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(Este
texto fue leído por el autor en el I Encuentro Internacional
sobre Creación y Exilio “Con Cuba en la distancia”,
congreso organizado por la Promotora Andaluza de Comunicación
y Cultura (PROMACC) y celebrado en la Universidad de Cádiz,
España, del 6 al 9 de noviembre de 2001.)
“of
familiar faces, we, the survivors, moved single file down the
beach as we listened to the silence that arose from the shore
to the silence that arose from the shores of exile”
Spared Angola
(54),
Virgil
Suárez
A
los cuarenta y dos años de lo que pudo haber sido una
significativa epopeya en América Latina y en los umbrales de
un nuevo milenio reflexionamos una vez más sobre la presencia
cubana fuera de la Isla en condición de exilio. La revolución
acaecida durante la década de los cincuenta, y que llegara al
poder en 1959, provocó un éxodo masivo y una división entre
el pueblo cubano que perdura hoy en día.
Las nuevas generaciones, nacidas en los Estados Unidos
o llegadas a tierras norteamericanas a una corta edad, tienen
su punto de vista independiente y tienden o no a solidarizarse
con las ideas de la generación anterior. El
regreso a la Cuba dejada atrás no es una opción viable para
individuos que han crecido fuera del territorio nacional y que,
hasta cierto punto, lo identifican como foráneo. La intención de recrear un espacio desaparecido no
constituye una prioridad; sin embargo, apelan al mismo como
eslabón que los identifica con el pequeño porcentaje de su
personalidad que no ha caído asimilado bajo la avalancha de
la cultura dominante.
Me
interesa explorar cómo se percibe la reacción ante el
imaginario Cuba por los individuos que abandonaron la Isla a
una temprana edad y por los que nacieron fuera de ella.
La idea de Cuba se asocia con la generación precedente;
su realidad comienza a partir de su encuentro con los Estados
Unidos. Para este
fin, decido utilizar la literatura como el vehículo expositor
de una cultura transplantada; al mismo tiempo, soy consciente
que hay diferentes eras migratorias de cubanos y que la visión
de la cultura cubana en los Estados Unidos puede diferir entre
los diferentes grupos. Es imposible agrupar la producción literatura
cubanoamericana bajo la misma clasificación.
El idioma dominante en el escritor, ya sea inglés o
español, y el grado de asimilación del mismo a la cultura
norteamericana son factores determinantes al establecer las
diferentes categorías.i
La literatura con la que respaldo lo expuesto en este ensayo
serán dos novelas de Roberto G. Fernández (1951- ) -escritor
cubanoamericano residente en los Estados Unidos desde 1961,
quien constituye un buen ejemplo de cómo piensa un sector de
su generación.1
Fernández ha estado fuera de la Isla desde que
cumpliera los diez años y, por consiguiente, toda su creación
literaria ha sido concebida y publicada fuera de su país
natal. No obstante, Cuba continúa siendo la presencia omnisciente
en su literatura, presencia de la que no ha querido o no ha
sabido desprenderse. Las
novelas que he seleccionado son Raining
Backwards (1988), primera publicación en inglés del
escritor, y En la Ocho y
la Doce (2000), su última cita con la imprenta.
Ésta última posee el factor sorpresa de haber sido
escrita en español, algo que no ocurría desde antes de
publicar Raining
Backwards.
En
una entrevista con Wolfgang Binder, Fernández admite -refiriéndose
al cubano en Estados Unidos- que a medida que pasa el tiempo,
los recuerdos se convierten en fantasías y mientras más se
trata de recordar, más lejos se aparta el individuo de la
realidad. El
autor concluye que al final lo que encontramos es una completa
reinvención del pasado (119).
Esta mitificación de un pasado incierto es lo que
destruye Fernández en la narrativa de Raining
Backwards; la ridiculización de parámetros establecidos
por la generación anterior confirma el falso terreno sobre el
cual ha sido edificado el mito.
Este concepto lo corrobora Isabel Álvarez Borland
cuando apunta que la esperanza de los personajes, jóvenes y
viejos, reside no tan sólo en como viven sino en lo que
pueden imaginar (102). La novela proyecta una postura
desmitificadora y al mismo tiempo vaticina la paulatina
asimilación del residente de la Pequeña Habanai
al melting pot norteamericano.
