Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº  17/18

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

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Directora de Redacción

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Asesor Técnico

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Asesor de Arte

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Escorzo de un instante 

 por

Carlos X. Ardavín Trabanco


       

 

López Cruz, Humberto. Escorzo de un instante. Madrid: Betania, 2001.

ISBN: 84-8017-159-6. 64 págs.  

 


           

            Este primer poemario del investigador literario y profesor cubano-americano Humberto López Cruz constituye, a mi entender, una excelente muestra de poesía reflexiva, meditabunda y filosófica, que a partir de materiales cotidianos y sencillos y mediante un lenguaje poético de estirpe clásica y diáfana belleza –a veces signado, no obstante, por momentos barrocos- estructura un prolongado diálogo que tiene al poeta y a su existencia como ejes temáticos primordiales. La presencia del poeta, de sus visiones, pensamientos ansiedades y opiniones confieren a este volumen un profundo sesgo autobiográfico; estamos ante una poesía que es, antes que nada y en medida considerable, autointrospección, descubrimiento personal; de ahí el reiterado uso de la segunda persona singular y de la primera persona plural: entre el tú y el nosotros, el poeta hilvana una poesía eminentemente dialógica que desnuda su propio ser y sus circunstancias.

           Trátase -merece la pena puntualizarlo- de un ser escindido, insatisfecho, aún por delimitar: “Enfrentas la más ardua de las luchas;/ vivir contigo,/ comprenderte, escucharte;/ alcanzar la cima de tu esencia” (43). Pero además se trata de un ser esencialmente pendular que fluctúa entre la felicidad y la abulia, entre la melancolía y la efervescencia vital, entre el cansancio metafísico y la más febril voluntad de actividad.

           El libro se divide en cuatro secciones interconectadas y relacionadas por comunes preocupaciones intelectuales: el problema irresoluto de la temporalidad, la deshumanización galopante de la sociedad actual, el mundo de las ideas como salvación, la relevancia de la cotidianidad y la intrahistoria, la angustia por el destino incierto de los hombres, el desasosiego espiritual y la perentoria necesidad del conocimiento.

           En la primera parte, titulada “Instantes”, predomina un tono humanista, ético, que ante la creciente deshumanización social enfatiza la vuelta a las pequeñas cosas: “guardemos un precepto, sólo uno,/ presenciemos un amanecer  más despejado,/ compartamos el rocío con las rosas/ admiremos lo hasta ahora despreciado” (14). En esta parte resalta por su hermosura y fuerza expresiva el poema “Divagación”, un auténtico ejercicio de optimismo y esperanza. En él, el poeta se contempla a sí mismo, se autofigura  y analiza; y tras este análisis se revela el fascinante mundo de las ideas y los proyectos intelectuales que lo animan como un fuego incandescente y sacro: “Acostado medita las ausencias/ que su vida nutre de energías;/ comprende,/ que necesita mucho tiempo.../ Es mucho lo que piensa/ que no materializa;/ los proyectos se gestan en su mente,/ evolucionan;/ quedan sólo en eso: unos propósitos” (17). El simple hecho de tener propósitos es ya un logro, una feliz noticia que le incita a continuar viviendo, a proseguir su andadura de sueños y empresas literarias.

           En la segunda parte, “Rupturas”, el poeta se contempla a sí mismo a la luz de la sociedad, que en casi todos los casos tiene una valoración negativa. Frente a ella, el poeta es como el agua del poema homónimo que abre esta sección: conjuga la belleza y la resistencia del líquido, su capacidad regenerativa e indómita. Es una lucha solitaria (y mítica) contra la estulticia de los hombres “iracundos” y contra la urbe voraz y despiadada que intenta ahogarlo en medio del tráfico profuso y la perenne prisa. El vate se debate entre la necesidad y el deseo, entre sus múltiples obligaciones profesionales y su añoranza de un vivir sosegado, en el que la amistad, la lectura y el estudio ocupen puestos de privilegio. Esta añoranza, esta ausencia se hace tan dolorosa que la idea del suicidio surca fugazmente la mente del poeta: “Se desespera,/ recurre a las viejas amistades:/ unas pastilla o una cuchilla,/ mira a las venas como posible salida” (32).

           La tercera parte, intitulada “Esencias”, constituye, en lo fundamental, una íntima cavilación sobre el tiempo y sus misterios, sobre el pasado y la memoria, hilvanada en versos de una altura estética y una economía expresiva envidiables: “Veloz llega y veloz parte,/ el efímero instante de una esencia;/ nos ocupa el olvido del pasado,/ el mismo error nos visita con frecuencia” (39). El recuerdo trae el sabor inmemorial y querido de la amistad, la desnudez clara y contundente del presente inasible y siempre fugitivo, la necesidad de autoconocerse a fin de hallarse en algún recodo invisible, en alguna alameda “de pasos que aún quedan por andar” (47).

           Esta reflexión se prolonga en la última parte del poemario, “Abstractos”, en la que la dicción poética se hace en ocasiones hermética, enigmática, con versos levemente surrealistas: “Se proyecta/ en las latas de aluminio arrugadas,/ en colillas de los que fueron cigarrillos,/ en miradas que fracasan en la nada” (55). En medio de la incertidumbre existencial y la deshumanizante esfera de los hombres, una sola cosa sobrevive, real, enfática, minuciosa: la presencia insoslayable de la ideas, de la lucha interior e intelectual: “El laberinto se estrecha y se repite,/ la lid con el fantasma no desmaya;/ el Minotauro persigue un imposible/ entre paredes que conducen a la nada” (60).

           Al final de este viaje autoindagatorio, el escéptico vence al optimista, el desencantado prevalece sobre el vitalista, y el poeta se muestra indefenso, con sus armas rotas y con una única verdad como estandarte frente a la nada cotidiana: ha comprendido, no sin asombro por su parte, que la ausencia es una antigua costumbre en su vida.

Estimo que los poemas de Escorzo de un instante son el primer peldaño de una historia poética que apenas empieza, y cuyos frutos venideros se pueden anticipar en la lectura del citado volumen; exponente primerizo de un escritor en plena producción literaria, dueño de una voz poética propia, filtrada por ávidas lecturas y variadas experiencias, lo que constituye un signo inequívoco de excelencia.                                                      

                                                                                   


Carlos X. Ardavín Trabanco nació en Nueva York (1967). Escritor y profesor universitario de ascendencia cubano-española. Tiene una Licenciatura en Lengua y Literatura Española de la Universidad Internacional de la Florida. Obtuvo la Maestría y el Doctorado en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Massachusetts-Amherst. Ha sido docente en Amherst College, la Universidad de Miami y el Miami Dade Community College. En la actualidad es profesor de lengua, cultura y literatura española contemporánea en Trinity University, San Antonio, Texas. Ha publicado ensayos críticos, reseñas literarias, cuentos y poemas en revistas y periódicos de Argentina, España, Estados Unidos y República Dominicana. Ha colaborado en los suplementos culturales de los diarios dominicanos. Su poemario “Aprendiz de Poeta” fue publicado recientemente por la Editora Imago Mundi de San Juan, Puerto Rico (2001).