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ANTONIO
ÁLVAREZ BÜRGER
Nació
en Concepción, Chile. Poeta y periodista. El autor tiene publicadas
numerosas obras en una variada gama de revistas y páginas
literarias en la red, como Adamar,Athenea, Amnesia, México Volitivo,
Los Lobos de Omaña, Margen Cero, El Ebro, Mondo Kronhela, Zona de
Tolerancia, Tántalo, Poetas 2000, Revista Libre, El Club de los
Poetas, Cantervill, Notivaga y El Catalejo, entre otras. Fue
finalista del Tercer Maratón Electrónico de Poesía 2000, de la
Fundación de Poetas de Mar del Plata y la Blinda Rosada
(Argentina). Es socio de la Asociación Cultural Tántalo, de Cádiz
(España), para cuya revista impresa escribe con regularidad. Poemas
suyos han sido leídos en el programa “Rincón Literario” de la
emisora 3 de Radio Nacional de España. Es igualmente columnista de
uno de los diarios de su ciudad (Concepción), en Chile, donde
escribe sobre temas de la cotidianeidad.
VADE
MECUM
Tengo la idea de que mientras escriba
no me voy a morir y duermo afilando navajas
con el alba hasta expirar el día.
No permitiré que me maten fantasmas de pies fatigados
o me despierten en las calles
con fraudulosos violines de madera.
Ya ves, ahora me la paso garabateando en los muros
más altivos de la tierra, araño las níveas puertasde
las ciudades y arrastro como obstinada pluma
mis huesos por los sepulcros.
Tengo cubierta la frente de edictos que me mandan
no morirme todavía, y de papiros con historias
fantásticas para reproducir en las páginas
de los árboles y de las flores.
Tengo obcecados diccionarios trepanando mi cabeza,
como trenes que bufan iracundos por túneles brumosos.
Para no desaparecer engullo miles de guías telefónicas
de las naciones más abundantes
y me baño a cada minuto en agua bendita,
sin dejar de hojear los vade mecum que he acumulado
en los tantos tiempos de locura.
Voy en cada segundo deletreando mi nombre
y los nombres no inventados todavía de los otros,
y creo canciones y novelas prodigiosas
y combato contra los tormentosos vientos del olvido
para no querer morirme hasta que me muera.
Yo pendido como araña de la tela frágil de lo
infinito,
y todo muere sin remedio.
Ya ves, un día no me quiero ir y escribo.
Estuve maldito y orinaba mis insomnios por las noches,
como si me pidieran que me quedara suspendido,
con el corazón atrofiado y sosegada la mirada.
Pero sigo escribiendo vade mecum en todas las paredes
que conozco, porque tengo la idea
de que no me voy a morir mientras escriba.
Lo haré hasta no sé. Iré de nube en nube colgando
discursos, y de morada en morada
dejando el testimonio de mi contrato con la vida
para que nadie dude de mis intenciones de morirme
sólo cuando me llegue la muerte. Nunca antes.
Y es definitivo.
TE
LO DIJE
Te va a llover a cántaros
sobre los ojos
y te traicionarán
los brazos y los pies
y se te va a quebrar
el cuerpo en dos,
te lo dije.
Mejor abre la boca
hasta sentir náuseas
y del cáliz bebe y bebe
el olvido.
Todo en un santiamén.
De otro modo,
no sé cómo vivirás
aspirando la inmundicia
del estremecimiento.
Te lo dije,
Aunque no quieras
tendrás que mirar al cielo
y danzar con las estrellas
al paso de su titilar.
Vendrá la lobreguez,
vendrá el llamado claudicar,
y aguzados estiletes llegarán
con desamparos de solemnidad
a imponer el silencio.
Te va a llover a cántaros
sobre los ojos,
te lo dije.
CARLOS
E. BAIER
Nació
en Rancagua, Chile (1971). Poeta y periodista para la prensa escrita,
radio y televisión. Se
ha desempeñado como relator de boxeo y ciclismo y, además, como
comentarista de fútbol en Radio Monumental, la radio del deporte de
Chile. Actualmente es periodista del Canal 13 de la televisión
chilena en el programa Saque partido a su dinero (SPD) y redactor
fundador del diario deportivo La Pelota. Ha publicado 22 Voces de
la Novisima poesia chilena (TiempoNuevo, 1994), Por el Ojo
del mundo (LOM Ediciones, 1997) y Las Extensiones (Dibam,
1998). Pronto a publicar Una rosa es una rosa y otros
relatopoemas fantasticos y Negril o las plantaciones de azúcar.
