca, con el mismo sello de la anterior. Todos los libros que compró o recibió como regalo son parte de su vida y de su “geografía personal”.

 

Patricio E. Palacios, Director Ejecutivo de la Revista Literaria Baquiana y Darío Oses Moya en la bóveda de seguridad de libros y documentos de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda

 

En septiembre de 1973, algunos de los preciosos libros del poeta corrieron una suerte azarosa. La misma de las casas de Valparaíso y Santiago que fueron saqueadas. Por otra parte, Neruda había adquirido libros, caracolas y obras de artes valiosísimas en Europa, durante su gestión como embajador en Francia. Todas esas piezas venían por mar, en containers, y llegaron a Valparaíso después de su muerte.

 

     Matilde Urrutia, la viuda de Neruda, cuenta en sus memorias que cuando llegaron sus containers, fueron sacados de la aduana y llevados hasta un recinto militar, porque, “según ellos (los militares), habíamos traído armas”. “Tenían tal seguridad de ello que el día que los abrieron (por supuesto, yo no estaba presente) llamaron a los periodistas para que constataran el hecho – relata Matilde –. Supe todo esto a través de la prensa que de manera divertida publicó la noticia”.

    

     Finalmente, después de varias semanas, Matilde recibió el  aviso de que podía desaduanar el envío. “Tenía que callar y recibir lo que quisieran entregarme – apunta Matilde –. Sería largo enumerar todo lo que me robaron. Lo más doloroso fue el saqueo de los libros, me dejaron muchas colecciones incompletas. Los libros más valiosos se perdieron”.

 

     Afortunadamente se salvaron algunas piezas importantes. Con estos libros, más los que estaban en las tres casas, se ha formado la Colección Personal del poeta, que es una de las secciones de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda.

    

     Sería oportuno destacar el esfuerzo de muchas personas como Marcela Elgueta, Sofía Vergara, Ana María Díaz, Hilde Krassa, Tamara Waldspurger y, por supuesto, la viuda del poeta, Matilde Urrutia, quienes gestaron y pusieron en marcha esta biblioteca.

  

      En 1996, la Fundación compró la propiedad vecina a la Casa Museo La Chascona, entre otras cosas, para disponer de un espacio adecuado para la conservación de la Biblioteca y Archivos, y la atención de público.

 

     En diciembre de 1999 se iniciaron los trabajos de habilitación del tercer piso y la construcción de un cuarto nivel, destinados exclusivamente a Biblioteca y Archivos. Aquí se instalaron laboratorios fotográfico y de conservación; bóveda de seguridad; depósito de la colección de consulta para todo usuario; recinto para el servidor de la red computacional; sala de lectura con capacidad para 19 usuarios, con tres estaciones de consulta computacional del catálogo; depósito climatizado para la colección personal de Neruda, y oficinas.

 

     La Biblioteca reúne en total, cerca de once mil quinientos volúmenes físicos, que se desglosan de la siguiente forma: Colección personal de Neruda, 5.000 volúmenes; Sección especializada: 6.500 volúmenes. El Archivo fotográfico tiene cerca de 5.000 ítemes; los Recortes de periódicos, 1.550 ítemes; el Archivo de Correspondencia, 5.000 ítemes; el Material audiovisual, 100 ítemes, y la Colección de manuscritos, 5.000 ítemes.

 

          

Esta última Colección se conserva en una bóveda de seguridad, y se proyecta su duplicación por digitalización o microfilmación para que pueda ser fácil y ampliamente consultada.

 

     Junto con la construcción, habilitación y acondicionamiento de espacios físicos adecuados para conservar las colecciones  bibliográficas, iconográficas y documentales, se diseñó un sistema computacional para el procesamiento técnico y uso automatizado de estas colecciones. En dicho diseño se tomó en cuenta los requerimientos de servicios y la proyección de crecimiento de este acervo patrimonial.