Un aspecto
significativo lo constituye un fragmento de la misma
entrevista con Binder. Por
uno o dos años, la familia Fernández vivió con las maletas
hechas esperando un pronto y asegurado regreso a Cuba (107).
En su momento, la posibilidad del inminente retorno se
nubló tras la realidad política de la década de los sesenta;
las maletas, finalmente deshechas, fueron la ruptura
alertadora que indicó al autor el momento de ingresar a un
mundo del que no sería fácil egresar.
La problemática de sus padres se quedaba en la
generación anterior; su realidad comenzaba en su encuentro
con la cultura del país anfitrión.
Posteriormente, su literatura reflejaría la
subjetividad de su percepción sobre la sociedad cubana recién
emigrada.
Diversos
asedios críticos a Raining
Backwards apuntan la intención de Fernández de dinamitar
un pasado idealizado de la comunidad cubanoamericana y su
relación con el imaginario Cuba.
Jorge Febles señala la relación entre la narrativa y
el diálogo frente a la sociedad bicultural donde ambos
elementos intentan arrancar el aura de mito que la envuelve
(99). La deconstrucción está fundamentada en el conocimiento
que Fernández posee de la comunidad cubana y sobre el proceso
de asimilación del individuo ante la cultura dominante.
Gabriela Ibietta indica que en esta novela el autor
triunfa ya que revive la atmósfera peculiar de la Pequeña
Habana en todas sus complejidades y contradicciones (69).
Mary S. Vázquez expone que la novela presenta el reto
relacionado con la identidad cultural y la continuidad,
aludiendo al concepto del melting
pot norteamericano (92).
El éxito de la novela estriba en que Fernández se
desenvuelve, desde las esferas social y política, en un
ambiente muy familiar que le permite subvertir y parodiar
escenas acontecidas a su alrededor.
Cuando
Jerome Stern en su texto Microfiction
definió que para que una narración fuera considerada
microficción no podía sobrepasar el límite de trescientas
palabras, Fernández hizo suyo el concepto y lo aplicó a sus
viñetas.i De acuerdo a la definición ofrecida por Stern podemos
identificar varias microficciones insertadas dentro de Raining
Backwards.iv Para el estimulante el
intentar lector es una experiencia extraer el mensaje implícito;
no obstante, el reto para el escritor consistirá en mantener
el interés de aquél haciendo que crea lo que de otra forma
resultaría increíble.
Una
de las microficciones más relevantes la constituye
“Tatiana” (213). Aquí
se resume un enunciado repetitivo que caracteriza, hasta este
instante, la obra de Fernández: la desaparición de la
cultura cubana en los Estados Unidos.
La conversación entre el abuelo y su nieta a orillas
del mar expone cómo el autor sitúa ambas generaciones.
El abuelo quiere que la niña lo oriente hacia la
dirección en que queda Cuba para poder respirar la brisa que
proviene de la Isla. Sin
embargo, la niña asocia el nombre de la patria de sus
antepasados con un restaurante donde el aire apesta a ajo,
cebolla y grasa. El
concepto de la nación se transforma en una sensación
olfativa para las nuevas generaciones; el imaginario Cuba ha
sufrido una ruptura emocional sin posibilidades de regreso a
lo que fuera tan sólo dos generaciones atrás.
William Deaver califica con el epíteto de ahogados
(“Colonization… 117) a los integrantes de la generación
del abuelo ya que Fernández no permite una posibilidad de
supervivencia para la cultura cubana. Es interesante observar
que esta microficción aparece intercalada casi al final de la
novela, justo cuando el lector ha descubierto que aquellos
personajes que no se adaptaron al nuevo sistema de vida, han
fracasado.iii
No
sólo Tatiana, ejemplo corporeizado de la nueva generación,
posee trascendencia social.
Otro aspecto relevante de esta microficción es el
personaje del abuelo y cómo éste se inserta dentro de la
realidad cubanoamericana.
