Miami
Estados Unidos
Año II

 Nº 11/12

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Publicada por Ediciones Baquiana

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HOMENAJE A JOSÉ GARCÍA NIETO

por

Isabel Díez Serrano

 

 

      Cuando yo  era lo suficientemente joven como para no andar quitándome el sueño por la poesía, si bien ya recitaba de memoria algunos versos de Bécquer, el romántico, porque era muy enamoradiza, llegó a mis manos un librito de bolsillo, bolsillo pequeño, humilde, de pastas de cartón gris con el título de “Primer libro de poemas”, de José García Nieto. Lo leí. No recuerdo entonces si pude bien con todo aquello tan novedoso para mí, pero sí que puedo recordar que, sin yo entender, sin yo escribir poesía, apenas algunas lecturas de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez o el libro de los gorriones de Bécquer, pude sentir  que tenía entre mis manos algo así como una joya literaria. Décimas, sonetos, poesía libre; recoge varios libros ya que parte desde “Víspera hacia ti” (1939-40) hasta “Isla de amor”. Es como una Antología , editada en 1951 y de la colección “Mas allá”, su precio: 12 pesetas.

      Pues bien, ya de mayor, leía y releía degustando con placer aquello que a mí se me antojaba bueno, ya digo hasta el punto de una joya literaria. No sabía siquiera nada de su autor, aquel García Nieto era para mí totalmente desconocido, figuraba en la portada y en cada página par. Más tarde, mucho  más tarde cuando las musas quisieron otorgarme el don de la Poesía, sin yo buscarla, al menos conscientemente, pero sí creo que ya la amaba, por fin, junto con otros nombres importantes que yo debía leer y otros, menos importantes, descubrí quien era José García Nieto. Llegué a conocerlo personalmente, tal vez un poco tarde. El a mí no. Pero su nombre se había clavado ya en mi memoria como un aguijón, un aguijón dulce, que penetra pero no causa ningún daño. Y ahora, después de su partida sé que fue el poeta mudo, es decir, el silenciado, después de una extensa obra, tal vez por las circunstancias que le tocaron vivir, quizá por una serie de ¿amigos? que le tocó en suerte tener, o  que él eligió, vaya usted a saber.            Hoy, me he preocupado, por si en algo sirve, de tomar algunos apuntes, terminando este homenaje con un soneto de mi autoría, porque así lo he considerado oportuno y  porque lo merece.

     José García Nieto nace en Oviedo el 6 de Julio de 1914 y muere en Madrid el 27 de Febrero de 2001 tras una larga y penosa enfermedad que le mantiene apartado del mundo literario desde 1992 en que sufrió un infarto cerebral.

     Tras breve estancia en Zaragoza y Toledo, regresa a Madrid, ya huérfano donde reside desde los 15 años. La guerra civil le cogió haciendo el servicio militar lo que aumentó su sufrimiento culminando éste en su paso por la cárcel. Al poco tiempo de salir de la cárcel, a  sus veintipocos años, publicó “Víspera hacia ti” (1939-40), su primer libro de poemas, siendo éste, amoroso, muy alejado de la conmoción bélica de aquellos años de post-guerra; de corte clásico, repleto de décimas y sonetos, los cuales continuarían después en “Poesía 1940-43) en los que aparecen “Sonetos a la Virgen”, “Monte, río, viento” “Canciones” y otros muchos, fue una gran proliferación. Veamos un ejemplo de sus primeros poemas de “Víspera hacia ti”:

Sombras amigas. Amor
desde tu cuarto a la calle.
Silencio ceñido al talle
de tu jazmín. Interior
sorprendido en un verdor
y un crepúsculo sin prisa;
las legiones de la brisa
en su conquista de aceras
y un duelo de primaveras
por florecer en tu risa.
 

Y de “Poesía 1940-43”, Soneto sobre un tema de Juan Ramón Jiménez:  

Jesús Garcés, la tarde ha merecido
mas que su facilísimo sosiego
esta herida de afán donde el labriego
deja el trigo, en sudor humedecido.

  Abril, de rama en rama ha florecido
jerarquías de azul donde me entrego,
hecho temprana cátedra de fuego,
al insomnio del aire sin olvido.

  Jesús, yo arrojaría mi sencilla
carne al surco que da vida y entierra
la voz para después alzarla en nombres.  

Pero dudo del bien de mi semilla
y temo hacerme tierra entre la tierra
y no ser nunca pan para los hombres.

