|
Madre e hija entran a
escena caminando entre el público por uno de los pasillos del
teatro, puede ser el
central o uno de los laterales, dependiendo del lugar de la
presentación. Ambas vienen conversando de manera casual y cargan
varias maletas y bolsos de viaje. El lugar donde se encuentra el
escenario se encuentra apagado. Las luces se encienden al llegar los
personajes.
Hija:
Espero que te guste el apartamento.
– Colocando el equipaje en el suelo -.
Madre: Sí,
es acogedor. – Mira a su alrededor mientras pone los bolsos de
viaje sobre la mesa, pero sin mostrar entusiasmo -.
Hija:
No es muy grande, tiene sólo dos habitaciones, dos baños,
la sala, el comedor, la cocina, el balcón y el cuarto de la
lavadora y la secadora, pero para mí es más que suficiente.
– Indicando con las manos hacia diferentes direcciones de
la escena como mostrando el apartamento con orgullo –.
Además, el precio de compra fue excelente.
Madre:
Espero que no te hayas metido en otra deuda.
– Con desdén -.
Hija:
Bueno, mamá. Tu sabes que la mayoría de las personas en
este país compran sus propiedades a través del banco. Nadie compra
al contado ninguna propiedad. – Tratando de explicar –.
Madre:
Sí, pero me refiero a que si no puedes pagar la hipoteca,
podrías perder la propiedad y entonces tu crédito se dañaría.
– Insistente –
Hija:
No tengo ningún temor al respecto porque nunca mi crédito
se ha dañado. Es verdad que algunas veces he estado tarde en pagar
mis cuentas, pero esa época ya pasó. – Un poco molesta –. No sé
si recuerdas que ya dejé de ser una estudiante pobre y endeudada
hace mucho tiempo. – Mueve las maletas de un sitio a otro de la
escena y las deja caer con cierta rabia -. Ahora soy una profesora
universitaria, tengo muy buen sueldo y de paso un crédito excelente.
Madre:
Bueno, me alegro por ti y por tu crédito. – Desdeñosa,
finge buscar algo en la cartera que colocó sobre la mesa
al llegar-.
Hija:
Muchas gracias por alegrarte de algo de lo que me pasa. –
Contesta tratando de disimular la ironía –.
Madre:
Aunque no lo creas, siempre me preocupo mucho por ti y la
primera que se alegra de todas tus cosas soy yo. Por algo soy tu
madre. – Encogiendo los hombros y haciendo un gesto con las manos
abiertas. –
Hija:
Sí, lo sé. – Se pasa la mano por la cabeza -. Sé que me
quieres mucho y todo eso. – Fingiendo no estar molesta le pregunta.-
A propósito, no te he brindado nada de tomar. Siéntate, que te
traigo algo.
Madre:
No, no quiero nada ahora. Hace un rato apenas comí en el avión
y estoy llena. – Se sienta en una de las sillas y mira a su
alrededor-. Prefiero
conversar.
Hija:
Esa es una buena noticia. – Incrédula –.
A propósito, no te he preguntado por qué decidiste dar este
viaje tan de repente a Chicago. En cinco años que llevo por acá
nunca te habías decidido a venir.
Madre:
La situación no está nada bien para mí en Miami desde que
tu hermana se marchó a vivir con el esposo y sus hijos a España.
– Con aire de tristeza –
Hija:
No me explico por qué no te llevaron con ellos. – Con
cierta ironía -.
Madre:
Bueno, tú sabes que se tuvo que marchar de un día para otro.
– Tratando de justificar la situación -.
Hija:
Sí, lo leí en El Nuevo Herald por el Internet. – Con
cierta sorna al hablar -. El esposo es buscado por el F.B.I., la
INTERPOL y no sé cuantas organizaciones policíacas más. – Irónica
–. Y ese era el gran partido que tú siempre me echabas en cara
que mi hermana se había encontrado y de que yo debía encontrarme
algo similar.
Madre:
No, hija. Tú siempre confundes las cosas. – Tratando de
desvirtuar el tema -. Lo que yo siempre he querido es que tú encuentres
un buen hombre y te cases y tengas una vida normal….
Hija:
No, mamá. – Interrumpiendo –. Lo que te fascinaba era el
dinero del esposo de mi hermana y siempre te dije que no me gustaba
ese tipo, siempre te discutí hasta el cansancio que me parecía
raro el hecho que manejara tanto dinero.
Madre:
Cómo se te ocurre. – Con expresión ofendida
se pone de pie –. Me gustaba saber que tu hermana no iba a
tener problemas en su vida y que todas sus necesidades iban a estar
cubiertas…
Hija:
Sí, sobretodo eso. – Interrumpiendo una vez más - . Nunca
la alentaste para que estudiara, la empujaste a que se convirtiera
en una dependiente total del marido, que se llenara de hijos, lo
importante era tener dinero. – Mirándola de frente -. Y todo eso
era sinónimo para ti de seguridad.
Madre:
Bueno, me equivoqué. – Se sienta de nuevo y se pone las
manos en la cara en ademán de abatimiento–. Yo lo hacía por su
bien. ¿Quién iba a saber en lo que estaba metido ese?
Hija:
Yo te lo advertí muchas veces y tú me decías que no, que
yo estaba equivocada, que lo que me hacía falta era buscarme un
hombre como el marido de mi hermana y casarme. – Caminando de un
lado a otro del escenario –. Inclusive, cuando te dije un día que
no tenía interés en casarme sino en estudiar una carrera, me
preguntaste si no era lesbiana porque solamente las lesbianas no tenían
interés en casarse.
Madre:
Yo nunca te dije semejante cosa. – Con aire de haber sido
calumniada – Y si lo dije, lo dije sin pensar en lo que decía.
Hija:
¡Pero me has hecho la vida insoportable con todas esas cosas!
– Un poco alterada –. Porque cuando me las decías yo
apenas tenía dieciocho años de edad y quería estudiar y nunca me
ayudaste para ir a la universidad, ni me apoyaste en ninguno de mis
empeños. Hacías todo lo posible e imposible para mantener a mi papá
en contra mía. Todo lo que he hecho siempre te ha parecido inútil.
– Se pone de frente al público llevándose las manos a la cabeza
-. Todos mis esfuerzos los has menospreciado.
Madre:
Bueno, no he venido de tan lejos a discutir contigo. –
Trata de cambiar el tono de la conversación -. Quizás tú tengas
razón, pero todo eso ya pasó.
Hija:
Sí, me interesa saber que te hizo venir de un momento a otro
a verme. – Trata de disimular el enojo y se dirige a la mesa -.
|