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El
prestigioso escritor cubano J. A. Albertini, ha publicado tres novelas:
“Tierra de extraños”, “A orillas del paraíso”, “Cuando la
sangre mancha” y un libro de entrevistas “Miami Medical Team”.
Contribuye a periódicos y revistas literarias, la radio y televisión
hispanas. Miembro fundador del Pen Club de escritores cubanos en el exilio,
reside con su familia en los E.U.A. Nacido en Santa Clara, Provincia de
Las Villas, Cuba, el autor proyecta su ambiente geográfico a un plano
universal al reflejar la realidad de naciones desangradas por las
dictadura.
El artista ha recurrido aquí, a experiencias biográficas que nos
comparte en un contenido filosófico sin entelequias ni sofismas. Desde el
título del libro, Albertini nos sugiere la muerte inexorable de un país
estrangulado culturalmente. “Las revoluciones nacen y mueren en los
cementerios”, declara uno de sus personajes. El sepulturero Generoso
entrena a su sucesor, Felipito, que está condenado a la lobreguez cívica
y humana de las generaciones siguientes. Para enfatizar la perpetuación
de la tragedia de la Isla, afligida por la revolución, el autor recurre a
los recuentos literarios (flash-back) acerca del entierro de
Generoso. El relato adquiere
un matiz costumbrista al desenvolverse los personajes en un ambiente
cuajado de la cultura isleña y de su folklore autóctono. Las comidas,
supersticiones, sacramentos, música, apariciones y fantasmas nos ubican
en la región de las Antillas con sus sabores, aromas, sonidos y visiones tropicales.
La extraordinaria habilidad de este autor al detallar cada
“escena” del transcurrir comunal, transporta la imaginación a un
mundillo peculiar pero trascendente. Las novelas radiales dramatizadas
aportan el ingrediente que se convierte en el único medio de evasión
escapista para dar un descanso o distracción de la zozobra diaria. El
relato da la impresión única usada en el cine, cuando un cuadro pintado
adquiere repentinamente movimiento humano y vida auténtica. Aun el ritmo
pastoso y adormilado del efecto alcohólico en personajes desesperados por
su destino, imbuye la mente de una realidad fantástica. La lengua popular
se transforma en el condimento del giro popular y de la expresión local
metafórica. Incluso el título mismo de la novela es una trágica pero
impactante metáfora de la realidad de su país y de la de toda
nación que ha sufrido el grillo dictatorial. La narración es
enfocada con una magistral deliberación literaria, en la que el autor no
ceja de infiltrarnos en la pesadilla implacable que vive cada día un
pueblo oprimido. La muerte de Susanita y de Inmaculada nos espera en cada
rincón del devenir humano de la novela, para recordarnos la futilidad de
una mínima esperanza. Albertini parece asomar, desde estas páginas, su
mano agarrotada por un dolor patente, para asirse del corazón del lector
y, ello, sin un ápice de sentimentalismo ni de melancolía. El relato de
estos acontecimientos dramáticos llega al lector con una semántica
precisa e ingeniosa, que ilustra la estampa literaria de la página con
agudeza insuperable. Para citar una frase, al azar, y las hay en
abundancia, “la vida se congela en los ojos” de un personaje que muere,
en la novela. La muerte es un incidente vital dificilísimo de representar
con mérito en literatura, sin caer en lo mórbido, lo efectista y lo
chabacano, algo que está totalmente ausente de esta obra. Las aleaciones
verbales ingeniosas como “lengüilarga”, “zoncera”,
“flaquencia” etc., son otra muestra de su estilo peculiar. El giro
idiomático sorprende porque va más allá de la frase hecha y combina
vocablos con un acierto innovador.
Es refrescante leer una novela acerca de un tema tan recurrido, pero que
se las ingenia para aparecer fresca, a pesar de un aciago mensaje. Por fin
un autor que no escribe para otros autores ni intenta satisfacer modas ni
fórmulas aceptadas. Comentamos una novela que se lee “de una sentada”,
a pesar de su ambiente dolido y condenado a una diaria cadena perpetua. Su
prosa es luminosa, sobreponiéndose a la tragedia de la Isla, por su
tremendo poder ilustrativo. El lector se siente un observador alucinado
por el destino de seres que no tienen tregua para recuperar la respiración,
con un ritmo de aliento agitado por un devenir implacable y abrasador. El
autor nos injerta en un mundo cruel, en el que la tortura no solamente está
en la cámara de los horrores, sino en la aberración histórica que
significa la destrucción de la dignidad, el envenenamiento de almas, y la
corrupción del sentimiento humano. Saludemos una obra sobresaliente, de
un autor que obviamente vive una pasión por nuestro rico idioma y por la
representación artística de, tal vez, el más vituperable vía crucis de
la condición humana.
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René
León
nació
en La Habana, Cuba. Poeta, escritor, periodista, editor,
conferencista y profesor universitario. Es el editor de la revista Círculo
Poético del Círculo de Cultura Panamericano, del suplemento
literario Nuevas Páginas de la revista histórica-literaria
Pensamiento, y de la revista de literatura Minerva, de reciente
aparición. Ha publicado múltiples artículos y ensayos en diversas
publicaciones del ámbito hispanoamericano. Tiene más de veinte
libros, entre los que se destacan: Hernán Cortés y los hombres
que lo acompañaron a la conquista de México (1987), Los
chinos en Cuba (1980), La guerra racial en Cuba (1988), La
toma de La Habana por los ingleses en 1762 (1989), La prensa
en Matanzas. Cronología y bibliografía. (1990), San Cristóbal
de La Habana: desde su fundación hasta 1599. (1990), Fernando
Magallanes. El viaje inconcluso. (1994), Los restos de Cristóbal
Colón (1997) y Los hombres que vinieron al descubrimiento y
conquista de América (1998).
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