Miami
Estados Unidos
Año IV

 Nº 21/22

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 



 

POETAS ESPAÑOLES

 

HILARIO BARRERO


Nació en Toledo, España (1948). Poeta y profesor. Tiene un doctorado por la Universidad de la ciudad de Nueva York y enseña español en la Universidad de Princeton. Vive en Nueva York desde 1978. Quedó finalista del Adonais en 1977 y ha ganado varios premios literarios. Ha traducido a Robert Frost, Jane Kenyon, Donald Hall y otros poetas norteamericanos contemporáneos. Es autor de Siete sonetos, In tempore belli (Premio de poesía Gastón Baquero) y Siete postales del sur y una postdata, de edición no venal. Ha sido incluido en Líneas urbanas. Lectura de Nueva York (Llibros del pexe, 2002), ed. José Luis García Martín y en la antología Miradas de Nueva York. (Mapa poético), de Juan Luis Tapia. Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués por Rene Garay y publicados en una antología titulada Timor y al inglés por Gary Racz y publicados en la revista Downtown Brooklyn, de la Universidad de Long Insland. Ha colaborado, entre otras, en las siguientes revistas: Poesía española, Aldonza, Clarín, El Súmmum, Grama, Hélice, Hermes, Hueso Húmero, Manxa, Reloj de arena, Revistatlántica y Turia.   


 

 

Subjuntivo

 

Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,

acechante la tiza de la noche del encerado en luto,

ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera

cuando lo que desean es sentir el mordisco

que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos

y olvidarse del viejo profesor que les roba

su tiempo inútilmente.

Mientras copian los signos del lenguaje,

emotion, doubt, volition, fear, joy...,

y usando el subjuntivo de mi lengua de humo

mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,

pero sé que no escuchan la frase

que les pongo para ilustrar su duda

ansiosos como están de usar indicativo.

Este será  su más feliz verano

el que recordarán mañana

cuando la soledad y la rutina

les hayan destrozado su belleza,

la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,

ajadas las espinas de sus labios.

Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,

por salir a la noche, por disfrutar la vida,

por conocer el rostro de la muerte.

 

 

 

Error

 

Estamos tan seguros de la noche,

tan engañados de su calma estamos

que a veces nos despierta su arañazo

en la equívoca luz de la mañana.

Imprudentes dormimos en su lecho,

la medida del cuerpo le dejamos

sabiendo que es amiga de la muerte. 

Habría que dormir durante el día

cuando la luz ordena las estrellas

y soñar en la noche que morimos

cuando la oscuridad sorprende al alba.

 

 

 

Foto en la universidad de Columbia

 

Un rayo destruyó

la esfera en que te apoyas,

sólo queda la base

por donde juegan niños que no te conocieron

y meditan lagartos prisioneros de plomo.

El campus, a finales de curso,

es un río de cuerpos

que con el torso herido

estudian en el césped luminoso.

Pasan cometas tristes suspendidas de lluvia

y pájaros alegres aprobados de viento.

La luz moja tu cara en luna llena,

pelo liso con un brillo cansado,

tus manos enlazadas reposando en tus muslos,

pantalones bombachos

y dos escarabajos en tus ojos

mirando la retina de la tarde.

Sonríe, Federico, no te muevas.

Aunque se queda inmóvil,

la imagen sale turbia.

Se distingue una mano clarísima y helada

que se posa con fuerza en otra mano en fuego.

La lente invierte la foto de Manhattan

y Harlem se amotina

en la cámara oscura de la noche.

 

 

 

Sombra sentimental

 

                         Para Luis Cernuda                 

 

¿Dónde están esos trenes que pasaron

llevando tanta vida en sus vagones,

tanta sangre veloz

de jóvenes nocturnos

que huyendo del suburbio

bajaban perfumados

los fines de semana a la ciudad

en busca de otro amor?

¿Qué silencio escogió

el ruido de sus cuerpos

que vestidos de fiesta

murieron un domingo

cuando de madrugada

volvían a su casa?

 

Mejor hubiera sido haber perdido el tren.

 

 

 

Plaga

 

Todavía se aman a pesar de la plaga

y encuentran en la noche sus torsos alumbrados

sabiendo que la muerte les acecha celosa.

Tiemblan cuando desnudos se miran al cristal

y ven alguna mancha que oscurece su piel.

Con precaución celebran sus huesos arropados

y con certeza saben éste es tiempo de guerra.

Oficiando sus ojos un memorial de sombras

recuerdan tantos nombres que con pasión se amaron,

cuerpos llenos de fuego su coraza encendida

 y que ahora rescatan del campo de batalla.

