Subjuntivo
Y
tener que explicar de nuevo el subjuntivo,
acechante la tiza de la noche del encerado en luto,
ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera
cuando lo que desean es sentir el mordisco
que
tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos
y
olvidarse del viejo profesor que les roba
su
tiempo inútilmente.
Mientras copian los signos del lenguaje,
emotion, doubt,
volition, fear, joy...,
y
usando el subjuntivo de mi lengua de humo
mi
deseo es que tengan un amor como el nuestro,
pero sé que no escuchan la frase
que
les pongo para ilustrar su duda
ansiosos como están de usar indicativo.
Este será su más feliz verano
el
que recordarán mañana
cuando la soledad y la rutina
les
hayan destrozado su belleza,
la
rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,
ajadas las espinas de sus labios.
Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,
por
salir a la noche, por disfrutar la vida,
por
conocer el rostro de la muerte.
Error
Estamos tan seguros de la noche,
tan
engañados de su calma estamos
que
a veces nos despierta su arañazo
en
la equívoca luz de la mañana.
Imprudentes dormimos en su lecho,
la
medida del cuerpo le dejamos
sabiendo que es amiga de la muerte.
Habría que dormir durante el día
cuando la luz ordena las estrellas
y
soñar en la noche que morimos
cuando la oscuridad sorprende al alba.
Foto en la
universidad de Columbia
Un
rayo destruyó
la
esfera en que te apoyas,
sólo
queda la base
por
donde juegan niños que no te conocieron
y
meditan lagartos prisioneros de plomo.
El
campus, a finales de curso,
es
un río de cuerpos
que
con el torso herido
estudian en el césped luminoso.
Pasan cometas tristes suspendidas de lluvia
y
pájaros alegres aprobados de viento.
La
luz moja tu cara en luna llena,
pelo liso con un brillo cansado,
tus
manos enlazadas reposando en tus muslos,
pantalones bombachos
y
dos escarabajos en tus ojos
mirando la retina de la tarde.
Sonríe, Federico, no te muevas.
Aunque se queda inmóvil,
la
imagen sale turbia.
Se
distingue una mano clarísima y helada
que
se posa con fuerza en otra mano en fuego.
La
lente invierte la foto de Manhattan
y
Harlem se amotina
en
la cámara oscura de la noche.
Sombra sentimental
Para Luis
Cernuda
¿Dónde
están esos trenes que pasaron
llevando
tanta vida en sus vagones,
tanta
sangre veloz
de
jóvenes nocturnos
que
huyendo del suburbio
bajaban
perfumados
los
fines de semana a la ciudad
en busca
de otro amor?
¿Qué
silencio escogió
el ruido
de sus cuerpos
que
vestidos de fiesta
murieron
un domingo
cuando
de madrugada
volvían
a su casa?
Mejor
hubiera sido haber perdido el tren.
Plaga
Todavía se aman a pesar de la plaga
y
encuentran en la noche sus torsos alumbrados
sabiendo que la muerte les acecha celosa.
Tiemblan cuando desnudos se miran al cristal
y
ven alguna mancha que oscurece su piel.
Con
precaución celebran sus huesos arropados
y
con certeza saben éste es tiempo de guerra.
Oficiando sus ojos un memorial de sombras
recuerdan tantos nombres que con pasión se amaron,
cuerpos llenos de fuego su coraza encendida
y
que ahora rescatan del campo de batalla.
Early
Sunday Morning
Para Edward Hopper
Única criatura, la claridad
extiende sus raíces en la línea
horizonte de la calle vacía,
bautizando al color por su apellido:
azules infantiles, verdes lluviosos,
ocres enamorados, húmedos blancos
que
son frontera con la sábana tibia,
el
olor a café, la primera caricia,
y
el roce de la muerte que, temprana,
teje precipitada la túnica del barro.
Dando razón de luz al carbón de la sombra,
el
sol va señalando a la fachada
su
destino de noche aún distante.
Dormidas las persianas, amarillo
despierto de septiembre, un visillo
entretiene su frágil esqueleto
en
el lento columpio de la brisa,
mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,
protegida por Gato (y una buena ginebra)
y
comienza a leer la última edición
del
New York Times, cuando tan sólo son
las
siete menos cuarto, en la recién
creada mañana del domingo.
