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POEMA DE LA DISTANCIA ANIQUILADA
Extiende
tú la mano
y mira como alcanzas la mía en la distancia;
si pareciera casi
que
un volcán de kilómetros, en erupción fantástica,
se transformara en nube de cenizas,
se convirtiera en nada.
Tan cerca estás... tan lejos,
que casi siento encima tu fragancia;
que
casi tacto el viento que surgía
de tus manos abiertas, como pampas!
Vuelve tus ojos como quien no quiere
y encontrarás los míos en cada madrugada;
en el temblor que deja el horizonte
con cada sol que se alza;
en cada nubarrón que trasnochó en la selva
y llevó apenas una gota de agua
hasta
la cara misma de la tierra
donde dejé una lágrima...
quizá dirás entonces
que
amaneció llorando la tierra abandonada!
Lanza
un grito hacia el cielo
y espera... La lejana
oquedad
del abismo
le hará nacer un eco a tu llamada,
multiplicada en el vacío inmenso
que
habita en mi garganta...
No será más el eco de tu grito
sino el alma del eco del grito de mi alma!
Ya
ves, estamos lejos... Estamos cerca... Estamos juntos...
¡En
medio de una enorme distancia aniquilada!
LA
MUERTE DEL MAESTRO
Cruzaste
los dinteles de las brumas
tras el recuerdo, infatigable y franco;
iba tu alma ataviada con el blanco
vestido matinal de las espumas.
Has
muerto... y el silencio que negabas
crece tras tu palabra soberana;
el aula se ha asomado a la ventana
cuando sintió en su seno que tardabas.
¡Ya siempre tardarás! Sonó la hora
que quedará temblando desde ahora
en tu reloj... ¡La hora de jamás!
Adiós...
Hasta el recuerdo, peregrino.
¡Quiera Dios que no pierdas el camino
del azul, tu que siempre tardarás!
NIÑA
RECIÉN NACIDA
Niña
recién nacida: de ti depende el mundo
aún cuando estés así, casi untada en la cuna
y hundida en la ignorancia de ese sopor profundo.
¡De
ti depende el mundo, corpúsculo de luna!
Metida
entre las sábanas eres casi invisible
y no presientes nada; no comprendes del todo
lo que ya representas con nacer... La invencible
marejada futura nace siempre a tu modo.
Hoy
no comprendes nada, niña recién nacida;
pero
mañana... un día... por los caminos yertos
que
nosotros dejemos, comprenderás la vida
con todo un mundo en cierne para poblar desiertos...
A
tu lado parece que se ahogaran los gritos
y llegaran, afónicos, los silencios distantes...
Eres como una urna de sueños infinitos
que
hicieran, con sus alas, las estrellas errantes.
¡Y
no comprendes nada! Tal silencio te envuelve
que
no comprendes nada... Te diré: Tú, dormida,
eres
ni más ni menos la humanidad que vuelve,
en una de sus vueltas, a recobrar la vida,
¡Niña
recién nacida!
VELERO
Por
un camino así, raudo velero,
se fue mi corazón; casi tenía
cuando
partió, color de lejanía
perdida
en nebuloso ventisquero.
Rumor
pluvial sobre el nivel lacustre
se oyó al zarpar, y de la vela arriba
surgió
de pronto el pabellón ilustre:
un solitario grito a la deriva.
Viaje
feliz el tiempo te depare...
No te detenga el mar de la distancia...
Nada te arredre ya, nada te pare...
Vé tu adelante, amigo de la infancia...
Pueda
decir, si en la esperanza muero:
-¡Sé
que llegaste, corazón viajero!-
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