El anciano es un héroe de guerra que queda ciego tras
la explosión de una mina (213) aunque la novela había
indicado previamente que Manny pierde su visión al explotarle
una cocina de queroseno (21); sin embargo, sea cual fuese la
causa de la ceguera del abuelo Manny ésta es una que se
extiende a toda una generación.
Fernández utiliza al abuelo para mostrar no tan sólo
un elemento en vía de desaparición, sino un individuo que se
aferra al imaginario Cuba sin comprender—de ahí la ceguera
simbólica—que el concepto de nación transplantada queda
atrás idealizado en la nostalgia de su propia generación.
Con él muere la fantasía aludida por el autor en la
entrevista con Binder; la necesidad de no perderse en una
sociedad multidimensional conlleva al personaje a la recreación
ficcionalizada de un pasado inexistente. El abuelo es incapaz
de percatarse que el establecimiento de la nación ha
experimentado un cambio ideológico radical en la generación
nacida en los Estados Unidos.
Con anterioridad hube expresado en un análisis sobre Raining
Backwards que la ficción “muestra la realidad de
perpetuar un pasado desparecido y de alguna manera dejar
constancia del mismo, […] al menos para que las futuras
generaciones se nutran de esta proyección mito-aseidad”
(201). La invención de un ayer idealizado es el método de
mantener una Cuba vigente, un imaginario que no traicione la
lealtad a la patria perdida; no obstante, según Fernández
para la generación de Tatiana, Cuba es tan sólo el vago
recuerdo del lugar de nacimiento de sus antepasados.
En
menos de doscientas diez palabras, Fernández ha consolidado
su visión del destino que le aguarda a la comunidad
cubanoamericana en los Estados Unidos.
Es significativo comparar la microficción
“Tatiana”—léase Raining
Backwards en general—con la posterior obra de Fernández.
De la misma forma que la niña Tatiana se aparta de su
cultura ancestral despareciendo su interés por la realidad de
Cuba, así ocurre con el autor que en su siguiente novela, Holy Radishes! (1995), abandona la presencia de Cuba como epicentro
narrativo para adentrarse en la idiosincracia sureña de los
Estados Unidos. En
palabras de William Luis, son novelas que reúnen aspectos de
la cultura cubana dentro del ambiente norteamericano (31).
Es factible que Fernández—que en su oportunidad
declarara que había decidido escribir en inglés para abarcar
un auditorio mayor 2—ahora
quiera incursionar en la cotidianidad norteamericana como
resultado de su asimilación.
Esta actitud ratifica en la persona del autor el
enunciado de transculturación augurado por Raining Backwards; Fernández deja su realidad y se adentra en las
consecuencias de su propia ficción.
La
evidencia presentada apunta hacia una presencia cubana
asimilada y sin vestigios que sugieran una regresión a la
Cuba del ayer. El
individuo debe incorporarse a la sociedad de la que es parte o
sucumbir por inadaptado.
No obstante, la última novela de Fernández posee
características contradictorias que hacen reflexionar al
lector que sigue de cerca su obra.
A pesar de ser un engendro de Raining
Backwards—la viñeta que le da el título a la novela en
español aparece en inglés en Raining Backwards, En la Ocho
y la Doce se vuelve a adentrar en la idiosincrasia de la
Pequeña Habana para ofrecer nuevas posibilidades de
sobrevivencia a la cultura cubana en los Estados Unidos.
Podemos especular que es un cambio que Fernández ha
decidido incorporar ya que su estilo narrativo no varía; o
que tal vez fue la exigencia de la compañía publicadora que
en su momento le requirió un texto en español.
Sin embargo, lo que nos interesa es la posición donde
Fernández sitúa la comunidad cubana.
Es
necesario reiterar que Fernández no cambia su estilo
narrativo; o sea, narraciones cortas, juegos lingüísticos,
intertextualidad, microficciones.
La estructura de este nuevo texto sigue el sendero
establecido por sus anteriores novelas.
