Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 15/16

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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DAMIÁN

por

 

Mariela Abreu Ortet

 

     Damián puso la pistola en su boca y cerró los ojos, estaba decidido, la única puerta que le quedaba era aquella, una puerta de escape: la muerte. La muerte era mejor que la vergüenza, la muerte era mejor que la cara de su padre, la muerte antes que la cara burlona de quienes lo miraran y vieran su estigma; un estigma que aún en pleno siglo veinte, a las puertas del siglo veintiuno era tan desolador y excluyente como lo fuera en plena Edad Media. Es cierto que se habían prohibido las hogueras pero había una hoguera mayor en la que no quería arder. Con los ojos cerrados podía sentir el fuego lamiendo su carne, perdiendose en sus entrañas lentamente, provocando el peor de los calvarios, estaba decidido, debía morir... 

     Revivió su niñez, los años en que jugaba tranquilo ante la mirada protectora de su madre. Recordaba que le gustaba el béisbol y montar bicicleta. También le gustaba el ajedrez y los juegos rudos, nadie podría haber visto ni un síntoma de debilidad en su comportamiento, ni siquiera el ojo inquisidor de su padre militar. General de una fuerza de “hombres”. Como podría imaginar su padre que el mal que tanto había combatido acabaría entrando en su propia casa. 

     Vino a su mente la imagen de Gerardo. Trataba de reconstruir los años transcurridos desde que se conocieron en el colegio. Desde el primer día se hicieron amigos. Gerardo no era como el resto de los muchachos que conocía. De constitución fuerte y entrenando Karate desde los seis años, Gerardo hubiese podido ser fácilmente el líder del grupo, pues incluso, el Billy le temía y era a este a quien todo el grupo de estudiantes respetaba como “jefe” ya que no dudaba en darle una paliza a quien se le atravesara. Pero Gerardo era diferente, por eso quizás no le importaba que Damián fuera callado y que no tuviera muchos amigos. Él apreciaba su memoria prodigiosa, su capacidad para entender y explicar todo lo que leía en los libros. 

     Gerardo lo hizo sentir importante, fue por él que retomó el deporte, comenzó a tomar clases de Karate y, lo más importante, encontró con quien compartir sin miedo todas las ideas que tenía sobre la vida en otros planetas y la propia visión de Dios, una palabra poco menos que prohibida en la sociedad donde ambos crecían. Gerardo lo escuchaba sin escandalizarse, sin pensar que estaba loco, más bien admirado de sus reflexiones y discutiendo sin saña aquello en lo que no estaba de acuerdo. Gerardo opinaba, preguntaba, argumentaba, pero jamás imponía. Las horas se iban volando mientras hablaban. 

     Compartían la pasión por el cine y en cada diciembre cuando llegaba el festival de cine se perdían una semana entera del colegio para ir de estreno en estreno, siguiendo la lista de las películas que se anunciaban como éxitos. Recordaba que un año atrás no habían podido regresar al pueblo y se fueron a la terminal de autobuses para pasar allí la noche y regresar en el primer autobús de la mañana, durmieron sobre los asientos arropados con los abrigos, hacía frío y Gerardo se recostó dormido sobre su hombro. Un escalofrío lo recorrió, pero lo atribuyó a la temperatura, no pudo pegar un ojo en toda la noche y algo sin nombre lo inquietaba. 

     Ante todo, Gerardo era su amigo, su compañero de escapadas, su confidente, pero nada más. Incluso, hablaban de mujeres. No era uno de los temas más frecuentes, pero compartían la mirada de alguna muchacha bonita que les pasara por el lado. 

     ¿Cuándo fue que el sentimiento cambio?, ¿cuándo se convirtió en amor?, ¿cuándo?, ¿cómo....se volvió “maricón”? ¿Acaso siempre lo fue...? 

     Sin embargo, todo iba bien hasta que Gerardo comenzó a salir con Lisa, y no es que se haya distanciado. Por el contrario, siempre lo invitaba a donde fuera y llevaba alguna amiga de Lisa para que saliera con él. Pero Damián se sentía incomodo con el cambio de Gerardo, ahora era más abierto, le gustaba tomar, ya no iban a un parque a conversar con tanta frecuencia como antes, sino a bailes y discotecas, casi nunca volvían juntos pues o bien le tocaba llevar a la casa a la amiga de turno con la que se había aburrido de lo lindo o bien Gerardo y Lisa ponían cualquier pretexto y se iban solos. 

     Aun así, Damián no quería darle nombre a su descontento, más bien decidió tomar medidas para acabar con aquella extraña situación, sobre todo el día que Gerardo llegó y como extasiado le contó que había tenido su primera relación sexual. Damián se puso furioso, le comenzó a gritar y a decirle que si no sabía nada del SIDA, que si no había tomado precauciones, que quién sabía con cuántos hombres había estado la tal Lisa antes... Gerardo se molestó mucho, pero tenía un autocontrol envidiable y después de aclararle que él había sido también el primer hombre de Lisa, se fue con un seco “Chao”. 

