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En
una modesta oficina, no menos modesta que la personalidad de este
importante intelectual chileno, se llevó a cabo mi encuentro con
Darío Oses Moya, el Director de la Biblioteca y Archivos de la
Fundación Pablo Neruda. Acompañado de su jovialidad y un gran
conocimiento en la materia, me llevó a recorrer el local en
donde
se alberga
la nueva biblioteca.
La misma está
localizada en una de esas antiguas casas del
Barrio Bellavista en la ladera del Cerro San Cristóbal,
justo
al lado de La Chascona, la casa de Pablo Neruda en
Santiago, hoy sede de la fundación que atiende el patrimonio del
poeta. Tan solo a una semana de su
inauguración, pudimos comprobar
el constante ir y venir del público allí presente, compartiendo con
escritores, escolares y viejos amigos del poeta. Nuestra
conversación culminó cuando la tarde filtraba sus últimos rayos
solares a través de las ventanas de la Sala de Lecturas, dejando ver
toda la desnudez invernal de los árboles y mitigando el particular
frío de agosto en el hemisferio sur.
M.M.M. Teniendo en cuenta de que Pablo Neruda donó su primera
colección de libros en el año 1953 a la Universidad de Chile, ¿cuál
es el propósito principal de que la Fundación Pablo Neruda haya
establecido su propia biblioteca y no haya considerado hacer lo
mismo que el autor?
D.O.M. Todo parece indicar que el deseo del poeta fue formar
una segunda biblioteca, luego de la donación de sus libros y de su
colección de caracolas marinas, a la Universidad de Chile, en 1953.
De otro modo habría continuado donando los libros que fue
adquiriendo a partir de 1954, a la biblioteca de la Universidad,
cosa que no hizo.
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La donación a la Universidad no dejó de tener aspectos
conflictivos. No hay que olvidar que se realizó mientras permanecía
vigente la Ley de Defensa de la Democracia – llamada la ley maldita
– que proscribió de la ciudadanía a los comunistas, entre los que se
contaba Neruda. El mismo poeta escribió en sus memorias: “Cualquier
hombre cristalino pensará en el regocijo con que recibirían en Chile
esa donación mía. Pero hay también hombres anticristalinos. Un
crítico oficial escribió artículos furiosos. Protestaba con
vehemencia contra mi gesto. ¿Cuándo se podrá atajar al comunismo
internacional?, proclamaba. Otro señor hizo en el parlamento
discursos encendidos contra la universidad por haber aceptado mis
maravillosos cunables e incunables; amenazó con cortar al instituto
nacional los subsidios que recibe. Entre el articulista y el
parlamentario lanzaron una ola de hielo sobre el pequeño mundo
chileno. El rector de la universidad iba y venía por los pasillos
del congreso, desencajado. Por cierto que han pasado veinte años de
aquella fecha y nadie ha vuelto a ver mis libros ni mis caracoles.
Parece como si hubieran retornado a las librerías y al océano”.
Es necesario destacar que la Universidad se preocupó
posteriormente de instalar una sala especial, muy bien alhajada para
albergar las valiosas colecciones que donó el poeta, y se han
realizado acciones de conservación de las mismas, que hoy se
encuentran convenientemente preservadas y catalogadas. Una parte de
la colección de caracolas está incluso en exposición permanente en
la casa central universitaria.
Pero la intención de Neruda, indudablemente, fue reunir una
segunda biblioteca, personal. Como fino bibliófilo y gran conocedor
del arte y de la historia del libro, esta biblioteca forma parte de
su vida y de su entorno, lo mismo que los mascarones de proa y otros
objetos que se encuentran en sus casas.
Es importante, por otra parte, para esta Fundación, uno de
cuyos propósitos fundamentales es fomentar el conocimiento y la
difusión de la obra de Neruda, mantener un fondo bibliográfico y
documental para los investigadores de su vida y poesía.
Ahora, lo interesante es que aún cuando haya dos bibliotecas
de Neruda, existe una permanente colaboración entre la Fundación y
la Universidad, tanto para dar a conocer, como para conservar en la
mejor forma posible el patrimonio del poeta.
M.M.M. ¿Me podría elaborar sobre los libros y documentos que
alberga la recién fundada Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda?
