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Cuando
yo era lo
suficientemente joven como para no andar quitándome el sueño por
la poesía, si bien ya recitaba de memoria algunos versos de Bécquer,
el romántico, porque era muy enamoradiza, llegó a mis manos un
librito de bolsillo, bolsillo pequeño, humilde, de pastas de cartón
gris con el título de “Primer libro de poemas”, de José García
Nieto. Lo leí. No recuerdo entonces si pude bien con todo aquello
tan novedoso para mí, pero sí que puedo recordar que, sin yo
entender, sin yo escribir poesía, apenas algunas lecturas de
Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez o el libro de los gorriones de
Bécquer, pude sentir que
tenía entre mis manos algo así como una joya literaria. Décimas,
sonetos, poesía libre; recoge varios libros ya que parte desde “Víspera
hacia ti” (1939-40) hasta “Isla de amor”. Es como una Antología
, editada en 1951 y de la colección “Mas allá”, su precio: 12
pesetas.
Pues bien,
ya de mayor, leía y releía degustando con placer aquello que a mí
se me antojaba bueno, ya digo hasta el punto de una joya literaria.
No sabía siquiera nada de su autor, aquel García Nieto era para mí
totalmente desconocido, figuraba en la portada y en cada página
par. Más tarde, mucho más
tarde cuando las musas quisieron otorgarme el don de la Poesía, sin
yo buscarla, al menos conscientemente, pero sí creo que ya la amaba,
por fin, junto con otros nombres importantes que yo debía leer y
otros, menos importantes, descubrí quien era José García Nieto.
Llegué a conocerlo personalmente, tal vez un poco tarde. El a mí
no. Pero su nombre se había clavado ya en mi memoria como un aguijón,
un aguijón dulce, que penetra pero no causa ningún daño. Y ahora,
después de su partida sé que fue el poeta mudo, es decir, el
silenciado, después de una extensa obra, tal vez por las
circunstancias que le tocaron vivir, quizá por una serie de ¿amigos?
que le tocó en suerte tener, o
que él eligió, vaya usted a saber.
Hoy, me he
preocupado, por si en algo sirve, de tomar algunos apuntes,
terminando este homenaje con un soneto de mi autoría, porque así
lo he considerado oportuno y porque
lo merece.
José
García Nieto nace en Oviedo el 6 de Julio de 1914 y muere en Madrid
el 27 de Febrero de 2001 tras una larga y penosa enfermedad que le
mantiene apartado del mundo literario desde 1992 en que sufrió un
infarto cerebral.
Tras breve
estancia en Zaragoza y Toledo, regresa a Madrid, ya huérfano donde
reside desde los 15 años. La guerra civil le cogió haciendo el
servicio militar lo que aumentó su sufrimiento culminando éste en
su paso por la cárcel. Al poco tiempo de salir de la cárcel, a
sus veintipocos años, publicó “Víspera hacia ti”
(1939-40), su primer libro de poemas, siendo éste, amoroso, muy
alejado de la conmoción bélica de aquellos años de post-guerra;
de corte clásico, repleto de décimas y sonetos, los cuales
continuarían después en “Poesía 1940-43) en los que aparecen
“Sonetos a la Virgen”, “Monte, río, viento” “Canciones”
y otros muchos, fue una gran proliferación. Veamos un ejemplo de
sus primeros poemas de “Víspera hacia ti”:
Sombras
amigas. Amor
desde tu cuarto a la calle.
Silencio ceñido al talle
de tu jazmín. Interior
sorprendido en un verdor
y un crepúsculo sin prisa;
las legiones de la brisa
en su conquista de aceras
y un duelo de primaveras
por florecer en tu risa.
Y
de “Poesía 1940-43”, Soneto sobre un tema de Juan Ramón Jiménez:
Jesús
Garcés, la tarde ha merecido
mas
que su facilísimo sosiego
esta
herida de afán donde el labriego
deja
el trigo, en sudor humedecido.
Abril,
de rama en rama ha florecido
jerarquías
de azul donde me entrego,
hecho
temprana cátedra de fuego,
al insomnio del aire sin olvido.