     No había pasado una semana antes que Damián comenzara a salir con Vivian. Pensó que esa podría ser la solución a sus problemas, que solo tendría que tener sexo y con eso se le irían todos los fantasmas que rondaban su cabeza. Vivian era la persona exacta para eso, era dos años mayor que él y tenía fama de fácil. No le tomo más de unos días llevarla a la cama, aun para un principiante como él no fue difícil, más bien ella le trillo el camino. 

     Sin embargo el resultado no fue el esperado, no sintió el éxtasis del que hablaban, el deseo incontrolable del que tanto había oído hablar,  sólo se sintió turbado, tomó casi una botella de ron y aunque finalmente logró hacer su “papel de hombre”, sentía un gran vacío. 

     Después de ese día evadió a Vivian, hasta que esta lo dejó en paz para dirigir su atención a una nueva dirección no sin antes advertirle lo que pensaba de él. -  “Yo he estado con algunos hombres Damián y a ninguno le había pasado lo que a ti, yo creo que tu no estás bien definido...a lo mejor hasta eres gay”- . Damián le contesto una grosería pero sabía que en el fondo ella tenía razón. El monstruo había sido nombrado, era gay y estaba enamorado de Gerardo. 

     Pasó toda la noche pensando. Cuando amaneció estaba cansado pero tenía una solución, hablaría con Gerardo. Él siempre había tenido una respuesta para todo, a lo mejor él sabía de qué se trataba, a lo mejor también le había sucedido... 

     Pero la respuesta de Gerardo no fue la que esperaba, su cara se iba tornando cada vez más dura mientras Damián hablaba. Le contó de su desolación, de su tristeza cuando él comenzó a salir con Lisa, dijo que no había sido nada planeado, simplemente ocurrió, que no pensara nada malo, que nunca hubo en ninguna de sus acciones doble intención, por el contrario creía que sobre todo él era su amigo y por eso estaba ahí contándole  todo. 

     Durante un rato, que a Damián le pareció un siglo, ambos guardaron silencio. Gerardo tenía la mirada perdida. Cuando por fin hablo fue como si a Damián le clavaran un puñal. 

-        Damián,  después de todo lo que me has dicho creo que lo mejor será que no nos veamos por un tiempo hasta que tu mente se aclare y encuentres una mujer que te haga sentir, yo estoy seguro que estás confundido. 

-        No estoy confundido Gerardo, lo estaba pero ya no, soy...soy gay. 

-        No, no lo eres. - Por primera vez lo oyó gritar. Gerardo lo tomó por el cuello de la camisa y lo sacudió. -  No me vengas ahora con eso y mucho menos me digas que estás...bueno que es conmigo la cosa, yo no soy maricón, a mi me gustan la mujeres... 

     Después de esto Gerardo no volvió a atender el teléfono cuando él llamaba y si se encontraban en la calle volvía la cara para no saludarlo. Pronto se comenzó a comentar en el barrio lo que decía Vivian de Damián y algunos comenzaron a mirarlo de una manera muy diferente. 

     Damián se sintió vacío, sin ganas de vivir, sin deseos de enfrentarse a nada en el mundo, sus calificaciones comenzaron a bajar y los profesores se preguntaban que había pasado con su mejor estudiante. 

     Los comentarios se hicieron cada vez más fuertes y habían llegado a oídos de su padre que le había inquirido una y mil veces por el motivo de su cambio. 

     Esa tarde cuando llegó de la universidad su madre estaba esperándolo, tenía los ojos hinchados de llorar y la voz quebrada. 

-        Hijo, tu padre dijo que lo esperes esta tarde, que tiene que hablar contigo. Él estuvo hablando con Gerardo, estaba preocupado por ti, de como has estado en los últimos meses...No sé qué le habrá dicho Gerardo, no sé quien está inventando cosas sobre ti para hacerte daño, ni sé por qué, debe ser alguna muchachita despechada. - Los ojos de su madre parecían implorar una explicación, mientras Damián sentía que el alma se le iba del cuerpo. – 

     Ahora estaba en su habitación, tenía la pistola de su padre en la mano y dos caminos: escapar hacia la muerte o enfrentarse a su padre y al resto del mundo. 

     Su mano descendió lentamente con la pistola humeante aun aferrada...

     

Mariela Abreu Ortet nació en Matanzas, Cuba (1971). Poeta y narradora. Ha residido en Colombia y en los Estados Unidos a partir de 1994. Es licenciada en Lengua y Literatura de la Universidad de La Habana. Trabajó en Colombia para TV-Cine como argumentista de guiones. Los poemas a continuación forman parte del libro POEMAS DESDE EL HORIZONTE que saldrá publicado próximamente. Sus poesías y cuentos han aparecido en diferentes publicaciones, tales como Alma Mater (Universidad de La Habana) y el diario El País (Colombia).