Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 17/18

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

[FrontPage Save Results Component]

Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 



 

POETAS ESPAÑOLES

 

PASCUAL GARCÍA


Nació en Moratalla, España (1962). Es profesor de Lengua y Literatura Española. Ha participado en las siguientes antologías: Cuentos de verano (Murcia, 1997), De literatura murciana actual (Murcia, 1998) y 20 voces nuestras (Murcia, 1998). Ha obtenido premios en diversos certámenes literarios. Ha publicado: El intruso, libro de cuentos que escribió con una Beca del Ministerio de Cultura (1995), Fábula del tiempo, su primer libro de poemas (1999),  y su libro de cuentos Todos los días amor, que mereció una Mención Honorífica en el certamen “Libro murciano del año 1999”. En la actualidad ejerce funciones de crítico literario en el diario La Verdad de Murcia.


 

 

LOCUS AMOENUS

 

En alguna parte del cielo existe

 

un territorio para guardar sueños,

 

un país de mentira donde pasan

 

las cosas importantes cada noche,

 

un pedazo del mundo reservado

 

para nosotros dos que no supimos

 

estar el uno con el otro siempre

 

aquí abajo, en el ámbito del día

 

donde despiertan los hombres que ignoran

 

el mejor camino de vuelta a casa.

 

Imagino que allá arriba suceden

 

los besos, el goce de la piel, manos

 

entregadas al prodigio del tiempo,

 

bocas de insomnio dulce y de belleza,

 

acostumbradas a parar el mundo

 

y animales sin nombre que nos llenan

 

la estancia de leche y de olores rancios,

 

pero en este lado del mundo somos

 

una mujer y un hombre sobre un lecho

 

de hierba en el confín del paraíso,

 

entretenidos en pequeñas cosas

 

para que el tiempo no ose detenernos

 

tan caprichosamente como suele,

 

y nos permita un último minuto,

 

un deseo postrero, un vino póstumo,

 

mientras te beso la mano de plata

 

y nos cogemos del talle abrazados

 

para bailar esa música triste

 

de todos los finales, en los cines 

 

de barrio, en el cielo de viejas calles,

 

en los pueblos de niñez y de frío,

 

sucias, húmedas y oscuras, malditas

 

calles de infancia que llevan al cielo

 

por callejones manchados de orines,

 

por pasadizos lóbregos de cierzo,

 

tú y yo juntos cogidos de la mano,

 

como toda la vida, contrariados,

 

a la búsqueda del último cielo.

 

(De “Luz para comer el pan”)

 

 

VOLVER

 

Vuelvo a la vieja casa en que nací,

y son mis padres quienes me reciben

en el atardecer

de tierra y de cambrones,

bajo los mismos cerros del pasado.

 

Esta luz invernal entra en los ojos

y provoca el milagro de las cosas

que han dormido tantos años, ocultas

en el frío ocioso, recuperadas

en la tarde que celebra el tiempo,

y es, ahora, junto a las manos lánguidas

que recuerdan mi rostro y tocan dulces

la verdad de los días que perdieron,

cuando surgen de los cofres de polvo,

de las profundidades de las cajas

y de los armarios que escondieron

el olor de la fiebre,

la vanidad del niño

frente a la ventana, mientras la lluvia

mojaba los tejados,

y aquel sueño pulcro de la nieve

era certeza y fuego en el hogar...

        

Es tarde en la cocina. El viento muerde

en las ventanas y arden los troncos

que mi padre ha cortado con paciencia.

Viene su voz de lejos y huele a fruta

y almendras, y trae pequeños pájaros,

caracoles blancos y rojos nízcalos

que mi madre limpia de tierra y briznas.

 

Cuando la noche entra en la casa, hablamos

de sus cuerpos encorvados, del trabajo

de sus manos ásperas, modeladas

con frío. Escucho voces y palabras

parecidas, de pronto, al resignado

acontecer que compartí con ellos,

como si el nuevo aire del invierno

acercara las palabras antiguas

y sus labios repitieran fugaces

los menudos deseos incumplidos,

pero también la dicha de tener

tan cerca al niño que criaron, al hombre

que los mira con ternura y respeto.