Seize
el día
Todos vienen del ghetto,
admiran a Selena,
quieren sacarse el Lotto,
son
pesadas sus sombras,
grises sus biografías,
visten de polyester con ropa made in China,
pies ligeros de Adidas
y
sonríen con dientes en andamios,
granos en sus mejillas,
grasa sobre su frente.
Hoy
son cuerpos en marzo,
primavera en sus dedos,
fuego por su mirada,
la
agresiva belleza de sólo veinte años,
dueños de sus caderas,
urgencias por sus lenguas,
la
insolencia del sexo inundando su ingle,
el
fulgor de la sangre retrasando relojes
y
el descarado valle de sus pechos
umbrío de semillas.
Esto les califica de inmortales.
Mañana serán ruina,
del
Olimpo expulsados para siempre,
cuerpos viejos y lentos,
oídos destemplados,
ojos llenos de tierra,
mutilados sus labios con cristales,
el
olor de la rosa evaporado,
su
tacto acuchillado,
ya
la muerte inquilina del pecho pergamino
borrando la escritura de su sangre.
Ignorando lo hermoso y fugitivo de su tiempo
ellos no se dan cuenta cómo el viejo celebra
la
clave de su piel y el lujo de sus cuerpos,
tan
cerca de sus manos y a la vez tan lejanos,
ansias que le convidan a la vida,
trampas que le conducen a la muerte.
JESÚS CÁNOVAS MARTÍNEZ
Nació en Albacete, España (1956). Poeta,
filósofo y profesor de Enseñanza Media. Graduado de Filosofía Pura
por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente imparte
docencia en el I.E.S. “Salvador Sandoval” de Las Torres de Cotillas
(Murcia). Hasta la fecha ha publicado los siguientes libros de
poemas: A la desnuda vida creciente de la nada (1989), (1991), Kyrie
Eleison (1994), Estridularia (1999), La Luz Herida (1999) y Fanal de
la Aventura (2000). Ha sido antologado en: Trayecto contiguo (Última
Poesía) Madrid (1993), Los Pasajeros del Arca, Buenos Aires (1994),
El Ámbito de la Rosa, Buenos Aires (1995), Expoesía-2000, Buenos
Aires (1995), I y II Encuentros con la Poesía (Ciudad de Águilas),
Murcia (1998), Cuadernos de Roldán, Sevilla (1999), Antología de
Espartaria, Lorca (1999), Goytisolo Veintisiete Voces Para Un Único
Poema, Veintisiete Miradas Para Un Único Rostro, Murcia (1999),
Murcía, Antología General Poética, Murcia (2000), Poetas con el Mar
(Primera antología del Mediterráneo), Murcia (2000), El Alma de un
Pueblo (Cien años de poesía en Águilas), Fundación Alfonso Escámez
(2001), I Ciclo de Poesía Temática Alicante-Murcia (2000-2001), Del
Haiku y sus Orillas, Totana, Murcia (2001), Poetas por el Aire
(Segunda antología del Mediterráneo), Murcia (2002). Sus poemas,
ensayos, narraciones y artículos de índole cultural han aparecido en
varias revistas y periódicos del ámbito nacional e internacional. Ha
sido ganador del II CONCURSO DE CUENTOS CIUDAD DE HELLÍN con la
obra “Tercer Nivel”. En la actualidad conduce un programa de
literatura en “Telepeñón”, cadena de televisión aguileña.
Ecos de
tu nombre
Tu nombre, en los
espejos o las rosas
efímeras del agua
o de la brisa,
tanto así, tan en
besos, tan de niña,
se columpia,
paloma, donde flotas;
o en la lluvia
rosada de la aurora
que caminan
descalzas tus sonrisas
esmerila en mis
labios, que se irisan,
y te lanzan, tan
tuya, tan jocosa.
Me llenas, alma;
vagas en la arena,
en playas de mi
cuerpo, tan vencido
a ti, que eres
cristal, tan verdadera.
¡Tanto tuyo me
queda, transfinito!;
de la vida, el
silencio, por respuesta;
o del eco, tu
nombre, repetido.
Te
quiero…
Te quiero, toda
tú como eres, vuelo;
aquí en mi libro,
tú, toda del aire.
Toda del vuelo
tuyo de tus ojos
sobre la sola
noche de mi sangre.
