Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº  17/18

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo






 


 

 

 

 

Una aventura todavía mayor: tener un cuerpo nuevo.

 

por

Gladys Ilarregui


       

    

     

           Si, como dice Saramago, la mayor felicidad de un escritor, un poeta, consiste en encontrar "su propia voz", es en Cuerpo Amado en que la voz de Nela Rio adquiere nuevas sensibilidades y hace del poemario uno de los más importantes de su producción. No sólo porque esa tensión entre lo efímero y lo profundo se mantiene desde la primera a la última página, sino porque el mismo cuerpo como centro, eje, imán, parte de sí mismo para crear una metáfora de la asimetría y para reflejarse bajo nuevas miradas.  Se trata precisamente de esas miradas.  La reflexión sobre el cuerpo de la mujer es una constante en la rica trayectoria poética y narrativa de Nela Rio y la vemos expresada en diferentes dimensiones: el cuerpo erótico en Aquella luz, la que estremece; el cuerpo violado En las noches que desvisten otras noches; el cuerpo envejecido en “Carlota, todavía”; el cuerpo torturado en Túnel de proa verde; el cuerpo de la memoria en “Stella”; el cuerpo abusado en “El jardín de las glicinas”.

           Cuerpo amado es un poemario tanto original como valiente, al situar la mirada bajo una perspectiva histórica: el reconocimiento del cáncer de pecho y el trabajo sobre el dolor y la transformación física que esa enfermedad propone.  Pero en lugar de realizarlo desde un lugar común con el vocabulario terapéutico, religioso, o mundano, Nela Rio no pierde por un momento el hilo de la seducción que escapa siempre al tratamiento convencional de un tema de nuestros tiempos.  Al hacer que el lenguaje rompa con sus acuerdos más obvios, la mujer que aparece en el curso del amor, la enfermedad y el reencuentro, ejerce un magnetismo especial: el de ser ella misma, abriéndose a la expectativa y al miedo, la fuerza inmediata de la mano que acaricia, y el dolor de un espejo. 

La estructura del poemario permite ingresar a las diferentes etapas en las que el cuerpo abraza y se duele, se enferma, se mutila, renace.  Desde el esplendor del encuentro amoroso hasta la tragedia del anuncio (aparente derrota), los lectores se encuentran absorbidos.  Los cuerpos de este poemario son maduros, no están en la celebración de la juventud sino en la de la experiencia, registrada en afectos y aventuras interiores.  En 'La tarde mojando la noche' dice:  "se conocieron esa noche que duraba/exactamente como la vida".  En 'Ahuecando las manos' el deseo erótico es un fruto --" y saborearon las sílabas como jugos"--, o es un "puñado de besos con pie de gaviota" que deja huellas transparentes en la playa en 'Tendida como la brisa'.  En 'La vida como una ciudad', el vértigo y el deseo se iluminan, hasta que finalmente, en 'Rayos de luna como harpa', los protagonistas "Dichosos dibujaban planetas/ en la oscuridad del cuarto".  La primera parte del poemario culmina con un título que nos devuelve la nueva identidad de la mujer enamorada: 'Yo, nosotros'. 

 A este instante de lucidez sexual, le sucede el presagio del dolor, el anuncio de la enfermedad.  Nos situamos ahora plenamente en el cuerpo amado que recorre los miedos, las inseguridades provocadas no solamente por una enfermedad importante, grave, sino porque esta enfermedad tiene el poder de desdibujar la imagen de esa mujer y recortarla. No creo que otro miedo pueda ser tan profundo como el de perder una parte del cuerpo. Al ingresar estas páginas me recorrieron fotografías que he visto relacionadas con pérdida de ojos, brazos, piernas y pechos --partes acariciadas, que florecieron igual que flores, frutas, que crecieron desde la larva como las mariposas--.  Ahora esas partes deshabitan el yo y como las ruinas de una ciudad provocan desolación y desorientación, y sin duda reclaman otra nueva persona.  La mujer de Cuerpo amado encuentra que: "el mundo ha dejado de ser redondo/ se ha convertido en una ventana", ventana de 'El cuarto de hospital'.  Y él, su amado, para no verla desaparecer en el dolor "Le cuenta noches que parecen historias”  y la ayuda a caminar “por la ciudad que hicieron" en 'Soles de papel'. En este momento, precisamente éste, el poemario maneja un vocabulario que recuerda a las cosas que se recuerdan en los hospitales: bordes, luz, ropa secándose al sol y sobre todo, perfume.  

En ese microcosmos la historia de esta mujer se repliega y confunde, al regresar a la casa sin uno de sus pechos siente que se parece a un espejo, no comprende la rutina que ha dejado atrás.  En todo este periplo hay una persona sensible que debe enfrentarse con "esa otra mujer", y que necesita no solamente aceptarse sino confrontar una sociedad viciada de imágenes falsas: los cuerpos perfectos, la vida perfecta. Es justamente en ese enfrentamiento consigo misma, en la aseveración de saber quién se es y en su eventual rescate, que se reconocen los personajes femeninos de los poemarios y narraciones de Nela Rio, quienes nunca se ven como víctimas sino que tienen el poder de renacerse. 

Los últimos dos poemas del Epílogo logran rotundamente cerrar este recorrido doloroso con un retorno de la mujer en el sentido más íntimo, más subjetivo y profundo de la palabra.  La mano que toca el pecho ausente (el pecho que se quiere como a un huérfano) en 'Camino a la vida' , es una mano que toca también una persona, un nombre. 

Quiero quedarme especialmente en el último poema de Nela Rio: 'La vida tiene alas', con la imagen de ese vestido que se quita la nueva mujer/ la mujer anterior, con el deseo de volver a conectarse con su sexualidad.  Es preciso quedarse allí en la ventana por donde pasa el amado antes de que caiga ese vestido, y un poco después, cuando la piel se llena de luz. 

Este poemario de Nela Rio no es autobiográfico sino que forma parte de un círculo de experiencias de la autora con mujeres de todos los frentes y de todas las ideologías.  Es innegable que este trabajo abre un diálogo con el cuerpo herido, identificándonos a todas con lo que somos: una ansiedad, un miedo, una presencia, una mano que acaricia, alguien que ama y necesita ser amado.

                                                              

                                                                                   


Gladys Ilarregui nació en la Argentina. Reside en Washington, D.C. desde 1983. Recibió su doctorado en Literatura de Catholic University y es actualmente directora de la Fundación Cultural Iberoamericana en la Universidad de Delaware. Ha publicado los siguientes libros: Indian Journeys (1993), Oficios y personas (1994), Guía para perplejos (1996), Poemas a Medianoche (1999), Como una viajera y sus postales (Like A Traveller and Her Postcards) (1999). La traducción de los primeros poemarios de Gladys Illarregui ("Indian Journeys", "Oficios y personas" y "Guía para perplejos") realizada por Judy B. McInnis ha sido publicada en edición bilingüe por University Press of the South, Louisiana, 1999. Ha recibido los premios: Federico García Lorca por Oficios y personas, Premio Plural de Poesía por  Indian Journey, trabajo que celebra las culturas indígenas, Editorial Excélsior, México, 1993, y Jorge Luis Borges, premio literario auspiciado por la Editorial EMECE, Argentina, por su colección titulada: Poemas a Medianoche, agosto, 1999.