|
La vida de Cristóbal de Llerena ha quedado oculta tras los
velos del tiempo y las vicisitudes de la vida colonial de La
Española. Su obra dramática, con la excepción de un
entremés, se ha perdido irremediablemente.
Tratemos
pues de reconstruir la vida de este singular religioso, catedrático
y dramaturgo del siglo XVI, cual quien arma un rompecabezas al
que faltan sus piezas principales.
Llerena
nace alrededor de 1540. Su juventud debe haber sido algo
disipada, según se desprende de una carta que el arzobispo D.
Alonso López de Ávila le escribe a Felipe II el 16 de julio
de 1588, y en la que se describe a Cristóbal de Llerena en
los siguientes términos:
“.
. . porque aunque es verdad que en su mocedad fué hombre y
tubo flaquezas, a muchos años que está enmendado y no se
sabe cosa mala dél, sino mucha virtud . . .” [i]
Cuándo enmendó su vida o cuándo decidió seguir su vocación
religiosa, dónde estudió o dónde se ordenó sacerdote, son
incógnitas que tal vez nunca lleguemos a saber.
Las
primeras noticias de la existencia de Llerena aparecen en una
carta que el arzobispo fray Andrés de Carvajal le envía a
Felipe II el 21 de julio de 1571. Para esa fecha lo
encontramos no sólo de sacerdote y organista de la Catedral
de Santo Domingo, sino también de catedrático de gramática
latina en la Universidad de Gorjón, puesto que ocupó por más
de 40 años. El prelado encomia la labor de Llerena en
los cargos que ocupa y lo propone para otros de mayor
importancia:
Ay
otro (clérigo) que se llama Xpoval de Llerena, que lee Gramática
en el Colegio, natural de esta ciudad, y buen moço, y tañe
los órganos en esta yglesia y le damos partido; también
en este estará bien cualquier merced. (. . .) Si caso fuere
que V. M. quisiere disponer destas prevendas, ya tengo señalada
una de las canongías al que lee Gramática en el Colegio que
se llama Xpoval de Llerena , ques tañedor de la yglesia.[ii]
En 1575 lo tenemos también de capellán menor del hospital
San Nicolás. El arzobispo Carbajal también da cuenta
de esto al Rey, y refiriéndose a Llerena explica que:
En
el ospital de San Niculás, ques patronato real, ay quatro
capellanes y un capellan mayor; entre los capellanes uno
solo es ábil, porque lee gramática.[iii]
En 1576, sólo un año después, Llerena llega a capellán
mayor del hospital. Es, ciertamente, un ascenso
vertiginoso en su carrera eclesiástica dentro de la
estructura colonial de La Española. Además, para esa
fecha, el arzobispo Carbajal lo vuelve a proponer para una
canonjía, y realza, una vez más, las cualidades de Llerena:
Los
clérigos no prevendados desta ysla, naturales della, son los
siguientes: (. . .) Xrisptoval de Llerena; es natural
desta ysla. Es al presente capellan mayor de un ospital
desta ciudad de Sancto Domingo, que se dice Sant Niculás; es
de hedad de más de treinta años; es muy buen latino, músico
de tecla y voz, virtuoso y hombre de bien.[iv]
Coinciden
estos años con una grave crisis económica en La Española.
Las causas de este declive fueron principalmente externas:
la piratería y el cambio de moneda ordenado por Felipe II
para la Isla. Los piratas asolaban los puertos, atacaban
los galeones españoles en alta mar, e interrumpían el flujo
normal del comercio entre los reinos americanos y la Metrópolis.
En cuanto al cambio de moneda decretado por orden real en
1583, fue de consecuencias funestas para La Española.
Se decretó que cada cuarto en circulación se marcara y
valiera tres. Tal vez el problema no radicó tanto en la
orden real como en la actitud que tomaron autoridades,
comerciantes y particulares en la Isla: además de
guardarse para sí cuartos sin marcar, pagaban deudas y
salarios con la moneda desvalorizada, mientras que para cobrar
bienes y servicios, sólo aceptaban los cuartos en su valor
original.
