Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 15/16

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEÑALES CONTRADICTORIAS EN EL ENUNCIADO DE ASIMILACIÓN DE ROBERTO G. FERNÁNDEZ: RAINING BACKWARDS VS. EN LA OCHO Y LA DOCE

 por

 Humberto López Cruz

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(Este texto fue leído por el autor en el I Encuentro Internacional sobre Creación y Exilio “Con Cuba en la distancia”, congreso organizado por la Promotora Andaluza de Comunicación y Cultura (PROMACC) y celebrado en la Universidad de Cádiz, España, del 6 al 9 de noviembre de 2001.)

 

“of familiar faces, we, the survivors, moved single file down the beach as we listened to the silence that arose from the shore to the silence that arose from the shores of exile” Spared Angola (54),

Virgil Suárez  

 

    

     A los cuarenta y dos años de lo que pudo haber sido una significativa epopeya en América Latina y en los umbrales de un nuevo milenio reflexionamos una vez más sobre la presencia cubana fuera de la Isla en condición de exilio. La revolución acaecida durante la década de los cincuenta, y que llegara al poder en 1959, provocó un éxodo masivo y una división entre el pueblo cubano que perdura hoy en día.  Las nuevas generaciones, nacidas en los Estados Unidos o llegadas a tierras norteamericanas a una corta edad, tienen su punto de vista independiente y tienden o no a solidarizarse con las ideas de la generación anterior.  El regreso a la Cuba dejada atrás no es una opción viable para individuos que han crecido fuera del territorio nacional y que, hasta cierto punto, lo identifican como foráneo.  La intención de recrear un espacio desaparecido no constituye una prioridad; sin embargo, apelan al mismo como eslabón que los identifica con el pequeño porcentaje de su personalidad que no ha caído asimilado bajo la avalancha de la cultura dominante.

     Me interesa explorar cómo se percibe la reacción ante el imaginario Cuba por los individuos que abandonaron la Isla a una temprana edad y por los que nacieron fuera de ella.  La idea de Cuba se asocia con la generación precedente; su realidad comienza a partir de su encuentro con los Estados Unidos.  Para este fin, decido utilizar la literatura como el vehículo expositor de una cultura transplantada; al mismo tiempo, soy consciente que hay diferentes eras migratorias de cubanos y que la visión de la cultura cubana en los Estados Unidos puede diferir entre los diferentes grupos.  Es imposible agrupar la producción literatura cubanoamericana bajo la misma clasificación.  El idioma dominante en el escritor, ya sea inglés o español, y el grado de asimilación del mismo a la cultura norteamericana son factores determinantes al establecer las diferentes categorías.i La literatura con la que respaldo lo expuesto en este ensayo serán dos novelas de Roberto G. Fernández (1951- ) -escritor cubanoamericano residente en los Estados Unidos desde 1961, quien constituye un buen ejemplo de cómo piensa un sector de su generación.1  Fernández ha estado fuera de la Isla desde que cumpliera los diez años y, por consiguiente, toda su creación literaria ha sido concebida y publicada fuera de su país natal.  No obstante, Cuba continúa siendo la presencia omnisciente en su literatura, presencia de la que no ha querido o no ha sabido desprenderse.  Las novelas que he seleccionado son Raining Backwards (1988), primera publicación en inglés del escritor, y En la Ocho y la Doce (2000), su última cita con la imprenta.  Ésta última posee el factor sorpresa de haber sido escrita en español, algo que no ocurría desde antes de publicar Raining Backwards.

     En una entrevista con Wolfgang Binder, Fernández admite -refiriéndose al cubano en Estados Unidos- que a medida que pasa el tiempo, los recuerdos se convierten en fantasías y mientras más se trata de recordar, más lejos se aparta el individuo de la realidad.  El autor concluye que al final lo que encontramos es una completa reinvención del pasado (119).  Esta mitificación de un pasado incierto es lo que destruye Fernández en la narrativa de Raining Backwards; la ridiculización de parámetros establecidos por la generación anterior confirma el falso terreno sobre el cual ha sido edificado el mito.  Este concepto lo corrobora Isabel Álvarez Borland cuando apunta que la esperanza de los personajes, jóvenes y viejos, reside no tan sólo en como viven sino en lo que pueden imaginar (102). La novela proyecta una postura desmitificadora y al mismo tiempo vaticina la paulatina asimilación del residente de la Pequeña Habanai al melting pot norteamericano.

