Miami
Estados Unidos
Año II

 Nº 11/12

Escríbanos   

 

 

Publicado por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesores de Arte

Carlos Quevedo
Maurico Saldarriaga

 

 

POETAS CUBANOS

 

MARIELA ABREU ORTET


Nació en Matanzas, Cuba (1971). Poeta y narradora. Ha residido en Colombia y en los Estados Unidos a partir de 1994. Es licenciada en Lengua y Literatura de la Universidad de La Habana. Trabajó en Colombia para TV-Cine como argumentista de guiones. Los poemas a continuación forman parte del libro POEMAS DESDE EL HORIZONTE que saldrá publicado próximamente. Sus poesías y cuentos han aparecido en diferentes publicaciones, tales como Alma Mater (Universidad de La Habana) y el diario El País (Colombia).


 
 
Cárcel para almas

Muchos poetas le han escrito a las cárceles
a la irreconciliable terquedad de los barrotes,
a la sedienta espera en la mínima
expresión del espacio sin tiempo.  

Pero en mi generación existe una cárcel
de otro tipo, sin barrotes de hierro,
sin celdas con ventanas
pero de un espacio sin tiempo
igualmente intangible,
la peor cárcel que el hombre se imagine
encerrado en el juego de su cuerpo,
la prisión para el alma sin fronteras,
la prisión de la hiedra sin caminos,
sin regreso al lugar de los encuentros,
una sofisticada prisión de culpa y desatinos
de las alas quebradas y versos de memoria.  

No hacen falta barrotes para encerrar al hombre.
su propia oscuridad lo tiene preso...

 

La Niebla

La densa niebla hace girar
en redondo el tiempo
el milenario fantasma que fui
que fuimos
recorre los corredores lúgubres
de una casa sin puntos cardinales
circula el musgo por mis venas
mi figura traspasa las puertas
de salones desarticulados
con paredes de lengua
sin embargo
no soy la llave de esas puertas
ni genero el arco iris que quisiera
para despejar la niebla.
Giro en redondo
ya estoy en nuestra era
enfrento tu figura
eres las mismas puertas
pero tampoco poseo la clave de
esa libertad que buscas
ni la llave de tu complicada silueta.
Encuentro acaso una ventana,
una vereda
sigo simplemente mi camino del olvido
la tarde de otro mundo
a otra época me lleva.

   

Ciudad de Invierno

A esta ciudad como una mesa de mosaicos
le falta coherencia.
Cada color es único y refleja tan sólo
sus caminos torcidos,
lo más siniestro y puro de cada estación
como el oro y el barro,
como el sol y la arena.

En esta ciudad es todo como el teatro
después de la función:
el castillo de cartón,
la princesa de hojalata,
los diamantes de cristal.  

Lo auténtico ha huido en desbandada
jurando no pisar estos parajes.  

Hasta la vida parece sólo una imitación
de vidas de novelas
o quizás son las novelas quienes nos imitan,
tan perfecto, tan cierto
que a fuerza de repetirse se ha quedado.  

Hace muchos años pensé era apocalíptico
cantar que se ha perdido la inteligencia
pero ahora que la inteligencia es un concepto extinto,
ahora que conozco la triste transparencia de la mentira,
el purolento batallar de las rutinas,
ahora puedo decir que es cierto…

La inteligencia no está de moda,
por eso es que soñamos
pero el sueño es efímero…

   

Llueve

Llueve de nuevo en esta ciudad
del Fin del Mundo,
de este viejo y cansado mundo
que pide a gritos que lo desconecten
para no seguir padeciendo
dolorosas recaídas.  

Cuando llueve y es gris
en esta hermosa ciudad del Fin del Mundo
pareciera que todos los ángeles
lloraran el fúnebre final que nos espera.  

Pareciera que Dios dejó de jugar al Universo
y somos el triste perdedor en ese juego.  