Hermoso soneto, sin duda, que nos  muestra su calidad humana. Aunque sí es cierto que durante la guerra, García Nieto había mostrado su inquietud por la creación poética en la Tertulia y en la Revista “Juventud”, de la que fue colaborador, o en el periódico falangista “Arriba”, defendió modelos métricos, un orden literario que se pretendía recuperar. Más tarde dirigió “Acanto” publicada por el C.S.I.C. Se sirvió del soneto como ya apuntamos más arriba y de los metros tradicionales aunque después hizo incursiones en formas más liberales y próximas a los excesos versolibristas que había pretendido combatir en sus comienzos.
     El joven contertulio del Café Gijón, el  promotor de la Revista “ Garcilaso”, fue perdiendo actualidad a medida que su promoción, digamos, del 36 se fue desintegrando ideológicamente y algunos de sus miembros desaparecen, enmudecen, o crecen como es el caso de Camilo José Cela.  La obra de García Nieto, por otra parte, evoluciona a través de varias etapas en las que el poeta no se muestra impermeable a las corrientes dominantes en la poesía. Por ejemplo en “Del campo y soledad” (Adonais 1946) se inclina hacia un neorromanticismo que se acentúa más tarde en “Tregua” (1951), premio Nacional Garcilaso. Con anterioridad publicó “Versos de un huésped de Luisa Esteban” (1944) Retablo del ángel” “El hombre y la pastora” (1945) teatral, aunque quizá lo más acorde con su tiempo fuese “Memorias y compromisos” (1966), donde se sirve de los recursos narrativos para alcanzar un tono confesional que contradice la estética de su primera etapa. En 1988 publica “Carta a la madre” y en 1996 reúne parte de su obra en “Poesía”.
     La  obra poética fue por tanto caudalosa, más de una treintena  de libros, además de artículos en Prensa y accidentalmente, Teatro. Hizo un amplio estudio de su amigo Leopoldo Panero en l963.. Académico de la Real Academia de la Lengua desde 1983, siendo Secretario durante bastantes años.  Además del premio Cervantes en 1986, obtuvo el Nacional de Literatura, o el Fastenrath de la R.A.E.   García Nieto fue el poeta más significado de su grupo y el más tolerante y liberal. Prestó apoyo, inclcuso económico- a no pocos poetas perseguidos y acogió en las páginas de su revista “Garcilaso”, “Acanto”, “Mundo Hispánico” “Poesía Española” y “Poesía Hispánica”, a  representantes de todas las tendencias incluidas las de las diferentes promociones que vinieron después.  Se dice que publicó “Espacio” de Juan Ramón Jiménez, que pagó las multas de Celaya y dio la alternativa a Francisco Umbral. Fue sobre todo un hombre bueno, impecable, tan impecable como sus versos. Su obra nos muestra a un hombre tierno,  humano y hondo que hizo del endecasílabo su verso preferido. Descendió en alguna ocasión al arte menor, pero le quedaba pequeño, necesitaba las once sílabas para expresarse mejor, con arte clásico y confidencial. “Tú y yo, dos soledades juntas”   es un ejemplo de esta lírica. Autor de estrofas demasiado bien hechas, ha sido colocado por la crítica  en una especie de tierra de nadie de la que sólo la lectura imparcial y atenta de su obra lo podrá rescatar. García Nieto, al contrario que su amigo Cela, no tuvo suerte, se fue diluyendo hasta desaparecer, bastante antes de su desaparición física. La historia de la poesía en los años cuarenta se quiso contar como una historia de buenos y malos; los buenos, eran los poetas realistas, los que trataban de escribir en la lengua de todos los días para el hombre de la calle. Los malos, los que pulían un soneto, los que cantaban al campo, a la soledad o al amor, los que se evadían de las angustias cotidianas. Los primeros se agruparon en la Revista leonesa “Espadaña”, capitaneada por Victorino Crémer y Eugenio de Nora; los segundos, encabezados por García Nieto con la Revista “Garcilaso”, y para siempre quedó esa estampa fija en la  historia de la literatura. García Nieto fue un poeta evasivo, un poeta celestial que levantaba los ojos para admirar la belleza de la noche estrellada y no ver las injusticias de los hombres. ¡Claro que las veía!,  pero ese y no otro, fue su pecado. Cuando en 1952 se publicó la Antología consultada, se quedó fuera por un puñado de votos, y ese fue el principio del fin. Sin embargo cosechó premios importantes como los ya apuntados, publicó libros y más libros tratando de recorrer nuevos caminos, renunciando incluso a su maestría para abrirse al verso libre  que también practicó, pero ya, era inútil todo esfuerzo. Ya estaba clasificado para siempre: ¡Garcilasista!, como si eso fuese algo malo, algo demoníaco a lo que no hay que acercarse. Veamos también algún ejemplo de poesía libre:
                             