La secuencia no es lineal ya que el tiempo pierde
validez dentro de una narrativa interesada más bien en el
individuo que en el orden cronológico de los acontecimientos. En la Ocho y la Doce
refleja la continuidad de su obra: algunos de los personajes
aparecen por vez primera como producto de la pluma de Fernández;
sin embargo, otros han estado presentes en la mayoría de sus
novelas y cuentos. El texto está dividido en capítulos cortos o viñetas y es
la continua responsabilidad del lector unificarlos para lograr
la cohesión necesaria.
A
través de las diferentes historietas se vuelven a observar
las parodias sobre eventos que corroboran el espacio
cubano-americano de Miami.
El recuento de las Fiestas de Quince es manipulado por
Fernández al punto de llegar a lo absurdo. Lo que antaño
constituía la presentación en sociedad para las jóvenes, se
ha convertido en una fiera competencia para emular y
sobrepasar las fiestas de los amigos o vecinos.
El autor juega con los personajes presentando su
petulante deseo de competencia y la inseguridad que los lleva
a tener que probar su poder económico ante la sociedad.
En
la novela abundan otras anécdotas similares.
Se puede apreciar una sutil referencia a Elián
González,
personaje real conocido por todos debido a su corta pero
intensa intrusión en la vida del ciudadano promedio. La parodia de Fernández abarca desde el dramático rescate
en el mar hasta un epílogo ficcionalizado donde atribuye al
niño una misteriosa aura de santidad.
La figura de Elián no es la única que aparece
distorsionada en el texto ya que una importante figura de la
televisión surge como la triunfal presentadora de “El Show
de Titina”. Esto
nos muestra que Fernández intenta escribir su propia versión
de la presencia cubano-americana en Miami; no obstante, en
todas las facetas muestra al personaje en control y con
superioridad sobre el ambiente. Mirta, recreadora de Varadero
en Raining Backwards
(60-61), apasionada auspiciadora de los Freedom
Fighters (112-15), y después desahuciada y viviendo bajo
los puentes de Miami (218), ahora, En
la Ocho y la Doce, regresa de Calcuta convertida en
religiosa y despertando un sentimiento de unificación en la
comunidad cubana que, estimulada por Titina, acude en masa al
aeropuerto a recibir a la nueva religiosa (187-90).
Manolo, que había sufrido un accidente que le había
dejado ciego (el lector duda que haya sido un héroe de guerra)
resurge—vidente—como destacado pilar de la comunidad.
Barbarita, cuya esquela mortuoria se publicara en Raining
Backwards (151), resucita como catedrática que dicta
conferencias públicas, aunque el lector sabe que sus
credenciales han sido falsificadas (32-37, 41).
Los personajes regresan al texto insertados dentro de
su cotidianidad, no asimilados al punto de aparecer diluidos
dentro de su ambiente; hasta un punto se pude argüir que
ostentan cierto grado de poder.
La falsedad de sus fachadas no obstante legitima sus
posiciones sociales. El
lector infiere que el autor está modificando su anterior
enunciado de asimilación o que a Fernández se le han acabado
las posibilidades narrativas y ha decidido continuar
insistiendo en un terreno harto arado en su trayectoria
literaria.
Aparte
de mi especulación, hay una historia que merece singular
atención. Desde
mi punto de vista es la mejor lograda de la novela.
“La gira” narra la excursión que hacen Barbarita y
Manolo, acompañada de otros miembros de la comunidad cubana,
a una reserva anglosajona situada en lo que antaño fuera
South Miami (86-99). Con
el ingrediente satírico característico de Fernández, el
lector se informa que la víctima es el pueblo norteamericano—expulsado
por la comunidad cubana y condenado a permanecer dentro de las
murallas de su inventada ciudad—el cual carece de las
necesidades básicas debido al supuesto bloqueo.
Los residentes padecen sed constantemente ya que temen
ser envenedados por los extranjeros del exterior al acueducto
encontrarse fuera del perímetro amurallado.
Por esta razón aceptan gustosamente las dádivas de
los turistas, en su mayoría cubanos, que visitan la reserva.
El reducido espacio de norteamericanos pugna por
sobrevivir y evita incorporarse a la mayoría cubana.
Las reglas se han invertido y es ahora la comunidad que
parecía condenada a la desaparición la que ejerce el
control.