Pareciera que tú estas tan lejos
que murió mi mundo de no verte…  

Por suerte para todos,
en esta ciudad del Fin del Mundo
también, a veces, como un pecado
sale el sol…  

 

ÁNGEL CUADRA


Nació en La Habana, Cuba (1931). Es poeta, ensayista, periodista, abogado y profesor de Literatura Española. Reside en los Estados Unidos desde 1985. Fue uno de los fundadores del Grupo Literario Renuevo en Cuba (1957). Miembro del Comité Coordinador de la Feria Internacional del Libro de Miami. Entre sus numerosas publicaciones se encuentran “Peldaño” (1959), “Impromptus” (1977), “Tiempo del hombre” (1977), “Poemas en correspondencia” (1979), “Esa tristeza que nos inunda” (1985), “Fantasía para el viernes” (1985), “Las señales y los sueños” (1988), “La voz inevitable” (1994), “Diez sonetos ocultos” (2000), entre otros. Ha recibido varios premios, tales como el Premio Rubén Martínez Villena (Cuba, 1954), el Premio Presidencial (Los Ángeles, 1986) y el Premio Amantes de Teruel (España, 1988), entre otros. Preside el PEN Club de escritores cubanos en el exilio, Miami, Florida, E.U.A.


 

Reencuentro con mi primer libro de poemas

Como un antiguo amigo
estás ahí callado en el estante.
Otros libros alzan sus voces altas;
eclipsan tu sonido.
Yo paso, sin notarte, de largo
en un olvido cotidiano.
En importantes otras páginas te ignoro.
Te diluyes hacia atrás,
entre las nubes diarias de tiempo y polvo
que van cayendo y siguen
sepultando caminos, piedras, huellas, asuntos...
La vida desciende sus abismos.
Escribo cosas – otras – como anhelos y hastíos.
Y, ya cansado de afanes, de preferencias yertas,
vuelvo...
Torno de pronto a tu rincón;
te miro con tu sonrisa de antes.
Regreso a ti,
converso página a página contigo,
conmigo en ti: me dices lo que he sido.
Y, en una intacta conciliación sin tiempo,
te abrazo nuevamente,
como a un antiguo amigo.
 

Versión de Romeo y Julieta

-¡Amor!- gritó Romeo en la noche:
era en la soledad como el destino,
un peso de belleza sobre los hombros.
¿Dónde abrazar al nombre?... -¡Rosalina!-:
dibujaba con letras de humo
sus sílabas en el viento.
Eran sobre Verona las señales,
el dedo del designio.
No podía ser en él, y escapaba hacia el nombre;
puro fuego de amianto para ser plenamente en otro ser.
Habitado del ángel,
del diáfano demonio de hermosura,
iba en la noche: -¡Rosalina!-.
Su voz, ajena, no venía desde él;
un hálito de siglos la arrastraba.
En el baile murmuraba aún su nombre.
No entendía el peligro:
él poseído, él hechizado, él sonámbulo puente del designio.
-¡Rosalina!-..., siempre en su búsqueda,
siempre fiel a sí mismo, a ella, al mito.
La música lo empujó frente a ella:
estaba allí situada, como la espera, en la cita:
-¡Julieta!-, dijo su voz como costumbre.
No distinguió que el nombre era distinto.

 

Soneto I

De tanto convencerme que un camino
nos unió sobre un mapa prefijado,
y un obstensible signo anticipado
sobre nosotros a marcarnos vino;  

o que alguna misión, un don divino,
un privilegio de dolor ornado
o un adeudo anterior, aún no pagado,
nos fijara un encargo del destino;  

como el eco de un canto de hermosura
que, en la oquedad del caracol, perdura
de playas de remota certidumbre,  

en cada nuevo amor se hace presente,
otro y el mismo, el gesto persistente
que aquel amar tu amor hizo costumbre.
 

 

Soneto II  

De tanto amar tu amor se hizo costumbre
ese andar inclinado entre partida
y regreso, entre júbilo y herida,
y el desarraigo de la incertidumbre.  

De tanto transitar desde la cumbre
hasta el abismo, y sostener la vida
entre rabia y perdón que el hierro olvida
en una consecuente flor de herrumbe...  

se me quedó el espectro de tu ausencia,
que es tuyo y no eres tú, y en otro asunto
de amor desliza su inactual presencia.  

Y, en continuado ayer, hoy sin nombrarte,
ayer y hoy sin diferencia junto
de tanto amar tu amor, de tanto amarte.

   

Hoy te siento venir

Hoy te siento venir desde la imagen inmediata.
Es que me pertenece la blancura que triunfa en tus hombros
y la esencial virtud de tu mano en el sueño.
Si por tu rostro cruzan definibles distancias,
es esa tierra tuya la que me está más cerca,
en el plano por donde vienen tus piernas
verazmente tendidas, ingenuamente puestas a encontrarme.
Todo es como de gasas azules el vestigio de verte:
humo abismal, virtual presencia,
puro designio que, momentáneamente, no acontece
y está, tal vez, para ser eso siempre.  

