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PASCUAL
GARCÍA
Nació
en Moratalla, España (1962). Es profesor de Lengua y Literatura
Española. Ha participado en las siguientes antologías: Cuentos
de verano (Murcia, 1997), De literatura murciana actual (Murcia,
1998) y 20 voces nuestras (Murcia, 1998). Ha obtenido premios
en diversos certámenes literarios. Ha publicado: El intruso,
libro de cuentos que escribió con una Beca del Ministerio de
Cultura (1995), Fábula del tiempo, su primer libro de poemas
(1999), y su libro de cuentos Todos los días amor, que mereció
una Mención Honorífica en el certamen “Libro murciano del año
1999”. En la actualidad ejerce funciones de crítico literario en
el diario La Verdad de Murcia.
LOCUS
AMOENUS
En
alguna parte del cielo existe
un
territorio para guardar sueños,
un
país de mentira donde pasan
las
cosas importantes cada noche,
un
pedazo del mundo reservado
para
nosotros dos que no supimos
estar
el uno con el otro siempre
aquí
abajo, en el ámbito del día
donde
despiertan los hombres que ignoran
el
mejor camino de vuelta a casa.
Imagino
que allá arriba suceden
los
besos, el goce de la piel, manos
entregadas
al prodigio del tiempo,
bocas
de insomnio dulce y de belleza,
acostumbradas
a parar el mundo
y
animales sin nombre que nos llenan
la
estancia de leche y de olores rancios,
pero
en este lado del mundo somos
una
mujer y un hombre sobre un lecho
de
hierba en el confín del paraíso,
entretenidos
en pequeñas cosas
para
que el tiempo no ose detenernos
tan
caprichosamente como suele,
y
nos permita un último minuto,
un
deseo postrero, un vino póstumo,
mientras
te beso la mano de plata
y
nos cogemos del talle abrazados
para
bailar esa música triste
de
todos los finales, en los cines
de
barrio, en el cielo de viejas calles,
en
los pueblos de niñez y de frío,
sucias,
húmedas y oscuras, malditas
calles
de infancia que llevan al cielo
por
callejones manchados de orines,
por
pasadizos lóbregos de cierzo,
tú
y yo juntos cogidos de la mano,
como
toda la vida, contrariados,
a
la búsqueda del último cielo.
(De
“Luz para comer el pan”)
VOLVER
Vuelvo
a la vieja casa en que nací,
y
son mis padres quienes me reciben
en
el atardecer
de
tierra y de cambrones,
bajo
los mismos cerros del pasado.
Esta
luz invernal entra en los ojos
y
provoca el milagro de las cosas
que
han dormido tantos años, ocultas
en
el frío ocioso, recuperadas
en
la tarde que celebra el tiempo,
y
es, ahora, junto a las manos lánguidas
que
recuerdan mi rostro y tocan dulces
la
verdad de los días que perdieron,
cuando
surgen de los cofres de polvo,
de
las profundidades de las cajas
y
de los armarios que escondieron
el
olor de la fiebre,
la
vanidad del niño
frente
a la ventana, mientras la lluvia
mojaba
los tejados,
y
aquel sueño pulcro de la nieve
era
certeza y fuego en el hogar...
Es
tarde en la cocina. El viento muerde
en
las ventanas y arden los troncos
que
mi padre ha cortado con paciencia.
Viene
su voz de lejos y huele a fruta
y
almendras, y trae pequeños pájaros,
caracoles
blancos y rojos nízcalos
que
mi madre limpia de tierra y briznas.
Cuando
la noche entra en la casa, hablamos
de
sus cuerpos encorvados, del trabajo
de
sus manos ásperas, modeladas
con
frío. Escucho voces y palabras
parecidas,
de pronto, al resignado
acontecer
que compartí con ellos,
como
si el nuevo aire del invierno
acercara
las palabras antiguas
y
sus labios repitieran fugaces
los
menudos deseos incumplidos,
pero
también la dicha de tener
tan
cerca al niño que criaron, al hombre
que
los mira con ternura y respeto.
