Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 17/18

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 



 

POETAS CHILENOS

 

ANTONIO ÁLVAREZ BÜRGER


Nació en Concepción, Chile. Poeta y periodista. El autor tiene publicadas numerosas obras en una variada gama de revistas y páginas literarias en la red, como Adamar,Athenea, Amnesia, México Volitivo, Los Lobos de Omaña, Margen Cero, El Ebro, Mondo Kronhela, Zona de Tolerancia, Tántalo, Poetas 2000, Revista Libre, El Club de los Poetas, Cantervill, Notivaga y El Catalejo, entre otras. Fue finalista del Tercer Maratón Electrónico de Poesía 2000, de la Fundación de Poetas de Mar del Plata y la Blinda Rosada (Argentina). Es socio de la Asociación Cultural Tántalo, de Cádiz (España), para cuya revista impresa escribe con regularidad. Poemas suyos han sido leídos en el programa “Rincón Literario” de la emisora 3 de Radio Nacional de España. Es igualmente columnista de uno de los diarios de su ciudad (Concepción), en Chile, donde escribe sobre temas de la cotidianeidad.


 

 

VADE MECUM
Tengo la idea de que mientras escriba
no me voy a morir y duermo afilando navajas
con el alba hasta expirar el día.
No permitiré que me maten fantasmas de pies fatigados
o me despierten en las calles
con fraudulosos violines de madera.
Ya ves, ahora me la paso garabateando en los muros
más altivos de la tierra, araño las níveas puertasde
las ciudades  y arrastro como obstinada pluma
mis huesos por los sepulcros.

Tengo cubierta la frente de edictos que me mandan
no morirme todavía, y de papiros con historias
fantásticas para reproducir en las páginas
de los árboles y de las flores.
Tengo obcecados diccionarios trepanando mi cabeza,
como trenes que bufan iracundos por túneles brumosos.

Para no desaparecer engullo miles de guías telefónicas

de las naciones más abundantes
y me baño a cada minuto en agua bendita,
sin dejar de hojear los vade mecum que he acumulado
en los tantos tiempos de locura.

Voy en cada segundo deletreando mi nombre
y los nombres no inventados todavía de los otros,
y creo canciones y novelas prodigiosas
y combato contra los tormentosos vientos del olvido
para no querer morirme hasta que me muera.

Yo pendido como araña de la tela frágil de lo
infinito,
y todo muere sin remedio.
Ya ves, un día no me quiero ir y escribo.
Estuve maldito y orinaba mis insomnios por las noches,

como si me pidieran que me quedara suspendido,
con el corazón atrofiado y sosegada la mirada.

Pero sigo escribiendo vade mecum en todas las paredes
que conozco, porque tengo la idea
de que no me voy a morir mientras escriba.  
Lo haré hasta no sé. Iré de nube en nube colgando
discursos, y de morada en morada
dejando el testimonio de mi contrato con la vida
para que nadie dude de mis intenciones de morirme
sólo cuando me llegue la muerte. Nunca antes.
Y es definitivo.

 

TE LO DIJE
Te va a llover a cántaros
sobre los ojos
y te traicionarán
los brazos y los pies
y se te va a quebrar
el cuerpo en dos,
te lo dije.

Mejor abre la boca
hasta sentir náuseas
y del cáliz bebe y bebe
el olvido.
Todo en un santiamén.
De otro modo,
no sé cómo vivirás
aspirando la inmundicia
del estremecimiento.

Te lo dije,
Aunque no quieras
tendrás que mirar al cielo
y danzar con las estrellas
al paso de su titilar.
Vendrá la lobreguez,
vendrá el llamado claudicar,
y aguzados estiletes llegarán
con desamparos de solemnidad
a imponer el silencio.

Te va a llover a cántaros
sobre los ojos,
te lo dije.

 

CARLOS E. BAIER


Nació en Rancagua, Chile (1971). Poeta y periodista para la prensa escrita, radio y televisión.  Se ha desempeñado como relator de boxeo y ciclismo y, además, como comentarista de fútbol en Radio Monumental, la radio del deporte de Chile. Actualmente es periodista del Canal 13 de la televisión chilena en el programa Saque partido a su dinero (SPD) y redactor fundador del diario deportivo La Pelota. Ha publicado 22 Voces de la Novisima poesia chilena (TiempoNuevo, 1994), Por el Ojo del mundo (LOM Ediciones, 1997) y Las Extensiones (Dibam, 1998). Pronto a publicar Una rosa es una rosa y otros relatopoemas fantasticos y Negril o las plantaciones de azúcar. Ha obtenido diversos premios, entre ellos: la  Beca de la Fundación Pablo Neruda, Premio José Donoso y Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha sido gestor y productor cultural, organizando diversas maratones literarias en Santiago de Chile y fue co-organizador del Primer Encuentro Latinoamericano de poetas jóvenes El Poeta Joven y su Libro, realizado también en Santiago de Chile.