 

 

 

Early Sunday Morning                       

 

                     Para Edward Hopper

 

Única criatura, la claridad

extiende sus raíces en la línea  

horizonte de la calle vacía,

bautizando al color por su apellido:

azules infantiles, verdes lluviosos,

ocres enamorados, húmedos blancos

que son frontera con la sábana tibia,

el olor a café, la primera caricia,

y el roce de la muerte que, temprana,

teje precipitada la túnica del barro.

Dando razón de luz al carbón de la sombra,

el sol va señalando a la fachada

su destino de noche aún distante.

Dormidas las persianas, amarillo

despierto de septiembre, un visillo

entretiene su frágil esqueleto

en el lento columpio de la brisa,

mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,

protegida por Gato (y una buena ginebra)

y comienza a leer la última edición

del New York Times, cuando tan sólo son

las siete menos cuarto, en la recién

creada mañana del domingo.

    

 

 

Seize el día

 

Todos vienen del ghetto,

admiran a Selena,

quieren sacarse el Lotto,

son pesadas sus sombras,

grises sus biografías,

visten de polyester con ropa made in China,

pies ligeros de Adidas

y sonríen con dientes en andamios,

granos en sus mejillas,

grasa sobre su frente.

 

Hoy son cuerpos en marzo,

primavera en sus dedos,

fuego por su mirada,

la agresiva belleza de sólo veinte años,

dueños de sus caderas,

urgencias por sus lenguas,

la insolencia del sexo inundando su ingle,

el fulgor de la sangre retrasando relojes

y el descarado valle de sus pechos

umbrío de semillas.

Esto les califica de inmortales.

 

Mañana serán ruina,

del Olimpo expulsados para siempre,

cuerpos viejos y lentos,

oídos destemplados,

ojos llenos de tierra,

mutilados sus labios con cristales,

el olor de la rosa evaporado,

su tacto acuchillado,

ya la muerte inquilina del pecho pergamino

borrando la escritura de su sangre.

 

Ignorando lo hermoso y fugitivo de su tiempo

ellos no se dan cuenta cómo el viejo celebra

la clave de su piel y el lujo de sus cuerpos,

tan cerca de sus manos y a la vez tan lejanos,

ansias que le convidan a la vida,

trampas que le conducen a la muerte.

 

 

 

 

JESÚS CÁNOVAS MARTÍNEZ


Nació en Albacete, España (1956). Poeta, filósofo y profesor de Enseñanza Media. Graduado de Filosofía Pura por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente imparte docencia en el I.E.S. “Salvador Sandoval” de Las Torres de Cotillas (Murcia).      Hasta la fecha ha publicado los siguientes libros de poemas: A la desnuda vida creciente de la nada (1989), (1991), Kyrie Eleison (1994), Estridularia (1999), La Luz Herida (1999) y Fanal de la Aventura (2000). Ha sido antologado en: Trayecto contiguo (Última Poesía) Madrid (1993), Los Pasajeros del Arca, Buenos Aires (1994), El Ámbito de la Rosa, Buenos Aires (1995), Expoesía-2000, Buenos Aires (1995), I y II Encuentros con la Poesía (Ciudad de Águilas), Murcia (1998), Cuadernos de Roldán, Sevilla (1999), Antología de Espartaria, Lorca (1999), Goytisolo Veintisiete Voces Para Un Único Poema, Veintisiete Miradas Para Un Único Rostro, Murcia (1999), Murcía, Antología General Poética, Murcia (2000), Poetas con el Mar (Primera antología del Mediterráneo), Murcia (2000), El Alma de un Pueblo (Cien años de poesía en Águilas), Fundación Alfonso Escámez (2001), I Ciclo de Poesía Temática Alicante-Murcia (2000-2001), Del Haiku y sus Orillas, Totana, Murcia (2001), Poetas por el Aire (Segunda antología del Mediterráneo), Murcia (2002). Sus poemas, ensayos, narraciones y artículos de índole cultural han aparecido en varias revistas y periódicos del ámbito nacional e internacional. Ha sido ganador del II CONCURSO DE CUENTOS CIUDAD DE HELLÍN con la obra “Tercer Nivel”. En la actualidad conduce un programa de literatura en “Telepeñón”, cadena de televisión aguileña.


 

 

Ecos de tu nombre

 

Tu nombre, en los espejos o las rosas

efímeras del agua o de la brisa,

tanto así, tan en besos, tan de niña,

se columpia, paloma, donde flotas;

 

o en la lluvia rosada de la aurora

que caminan descalzas tus sonrisas

esmerila en mis labios, que se irisan,

y te lanzan, tan tuya, tan jocosa.

 

Me llenas, alma; vagas en la arena,

en playas de mi cuerpo, tan vencido

a ti, que eres cristal, tan verdadera.