Por
eso, en la madrugada, evoco
la
templanza de todos los sucesos
que
la penumbra hospeda:
el
dolor que contuve frente al sueño
es
ya vestigio de otra edad; otro
silencio
alberga el dormitorio, pero
el
que fue, bajo las sábanas húmedas
y
los amaneceres fríos,
queda
en
el aire, suspendido en la grave
resonancia
de la noche. Es sonido
de
solitarias músicas
retornadas
a la paz de la casa
dormida
en el invierno. Oigo clamor
y
furia antes de la entrega, estrépito
de
pasos y angélicos murmullos.
Bajo
la tempestad
de
estruendos y pavesas la gloria
del
olvido es vendaval de sombras.
Nace
la luz en la ventana abierta.
Mientras
bebo el café retengo el suave
discurrir
de la mañana en silencio.
Es
hora de partir y me despido
de
sus manos con tristeza; abrazo
el
cuerpo de mi madre y beso el rostro
de
lágrimas que sube hasta mi rostro
tan
delicadamente
que
apenas noto el tacto de su brisa.
Por
el camino, entre los árboles
escuálidos
y los primeros brotes
de
la hierba, es la memoria el sufrimiento
de
cuanto permanece.
Con
doloroso afán
tocan
mis pies la tierra que he perdido.
(De
“Fábula del tiempo”)
IN
MEMORIAM
Veo
a mi abuelo en el dolor del tiempo,
Viste
chaleco y fuma picadura,
Y
lleva de la mano a un niño tímido
Que
juega a la pelota.
Pasan
los años y la muerte tiene
El
color de los sueños incumplidos,
Pero
mi abuelo entra en la cocina
Y
prende el fuego lentamente, y fuma
Un
cigarro maltrecho,
Mientras
la luz se extingue
Y
cae la nieve sobre la paz
De
la calle, al otro lado del mundo.
Veo
la mano de mi abuelo herida
Y
siento frío, es el trabajo duro
De
acarrear la leña desde el monte
A
la casa, cada otoño. La sangre
Mana
y empapa su camisa blanca,
Pero
toda la leña está ya dentro,
Recién
cortada y huele a vida y a savia,
Como
las manos de mi abuelo heridas
Por
un sinfín de guerras.
En
el invierno contará su historia,
Sentado
junto al fuego,
Y
mentirá tal vez al niño tímido
Que
escucha su relato embelesado
Y
desconoce la verdad del tiempo.
Pasan
los años y la vida tiene
El
color de los sueños incumplidos,
Pero
mi abuelo ya no está en la casa,
Y
el invierno muerde en las esquinas
Impiadoso
como un presagio oscuro.
Oigo
entonces de nuevo sus palabras,
Casi
surgidas de una edad confusa,
Y
siento frío y unas manos encienden
El
fuego lentamente
Como
llegadas de un mundo sin prisas
Para
consolarme con su calor.
Son
las manos de un espíritu amigo
Que
desde la sombra, desde lo oscuro
Me
protege como un ángel custodio.
La
nieve cae afuera y hace frío,
Pero
en la chimenea alguien fuma
Con
parsimonia como si los años
No
hubiesen pasado y la muerte olvide
Generosamente
a sus elegidos.
(De
“El invierno en sus brazos”)
Nació
en Orihuela, España (1941). Poeta y periodista. Forma parte del
Equipo de Redacción de la Revista “El ia io” del (CEAM) de la
Conselleria de Treball y Afers Socials de la Generalitat Valenciana,
en la que viene publicando regularmente su página titulada
“Espejo, rincón del alma poética” desde 1994. Sus poemas han
sido publicados en el Internet en: Revista Literaria Baquiana,
Terra-Canal Cultura, World Online, Revista Cultural Voces, Revista
Che Lagarto y Centro de Estudios Poéticos de Madrid, entre otros.
En diarios y revistas impresas de España han aparecido sus artículos,
entrevistas y poemas
en: Diario Información,
El País, ABC, La Verdad, la Gaceta de Orihuela y las revistas
comarcales oriolanas, Conservatorio de Música Pentágrama,
Portada y La Lucerna. En
los Estados Unidos: en los cuadernos de poesía “Carta Lírica”
(Miami), en los anuarios impresos de la Revista Literaria Baquiana
(Miami) y en el semanario “La Información” de Houston, Texas.
Ha participado en programas radiales en España y en los Estados
Unidos. Tiene tres libros de poemas inéditos: Impronta de mis
huellas, Poemas de amor y vida y otros oníricos, y Naturaleza
y sentimientos. Ha sido incluido en la Antología del I Ciclo
de Lecturas de Poesía Temática, Poetas de Alicante y Murcia
(2001).