 

ÉL, QUE BEBE DEL OSCURO VINO

I

 Él, que ve, no estará solo

                                                            

Algunos pájaros se marcharon

precipitadamente...

 

(Lewis Carrol)

 

Él, que bebe del oscuro vino, todo lo ve.

Porque él, que ve, estuvo antes en las cavernas del oro

Sentado en la numeración de la piedra que depositó antes el

                                                             [descenso de la furia

Que vino por el corazón que deseoso y poseso y lumínico cantó en

                                            [la oscuridad la fuga involuntaria.

La fuga que es desconocerse.

Volver a quemar un madero quemado; quemarse,

Que es no volver a tener hambre mirando los diamantes. Él, que ve,

Tuvo antes que embriagarse, tuvo, él que esconderse de sí mismo,

No verse el rostro en el espejo que olvidaron los bárbaros cuando se

                                                                            [retiraban

La persecución, el llamado que pegó en ti un nuevo rostro

Como una risotada. Él, que ve y no ve, si al caminar va contigo,

                                                                                [alguien,

Le ofrece el vino que antes destiló en los graneros que la noche

                                                                                 [visita:

La luz que apenas penetra lenta como una mula. Él, que bebe

Del oscuro vino.

Porque beber es desconocerse.

Porque beber es la fuga que él hizo a la tina donde durmieron los

                                                                               [suicidas.

Porque la fuga es desconocerse. Desconocerse es creer

Que entre las miradas del espanto, en el incendio,

La fuga que es el fuego, pero no, afirmaríamos que sí pero no,

No es el fuego, ni descifra en su llama los nombres que quedaron

                                               [por nombrarse en la visitación;

Ahí resurge la visión, los números de la Diáspora;

El escape del prestidigitador que dice que ve pero no ve. Porque él,

Que bebe del oscuro vino, no sólo ve; no estará solo,

Porque beber es ver y él, que ve, no estará solo,

Porque a él llegarán los pájaros que en otras latitudes no

                                                               [alcanzaron a morir

Él, que ve, escuchará narraciones extraordinarias en la voz secreta

                                                                         [de los físicos

Porque de él nacerá el deseo de leer el calendario del sol en el brillo

                                                                           [de la nieve

Él, cuando vea, podrá contar los números que el sol escribe cuando

                                                                                   [huye

Porque él, al ver, oirá el aullido de roncas tortugas que así quedaron

                                     [por cantar sin saber por qué cantaban.

Él, que ve y no huye, se queda, siente los sabores de la fiebre,

Sabrá que en el sudor las formas que se ven son el principio del

                                                                         [pensamiento

Él, cuando vea todo esto sabrá que es el delirio,

Él, que ve y no huye,

Sabe los números exactos de la lotería pero no los apuesta,

Porque ya se quemó cuando lo hizo, dio en el blanco, dio en el

                                                                                 [fuego,

ÉL, que lo hizo, cuando vigilaba la gruta de la lluvia.

 II

La visita es la persecución

Tengo miedo de  que los cuervos

se los lleven

(Anton Chéjov)

La vista será la persecución.

La visita será como los relatos fantásticos de un desorejado

Que nada escucha pero todo lo ve, él, que sin orejas

Escucha la humedad de las mañanas: Ahí vienen ellos

Los que sin orejas no sólo ven sino beben en el ahogo de la asfixia

Si no que y por qué no también, escuchan el desciframiento del oro

El miedo rameado y sudoroso y reptante

La fiebre del oro

El corazón delator

Las transmigraciones moras en busca de los últimos diamantes:

La visita será la persecución.

Los relatos fantásticos de nosotros los locos

Ahora que estamos todos locos con la luz del sol o la nada

Con situaciones increíblemente más trascendentales

Que suelen ser ocultas por el brillo del oro

Las maravillas que alguien fue a buscar por la ruta de la seda

Eso es lo que buscan

Y por eso beben. La visita será la persecución.

La sentencia que vimos en las estrellas hermosas

Porque vienen a toda velocidad hacia la noche como rayos

Formas aéreas de lo innumerable

Lo que no se conoce, no se dice

La memoria de la representación que alguna vez tuvo ese sentido

Pero que fue superado por las transmigraciones:

El sentido de la visita

El sentido de la fiebre

La fiebre del oro

El sentido del corazón delator que trepa, se fuga o repta

La mareante sucesión de los muertos paseándose por las calles

Cuando el que va, visita;

El peregrino que alguna vez anduvo por la ruta de los tártaros, y

                                                                        [hoy, vuelve

A la ciudad

Como el deseoso que huyó de las maravillas. La visita es la

                                                                       [persecución.