 

¡Tanto tuyo me queda, transfinito!;

de la vida, el silencio, por respuesta;

o del eco, tu nombre, repetido.

 

 

 

Te quiero…

 

Te quiero, toda tú como eres, vuelo;

aquí en mi libro, tú, toda del aire.

Toda del vuelo tuyo de tus ojos

sobre la sola noche de mi sangre.

 

Como eres niña de luces y palomas

te alzo detrás del mundo, yo, sin nadie;

en páginas de ti, confusa, niña,

desnuda tuya azul sobre los aires.

 

Todo de ti, palomas de tu nombre;

transparencias del cielo de sonrisas

tan tuyas de tus vuelos en la tarde.

 

Mi libro se alborota de palomas,

nombres, palabras, números que giran;

tú, blanca en tu balcón, y esperándome.

 

 

 

El vigor del soplo abandonado…

 

El vigor del soplo abandonado,

                        constato límites, ciego espesuras;

me hundo en el río.

 

                                    Fluye y me ahoga.

 

Mis ojos ciegan

esplendores de belleza o de ceniza; traspaso

densamente expuesto

límites

a un naufragio.

 

Olvidé los dones;

me falta todo y doy con la garganta

nombre a lo que no conozco.

 

   Mi grito asiste a mi fracaso.

 

 

 

Luis Cernuda Redivivo

 

La gloria sea dada a Luis Cernuda

de quien su soledad conmueve el verbo,

le sea dado el trono en su justicia,

corona de laurel, mirto y púrpura,

el saldo de la ruina o la memoria

al fin entre nosotros redivivo.

 

Conmueve hoy Cernuda,

en él su verbo grácil la entereza

o amargo el afán de la derrota

pues algo de tristeza y de fracaso

hay en este andaluz, altivo un tanto.

 

Palabra apasionada pero justa es la suya

en el rigor exacto de una expresión amarga,

o dulce y plena de esperanza y del sentido

de aquella tierra extraña a la deriva

que cautiva su mocedad,

su niñez por los patios de Sevilla,

el aire vuelto a los jazmines,

bajo esa calidez sin nombre

que rumorean las estrellas,

la soledad que acerca más la noche,

las lámparas que poco alumbran,

cuando a solas por las aceras,

con la nostalgia  viva del destierro,

entre las nieblas vaga sin destino

contemplando ese cielo arrebatado

o el regalo del día sin dulzura.

Así los arrabales de miseria,

la mano sin caricia de sentirse,

hurtada la lisonja,

fuerte entre las cosas mudas,

entre los hombres que son sólo cuerpos,

mas nada dicen,

aunque todo recuerda y habla en esta tarde

de parques mexicanos,

y mece su tristeza en el alma.

Luis Cernuda camina solo

y llora solo y ama solo.

 

Su canto le redime,

su voz le ensalza tenue

sobre el mundo y las cosas

marchitas y que pasan,

tal río en resonancias,

pájaro solitario en el espino

con soberano celo así entregado

a la palabra bella,

mas henchida de impulso y sentimiento,

plenitud de sentido

de una verdad moral definitiva.

 

Las gracias demos a Cernuda vivo

por su ejemplo y canto,

entre nosotros redimido al fin,

y al fin reconocido.

 

 

 

Díptico: Borges o el laberinto

 

I

 

               “En el espejo de esta noche alcanzo

                          mi insospechado rostro eterno”

 

                                                Jorge Luis Borges

 

Simulador el ciego de las sombras

circulares modela los infiernos;

ya es Milton o ya es Dante, o es el juego

del orden impasible de las rosas.

 

La torre que construye, Babilonia,

devana especular entre sus sueños.

¿Es Borges o también esos reflejos

de soplos que lo forman y lo borran?

 

La norma de la trama, el laberinto,

dispensa su memoria. La palabra,

que signa y nombra, busca en la dudosa

 

urdimbre del rumor del arquetipo

el ciego innumerable, cuando traza

arcos de la luz, vuelo de palomas.

  

II

 

                 “Yo fatigo sin rumbo los confines

                          de esa alta y honda biblioteca ciega”.

 

                                                Jorge Luis Borges

 

El ciego innumerable de las sombras

en la callada tarde un ciego libro

y la profunda rosa indescifrable

devana terso, el arduo laberinto.

 

(Palabra que estremece simulada

inaccesible al orden que postula

del blanco azar redime, como el fuego

en humo que deshace la memoria).

 

Fatiga los confines incesantes

del instante que corre con la letra,

los pálidos reflejos del olvido.

 

Claros dones, inane sombra vana.

Una rosa es la rosa, o toda rosa,

que adentra ya la noche, insobornable.