IBAN
LOS OTOÑALES DEDOS EQUINOCCIALES
desnudando las ramas, liberando las
hojas que el viento mecía
e ilesas y pausadamente caían, en
mullido colchón añejo,
hojarasca entre rubial y rubescente
al pie de la sierra, donde estaba el
cementerio viejo.
Doradas notas de una otoñal melodía
en las frías pero suaves bóreas
mediterráneas
en clave de gravedad y sol, poco a
poco... al pentagrama caían.
El potente sol dibujaba el contorno de
las hojas
al filtrar sus rayos entre ellas,
y, les daba un mágico matiz y aureola.
En la senectud la belleza
en todo, descubramos
y, el éxtasis viviremos.
CONTRASTES
AMOROSOS
Tú, eres para mí, al tiempo,
el frío viento en la alta sierra
y la cálida brisa mediterránea en el
estío.
Eres como la fiebre y la enfermedad,
a la vez, que la repentina curación y
su lucidez.
Eres, el enmudecer de la voz en mis trémulos
labios
junto a la elocuencia aromática del
verso.
Como resistir una oscura tempestad
y amanecer en una apacible playa.
Por fin despertar,
abrir los ojos, tras una horrible
pesadilla
y sentirme junto a ti, en el
confortable lecho conyugal.
SISTEMA
ECUACIONAL DE ANTAGONISMO
¿Qué fue antes, la luz
o la oscuridad?.
¿Qué fue antes, la verdad
o la mentira?.
¿Para qué sirve la luz,
sin la tenebrosa oscuridad?.
¿Para qué sirve la oscuridad,
sin la claridad de la luz?.
¿Serviría la verdad
sino existiese la mentira?.
¿Para qué serviría la luz
sino existiese oscuridad?
La sombra es la ausencia de la luz.
¿A quién pertenece la sombra,
al objeto o a la luz?.
¿Es la sombra el regalo de la luz
para el objeto?;
¿o quizás es el obsequio del objeto,
para el descanso de la luz?.
¿Debe ser la mentira,
un refugio para la amarga verdad?.
¿Cuántas verdades existen...;
son tres?
La verdad es siempre la parte a
discernir,
entre puntos diferentes de vista.
El
tuyo...el mío...y, la realidad.
JAMÁS
TE DEJARÉ
Si
algún día despiertas
y ves que ya no estoy,
llama en tu memoria
de allí yo no me voy...;
¡Salvifícame y te contestaré!.
Si deseas escucharme,
búscame entre mis versos
(hechos con mi sentir y carne)
de allí
jamás me iré.
Cuando abatida por mi ausencia estés;
(vuelvo a repetir, y puedo asegurar):
busca entre mis versos
que allí siempre estaré.
QUÉ
BELLO ATARDECER,
allí estábamos dichosos los tres:
tú, yo y el silencio.
Tú y yo sangrábamos,
de felicidad, por dentro
y, sólo rompía el silencio
la cristalina música del agua.
DESEO
VER LA LUZ DE LAS PALABRAS...
Deseo ver la luz de las palabras
con la transparencia del agua clara,
recoger la claridad del verbo,
vislumbrar las frases exactas...
sin que falte ni sobre una palabra.
Ver el logro de la diafanidad
de la luz sobre mis propios vocablos.
Deseo penetrar en la eficiencia y
facultad
de deleitar..., que broten de mis
ardentísimos labios
las metáforas para conmover, arrullar,
con ellas, una y mil veces a mi amada.
Por ella, sólo por ella.
¡Quisiera ver la luz de las palabras,
penetrar de lleno en la elocuencia!.
Nació
en Alicante, España (1963). Poeta y narrador. Licenciado en
Historia del Arte por la Universidad de Murcia. Reside en Orihuela y
es colaborador habitual en diversas revistas de creación literaria:
Empireuma, Luces y Sombras. Posee, entre otros premios de poesía,
el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, el Premio Ciudad de
Arnedo, el Premio Paco Molla, el Premio Manuel Ordóñez Sánchez,
el Premio Maxi Banegas y el Premio Real Sitio y Villa de Aranjuez.