“La
gira” altera los papeles destruyendo un arquetipo
presupuesto y otorga a la presencia cubana en los Estados
Unidos una estadía más larga.
La asimilación aludida en Raining
Backwards y Holy Radishes! parece haber entrado en un proceso regresivo.
El melting pot
aludido tendrá que esperar para contar con el ingrediente
cubano de Miami como uno de sus elementos; más bien tendrá
una pieza que se unirá al gran rompecabezas que es el mosaico
cultural norteamericano.
El regreso a Cuba sigue sin ser una posibilidad
factible para el individuo; sin embargo, la completa asimilación
tampoco parece ser inmediata.
El imaginario nacional se ha creado y se vive en él
con acento sajón. Las
palabras de Gustavo Pérez Firmat no podrían ser más
oportunas: “para bien y para mal, existo en dos idiomas” (ii).
El debate continúa; las predicciones que se alían a
ambos lados de la contienda carecen del fundamento necesario
para sustentar sus respectivas exégesis; por lo tanto, no son
creíbles. Las
maletas del regreso, abiertas, y dando cobijo a la ruptura
existente, aparecen medio hechas o están medio vacías.
Una vez más, será el tiempo quien aporte la última
palabra.
La
lectura del nuevo texto intenta aproximarnos al constante
deambular de un pensamiento que rehúsa anquilosarse—extensivo
a toda una generación—donde los parámetros discutidos podrán
ser los mismos, las características discursivas semejarán
sus predecesoras; no obstante, el enunciado que porta sí ha
variado. Fernández,
a través de una literatura que se actualiza en su repetición,
ha devenido en el mejor ejemplo para afirmar esta metamoforsis.
Notas
1
Véase la definición ofrecida por William Luis en la
introducción de Dance
Between Two Cultures sobre los términos hispano
y latino.
Luis otorga singular importancia al idioma empleado en
los textos así como el lugar de nacimiento de los escritores—léase
dentro o fuera de los Estados Unidos.
2
Al abordar en el presente estudio la creación literaria de
Roberto G. Fernández, me refiero a la visión de lo que pudiéramos
denominar como los hijos de la primera ola migratoria, la que
abandonó Cuba a raíz de la revolución castrista (1959).
3
Apodo de una sección de Miami donde se concentra una mayoría
cubana.
4
El escritor norteamericano, Jerome Stern ha definido el
concepto de microficción en su antología homónima, Micro
Fiction, como un relato breve, una idea, una anécdota;
una narración que no sobrepase un limitado número de
palabras.
Stern indica que las narraciones incluidas en Micro Fiction oscilan entre las doscientas cincuenta y las
trescientas palabras (15-19).
De esta forma, Stern ha estipulado la longitud
requerida ya que cualquier texto que sobrepase esta cifra no
podrá ser considerado microficción.
El reto al autor es evidente; la simplicidad del evento
acentúa la dificultad de la empresa.
No obstante, es algo que el lector ha enfrentado con
anterioridad, y es Stern quien aclara que antes de los
llamados días de la televisión, las revistas populares solían
con regularidad publicar ficción y los relatos cortos de
final inesperado era algo que podía leerse mientras se
aguardaba el turno en una barbería, para concluir con lo que
considero se suprema importancia: todo como parte de una
irreconocible literatura de la vida diaria (18).
Esta definición se ajusta a fragmentos que aparecen
insertados en la obra de Fernández, quien rescata situaciones
cotidianas que no pasan inadvertidas ante su aguda visión crítica
y donde la parodia, la sátira y el juego lingüístico—características
inconfundibles de su obra—vuelven a imperar dentro de la
reducida extensión de la microficción.
5
La presencia de microficciones a través de la obra de Fernández
es el tema de otra investigación que estoy realizando y que
en su momento será publicada.
6
Tomemos como ejemplo a dos de ellos, Mirta y Nelia.
Mirta, idealizadora del ayer y diseminadora de mitos
sobre la Cuba que abandonó años atrás, termina desahuciada
viviendo bajo los puentes de Miami y dependiendo de la caridad
ajena para subsistir (218).