 

Por eso, en la madrugada, evoco

la templanza de todos los sucesos

que la penumbra hospeda:

el dolor que contuve frente al sueño

es ya vestigio de otra edad; otro

silencio alberga el dormitorio, pero

el que fue, bajo las sábanas húmedas

y los amaneceres  fríos, queda

en el aire, suspendido en la grave

resonancia de la noche. Es sonido

de solitarias músicas

retornadas a la paz de la casa

dormida en el invierno. Oigo clamor

y furia antes de la entrega, estrépito

de pasos y angélicos murmullos.

Bajo la tempestad

de estruendos y pavesas la gloria

del olvido es vendaval de sombras.

 

Nace la luz en la ventana abierta.

Mientras bebo el café retengo el suave

discurrir de la mañana en silencio.

Es hora de partir y me despido

de sus manos con tristeza; abrazo

el cuerpo de mi madre y beso el rostro

de lágrimas que sube hasta mi rostro

tan delicadamente

que apenas noto el tacto de su brisa.

 

Por el camino, entre los árboles

escuálidos y los primeros brotes

de la hierba, es la memoria el sufrimiento

de cuanto permanece.

 

Con doloroso afán

tocan mis pies la tierra que he perdido.

 

(De “Fábula del tiempo”)

 

 

IN MEMORIAM

 

Veo a mi abuelo en el dolor del tiempo,

Viste chaleco y fuma picadura,

Y lleva de la mano a un niño tímido

Que juega a la pelota.

Pasan los años y la muerte tiene

El color de los sueños incumplidos,

Pero mi abuelo entra en la cocina

Y prende el fuego lentamente, y fuma

Un cigarro maltrecho,

Mientras la luz se extingue

Y cae la nieve sobre la paz

De la calle, al otro lado del mundo.

Veo la mano de mi abuelo herida

Y siento frío, es el trabajo duro

De acarrear la leña desde el monte

A la casa, cada otoño. La sangre

Mana y empapa su camisa blanca,

Pero toda la leña está ya dentro,

Recién cortada y huele a vida y a savia,

Como las manos de mi abuelo heridas

Por un sinfín de guerras.

En el invierno contará su historia,

Sentado junto al fuego,

Y mentirá tal vez al niño tímido

Que escucha su relato embelesado

Y desconoce la verdad del tiempo.

Pasan los años y la vida tiene

El color de los sueños incumplidos,

Pero mi abuelo ya no está en la casa,

Y el invierno muerde en las esquinas

Impiadoso como un presagio oscuro.

Oigo entonces de nuevo sus palabras,

Casi surgidas de una edad confusa,

Y siento frío y unas manos encienden

El fuego lentamente

Como llegadas de un mundo sin prisas

Para consolarme con su calor.

Son las manos de un espíritu amigo

Que desde la sombra, desde lo oscuro

Me protege como un ángel custodio.

La nieve cae afuera y hace frío,

Pero en la chimenea alguien fuma

Con parsimonia como si los años

No hubiesen pasado y la muerte olvide

Generosamente a sus elegidos.

 

(De “El invierno en sus brazos”)

 

 

 

MANUEL ROBERTO LEONÍS RUIZ


Nació en Orihuela, España (1941). Poeta y periodista. Forma parte del Equipo de Redacción de la Revista “El ia io” del (CEAM) de la Conselleria de Treball y Afers Socials de la Generalitat Valenciana, en la que viene publicando regularmente su página titulada “Espejo, rincón del alma poética” desde 1994. Sus poemas han sido publicados en el Internet en: Revista Literaria Baquiana, Terra-Canal Cultura, World Online, Revista Cultural Voces, Revista Che Lagarto y Centro de Estudios Poéticos de Madrid, entre otros. En diarios y revistas impresas de España han aparecido sus artículos, entrevistas  y poemas en:  Diario Información, El País, ABC, La Verdad, la Gaceta de Orihuela y las revistas comarcales oriolanas, Conservatorio de Música Pentágrama,  Portada y La Lucerna. En  los Estados Unidos: en los cuadernos de poesía “Carta Lírica” (Miami), en los anuarios impresos de la Revista Literaria Baquiana (Miami) y en el semanario “La Información” de Houston, Texas. Ha participado en programas radiales en España y en los Estados Unidos. Tiene tres libros de poemas inéditos: Impronta de mis huellas, Poemas de amor y vida y otros oníricos, y Naturaleza y sentimientos. Ha sido incluido en la Antología del I Ciclo de Lecturas de Poesía Temática, Poetas de Alicante y Murcia (2001).