En narrativa ha obtenido el Premio de Narrativa Corta Villa de
Crevillente, Premio de Narrativa Villar de Guardamar y el Premio de
Cuentos Alfonso Martínez Mena. Ha publicado los poemarios:
Hasta ya no más Nunca (1999), Quedan las palabras
(2000), el cuaderno de la colección Alimentando lluvias del
Instituto de Cultura Juan Gil Albert “Los deseos impuros”
y Tal vez como si nunca, XIII Premio de Poesía Esperanza Spínola
del Ayuntamiento de Teguise, Lanzarote (2001). Ha sido incluido en
las antologías: Primera Antología de poesía temática
Alicante-Murcia y Al aire nuevo (2001) Ediciones Desierto.
TAL
VEZ COMO SI NUNCA
(1)
COMO
UN LENTO PRESAGIO que se extingue,
nuestro
amor. Como sombras furtivas,
las
palabras. Y estos versos que duelen
como
perros heridos. Estos versos de agua
que
fluyen desbocados por el cauce perfecto
del
silencio. Y también los recuerdos
y
los gestos, la rutina habitable de tus labios,
las
ruinas de aquel sueño que nuestro fue.
Como
un lento presagio se extingue nuestra fe.
Han
de quedar de nuestro amor templos
y
palacios y el distante eco del humo
dormido
en tus ojos. Han de quedar,
las
palabras, los versos.
(2)
LAS
PALABRAS, los versos
que
se inclinan ante los acertijos de tu nombre,
las
horas compartidas,
el
rito del deseo como una pescadilla
que
se muerde la cola, la distancia
que
separa la muerte del adiós,
el
pan de cada día y el sudor de la frente,
los
álamos desnudos, los hoteles
donde
escribí te quiero en los espejos,
la
amenaza del viento en las estatuas
mientras
mayo paseaba de la mano
junto
a nosotros dos por los versos de Rilke,
que
como parques misteriosos eran,
el
ritmo, la tenue trepidación de las olas
cuando
besan la playa donde fuimos arena
y
mansedumbre, la certeza
de
no volverte a quere como te quiero;
desesperada
y tercamente.
(3)
DESESPERADA
y tercamente,
las
palabras, los versos, los instantes
aferrándose
a la falsa liturgia de unas manos
que
consagran palomas como peces
sobre
la luz corrupta del almendro.
Palabras
como instantes.
Instantes
como versos vesiánicos,
como
los fríos despojos de una fiesta
al
final del verano que unió nuestros destinos.
Para
siempre un instante,
como
si nada fuese todo y ardieran los recuerdos.
Como
si estuviera en tu mano devolver al presente
la
ceniza y otros signos celestes.
(4)
LA
CENIZA Y OTROS signos celestes,
perviven
en nosotros, porque nosotros somos
el
cuchillo y la sangre. Y también
la
mancha de saliva en la piel del espejo
y
ese verso exquisito y terrible de Vallejo:
fue
domingo en las claras orejas de mi burro.
Domingo
fue, cuando nos conocimos,
cuando
bebí mi adolescencia a tragos en tus labios
y
arrojé los prejuicios por la borda.
Desde
entonces, nuestras manos claudican,
arrugan
servilletas y emociones
y
embarcan la tristeza en barcos de papel.
Desde
entonces mis versos son de agua
para
que tú los bebas
en
el umbral de cuanto desconozco.
(5)
EN
EL UMBRAL de cuanto desconozco,
a
las puertas de los templos antiguos,
la
emoción se remansa, el deseo perdura,
el
reloj del amor nos besa en las mejillas
como
un sol cotidiano.
Como
el ingrato cuervo que nos saca los ojos,
nos
promete la vida una derrota,
aunque
no siempre acierta en el castigo.
En
los libros que ardieron,
en
la palabra antorcha lo he leído.
en
las ceniza de tus antepasados,
en
forma de acertijo, está escrito tu nombre.
Como
el ciego predicador de las montañas
soy
la sombra de un corazón que late.
(6)
SOY
LA SOMBRA FURTIVA de un corazón que late
debajo
de las piedras de los días.
Soy
la mano que traza los mapas del desastre
sobre
la piel donde palpita el arte.
En
la tierra baldía del olvido
he
sembrado las ortigas del llanto.
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