La
Iglesia, así como los hospitales, colegios y asociaciones
regidos por ésta, sufrieron una merma incalculable de sus
entradas económicas: las rentas y tributos que ahora
percibían eran sólo un mísero tercio. Las limosnas y
los diezmos prácticamente cesaron.
El
malestar económico y las injusticias que se cometían eran
tantas y tan graves, que el arzobispo don Alonso López de Ávila
se queja repetidamente a la Corona. La universidad
de Gorjón, donde Llerena se desempeñaba como catedrático de
gramática latina, se veía impedida de pagar los salarios de
los profesores y la mayoría de los gastos generales. López
de Ávila continúa apelando a la Corona tan reiterada y
amargamente, que en 1580 el Rey decide enviar a Rodrigo de
Ribero como visitador.[v]
Ribero
no arriba hasta 1583. Sus profundas pesquisas resultaron
en muchísimos y beneficiosos cambios para la institución
docente. Sorprende, asimismo, que la investigación haya
provocado no sólo la destitución de Cristóbal de Llerena,
sino también su encarcelamiento:
El
canónigo Xrisptoval de Llerena está assimismo presso por
otra ynformacion de aver aconsejado a dos muchachos que no
jurasen verdad en cierto negocio que pendía ante el Visitador
desta Real Audiencia, y agora de nuevo quedan y están tambien
pressos.[vi]
¿Qué irregularidades habría encontrado el visitador en la
conducta del catedrático? Aunque la información que ha
llegado hasta nosotros es insuficiente para llegar a
conclusiones definitivas, nos inclinamos a pensar que el
incidente fuera de proporciones menores, ya que el dramaturgo
regresa a su cátedra el mismo año.[vii]
La
inseguridad económica y política continuaron agudizándose
en La Española, hasta que en 1586 la ciudad de Santo Domingo
sufre un gran revés político y económico: el saqueo
del pirata Francis Drake. Desconocemos lo que este
ataque pueda haber representado en la vida del sacerdote.
En
1588, sin embargo, un suceso al parecer de escasa importancia
va a darle un giro súbito a la vida de Cristóbal de Llerena.
Se trata de la representación de uno de sus entremeses en el
atrio de la Catedral de Santo Domingo. Se celebraba la
fiesta del Corpus Christi. Era, exactamente, el 23 de
junio de 1588. La conmoción que este entremés produjo
en la sociedad capitalina, vendría a salvar el nombre de
Cristóbal de Llerena para la posteridad histórica y
literaria.
Los
oidores españoles que asistían a la liturgia sintieron tal
indignación ante la sátira que el entremés de Llerena vertía
sobre las instituciones coloniales, que 15 días más tarde,
el ocho de julio, los alguaciles lo prenden y, sin darle
tiempo a prepararse para el camino, lo embarcan para Río de
la Hacha, Nueva Granada, la región donde hoy se asienta
Colombia.
El
súbito destierro fue sólo el comienzo de una serie de
incidentes que el entremés suscitaría. Al día
siguiente de embarcado el canónigo, el maestre escuela y
provisor, Juan de Angulo, excomulga a los alguaciles por su
agravio a la autoridad eclesiástica. Al próximo día,
en plena misa, los oidores ofenden al provisor de palabra.
Ante el nuevo agravio, el religioso decide renunciar a sus
cargos eclesiásticos.
Pero
¿por qué encoleriza tanto el entremés a las autoridades
coloniales? Veamos. Llerena, que poseía una gran
educación clásica, construye su entremés en torno a una epístola
de Horacio en la que aparece un monstruo con rostro de mujer,
cuello de caballo, cuerpo de plumas y cola de pez.
Horacio
utiliza el monstruo para advertir del peligro de la imaginación
cuando ésta no se atiene a las reglas del arte. Llerena,
en cambio, utiliza la figura del monstruo como símbolo de las
torpezas del gobierno colonial en la conducción de los
asuntos económicos y sociales de La Española.
En
el entremés, varios personajes mitológicos salen a una plaza
para interpretar el significado del monstruo aparecido en la
Isla. Uno lo ve como símbolo de la mujer; otro
como emblemático de los elementos de la Tierra. Proteo,
que viene a ser la voz del autor, considera todas las
explicaciones anteriores extravagantes y propone que si el
monstruo apareció en aquella ciudad, su significado deber
estar estrechamente ligado a la misma. Para Proteo, este
monstruo abigarrado y repugnante no es otra cosa que un símbolo
del deplorable estado económico y social de la colonia.