 

 

 

AMADA GARCÍA PUENTES


Nació en Cartagena, Murcia (1956). Poeta y doctora en psicología. Licenciada en Pedagogía y Psicología por la Universidad de Murcia. Trabaja en el área de Servicios Sociales como Jefa de Sección de Programas de Personas con Discapacidad. He recibido por el Ayuntamiento de Villa García de Arousa el segundo premio de poemas y cartas de amor (febrero de 2001) por el poema Mi nombre  que está publicado en su libro Viento de Levante que ha sido primer premio de poesía de la V edición del premio Valdemebra por el Ayuntamiento de Quintanar del Rey (abril de 2002). Ha participado en diversos recitales, tales como: El Festival de Poesía Ardentísima, en el Aula de Poesía de la Universidad de Murcia y en los Ciclos de poesía Temática Alicante-Murcia.


 

 

Mirada de salitre

 

En este olor de atardecer

escribí mis deseos

cuando la vida sostenía

una sola madrugada.

 

Navegué por el desorden

de tu sonrisa.

La soledad sentada en banco

de hierro pasaba noches

desconocidas.

La luz dolía los ojos

bañados de salitre.

Un sonido húmedo recorría

la nuca y las manos

exclamaban un silencio

anegando la garganta.

 

Hoy se alojan los recuerdos

en el espacio de la memoria

donde la piel vive

un puerto que recorrerán

mis cenizas moviendo otro alba.

 

 

 

Sobre Consuelo

 

Avasallas en tu vivir al tiempo.

Abandonas minutos

para dejar paso a los sentidos.

Guardas las palabras

dentro de sus silencios.

Coges la vida con las manos enteras

y haces ruido en tu pasar.

Ciegas la expresión del hoy.

Tan inesperada como la brisa

en el desierto, tan fugaz como

el beso del portal, o el sonido

de las olas en altamar.

 

Seduces a los momentos

porque sabes que la soledad pesa,

que de la penumbra a la emoción

se transita desde la alegría hasta el dolor,

que la vida es más corta que el olvido,

y el olvido hace la inexistencia.

 

Escribes en la sombra del arroyo

por no ser río, pintas arcoiris

para jugar en él. Tu conoces su luz,

su color, su forma, sabes de su estar.

Te ocultas en él. Eres su capricho.

 

 

 

Trayecto

 

                          A Carmen Freire

 

En qué travesía detuviste el andar.

Con cuánta insistencia

has construido esas horas,

tan tuyas, colmadas una a una,

con el reducido destello candente de la vela,

templada, lenta, mecida y sola,

flotando por tu vida.

Con qué mirada desde

atrás, desde el fondo lejano

de tu ideal existencia,

has permanecido, siempre,

siempre, atenta, alerta.

 

Cuándo empezaste a buscar

otra avenida y entrelazarla

con la tuya, de frente,

como el primer perfume

cerca, muy cerca.

A ti se una para que tu marcada

silueta rompa el infinito:

realzarte en tu paisaje

vivir tu templanza

detenerte en el instante que la sombra

de tu ser absorbe.

 

Andar en la oscuridad como en tu noche.

 

 

 

Luz de Febrero

 

                   A mi hermana Gele

 

Si pudieras verte, sentirte

como yo te hallo,

estarías por la eterna sonrisa rodeada.

Cuántas veces llevas

a mí tu mirada protectora,

la voz cariñosa y exacta.

 

Inquieta por la vida de los tuyos.

Abandonas tu propio destino:

ir con ellos.

 

La amplitud de tu alma toma

cuerpo de corazón. El que yo beso.

Luz de febrero apacible

transparente serena recogida cálida.

Como yo te siento.

 

 

 

Sólo para Julia

 

Creo saber de tus desnudas noches,

de dulces lágrimas que acompañan

los ojos ya cristalinos, esas sombras

unidas en el silencio, en penumbra.

Conocer tus palabras escritas,

los momentos destruidos que contienes

Advertir algunas ocultas decisiones,

largas mañanas oscuras, los sueños

extensos y claros.

Saber como la vida se revuelve

te ataca, te atrapa.

 

Creo saber....

y de otras cosas.

 

 

 

Avanza

 

                        Para Ana Pereda

 

Eliminar esas sensaciones

encaramadas como tormos en tu alma,

y ver los huecos de laderas

donde reposar, respirar y admirar

la naturaleza que rodea tu existencia.

 

Si pudieras, sólo alguna vez

separar lágrimas de risas,

no confundirías letargo con olvido.

Entonces serás capaz de entenderte

y mirarte en un completo momento.

 

 

 

A Juan Carlos

 

La suavidad del beso

posa tu mirada desforme

siempre extraviada,

en mitad de mi cara.

 

El silencio adorna tus

palabras, lentas, entrecortadas,