Cuando tomo universos,
cuando en la hegemonía del bien arde mi reino
y el hálito más alto es ése de tu cruz en mi mano,
de la oración en paz
con que se anuncia el ser, la estrella, el fruto...
todo es tú inmediata:
trigo para el sustento,
aire verde en las lomas cercanas,
la concisión del pájaro en la orquesta...
toda esa armonía palpable
bajo un cielo que siempre se apresta a definirse,
que ahora cruzas sin irte,
detenida en la pura crisálida
de mi muerte en tu amor.

 

RITA M. GEADA


Nació en Pinar del Río, Cuba (1937). Poeta, ensayista, narradora y profesora de literatura. Graduada en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana. Reside en los Estados Unidos, en donde ha tenido por muchos años la cátedra universitaria de literatura en Southern Connecticut State University, New Haven. Ha publicado los libros de poesía: “Poemas de New England” (1996), “Esa lluvia de fuego que nos quema” (1988), “Vertizonte” (1980), “Mascarada” (1970), “Cuando cantan las pisadas” (1967), “Ao romper da aurora” (1963), “Desvelado silencio” (1959). Muchos de sus poemas aparecen traducidos al inglés, italiano, portugués y francés en diversas revistas y antologías. Ha recibido el Premio de Poesía Carabela de Oro –Barcelona- 1969 por su poemario Mascarada, la beca Cintas para escritura creativa –Nueva York- 1978/1979 y ha sido galardonada recientemente con el Premio Internacional “Luys Santa Marina-Ciudad de Cieza” en Murcia, España.


Ardiendo con más fuego

  “Ardiendo con más fuego
de los que yo encendí.”

Racine.
(Citado por Marguerite Yourcenar
)

Cuando horizontalmente los cuerpos confluyen

y el aroma de la piel

                                              sabia amante del tacto reverbera

convocando a un goce todavía en cierne.

Cuando la dicha crece en hormigueantes besos

y el placer despierta

                                             a inagotables ríos musicales.

Cuando navegando aguas del silencio

que al paso de las barcas

                                             sus tendidos velámenes encienden.

Cuando una marejada de olas se precipita

hasta ahogarnos casi,

inmarcesibles se extienden los puentes

al amor por siempre

a la región de los no me olvides

y los jamás te olvidaré.

 

Es el amor, el omnipotente amor en el abrazo

ardiendo con más fuego.

(Del libro a publicarse ESPEJO DE LA TIERRA - Premio Internacional de Poesía "Luys Santa Marina - Ciudad de Cieza", 2001)

 

Ganar toda la luz que nos alcanza

Lo luminoso resta de lo oscuro
todo lo tenebroso que está dado
y nos hace mirar lo más arcano
con mirada tendiente a lo más puro.  

Con pupila buscando lo seguro
vamos desde esta orilla al otro lado
como quien transgrediera lo soñado,
la línea de lo usual a lo inseguro.  

Rescatar de lo hermoso la sustancia
es abrir al espacio lo que encierra
de un cielo que las sombras no amortajan.
 

Es trasmutar la noche con sus ansias
en música de todas primigenia
ganar toda la luz que nos alcanza.

(Primer accesit al Premio del C.C.P.A. "José M. Heredia",

1999) 

 

Vivir en una estrella

Sobre un grabado de Marta Olsen

En la estrella que contemplas
       hay una casa
                 sus cimientos y contornos
de ensueños son.  

En la casa que contemplas
       sonríen los balcones
              en los que una pareja
cantando está.  

La casa que dibujas
            con amor se levanta
                  hogar entre celajes
abierto al horizonte.  

La estrella que contemplas
     alumbra su interior.

   

Otra vez la nieve

Es la nieve
el fino cuerpo alado e intocado del agua
quien besa tiernamente los cristales
convocando tu imagen, tu voz, tacto y miradas.
 

La nieve en soledad
con suaves alas me envuelve
añorando una cadencia de amor a los oídos
unos labios deseantes
y unas manos sabias que al amor responden.  

Blancos grumos van cayendo
cual caricias se desprenden
de ese mismo cielo que lejos te cobija
que siempre te transporta.
 

¡Qué blancura proteica!
¡Qué estallantes rojos los del silencio
de los cuerpos cuando se aman!