 

 

IBAN LOS OTOÑALES DEDOS EQUINOCCIALES

desnudando las ramas, liberando las hojas que el viento mecía

e ilesas y pausadamente caían, en mullido colchón añejo,

hojarasca entre rubial y rubescente

al pie de la sierra, donde estaba el cementerio viejo.

 

Doradas notas de una otoñal melodía

en las frías pero suaves bóreas mediterráneas

en clave de gravedad y sol, poco a poco... al pentagrama caían.

 

El potente sol dibujaba el contorno de las hojas

al filtrar sus rayos entre ellas,

y, les daba un mágico matiz y aureola.

 

En la senectud la belleza

en todo, descubramos

y, el éxtasis viviremos.

 

CONTRASTES AMOROSOS

 

Tú, eres para mí, al tiempo,

el frío viento en la alta sierra

y la cálida brisa mediterránea en el estío.

Eres como la fiebre y la enfermedad,

a la vez, que la repentina curación y su lucidez.

Eres, el enmudecer de la voz en mis trémulos labios

junto a la elocuencia aromática del verso.

Como resistir una oscura tempestad

y amanecer en una apacible playa.

Por fin despertar,

abrir los ojos, tras una horrible pesadilla

y sentirme junto a ti, en el confortable lecho conyugal.

 

SISTEMA  ECUACIONAL DE ANTAGONISMO

¿Qué fue antes, la luz

o la oscuridad?.

¿Qué fue antes, la verdad

o la mentira?.

 

¿Para qué sirve la luz,

sin la tenebrosa oscuridad?.

¿Para qué sirve la oscuridad,

sin la claridad de la luz?.

 

¿Serviría la verdad

sino existiese la mentira?.

¿Para qué serviría la luz

sino existiese oscuridad?

 

La sombra es la ausencia de la luz.

¿A quién pertenece la sombra,

al objeto o a la luz?.

¿Es la sombra el regalo de la luz

para el objeto?;

¿o quizás es el obsequio del objeto,

para el descanso de la luz?.

 

¿Debe ser la mentira,

un refugio para la amarga verdad?.

¿Cuántas verdades existen...;  son tres?

La verdad es siempre la parte a discernir,

entre puntos diferentes de vista.

El  tuyo...el mío...y, la realidad.

 

 

JAMÁS TE DEJARÉ

 

Si algún día despiertas

y ves que ya no estoy,

llama en tu memoria

de allí yo no me voy...;

¡Salvifícame y te contestaré!.

 

Si deseas escucharme,

búscame entre mis versos

(hechos con mi sentir y carne)

 de allí jamás me iré.

 

Cuando abatida por mi ausencia estés;

(vuelvo a repetir, y puedo asegurar):

busca entre mis versos

que allí siempre estaré.

 

 

QUÉ BELLO ATARDECER,

 

allí estábamos dichosos los tres:

tú, yo y el silencio.

Tú y yo sangrábamos,

de felicidad, por dentro

y, sólo rompía el silencio

la cristalina música del agua.

 

 

DESEO VER LA LUZ DE LAS PALABRAS...

 

Deseo ver la luz de las palabras

con la transparencia del agua clara,

recoger la claridad del verbo,

vislumbrar las frases exactas...

sin que falte ni sobre una palabra.

Ver el logro de la diafanidad

de la luz sobre mis propios vocablos.

 

Deseo penetrar en la eficiencia y facultad

de deleitar..., que broten de mis ardentísimos labios

las metáforas para conmover, arrullar,

con ellas, una y mil veces a mi amada.

Por ella, sólo por ella.

¡Quisiera ver la luz de las palabras,

penetrar de lleno en la elocuencia!.