     Un aspecto significativo lo constituye un fragmento de la misma entrevista con Binder.  Por uno o dos años, la familia Fernández vivió con las maletas hechas esperando un pronto y asegurado regreso a Cuba (107).  En su momento, la posibilidad del inminente retorno se nubló tras la realidad política de la década de los sesenta; las maletas, finalmente deshechas, fueron la ruptura alertadora que indicó al autor el momento de ingresar a un mundo del que no sería fácil egresar.  La problemática de sus padres se quedaba en la generación anterior; su realidad comenzaba en su encuentro con la cultura del país anfitrión.  Posteriormente, su literatura reflejaría la subjetividad de su percepción sobre la sociedad cubana recién emigrada.

     Diversos asedios críticos a Raining Backwards apuntan la intención de Fernández de dinamitar un pasado idealizado de la comunidad cubanoamericana y su relación con el imaginario Cuba.  Jorge Febles señala la relación entre la narrativa y el diálogo frente a la sociedad bicultural donde ambos elementos intentan arrancar el aura de mito que la envuelve (99). La deconstrucción está fundamentada en el conocimiento que Fernández posee de la comunidad cubana y sobre el proceso de asimilación del individuo ante la cultura dominante.  Gabriela Ibietta indica que en esta novela el autor triunfa ya que revive la atmósfera peculiar de la Pequeña Habana en todas sus complejidades y contradicciones (69).  Mary S. Vázquez expone que la novela presenta el reto relacionado con la identidad cultural y la continuidad, aludiendo al concepto del melting pot norteamericano (92).  El éxito de la novela estriba en que Fernández se desenvuelve, desde las esferas social y política, en un ambiente muy familiar que le permite subvertir y parodiar escenas acontecidas a su alrededor.

     Cuando Jerome Stern en su texto Microfiction definió que para que una narración fuera considerada microficción no podía sobrepasar el límite de trescientas palabras, Fernández hizo suyo el concepto y lo aplicó a sus viñetas.i  De acuerdo a la definición ofrecida por Stern podemos identificar varias microficciones insertadas dentro de Raining Backwards.iv  Para el estimulante el intentar lector es una experiencia extraer el mensaje implícito; no obstante, el reto para el escritor consistirá en mantener el interés de aquél haciendo que crea lo que de otra forma resultaría increíble.

     Una de las microficciones más relevantes la constituye “Tatiana” (213).  Aquí se resume un enunciado repetitivo que caracteriza, hasta este instante, la obra de Fernández: la desaparición de la cultura cubana en los Estados Unidos.  La conversación entre el abuelo y su nieta a orillas del mar expone cómo el autor sitúa ambas generaciones.  El abuelo quiere que la niña lo oriente hacia la dirección en que queda Cuba para poder respirar la brisa que proviene de la Isla.  Sin embargo, la niña asocia el nombre de la patria de sus antepasados con un restaurante donde el aire apesta a ajo, cebolla y grasa.  El concepto de la nación se transforma en una sensación olfativa para las nuevas generaciones; el imaginario Cuba ha sufrido una ruptura emocional sin posibilidades de regreso a lo que fuera tan sólo dos generaciones atrás.  William Deaver califica con el epíteto de ahogados (“Colonization… 117) a los integrantes de la generación del abuelo ya que Fernández no permite una posibilidad de supervivencia para la cultura cubana. Es interesante observar que esta microficción aparece intercalada casi al final de la novela, justo cuando el lector ha descubierto que aquellos personajes que no se adaptaron al nuevo sistema de vida, han fracasado.iii

     No sólo Tatiana, ejemplo corporeizado de la nueva generación, posee trascendencia social.  Otro aspecto relevante de esta microficción es el personaje del abuelo y cómo éste se inserta dentro de la realidad cubanoamericana.  El anciano es un héroe de guerra que queda ciego tras la explosión de una mina (213) aunque la novela había indicado previamente que Manny pierde su visión al explotarle una cocina de queroseno (21); sin embargo, sea cual fuese la causa de la ceguera del abuelo Manny ésta es una que se extiende a toda una generación.  Fernández utiliza al abuelo para mostrar no tan sólo un elemento en vía de desaparición, sino un individuo que se aferra al imaginario Cuba sin comprender—de ahí la ceguera simbólica—que el concepto de nación transplantada queda atrás idealizado en la nostalgia de su propia generación.  Con él muere la fantasía aludida por el autor en la entrevista con Binder; la necesidad de no perderse en una sociedad multidimensional conlleva al personaje a la recreación ficcionalizada de un pasado inexistente. El abuelo es incapaz de percatarse que el establecimiento de la nación ha experimentado un cambio ideológico radical en la generación nacida en los Estados Unidos.  Con anterioridad hube expresado en un análisis sobre Raining Backwards que la ficción “muestra la realidad de perpetuar un pasado desparecido y de alguna manera dejar constancia del mismo, […] al menos para que las futuras generaciones se nutran de esta proyección mito-aseidad” (201). La invención de un ayer idealizado es el método de mantener una Cuba vigente, un imaginario que no traicione la lealtad a la patria perdida; no obstante, según Fernández para la generación de Tatiana, Cuba es tan sólo el vago recuerdo del lugar de nacimiento de sus antepasados.