Ha obtenido diversos premios, entre ellos: la
Beca de la Fundación Pablo Neruda, Premio José Donoso y
Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha sido gestor y
productor cultural, organizando diversas maratones literarias en
Santiago de Chile y fue co-organizador del Primer Encuentro
Latinoamericano de poetas jóvenes El Poeta Joven y su Libro,
realizado también en Santiago de Chile.
ÉL,
QUE BEBE DEL OSCURO VINO
I
Él,
que ve, no estará solo
|
Algunos
pájaros se marcharon
precipitadamente...
(Lewis
Carrol)
|
Él,
que bebe del oscuro vino, todo lo ve.
Porque
él, que ve, estuvo antes en las cavernas del oro
Sentado
en la numeración de la piedra que depositó antes
el
[descenso
de la furia
Que
vino por el corazón que deseoso y poseso y lumínico cantó en
[la oscuridad la fuga involuntaria.
La
fuga que es desconocerse.
Volver
a quemar un madero quemado; quemarse,
Que
es no volver a tener hambre mirando los diamantes. Él, que ve,
Tuvo
antes que embriagarse, tuvo, él que esconderse de sí mismo,
No
verse el rostro en el espejo que olvidaron los bárbaros cuando se
[retiraban
La
persecución, el llamado que pegó en ti un nuevo rostro
Como
una risotada. Él, que ve y no ve, si al caminar va contigo,
[alguien,
Le
ofrece el vino que antes destiló en los graneros que la noche
[visita:
La
luz que apenas penetra lenta como una mula. Él, que bebe
Del
oscuro vino.
Porque
beber es desconocerse.
Porque
beber es la fuga que él hizo a la tina donde durmieron los
[suicidas.
Porque
la fuga es desconocerse. Desconocerse es creer
Que
entre las miradas del espanto, en el incendio,
La
fuga que es el fuego, pero no, afirmaríamos que sí pero no,
No
es el fuego, ni descifra en su llama los nombres que quedaron
[por nombrarse
en la visitación;
Ahí
resurge la visión, los números de la Diáspora;
El
escape del prestidigitador que dice que ve pero no ve. Porque él,
Que
bebe del oscuro vino, no sólo ve; no estará solo,
Porque
beber es ver y él, que ve, no estará solo,
Porque
a él llegarán los pájaros que en otras latitudes no
[alcanzaron
a
morir
Él,
que ve, escuchará narraciones extraordinarias en la voz secreta
[de los físicos
Porque
de él nacerá el deseo de leer el calendario del sol en el brillo
[de
la nieve
Él,
cuando vea, podrá contar los números que el sol escribe cuando
[huye
Porque
él, al ver, oirá el aullido de roncas tortugas que así quedaron
[por cantar sin saber por qué cantaban.
Él,
que ve y no huye, se queda, siente los sabores de la fiebre,
Sabrá
que en el sudor las formas que se ven son el principio del
[pensamiento
Él,
cuando vea todo esto sabrá que es el delirio,
Él,
que ve y no huye,
Sabe
los números exactos de la lotería pero no los apuesta,
Porque
ya se quemó cuando lo hizo, dio en el blanco, dio en el
[fuego,
ÉL,
que lo hizo, cuando vigilaba la gruta de la lluvia.
II
La
visita es la persecución
|
Tengo
miedo de que los cuervos
se
los lleven
(Anton
Chéjov) |
La
vista será la persecución.
La
visita será como los relatos fantásticos de un desorejado
Que
nada escucha pero todo lo ve, él, que sin orejas
Escucha
la humedad de las mañanas: Ahí vienen ellos
Los
que sin orejas no sólo ven sino beben en el ahogo de la asfixia
Si
no que y por qué no también, escuchan el desciframiento del oro
El
miedo rameado y sudoroso y reptante
La
fiebre del oro
El
corazón delator
Las
transmigraciones moras en busca de los últimos diamantes:
La
visita será la persecución.
Los
relatos fantásticos de nosotros los locos
Ahora
que estamos todos locos con la luz del sol o la nada
Con
situaciones increíblemente más trascendentales
Que
suelen ser ocultas por el brillo del oro
Las
maravillas que alguien fue a buscar por la ruta de la seda
Eso
es lo que buscan
Y
por eso beben. La visita será la persecución.
La
sentencia que vimos en las estrellas hermosas
Porque
vienen a toda velocidad hacia la noche como rayos
Formas
aéreas de lo innumerable
Lo
que no se conoce, no se dice
La
memoria de la representación que alguna vez tuvo ese sentido
Pero
que fue superado por las transmigraciones:
El
sentido de la visita
El
sentido de la fiebre
La
fiebre del oro
El
sentido del corazón delator que trepa, se fuga o repta
La
mareante sucesión de los muertos paseándose por las calles
Cuando
el que va, visita;
El
peregrino que alguna vez anduvo por la ruta de los tártaros, y
[hoy,
vuelve
A
la ciudad
Como
el deseoso que huyó de las maravillas. La visita es la
[persecución.