 

 

MANUEL RAMÓN MOYA BASCUÑANA


Nació en Alicante, España (1963). Poeta y narrador. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Murcia. Reside en Orihuela y es colaborador habitual en diversas revistas de creación literaria: Empireuma, Luces y Sombras. Posee, entre otros premios de poesía, el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, el Premio Ciudad de Arnedo, el Premio Paco Molla, el Premio Manuel Ordóñez Sánchez, el Premio Maxi Banegas y el Premio Real Sitio y Villa de Aranjuez. En narrativa ha obtenido el Premio de Narrativa Corta Villa de Crevillente, Premio de Narrativa Villar de Guardamar y el Premio de Cuentos Alfonso Martínez Mena. Ha publicado los poemarios:  Hasta ya no más Nunca (1999), Quedan las palabras (2000), el cuaderno de la colección Alimentando lluvias del Instituto de Cultura Juan Gil Albert “Los deseos impuros” y Tal vez como si nunca, XIII Premio de Poesía Esperanza Spínola del Ayuntamiento de Teguise, Lanzarote (2001). Ha sido incluido en las antologías: Primera Antología de poesía temática Alicante-Murcia y Al aire nuevo (2001) Ediciones Desierto.


 

TAL VEZ COMO SI NUNCA

(1)

COMO UN LENTO PRESAGIO que se extingue,

nuestro amor. Como sombras furtivas,

las palabras. Y estos versos que duelen

como perros heridos. Estos versos de agua

que fluyen desbocados por el cauce perfecto

del silencio. Y también los recuerdos

y los gestos, la rutina habitable de tus labios,

las ruinas de aquel sueño que nuestro fue.

Como un lento presagio se extingue nuestra fe.

Han de quedar de nuestro amor templos

y palacios y el distante eco del humo

dormido en tus ojos. Han de quedar,

las palabras, los versos.

 (2)

LAS PALABRAS, los versos

que se inclinan ante los acertijos de tu nombre,

las horas compartidas,

el rito del deseo como una pescadilla

que se muerde la cola, la distancia

que separa la muerte del adiós,

el pan de cada día y el sudor de la frente,

los álamos desnudos, los hoteles

donde escribí te quiero en los espejos,

la amenaza del viento en las estatuas

mientras mayo paseaba de la mano

junto a nosotros dos por los versos de Rilke,

que como parques misteriosos eran,

el ritmo, la tenue trepidación de las olas

cuando besan la playa donde fuimos arena

y mansedumbre, la certeza

de no volverte a quere como te quiero;

desesperada y tercamente.

 (3)

 DESESPERADA y tercamente,

las palabras, los versos, los instantes

aferrándose a la falsa liturgia de unas manos

que consagran palomas como peces

sobre la luz corrupta del almendro.

Palabras como instantes.

Instantes como versos vesiánicos,

como los fríos despojos de una fiesta

al final del verano que unió nuestros destinos.

Para siempre un instante,

como si nada fuese todo y ardieran los recuerdos.

Como si estuviera en tu mano devolver al presente

la ceniza y otros signos celestes.

 (4)

 LA CENIZA Y OTROS signos celestes,

perviven en nosotros, porque nosotros somos

el cuchillo y la sangre. Y también

la mancha de saliva en la piel del espejo

y ese verso exquisito y terrible de Vallejo:

fue domingo en las claras orejas de mi burro.

Domingo fue, cuando nos conocimos,

cuando bebí mi adolescencia a tragos en tus labios

y arrojé los prejuicios por la borda.

Desde entonces, nuestras manos claudican,

arrugan servilletas y emociones

y embarcan la tristeza en barcos de papel.

Desde entonces mis versos son de agua

para que tú los bebas

en el umbral de cuanto desconozco.

 (5)

 EN EL UMBRAL de cuanto desconozco,

a las puertas de los templos antiguos,

la emoción se remansa, el deseo perdura,

el reloj del amor nos besa en las mejillas

como un sol cotidiano.

Como el ingrato cuervo que nos saca los ojos,

nos promete la vida una derrota,

aunque no siempre acierta en el castigo.

En los libros que ardieron,

en la palabra antorcha lo he leído.

en las ceniza de tus antepasados,

en forma de acertijo, está escrito tu nombre.

Como el ciego predicador de las montañas

soy la sombra de un corazón que late.

 (6)

 SOY LA SOMBRA FURTIVA de un corazón que late

debajo de las piedras de los días.

Soy la mano que traza los mapas del desastre

sobre la piel donde palpita el arte.

En la tierra baldía del olvido

he sembrado las ortigas del llanto.