Jesús,
yo arrojaría mi sencilla
carne al surco que da vida y entierra
la voz para después alzarla en nombres.
Pero
dudo del bien de mi semilla
y temo hacerme tierra entre la tierra
y no ser nunca pan para los hombres.
Hermoso
soneto, sin duda, que nos muestra
su calidad humana. Aunque sí es cierto que durante la guerra, García
Nieto había mostrado su inquietud por la creación poética en la
Tertulia y en la Revista “Juventud”, de la que fue colaborador,
o en el periódico falangista “Arriba”, defendió modelos métricos,
un orden literario que se pretendía recuperar. Más tarde dirigió
“Acanto” publicada por el C.S.I.C. Se sirvió del soneto como ya
apuntamos más arriba y de los metros tradicionales aunque después
hizo incursiones en formas más liberales y próximas a los excesos
versolibristas que había pretendido combatir en sus comienzos.
El joven
contertulio del Café Gijón, el
promotor de la Revista “ Garcilaso”, fue perdiendo
actualidad a medida que su promoción, digamos, del 36 se fue
desintegrando ideológicamente y algunos de sus miembros desaparecen,
enmudecen, o crecen como es el caso de Camilo José Cela.
La obra de García Nieto, por otra parte, evoluciona a través
de varias etapas en las que el poeta no se muestra impermeable a las
corrientes dominantes en la poesía. Por ejemplo en “Del campo y
soledad” (Adonais 1946) se inclina hacia un neorromanticismo que
se acentúa más tarde en “Tregua” (1951), premio Nacional
Garcilaso. Con anterioridad publicó “Versos de un huésped de
Luisa Esteban” (1944) Retablo del ángel” “El hombre y la
pastora” (1945) teatral, aunque quizá lo más acorde con su
tiempo fuese “Memorias y compromisos” (1966), donde se sirve de
los recursos narrativos para alcanzar un tono confesional que
contradice la estética de su primera etapa. En 1988 publica
“Carta a la madre” y en 1996 reúne parte de su obra en “Poesía”.
La
obra poética fue por
tanto caudalosa, más de una treintena
de libros, además de artículos en Prensa y accidentalmente,
Teatro. Hizo un amplio estudio de su amigo Leopoldo Panero en l963..
Académico de la Real Academia de la Lengua desde 1983, siendo
Secretario durante bastantes años. Además del premio Cervantes en 1986, obtuvo el Nacional de
Literatura, o el Fastenrath de la R.A.E.
García Nieto fue el poeta más significado de su grupo y el
más tolerante y liberal. Prestó apoyo, inclcuso económico- a no
pocos poetas perseguidos y acogió en las páginas de su revista “Garcilaso”,
“Acanto”, “Mundo Hispánico” “Poesía Española” y
“Poesía Hispánica”, a representantes
de todas las tendencias incluidas las de las diferentes promociones
que vinieron después. Se
dice que publicó “Espacio” de Juan Ramón Jiménez, que pagó
las multas de Celaya y dio la alternativa a Francisco Umbral. Fue
sobre todo un hombre bueno, impecable, tan impecable como sus
versos. Su obra nos muestra a un hombre tierno,
humano y hondo que hizo del endecasílabo su verso preferido.