Nelia, la abuela de Michael, al presentir que se acerca
el final de sus días, decide regresar a Cuba a morir,
utilizando una canoa de roble que su nieto le ayuda a
construir.
No obstante, la ironía de Fernández se manifiesta al
la anciana equivocar el rumbo en su regreso al pasado—lee la
carta marítima al revés y desaparece en el Atlántico Norte
donde el lector presupone que perece congelada (149).
El destino sombrío que sufren estos dos personajes
corrobora el despego que siente hacia Cuba la niña Tatiana;
la realidad de Cuba no es parte de las nuevas generaciones.
7
Véase la entrevista publicada por Time, “A Surging New Spirit”(47).
Obras
citadas
“A
Surging New Spirit”. Time 11 July 1988: 47.
Álvarez
Borland, Isabel. Cuban-American Literature of Exile: From Person to Persona.
Charlottesville and London: UP of Virginia, 1998.
Binder,
Wolfgang. “Roberto G. Fernández: An Interview”. Americas
Review 22 (1994): 106-22.
Deaver,
William O. Raining Backwards: Colonization and the Death of a Culture”. The
Americas Review 21.1 (1993): 112-18.
Febles,
Jorge. “English and Spanish Pop Songs as Part of Character
Speech: Cultural Hybridity in Roberto G. Fernández’s Raining
Backwards”. Imagination, Emblems and Expressions: Essays on Latin American,
Caribbean, and Continental Culture and Identity. Ed. Helen
Ryan-Ranson. Bowling Green, OH: Bowling Green U Popular P,
1993. 99-108.
Fernández,
Roberto G. En la Ocho y
la Doce. New York: Houghton Mifflin, 2000.
---.
Raining Backwards.
Houston: Arte Público Press, 1988.
Ibieta,
Gabriella. “Transcending the Culture of Exile” Raining
Backwards”. Literature
and Exile. Ed. David Bevan. Amsterdam: Editions Rodopi,
1990. 67-76.
López
Cruz, Humberto. “Ficción y realidad en un personaje
femenino en Raining
Backwards de Roberto G. Fernández” Confluencia
13.1 (1997): 194-202.
Luis,
William. Dance Between
Two Cultures. Nashville and London: Vanderbilt UP, 1997.
Pérez
Firmat, Gustavo. El año
que viene estamos en Cuba. Houston: Arte Público Press,
1997.
Stern,
Jerome, ed. Micro Fiction: An Anthology of Really Short Stories. New York: W.W.
Norton and Company, 1996.
Suárez,
Virgil. Spared Angola:
Memories from a
Cuban-American Childhood. Houston:
Arte Público Press, 1997.
Vázquez,
Mary S. “Parody, Intertextuality and Cultural Values in
Roberto G. Fernández’ Raining Backwards”. The Americas
Review 18.2 (1990): 92-102.
Humberto
López Cruz (La
Habana, 1959). Profesor, investigador y crítico literario. Graduado de Florida State University en
Tallahassee. Actualmente, imparte clases de lengua española
además de cursos de literatura y civilización
latinoamericanas en la Universidad Central de la Florida en
Orlando, donde además desempeña el cargo de Director del
Laboratorio de Lenguas Extranjeras. Ha sido Editor de
SELA—South Eastern Latin Americanist, una revista académica
interdisciplinaria impresa y distribuida en los Estados Unidos.
Es coeditor de un libro de crítica sobre la narrativa de
Reinaldo Arenas, Ideología y subversión: otra vez Arenas,
publicado en 1999 por la Universidad de Salamanca. También
es el editor de la segunda edición de El garrote en Cuba
(2000), estando la primera edición agotada desde 1927. Ha
publicado numerosos artículos críticos en diversas revistas
nacionales e internacionales sobre aspectos de la literatura
del Caribe, Centroamérica, con concentración en Panamá, y
la producida por hispanos en los Estados Unidos. Durante el
pasado mes de noviembre se presentó en Cádiz, España, su
poemario, Escorzo de un instante, impreso por la Editorial
Betania. En estos momentos está en prensa su último
libro, Asedio a Panamá: su literatura, sobre aspectos de la
literatura panameña.
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