Como eres niña de
luces y palomas
te alzo detrás
del mundo, yo, sin nadie;
en páginas de ti,
confusa, niña,
desnuda tuya azul
sobre los aires.
Todo de ti,
palomas de tu nombre;
transparencias
del cielo de sonrisas
tan tuyas de tus
vuelos en la tarde.
Mi libro se
alborota de palomas,
nombres,
palabras, números que giran;
tú, blanca en tu
balcón, y esperándome.
El
vigor del soplo abandonado…
El vigor del
soplo abandonado,
constato límites, ciego espesuras;
me hundo en el
río.
Fluye y me ahoga.
Mis ojos ciegan
esplendores de
belleza o de ceniza; traspaso
densamente
expuesto
límites
a un naufragio.
Olvidé los dones;
me falta todo y
doy con la garganta
nombre a lo que
no conozco.
Mi grito
asiste a mi fracaso.
Luis Cernuda Redivivo
La gloria sea
dada a Luis Cernuda
de quien su
soledad conmueve el verbo,
le sea dado el
trono en su justicia,
corona de laurel,
mirto y púrpura,
el saldo de la
ruina o la memoria
al fin entre
nosotros redivivo.
Conmueve hoy
Cernuda,
en él su verbo
grácil la entereza
o amargo el afán
de la derrota
pues algo de
tristeza y de fracaso
hay en este
andaluz, altivo un tanto.
Palabra
apasionada pero justa es la suya
en el rigor
exacto de una expresión amarga,
o dulce y plena
de esperanza y del sentido
de aquella tierra
extraña a la deriva
que cautiva su
mocedad,
su niñez por los
patios de Sevilla,
el aire vuelto a
los jazmines,
bajo esa calidez
sin nombre
que rumorean las
estrellas,
la soledad que
acerca más la noche,
las lámparas que
poco alumbran,
cuando a solas
por las aceras,
con la nostalgia
viva del destierro,
entre las nieblas
vaga sin destino
contemplando ese
cielo arrebatado
o el regalo del
día sin dulzura.
Así los arrabales
de miseria,
la mano sin
caricia de sentirse,
hurtada la
lisonja,
fuerte entre las
cosas mudas,
entre los hombres
que son sólo cuerpos,
mas nada dicen,
aunque todo
recuerda y habla en esta tarde
de parques
mexicanos,
y mece su
tristeza en el alma.
Luis Cernuda
camina solo
y llora solo y
ama solo.
Su canto le
redime,
su voz le ensalza
tenue
sobre el mundo y
las cosas
marchitas y que
pasan,
tal río en
resonancias,
pájaro solitario
en el espino
con soberano celo
así entregado
a la palabra
bella,
mas henchida de
impulso y sentimiento,
plenitud de
sentido
de una verdad
moral definitiva.
Las gracias demos
a Cernuda vivo
por su ejemplo y
canto,
entre nosotros
redimido al fin,
y al fin
reconocido.
Díptico: Borges o el laberinto
I
“En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado
rostro eterno”
Jorge Luis Borges
Simulador el
ciego de las sombras
circulares modela
los infiernos;
ya es Milton o ya
es Dante, o es el juego
del orden
impasible de las rosas.
La torre que
construye, Babilonia,
devana especular
entre sus sueños.
¿Es Borges o
también esos reflejos
de soplos que lo
forman y lo borran?
La norma de la
trama, el laberinto,
dispensa su
memoria. La palabra,
que signa y
nombra, busca en la dudosa
urdimbre del
rumor del arquetipo
el ciego
innumerable, cuando traza
arcos de la luz,
vuelo de palomas.
II
“Yo fatigo sin rumbo los
confines
de esa alta y honda
biblioteca ciega”.
Jorge Luis Borges
El ciego
innumerable de las sombras
en la callada
tarde un ciego libro
y la profunda
rosa indescifrable
devana terso, el
arduo laberinto.
(Palabra que
estremece simulada
inaccesible al
orden que postula
del blanco azar
redime, como el fuego
en humo que
deshace la memoria).
Fatiga los
confines incesantes
del instante que
corre con la letra,
los pálidos
reflejos del olvido.
Claros dones,
inane sombra vana.
Una rosa es la
rosa, o toda rosa,
que adentra ya la
noche, insobornable.
