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COMER
Yo
como
Tú cocinas
Él negocia.
Muchos
tienen hambre.
Hay
niños que acusan.
Con frío
desnutridos
esqueléticos.
Con ojos hundidos
en cuencas de odio,
con vientres hinchados
en la rabia anónima,
caminan los desiertos del planeta
por pueblos despavoridos.
Nunca
usaron la cuchara
y se les cayó la sonrisa
antes que el primer diente.
Tienen
hambre
AVISO
17
Cambio
ASPIRANTE A MARIDO
-soltero, simpático, buen mozo-
por psiquiatra competente.
Es
escritor notable:
compone sonetos sublimes
indescifrables
y
místicos hermetismos
sólo para ocultistas
o lectores del Talmud.
Como
marido será MA-RA-VI-LLO-SO.
Sorprende peregrinamente
con horarios inusuales
y argumentaciones absurdas.
Tiene modales de gentleman
para exigir esperas inadmisibles
y sabe gentilísimas maneras
de insultar en seis idiomas.
Urgente.
Por depresión nerviosa.
OJO
DE LEOPARDO
(Poema
III)
Vuelvo
en alas rompiendo las mareas
a
calcinar mi espuma ante
tu orilla.
Siendo mi pan el rayo y la tormenta
voy descalza en la rosa
primitiva.
¿Qué
fuerza, hombre, y qué misterio tiene
la sangre que te asoma
en luz ungida?
¿Qué ardor potente
pulsando en tus sienes
me desviste de angustia en la caricia?
Se
yergue un semidiós en tu pupila
cuando
empuñas la brújula del sueño;
y en tu ola ya extasiada y florecida
me desatas los buitres de los huesos.
Te
asisten la violeta y la serpiente
plegadas en tu sexo y tu guarismo.
Por ti, la piedra en nardo se me vuelve;
por ti
muero en la luz y resucito.
Por
ti quemo mis brujas sentenciales
y en rosa y ponzoña me unjo los
pies.
Santiguo
mis senos con miel y caimanes
y en sesgo de sombras aborto la ley.
TIERRA
AMÉRICA
(I)
Tierra
América que hablas el oscuro lenguaje de la selva,
desempolva
tu estremecer en la memoria nuestra.
Yo
desciendo desde mi corazón de sueños
hasta
tu corazón caliente de volcán y de silencio.
Desando
las rutas de tus taciturnos hombres piel de cobre
y con mis pies desnudos encuentro sus huellas ya sin nombre.
Desentierro
en ritual de magia, pluma y sol,
la candente y espesa hondura de tu voz.
Te
nombro con nombres ya dormidos desde siglos
despertados
en el coro de los últimos sigilos.
Tus
pumas, garzas, curacas, leyendas y serpientes,
traigo
vírgenes de cemento hasta los ritmos febriles del presente.
Las
calladas civilizaciones que fueron en tu entraña
pronuncian ecos, rotos los sellos impuestos por las lianas,
para
decir, con su prístina ingenuidad
de milenios,
que
guardas los secretos de un pasado magnífico y eterno.
(II)
Convoco
las afinadas lenguas de
los haravec y los amautas
para
escuchar las primeras canciones de tus flautas.
Cuando
el cielo y la tierra
eran ingenuos y sonoros,
y el dueño de los vientos dormía en su palacio de piedras verdes y
de oro.
Cuando
el Sumo Sacerdote de la tierra del maíz
dorado
imponía la sabiduría
del trabajar la pluma de los pájaros.
Cuando
se embriagaba el corazón de los toltecas
con los zumos del maguey en los aprontes de la guerra.
Cuando
la incógnita del charrúa cruzaba el uru-gua-ay
esparciendo
las tribus en la comarca del ñandú
y del butiá,
y
erraban, en las remotas pampas de rígidos australes,
los
marginados bárbaros de razas ancestrales.
(III)
Invoco
los espectros que vagan
a la orilla de los ríos
para aprisionar los ecos de tus
nombres indios.
En
la evocación, los tristes yaravíes se levantan en las quenas
y simulan suspiros de núbiles ñustas esbeltas y trigueñas.
La
luna palidece siluetas fantasmales
en la arista borrosa de las cumbres
y un vértigo de cataratas, despeña raudo su inexacto ñandutí de
nubes.
La
raíz de los cañaverales canta en filigrana vegetal
la cadencia lamentosa de la flor del lirolay.
Sueñan
inertes en las calladas tumbas , hechiceras sin pupila,
ya
descarnadas para siempre del amor y de la vida,
y
es apenas audible un concierto de ancestrales ritos,
que
conjugando las sombras, vaga entre
el rumor de los espacios
infinitos.
(IV)
Tierra
América que cantas tu grandiosa magiastral sinfonía,
en polivegetal cosmogonía
de talismanes engarzados en
la palpitación de las orquídeas.
Madre
Esencial de dinastías olvidadas sepultas en cavernas,
que en el aroma de milagrosas hierbas
atestiguas añejas glorias entre piedra y osamenta,
en
la secreta oración del primer día conjurado en verde
latente en tu ser omnipresente,
remóntame en polvo de tiempo a primigenias
fuentes.
Yo
quiero beber de tu agua milagrosa y sensitiva
-gracia sideral entre la espiga-
para palpar con tacto antiguo tus
estrellas entrevistas.
Empaparme
en la raíz mineral de tus florestas
en equinoccio potencial de antiguas eras,
y resucitar de oro y chocolate en la carne manifiesta.
Buscar,
entre las joyas reales y las piedras de luna de la sepulturas.
las manos finas de los príncipes de tez oscura,
orígenes
del alma de Tú mi tierra, calcinada y pura.
(V)
América
de remoto cataclismo y atlántida promesa,
en el crisol de tu raza amalgamada en savia nueva,
abro
los ceibos y las esmeraldas, buscando el alma de tus duendes viejos,
sacudo
la muerte de tus sagrados mitos en escondidos esqueletos,
ilumino
la gigantesca noche con
luciérnagas enormes,
y desciendo por tus venas de bronce
abismada
en tu poesía dilatada
e insomne.
América
fragante, alucinada entre océanos inmensos,
desafío en visión ardiente los olvidos, y te ofrezco
en
un huaco rojo, la miel original de tu conciencia clara
levantando a tus pueblos en un canto vertical en tu alabanza.
Dejo,
en el lenguaje imperfecto de me
geometría humana,
la geometría perfecta
de tu bienaventuranza!
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