Calcas, otro de los personajes mitológicos, complementa la
explicación anterior al vaticinar que el monstruo es un pronóstico
de más guerras y saqueos, alusión directa a la invasión de
Drake y a la indefensión en que aún permanecía la ciudad
dos años después del ataque.
El
entremés termina cuando los alcaldes, antes de retirarse,
proponen postergar el asunto de la defensa de la ciudad hasta
la próxima reunión del cabildo, hecho con el que se reitera
la indolencia de las autoridades coloniales en los asuntos de
la ciudad.
Ante
la injusta expulsión de Llerena, el arzobispo López de Ávila
intercede por el religioso ante Felipe II. En efecto, el
16 de julio el prelado despacha una carta alegato al Rey.
A dicha carta, el arzobispo adjunta una copia del entremés
como prueba de la inocencia de Llerena.
La
carta y el entremés los halló el estudioso mejicano
Francisco A. de Icaza en el Archivo de Indias, y su hallazgo
se publicó en la Revista de Filología Española en 1921.[viii]
Sin
la carta, jamás nos habríamos enterado de la existencia de
esta breve pieza teatral. Tampoco habrían salido a la
luz pormenores de la vida de su autor tales como su extracción
humilde, su condición de autodidacto, su consecución de
altos cargos a través de méritos y esfuerzos propios.
El bosquejo que esta carta hace de Llerena es el de un hombre
hábil, inteligente y polifacético. Además, revela que
era poeta y dramaturgo. Oigamos al propio arzobispo
describir a Llerena como a un:
.
. .hombre de rara habilidad, porque sin maestro lo a él sido
de sí mismo y llegado a saber tanto latín que pudiera ser
catedrático de Prima en Salamanca, y tanta música que
pudiera ser maestro de capilla de Toledo, y tan diestro en
negocios de quentas que pudiera servir a V. M. de su Contador;
(. . .) Entre otras gracias, es ingenioso en poesía y
en componer comedias con que suele solemnizar las fiestas y
regocijar el pueblo, (. . .)[ix]
Aunque
los documentos con la respuesta de la corona no se conservan,
no es arriesgado especular que la petición del arzobispo fue
atendida, ya que Llerena regresó a su patria al año
siguiente de su destierro y fue, además, restituido a sus
oficios.[x]
Desdichadamente,
la obra de Llerena se ha perdido por una serie de razones
confluentes, entre las que se pueden citar la escasa
importancia que antiguamente se concedía a las obras
teatrales, especialmente a los entremeses, piezas breves,
muchas veces improvisadas y sin texto fijo, y la carencia de
la imprenta, que no llega a Santo Domingo hasta el siglo
XVIII.[xi]
Además, no es arriesgado suponer que Llerena o la propia
Iglesia podrían haber destruido su obra dramática a fin de
hacer desaparecer pruebas incriminatorias.
Por
otra parte, al hacer una lectura cuidadosa de la carta, nos
damos cuenta de que el incidente de la deportación al que nos
hemos venido refiriendo, no fue algo aislado. Llerena es
simplemente un hombre rebelde, un escritor disidente y
reincidente. Obsérvese el tono ambiguo y esquivo del
arzobispo:
.
. . y no hay otra culpa, pues si dixeren que otra vez hizo
otro tanto y le quisieron emvarcar, no ay tanta memoria, a lo
menos particular. Yo e procurado saber lo que fué, y
como a tantos años, no se hallan los entremeses . . .[xii]
La última referencia a la persona de Llerena la aporta un
censo de 1606. Ese año Llerena se contaba aún entre
los vivos y aparecía entre los prebendados del Cabildo Eclesiástico.
Esta curiosa nota aparece al margen: “Cristóbal
de Llerena, canónigo; poseedor de un hato de vacas y de
dos estancias de labrantío en el mismo distrito.” [xiii]
Aunque hoy día nos pueda llenar de asombro, el que los
eclesiásticos poseyeran bienes materiales era práctica común
de la época.