AMADA GARCÍA PUENTES
Nació en Cartagena, Murcia (1956). Poeta y
doctora en psicología. Licenciada en Pedagogía y Psicología por la
Universidad de Murcia. Trabaja en el área de Servicios Sociales como
Jefa de Sección de Programas de Personas con Discapacidad. He
recibido por el Ayuntamiento de Villa García de Arousa el segundo
premio de poemas y cartas de amor (febrero de 2001) por el poema
Mi nombre que está publicado en su libro Viento de Levante
que ha sido primer premio de poesía de la V edición del premio
Valdemebra por el Ayuntamiento de Quintanar del Rey (abril de
2002). Ha participado en diversos recitales, tales como: El Festival
de Poesía Ardentísima, en el Aula de Poesía de la Universidad de
Murcia y en los Ciclos de poesía Temática Alicante-Murcia.
Mirada de
salitre
En este olor de
atardecer
escribí mis deseos
cuando la vida
sostenía
una sola madrugada.
Navegué por el
desorden
de tu sonrisa.
La soledad sentada en
banco
de hierro pasaba
noches
desconocidas.
La luz dolía los ojos
bañados de salitre.
Un sonido húmedo
recorría
la nuca y las manos
exclamaban un silencio
anegando la garganta.
Hoy se alojan los
recuerdos
en el espacio de la
memoria
donde la piel vive
un puerto que
recorrerán
mis cenizas moviendo
otro alba.
Sobre
Consuelo
Avasallas en tu vivir
al tiempo.
Abandonas minutos
para dejar paso a los
sentidos.
Guardas las palabras
dentro de sus
silencios.
Coges la vida con las
manos enteras
y haces ruido en tu
pasar.
Ciegas la expresión
del hoy.
Tan inesperada como
la brisa
en el desierto, tan
fugaz como
el beso del portal, o
el sonido
de las olas en
altamar.
Seduces a los
momentos
porque sabes que la
soledad pesa,
que de la penumbra a
la emoción
se transita desde la
alegría hasta el dolor,
que la vida es más
corta que el olvido,
y el olvido hace la
inexistencia.
Escribes en la sombra
del arroyo
por no ser río,
pintas arcoiris
para jugar en él. Tu
conoces su luz,
su color, su forma,
sabes de su estar.
Te ocultas en él.
Eres su capricho.
Trayecto
A Carmen Freire
En qué travesía
detuviste el andar.
Con cuánta insistencia
has construido esas
horas,
tan tuyas, colmadas
una a una,
con el reducido
destello candente de la vela,
templada, lenta,
mecida y sola,
flotando por tu vida.
Con qué mirada desde
atrás, desde el fondo
lejano
de tu ideal
existencia,
has permanecido,
siempre,
siempre, atenta,
alerta.
Cuándo empezaste a
buscar
otra avenida y
entrelazarla
con la tuya, de
frente,
como el primer perfume
cerca, muy cerca.
A ti se una para que
tu marcada
silueta rompa el
infinito:
realzarte en tu
paisaje
vivir tu templanza
detenerte en el
instante que la sombra
de tu ser absorbe.
Andar en la oscuridad
como en tu noche.
Luz de Febrero
A mi hermana Gele
Si pudieras verte,
sentirte
como yo te hallo,
estarías por la
eterna sonrisa rodeada.
Cuántas veces llevas
a mí tu mirada
protectora,
la voz cariñosa y
exacta.
Inquieta por la vida
de los tuyos.
Abandonas tu propio
destino:
ir con ellos.
La amplitud de tu
alma toma
cuerpo de corazón. El
que yo beso.
Luz de febrero
apacible
transparente serena
recogida cálida.
Como yo te siento.
Sólo para
Julia
Avanza
Para Ana Pereda
Eliminar esas
sensaciones
encaramadas como
tormos en tu alma,
y ver los huecos de
laderas
donde reposar,
respirar y admirar
la naturaleza que
rodea tu existencia.
Si pudieras, sólo
alguna vez
separar lágrimas de
risas,
no confundirías
letargo con olvido.
Entonces serás capaz
de entenderte
y mirarte en un
completo momento.
A Juan
Carlos
La suavidad del beso
posa tu mirada
desforme
siempre extraviada,
en mitad de mi cara.
El silencio adorna tus
palabras, lentas,
entrecortadas,