III
Él,
que bebe del oscuro vino
(un
breve paréntesis)
Él,
que bebe del oscuro vino
Verá
la pradera tan extensa como un desierto,
A
los jóvenes de la nación volver cargados con la semilla que dejó
[la
trilla
Hecha
a palos, al sol
Que
se dejó caer tras los graneros que la noche aún visita.
Los
jóvenes de la nación,
Los
mismos que soñaron con madurar la semilla del campo bajo el sol
Y
caminaron descalzos sobre la espina que vieron brillar
Cuando
la luna salió tras el granero. Vuelven a casa
Dejando
atrás el grito de los gordos patos que van muriendo. Él,
Que
bebe del oscuro vino, sacudirá el trigo
Todavía
en sus pantalones; la mezclilla que cuelga de una estaca
Cuando
el viento silba en los techos como el pito
De
una industria por la tarde. Los jóvenes de la nación
Irán
deseosos a beber del oscuro vino
Sin
saber las últimas noticias
De
tibios planetas vistos por lentes de cien aumentos
Donde
nadie habita, y donde el hombre,
En
veloces cohetes habrá llegado con su ciencia. Pensarán
En
cómo sembrar nuevamente los cañaverales, en qué sacos
Echar
los limones que ya maduraron.
No
creerán en la ausencia de agua. Cómo pega el sol.
Cómo
crecerá el trigo en la tormenta oeste del repentino viento. Él,
Que
bebe del oscuro vino, mirando sin ver
Las
últimas gallinas que saltan en el patio del barro hacia a las
flores, Regresará, con los jóvenes de la nación
Por
la amarilla pradera, sudorosos,
Con
los canastos llenos
Ignorando
las noticias frescas del espacio, así,
Como
a unas cuantas moscas que molestan arriba de la fresca mantequilla.
No importará la tormenta.
No
importará el viento.
Los
jóvenes de la nación que vieron antes el brillo del azúcar,
Irán
pasado el mediodía, con él,
Que
bebe del oscuro vino, a dormir siesta bajo los dorados molinos.
IV
La delación
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Habló
de las noches luminosas cuando los muchachos corren
con
antorchas encendidas sobre el hielo reluciente, tan
transparente,
que se ven los peces asustarse bajo sus
pies.
(Hans Christian Andresen) |
Y
si esta noche de ronda estoy así, jodido
Tremendamente
jodido, en las explicaciones que delatoras
En
la reptante fatalidad que no abandona, juran
La
imagen que no vemos al dar la vuelta
Las
aves que no volaron y ahí también se quedaron
Recibiendo
el sol, la ausencia que decapita
Subdivide
la memoria que cuenta las narraciones subterráneas.
Cuento
viejo: la libertad que es el dolor ahí resurge
En
la fuga hacia el fuego que hacen los lagartos
Cuando
la nieve deja de caer, jodido,
Tremendamente
jodido.
Porque
no tengo explicación a la razón que de a golpes
Prende
lo que deja en el lugar de las flores
Al
que no llegué
Una
noche de ronda
Una
noche de crímenes
Con
los ojos o los oídos o las narices llenos de cerilla
Pómulos
llenos
La
barbilla amarillenta, las manos del cigarro que aún permanece
Iluminando
la oscuridad en la gruta de la lluvia
En
la gruta donde alguien escribió el miedo con el hielo
Allí,
en la reproducción de una apuesta
Que
se hizo justo cuando alguien moría; la participación
Del
desolado que convoca, deriva o dicta
Los
números que nadie ha descifrado de las piedras
Y
por eso está solo, él que bebe del oscuro vino
Y
por eso, lo vio todo desde antes, él
Que
tremendamente jodido lo vio todo
Sintió
desde antes la numeración de las mutilaciones
Pero
no pudo traerse las piedras
Que
no cruzaron por la gruta donde se escondió el escarabajo
Que
antes trepó, despareció o fue suspendido por la lluvia
Porque
el que quedó solo fue delatado
Fue
reclamado en la extensión del pensamiento que cuando fue
Ido,
descubrió que todo le había sido arrebatado
La
prolongación de los nombres que no fueron encontrados
El
nombre, el suyo, que no le fue hallado cuando vio el
vino que
[antes
destiló en los graneros que la noche aún visita
Y
que por eso quedó solo, él, que mareado,
Fue
antes a recolectar el oro en las cavernas donde nacen los
[dolores.
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