El
hilo de la vida de Llerena desaparece después de esta nota.
La fecha de su deceso es aún más imprecisa que la de su
nacimiento. No sabemos si continuó componiendo obras
teatrales y entremeses. Sólo hallamos un testimonio póstumo:
el del canónigo Luis Jerónimo Alcocer (1598-1664), como
Llerena catedrático de Gorjón y contemporáneo suyo, quien años
después de la muerte del dramaturgo se expresa de él con
gran elogio:
El
Maestre escuela Don Christoual de Llerena, natural de esta
Ciudad a quien debe todo lo que ay en ella de buenas letras,
fué muchos años Rector del Colegio Seminario y cathedrático
de Retorica; fué también muchas veces Prouisor con
aplauso de todos. Y fué gran poeta de sus tiempos.[xiv]
Poeta y dramaturgo; músico y contador; sacerdote
y catedrático; hombre consciente de la realidad social
de su tiempo. Crítico de la situación política y económica
de la sociedad colonial en que le tocó vivir. De su
polifacética vida sólo nos llegan fragmentos inconexos.
De su obra, un solo entremés.
Pero
aún cuando falta la mayoría de las piezas del rompecabezas
de su vida, esta figura resulta de gran valor para la historia
y la literatura hispanoamericanas. En Cristóbal de
Llerena no sólo recae el honor de ser el primer dramaturgo y
músico dominicano de que se tenga noticia, sino también el
primer escritor disidente de La Española. Y contra los
escritores disidentes, las potencias oscuras de la
intolerancia siempre descargan su furia, ayer y hoy. No
es de sorprender.
(Este
ensayo ha sido adaptado de un libro sobre Cristóbal de
Llerena que el Dr. Izquierdo publicará este año)
Obras
citadas
| [i]
Fray Cipriano de Utrera,
Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de
Aquino y Seminario Conciliar de la Ciudad de Santo
Domingo de la Isla Española, (Santo Domingo, R. D.:
Padres Franciscanos Capuchinos, 1932) 72. |
| [ii]
Fray Cipriano de Utrera,68. |
| [iii]
Fray Cipriano de Utrera,68. |
| [iv]Fray
Cipriano de Utrera,68 |
| [v]
Fray Cipriano de Utrera, 48. |
|
[vi]
Fray Cipriano de Utrera, 68. |
| [vii]
Pedro Henríquez Ureña, La cultura y las letras
coloniales en Santo Domingo, Añejo II, Instituto de
Filología, Biblioteca de Dialectología
Hispanoamericana (Buenos Aires: Universidad de Buenos
Aires, 1936) 100. |
| [viii]
Francisco A. de Icaza, "Cristóbal de Llerena y los
orígenes del teatro en la América española,"
Revista de Filología Española VIII, 2 (1921): 128-130. |
| [ix]
Fray Cipriano de
Utrera, 71. |
| [x]
Pedro Henríquez Ureña, La cultura 100. |
| [xi]
Pedro Henríquez Ureña, La cultura 10. |
| [xii]
Fray Cipriano de Utrera, 72. |
| [xiii]
Américo Lugo, Historia de Santo Domingo. Desde el 1556
hasta 1608 (1938; Ciudad Trujillo, República Dominicana:
Editorial Librería Dominicana, 1952) 373. |
| [xiv]
Manuel de Jesús Goico, “Raíz y trayectoria del
teatro en la literatura nacional,” Anales de la
Universidad de Santo Domingo Vol. IX
Nos.33-36 (1945): 80. |
|
René
C. Izquierdo
(La
Habana, Cuba, 1942) Es profesor de español en el Miami Dade
Community College (Kendall Campus) en la ciudad de Miami.
Cursó estudios de arte y literatura en Queens College,
C.U.N.Y., New York, donde obtuvo su B.A. y M.A. Culminó sus
estudios en el Centro de Graduados de C.U.N.Y. donde recibió
su doctorado. Su tesis doctoral “Anacaona” de Salomé
Ureña de Henríquez, poema épico sobre la conquista de
América, se publicará próximamente.
|