Miami
Estados Unidos
Año II

 Nº 11/12

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesores de Arte

Carlos Quevedo
Mauricio Saldarriaga

 

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Boletín Informativo

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LAZOS QUE ATAN Y DESATAN LAS ALMAS

(Pieza teatral en un acto)

  por

Maricel Mayor Marsán


Personajes:


Madre e Hija

Escenografía:

Una mesa de comedor, dos sillas, un mantel, un florero, una planta ornamental y un parabán o simulacro de ventana al fondo, para ambientar el entorno.


Madre e hija entran a escena caminando entre el público por uno de los pasillos del teatro,  puede ser el central o uno de los laterales, dependiendo del lugar de la presentación. Ambas vienen conversando de manera casual y cargan varias maletas y bolsos de viaje. El lugar donde se encuentra el escenario se encuentra apagado. Las luces se encienden al llegar los personajes.

Hija:        Espero que te guste el apartamento.  – Colocando el equipaje en el suelo -.

Madre:    Sí, es acogedor. – Mira a su alrededor mientras pone los bolsos de viaje sobre la mesa, pero sin mostrar entusiasmo -.

Hija:      No es muy grande, tiene sólo dos habitaciones, dos baños, la sala, el comedor, la cocina, el balcón y el cuarto de la lavadora y la secadora, pero para mí es más que suficiente.  – Indicando con las manos hacia diferentes direcciones de la escena como mostrando el apartamento con orgullo –.  Además, el precio de compra fue excelente.

Madre:     Espero que no te hayas metido en otra deuda.  – Con desdén  -.

Hija:       Bueno, mamá. Tu sabes que la mayoría de las personas en este país compran sus propiedades a través del banco. Nadie compra al contado ninguna propiedad. – Tratando de explicar –.

Madre:   Sí, pero me refiero a que si no puedes pagar la hipoteca, podrías perder la propiedad y entonces tu crédito se dañaría.  – Insistente –

Hija:      No tengo ningún temor al respecto porque nunca mi crédito se ha dañado. Es verdad que algunas veces he estado tarde en pagar mis cuentas, pero esa época ya pasó. – Un poco molesta –. No sé si recuerdas que ya dejé de ser una estudiante pobre y endeudada hace mucho tiempo. – Mueve las maletas de un sitio a otro de la escena y las deja caer con cierta rabia -. Ahora soy una profesora universitaria, tengo muy buen sueldo y de paso un crédito excelente.

Madre:    Bueno, me alegro por ti y por tu crédito. – Desdeñosa, finge buscar algo en la cartera que colocó sobre la mesa  al llegar-.

Hija:        Muchas gracias por alegrarte de algo de lo que me pasa. – Contesta  tratando de disimular la ironía –.

Madre:    Aunque no lo creas, siempre me preocupo mucho por ti y la primera que se alegra de todas tus cosas soy yo. Por algo soy tu madre. – Encogiendo los hombros y haciendo un gesto con las manos abiertas. –

Hija:       Sí, lo sé. – Se pasa la mano por la cabeza -. Sé que me quieres mucho y todo eso. – Fingiendo no estar molesta le pregunta.- A propósito, no te he brindado nada de tomar. Siéntate, que te traigo algo.

Madre:     No, no quiero nada ahora. Hace un rato apenas comí en el avión y estoy llena. – Se sienta en una de las sillas y mira a su alrededor-.   Prefiero conversar.

Hija:       Esa es una buena noticia. – Incrédula –.  A propósito, no te he preguntado por qué decidiste dar este viaje tan de repente a Chicago. En cinco años que llevo por acá nunca te habías decidido a venir.

Madre:    La situación no está nada bien para mí en Miami desde que tu hermana se marchó a vivir con el esposo y sus hijos a España. – Con aire de tristeza –

Hija:          No me explico por qué no te llevaron con ellos. – Con cierta ironía -.

Madre:    Bueno, tú sabes que se tuvo que marchar de un día para otro. – Tratando de justificar la situación -.

Hija:        Sí, lo leí en El Nuevo Herald por el Internet. – Con cierta sorna al hablar -. El esposo es buscado por el F.B.I., la INTERPOL y no sé cuantas organizaciones policíacas más. – Irónica –. Y ese era el gran partido que tú siempre me echabas en cara que mi hermana se había encontrado y de que yo debía encontrarme algo similar.

Madre:     No, hija. Tú siempre confundes las cosas. – Tratando de desvirtuar el tema   -. Lo que yo siempre he querido es que tú encuentres un buen hombre y te cases y tengas una vida normal….

Hija:        No, mamá. – Interrumpiendo –. Lo que te fascinaba era el dinero del esposo de mi hermana y siempre te dije que no me gustaba ese tipo, siempre te discutí hasta el cansancio que me parecía raro el hecho que manejara tanto dinero.

Madre:    Cómo se te ocurre. – Con expresión ofendida  se pone de pie –. Me gustaba saber que tu hermana no iba a tener problemas en su vida y que todas sus necesidades iban a estar cubiertas…

Hija:        Sí, sobretodo eso. – Interrumpiendo una vez más - . Nunca la alentaste para que estudiara, la empujaste a que se convirtiera en una dependiente total del marido, que se llenara de hijos, lo importante era tener dinero. – Mirándola de frente -. Y todo eso era sinónimo para ti de seguridad.

Madre:    Bueno, me equivoqué. – Se sienta de nuevo y se pone las manos en la cara en ademán de abatimiento–. Yo lo hacía por su bien. ¿Quién iba a saber en lo que estaba metido ese?

Hija:        Yo te lo advertí muchas veces y tú me decías que no, que yo estaba equivocada, que lo que me hacía falta era buscarme un hombre como el marido de mi hermana y casarme. – Caminando de un lado a otro del escenario –. Inclusive, cuando te dije un día que no tenía interés en casarme sino en estudiar una carrera, me preguntaste si no era lesbiana porque solamente las lesbianas no tenían interés en casarse.

Madre:     Yo nunca te dije semejante cosa. – Con aire de haber sido calumniada – Y si lo dije, lo dije sin pensar en lo que decía.

Hija:     ¡Pero me has hecho la vida insoportable con todas esas cosas!  – Un poco alterada –. Porque cuando me las decías yo apenas tenía dieciocho años de edad y quería estudiar y nunca me ayudaste para ir a la universidad, ni me apoyaste en ninguno de mis empeños. Hacías todo lo posible e imposible para mantener a mi papá en contra mía. Todo lo que he hecho siempre te ha parecido inútil. – Se pone de frente al público llevándose las manos a la cabeza -. Todos mis esfuerzos los has menospreciado.

Madre:     Bueno, no he venido de tan lejos a discutir contigo. – Trata de cambiar el tono de la conversación -. Quizás tú tengas razón, pero todo eso ya pasó.

Hija:        Sí, me interesa saber que te hizo venir de un momento a otro a verme. – Trata de disimular el enojo y se dirige a la mesa -.