PAISAJE INICIAL

    Ya todo preparado,
suspendidas las lágrimas de aquel párpado antiguo
todo deshabitado para el tacto que estrena
la raíz poderosa de su hermosura fácil
--oh, terciopelos muertos de rubor en la espalda!--
la pared y la acacia,
y hasta aquella esquina que jugaba su luz indeseable,
y el hombre primitivo desempolvando gestos,
y aun el niño.
Sí, el niño también iba tras de su ligereza
comunicando brillos de estrellas  trasnochadas
--¡Corre, que llega la sombra!--
Sí, hasta el niño me vio aquel silencio
madrugador a oscuras.
Y no pasaba nada;
ni mi inocencia lejos de los álamos
--mis árboles cordiales--,
ni un recuerdo de nieve
por la cabeza pálida y peinada.
Yo sabía mi nombre, y la hora, y la prisa,
porque traen las mañanas hace tiempo un mandato,
y creía en Dios, dulce, maravillosamente…
¿Es bastante?
No sé quién puede levantar así, sin piedras y sin nubes
esta residencia ya tan cercana al cielo;
no sé quién puede destinar al vuelo
tanta arena sin ala, sin recuerdo y sin hojas;
pero es que estaba todo tímido y preparado,
también yo en mi silencio,
en mi ignorancia oculta,
como un lagarto frío entre las piedras.
Nadie, nadie sabía que yo hacía mis versos
con mi sangre cortada por el hielo del hombre.
Y a veces del amigo,
y de mí mismo a veces.
Nadie vio en mis mejillas
este revés del cielo
que se muere de sed  inaplacable;
y yo iba tan despierto
que en este gesto triste que no sé a quién le debo
había una promesa rotunda de la aurora.
Todo estaba dispuesto,
y yo entré como el viento cerca de la campana,
por los desorbitados ojos de alguna torre.
Entré
Preguntadme ahora cómo es mi habitación.
Yo os la describiré a ciegas y cantando,
hasta el detalle mínimo;
pero de aquella entrada nada sabré decir.
No me exijáis tampoco.
“No la toquéis ya más…”
O sí; rompedla, heridla,
estrujadla en las manos
o echádsela a los muertos,
“…que así es la rosa”.

    Algunos pocos le elogiaron, pero fueron los menos y
siempre con la boca chica, sin tomarse el esfuerzo de leerle.  Hagámoslo ahora. Nunca es tarde y además, lo merece.
 

                                      A José García Nieto

     TU VERBO TAN DOLIENTE Y COTIDIANO

                    José García Nieto. “ Garcilaso”
                         fue tu mayor pecado, según veo

                   pero ¡si no es posible! ¡no lo creo

                         ¡si le nombraron príncipe!; ya paso

                         de tanta mala crítica y el caso
                         es que así fue; ahora te releo
                         y me sube un clamor y me peleo
                         con esos aprendices del Parnaso
 

                         que callaron tu pluma. Poco saben
                         de letras. Tus sonetos juveniles
                         tan tiernos, tan robustos, bien peinados
  

                         guardan un corazón en el que caben
                         los gustos refinados y gentiles
                         de todos los poetas encumbrados.

                                                             Isabel Díez Serrano


Isabel Díez Serrano nació en Sevilla y reside en Madrid. Estudió idiomas, Psicología y Reflexoterapia, en la cual ejerce actualmente. Ha publicado once libros de poesía y uno de pensamientos: El último espejo (Altazor, 1987); En el principio de la carne (Altazor, 1988); Alimentando lluvias (Nueva Image, 1990); De mis noches con Juan (Ariadna, 1991); Y el sueño se hizo voz (Rio Aulencia, 1994); Marcada por tres fuegos (Ediciones Cardeñoso, 1995); Ecos de Prensa I y II (1996); La palabra es la sombra de las cosas (pensamientos), (Ediciones Cardeñoso, 1997); Vía Crucis (Poesía Nueva, 1998); Las horas detenidas (I Accésit Fernando Rielo de Poesía Mística), (Ediciones Cardeñoso, 1998); y Réquiem por una madre (Ediciones Calíope, 2001). Ha recibido otros premios y distinciones, tales como Alhoja de plata, Sánchez Brun, Peliart, Placa Antonio Machado, Flor natural de poesía breve, Mención de honor Premio Prometeo de Poesía, Llave de plata, Pluma de plata y el Trofeo Reina Amalia. Aparece en una veintena de antologías. Colabora y publica en diversas revistas de España y América. Algunos de sus poemas han sido musicalizados. Es la actual Presidenta de la Asociación Prometeo de Poesía, miembro de la Asociación de Escritores y Artistas de España, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la Asociación Colegial de Escritores, la Asociación Literaria Calíope y la Academia Iberoamericana de Poesía.