     En menos de doscientas diez palabras, Fernández ha consolidado su visión del destino que le aguarda a la comunidad cubanoamericana en los Estados Unidos.  Es significativo comparar la microficción “Tatiana”—léase Raining Backwards en general—con la posterior obra de Fernández.  De la misma forma que la niña Tatiana se aparta de su cultura ancestral despareciendo su interés por la realidad de Cuba, así ocurre con el autor que en su siguiente novela, Holy Radishes! (1995), abandona la presencia de Cuba como epicentro narrativo para adentrarse en la idiosincracia sureña de los Estados Unidos.  En palabras de William Luis, son novelas que reúnen aspectos de la cultura cubana dentro del ambiente norteamericano (31).  Es factible que Fernández—que en su oportunidad declarara que había decidido escribir en inglés para abarcar un auditorio mayor 2—ahora quiera incursionar en la cotidianidad norteamericana como resultado de su asimilación.  Esta actitud ratifica en la persona del autor el enunciado de transculturación augurado por Raining Backwards; Fernández deja su realidad y se adentra en las consecuencias de su propia ficción.

     La evidencia presentada apunta hacia una presencia cubana asimilada y sin vestigios que sugieran una regresión a la Cuba del ayer.  El individuo debe incorporarse a la sociedad de la que es parte o sucumbir por inadaptado.  No obstante, la última novela de Fernández posee características contradictorias que hacen reflexionar al lector que sigue de cerca su obra.  A pesar de ser un engendro de Raining Backwards—la viñeta que le da el título a la novela en español aparece en inglés en Raining Backwards, En la Ocho y la Doce se vuelve a adentrar en la idiosincrasia de la Pequeña Habana para ofrecer nuevas posibilidades de sobrevivencia a la cultura cubana en los Estados Unidos.  Podemos especular que es un cambio que Fernández ha decidido incorporar ya que su estilo narrativo no varía; o que tal vez fue la exigencia de la compañía publicadora que en su momento le requirió un texto en español.  Sin embargo, lo que nos interesa es la posición donde Fernández sitúa la comunidad cubana.

     Es necesario reiterar que Fernández no cambia su estilo narrativo; o sea, narraciones cortas, juegos lingüísticos, intertextualidad, microficciones.  La estructura de este nuevo texto sigue el sendero establecido por sus anteriores novelas.  La secuencia no es lineal ya que el tiempo pierde validez dentro de una narrativa interesada más bien en el individuo que en el orden cronológico de los acontecimientos.  En la Ocho y la Doce refleja la continuidad de su obra: algunos de los personajes aparecen por vez primera como producto de la pluma de Fernández; sin embargo, otros han estado presentes en la mayoría de sus novelas y cuentos.  El texto está dividido en capítulos cortos o viñetas y es la continua responsabilidad del lector unificarlos para lograr la cohesión necesaria.

     A través de las diferentes historietas se vuelven a observar las parodias sobre eventos que corroboran el espacio cubano-americano de Miami.  El recuento de las Fiestas de Quince es manipulado por Fernández al punto de llegar a lo absurdo. Lo que antaño constituía la presentación en sociedad para las jóvenes, se ha convertido en una fiera competencia para emular y sobrepasar las fiestas de los amigos o vecinos.  El autor juega con los personajes presentando su petulante deseo de competencia y la inseguridad que los lleva a tener que probar su poder económico ante la sociedad.