Descendió en alguna ocasión al arte menor, pero le quedaba pequeño,
necesitaba las once sílabas para expresarse mejor, con arte clásico
y confidencial. “Tú y yo, dos soledades juntas”
es un ejemplo de esta lírica. Autor de estrofas demasiado
bien hechas, ha sido colocado por la crítica
en una especie de tierra de nadie de la que sólo la lectura
imparcial y atenta de su obra lo podrá rescatar. García Nieto, al
contrario que su amigo Cela, no tuvo suerte, se fue diluyendo hasta
desaparecer, bastante antes de su desaparición física. La historia
de la poesía en los años cuarenta se quiso contar como una
historia de buenos y malos; los buenos, eran los poetas realistas,
los que trataban de escribir en la lengua de todos los días para el
hombre de la calle. Los malos, los que pulían un soneto, los que
cantaban al campo, a la soledad o al amor, los que se evadían de
las angustias cotidianas. Los primeros se agruparon en la Revista
leonesa “Espadaña”, capitaneada por Victorino Crémer y Eugenio
de Nora; los segundos, encabezados por García Nieto con la Revista
“Garcilaso”, y para siempre quedó esa estampa fija en la
historia de la literatura. García Nieto fue un poeta evasivo,
un poeta celestial que levantaba los ojos para admirar la belleza de
la noche estrellada y no ver las injusticias de los hombres. ¡Claro
que las veía!, pero ese y no otro, fue su pecado. Cuando en 1952 se publicó
la Antología consultada, se quedó fuera por un puñado de votos, y
ese fue el principio del fin. Sin embargo cosechó premios
importantes como los ya apuntados, publicó libros y más libros
tratando de recorrer nuevos caminos, renunciando incluso a su maestría
para abrirse al verso libre que
también practicó, pero ya, era inútil todo esfuerzo. Ya estaba
clasificado para siempre: ¡Garcilasista!, como si eso fuese algo
malo, algo demoníaco a lo que no hay que acercarse. Veamos también
algún ejemplo de poesía libre:
PAISAJE INICIAL
Ya todo
preparado,
suspendidas las lágrimas de aquel párpado antiguo
todo deshabitado para el tacto que estrena
la raíz poderosa de su hermosura fácil
--oh, terciopelos muertos de rubor en la espalda!--
la pared y la acacia,
y hasta aquella esquina que jugaba su luz indeseable,
y el hombre primitivo desempolvando gestos,
y aun el niño.
Sí, el niño también iba tras de su ligereza
comunicando brillos de estrellas
trasnochadas
--¡Corre, que llega la sombra!--
Sí, hasta el niño me vio aquel silencio
madrugador a oscuras.
Y no pasaba nada;
ni mi inocencia lejos de los álamos
--mis árboles cordiales--,
ni un recuerdo de nieve
por la cabeza pálida y peinada.
Yo sabía mi nombre, y la hora, y la prisa,
porque traen las mañanas hace tiempo un mandato,
y creía en Dios, dulce, maravillosamente…
¿Es bastante?
No sé quién puede levantar así, sin piedras y sin nubes
esta residencia ya tan cercana al cielo;
no sé quién puede destinar al vuelo
tanta arena sin ala, sin recuerdo y sin hojas;
pero es que estaba todo tímido y preparado,
también yo en mi silencio,
en mi ignorancia oculta,
como un lagarto frío entre las piedras.
Nadie, nadie sabía que yo hacía mis versos
con mi sangre cortada por el hielo del hombre.
Y a veces del amigo,
y de mí mismo a veces.
Nadie vio en mis mejillas
este revés del cielo
que se muere de sed inaplacable;
y yo iba tan despierto
que en este gesto triste que no sé a quién le debo
había una promesa rotunda de la aurora.
Todo estaba dispuesto,
y yo entré como el viento cerca de la campana,
por los desorbitados ojos de alguna torre.
Entré
Preguntadme ahora cómo es mi habitación.
Yo os la describiré a ciegas y cantando,
hasta el detalle mínimo;
pero de aquella entrada nada sabré decir.
No me exijáis tampoco.
“No la toquéis ya más…”
O sí; rompedla, heridla,
estrujadla en las manos
o echádsela a los muertos,
“…que así es la rosa”.
Algunos
pocos le elogiaron, pero fueron los menos y
siempre con la boca chica, sin tomarse el esfuerzo de leerle.
Hagámoslo ahora. Nunca es tarde y además, lo merece.
A
José
García Nieto
TU
VERBO TAN DOLIENTE Y COTIDIANO
José
García Nieto. “ Garcilaso”
fue tu mayor pecado, según veo
pero
¡si no es posible! ¡no lo creo
¡si le nombraron príncipe!; ya paso
de tanta
mala crítica y el caso
es que
así fue; ahora te releo
y me
sube un clamor y me peleo
con esos
aprendices del Parnaso
que
callaron tu pluma. Poco saben
de
letras. Tus sonetos juveniles
tan
tiernos, tan robustos, bien peinados
guardan
un corazón en el que caben
los
gustos refinados y gentiles
de todos
los poetas encumbrados.
Isabel
Díez Serrano
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