D.O.M. Como se ha dicho, desde 1954 en adelante, Neruda
siguió adquiriendo libros. Así, reunió una segunda biblioteca, con
el mismo sello de la anterior. Todos los libros que compró o recibió
como regalo son parte de su vida y de su “geografía personal”.
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Patricio E.
Palacios, Director Ejecutivo de la Revista Literaria Baquiana y
Darío Oses Moya en la bóveda de seguridad de libros y documentos
de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda |
En septiembre de 1973, algunos de los
preciosos libros del poeta corrieron una suerte azarosa. La misma de
las casas de Valparaíso y Santiago que fueron saqueadas. Por otra
parte, Neruda había adquirido libros, caracolas y obras de artes
valiosísimas en Europa, durante su gestión como embajador en
Francia. Todas esas piezas venían por mar, en containers, y
llegaron a Valparaíso después de su muerte.
Matilde Urrutia,
la viuda de Neruda, cuenta en sus memorias que cuando llegaron sus
containers, fueron sacados de la aduana y llevados hasta un
recinto militar, porque, “según ellos (los militares), habíamos
traído armas”. “Tenían tal seguridad de ello que el día que los
abrieron (por supuesto, yo no estaba presente) llamaron a los
periodistas para que constataran el hecho – relata Matilde –. Supe
todo esto a través de la prensa que de manera divertida publicó la
noticia”.
Finalmente, después de varias semanas, Matilde recibió el aviso de
que podía desaduanar el envío. “Tenía que callar y recibir lo que
quisieran entregarme – apunta Matilde –. Sería largo enumerar todo
lo que me robaron. Lo más doloroso fue el saqueo de los libros, me
dejaron muchas colecciones incompletas. Los libros más valiosos se
perdieron”.
Afortunadamente se salvaron algunas piezas importantes.
Con estos libros, más los que estaban en las tres casas, se ha
formado la Colección Personal del poeta, que es una de las secciones
de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda.
Sería
oportuno
destacar
el
esfuerzo
de
muchas
personas
como
Marcela
Elgueta,
Sofía Vergara,
Ana María
Díaz,
Hilde Krassa,
Tamara
Waldspurger
y,
por
supuesto,
la
viuda
del
poeta,
Matilde
Urrutia,
quienes
gestaron
y pusieron
en
marcha
esta
biblioteca.
En 1996, la Fundación compró la propiedad vecina a la
Casa Museo La Chascona, entre otras cosas, para disponer de
un espacio adecuado para la conservación de la Biblioteca y
Archivos, y la atención de público.
En diciembre de 1999 se iniciaron los trabajos de
habilitación del tercer piso y la construcción de un cuarto nivel,
destinados exclusivamente a Biblioteca y Archivos. Aquí se
instalaron laboratorios fotográfico y de conservación; bóveda de
seguridad; depósito de la colección de consulta para todo usuario;
recinto para el servidor de la red computacional; sala de lectura
con capacidad para 19 usuarios, con tres estaciones de consulta
computacional del catálogo; depósito climatizado para la colección
personal de Neruda, y oficinas.
La Biblioteca reúne en total, cerca de once mil
quinientos volúmenes físicos, que se desglosan de la siguiente
forma: Colección personal de Neruda, 5.000 volúmenes; Sección
especializada: 6.500 volúmenes. El Archivo fotográfico tiene cerca
de 5.000 ítemes; los Recortes de periódicos, 1.550 ítemes; el
Archivo de Correspondencia, 5.000 ítemes; el Material audiovisual,
100 ítemes, y la Colección de manuscritos, 5.000 ítemes.
Esta última Colección se conserva en una bóveda de seguridad, y se
proyecta su duplicación por digitalización o microfilmación para que
pueda ser fácil y ampliamente consultada.
Junto con la construcción, habilitación y
acondicionamiento de espacios físicos adecuados para conservar las
colecciones bibliográficas, iconográficas y documentales, se diseñó
un sistema computacional para el procesamiento técnico y uso
automatizado de estas colecciones. En dicho diseño se tomó en cuenta
los requerimientos de servicios y la proyección de crecimiento de
este acervo patrimonial.
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