III

 Él, que bebe del oscuro vino

(un breve paréntesis)

 Él, que bebe del oscuro vino

Verá la pradera tan extensa como un desierto,

A los jóvenes de la nación volver cargados con la semilla que dejó

                                                                                 [la trilla

Hecha a palos, al sol

Que se dejó caer tras los graneros que la noche aún visita.

Los jóvenes de la nación,

Los mismos que soñaron con madurar la semilla del campo bajo el sol

Y caminaron descalzos sobre la espina que vieron brillar

Cuando la luna salió tras el granero. Vuelven a casa

Dejando atrás el grito de los gordos patos que van muriendo. Él,

Que bebe del oscuro vino, sacudirá el trigo

Todavía en sus pantalones; la mezclilla que cuelga de una estaca

Cuando el viento silba en los techos como el pito

De una industria por la tarde. Los jóvenes de la nación

Irán deseosos a beber del oscuro vino

Sin saber las últimas noticias

De tibios planetas vistos por lentes de cien aumentos

Donde nadie habita, y donde el hombre,

En veloces cohetes habrá llegado con su ciencia. Pensarán 

En cómo sembrar nuevamente los cañaverales, en qué sacos

Echar los limones que ya maduraron.

No creerán en la ausencia de agua. Cómo pega el sol.

Cómo crecerá el trigo en la tormenta oeste del repentino viento. Él,

Que bebe del oscuro vino, mirando sin ver

Las últimas gallinas que saltan en el patio del barro hacia a las flores, Regresará, con los jóvenes de la nación

Por la amarilla pradera, sudorosos,

Con los canastos llenos

Ignorando las noticias frescas del espacio, así,

Como a unas cuantas moscas que molestan arriba de la fresca mantequilla. No importará la tormenta.

No importará el viento.

Los jóvenes de la nación que vieron antes el brillo del azúcar,

Irán pasado el mediodía, con él,

Que bebe del oscuro vino, a dormir siesta bajo los dorados molinos. 

 

IV

 

La delación  

Habló de las noches luminosas cuando los muchachos corren

con antorchas encendidas sobre el hielo reluciente, tan

transparente, que se ven los peces asustarse bajo sus

pies. (Hans Christian Andresen)

                                           

Y si esta noche de ronda estoy así, jodido

Tremendamente jodido, en las explicaciones que delatoras

En la reptante fatalidad que no abandona, juran

La imagen que no vemos al dar la vuelta

Las aves que no volaron y ahí también se quedaron

Recibiendo el sol, la ausencia que decapita

Subdivide la memoria que cuenta las narraciones subterráneas.

Cuento viejo: la libertad que es el dolor ahí resurge

En la fuga hacia el fuego que hacen los lagartos

Cuando la nieve deja de caer, jodido,

Tremendamente jodido.

Porque no tengo explicación a la razón que de a golpes

Prende lo que deja en el lugar de las flores

Al que no llegué

Una noche de ronda

Una noche de crímenes

Con los ojos o los oídos o las narices llenos de cerilla

Pómulos llenos

La barbilla amarillenta, las manos del cigarro que aún permanece

Iluminando la oscuridad en la gruta de la lluvia

En la gruta donde alguien escribió el miedo con el hielo

Allí, en la reproducción de una apuesta

Que se hizo justo cuando alguien moría; la participación

Del desolado que convoca, deriva o dicta

Los números que nadie ha descifrado de las piedras

Y por eso está solo, él que bebe del oscuro vino

Y por eso, lo vio todo desde antes, él

Que tremendamente jodido lo vio todo

Sintió desde antes la numeración de las mutilaciones

Pero no pudo traerse las piedras

Que no cruzaron por la gruta donde se escondió el escarabajo 

Que antes trepó, despareció o fue suspendido por la lluvia

Porque el que quedó solo fue delatado

Fue reclamado en la extensión del pensamiento que cuando fue

Ido, descubrió que todo le había sido arrebatado

La prolongación de los nombres que no fueron encontrados

El nombre, el suyo, que no le fue hallado cuando vio el vino que

                 [antes destiló en los graneros que la noche aún visita

Y que por eso quedó solo, él, que mareado,

Fue antes a recolectar el oro en las cavernas donde nacen los

                                                                               [dolores.