     En la novela abundan otras anécdotas similares.  Se puede apreciar una sutil referencia a Elián González, personaje real conocido por todos debido a su corta pero intensa intrusión en la vida del ciudadano promedio.  La parodia de Fernández abarca desde el dramático rescate en el mar hasta un epílogo ficcionalizado donde atribuye al niño una misteriosa aura de santidad.  La figura de Elián no es la única que aparece distorsionada en el texto ya que una importante figura de la televisión surge como la triunfal presentadora de “El Show de Titina”.  Esto nos muestra que Fernández intenta escribir su propia versión de la presencia cubano-americana en Miami; no obstante, en todas las facetas muestra al personaje en control y con superioridad sobre el ambiente. Mirta, recreadora de Varadero en Raining Backwards (60-61), apasionada auspiciadora de los Freedom Fighters (112-15), y después desahuciada y viviendo bajo los puentes de Miami (218), ahora, En la Ocho y la Doce, regresa de Calcuta convertida en religiosa y despertando un sentimiento de unificación en la comunidad cubana que, estimulada por Titina, acude en masa al aeropuerto a recibir a la nueva religiosa (187-90).  Manolo, que había sufrido un accidente que le había dejado ciego (el lector duda que haya sido un héroe de guerra) resurge—vidente—como destacado pilar de la comunidad.  Barbarita, cuya esquela mortuoria se publicara en Raining Backwards (151), resucita como catedrática que dicta conferencias públicas, aunque el lector sabe que sus credenciales han sido falsificadas (32-37, 41).  Los personajes regresan al texto insertados dentro de su cotidianidad, no asimilados al punto de aparecer diluidos dentro de su ambiente; hasta un punto se pude argüir que ostentan cierto grado de poder.  La falsedad de sus fachadas no obstante legitima sus posiciones sociales.  El lector infiere que el autor está modificando su anterior enunciado de asimilación o que a Fernández se le han acabado las posibilidades narrativas y ha decidido continuar insistiendo en un terreno harto arado en su trayectoria literaria.

     Aparte de mi especulación, hay una historia que merece singular atención.  Desde mi punto de vista es la mejor lograda de la novela.  “La gira” narra la excursión que hacen Barbarita y Manolo, acompañada de otros miembros de la comunidad cubana, a una reserva anglosajona situada en lo que antaño fuera South Miami (86-99).  Con el ingrediente satírico característico de Fernández, el lector se informa que la víctima es el pueblo norteamericano—expulsado por la comunidad cubana y condenado a permanecer dentro de las murallas de su inventada ciudad—el cual carece de las necesidades básicas debido al supuesto bloqueo.  Los residentes padecen sed constantemente ya que temen ser envenedados por los extranjeros del exterior al acueducto encontrarse fuera del perímetro amurallado.  Por esta razón aceptan gustosamente las dádivas de los turistas, en su mayoría cubanos, que visitan la reserva.  El reducido espacio de norteamericanos pugna por sobrevivir y evita incorporarse a la mayoría cubana.  Las reglas se han invertido y es ahora la comunidad que parecía condenada a la desaparición la que ejerce el control.

     “La gira” altera los papeles destruyendo un arquetipo presupuesto y otorga a la presencia cubana en los Estados Unidos una estadía más larga.  La asimilación aludida en Raining Backwards y Holy Radishes! parece haber entrado en un proceso regresivo.  El melting pot aludido tendrá que esperar para contar con el ingrediente cubano de Miami como uno de sus elementos; más bien tendrá una pieza que se unirá al gran rompecabezas que es el mosaico cultural norteamericano.  El regreso a Cuba sigue sin ser una posibilidad factible para el individuo; sin embargo, la completa asimilación tampoco parece ser inmediata.  El imaginario nacional se ha creado y se vive en él con acento sajón.  Las palabras de Gustavo Pérez Firmat no podrían ser más oportunas: “para bien y para mal, existo en dos idiomas” (ii).  El debate continúa; las predicciones que se alían a ambos lados de la contienda carecen del fundamento necesario para sustentar sus respectivas exégesis; por lo tanto, no son creíbles.  Las maletas del regreso, abiertas, y dando cobijo a la ruptura existente, aparecen medio hechas o están medio vacías.  Una vez más, será el tiempo quien aporte la última palabra.

     La lectura del nuevo texto intenta aproximarnos al constante deambular de un pensamiento que rehúsa anquilosarse—extensivo a toda una generación—donde los parámetros discutidos podrán ser los mismos, las características discursivas semejarán sus predecesoras; no obstante, el enunciado que porta sí ha variado.  Fernández, a través de una literatura que se actualiza en su repetición, ha devenido en el mejor ejemplo para afirmar esta metamoforsis.

 Notas

1 Véase la definición ofrecida por William Luis en la introducción de Dance Between Two Cultures sobre los términos hispano y latino.  Luis otorga singular importancia al idioma empleado en los textos así como el lugar de nacimiento de los escritores—léase dentro o fuera de los Estados Unidos.

2 Al abordar en el presente estudio la creación literaria de Roberto G. Fernández, me refiero a la visión de lo que pudiéramos denominar como los hijos de la primera ola migratoria, la que abandonó Cuba a raíz de la revolución castrista (1959).

3 Apodo de una sección de Miami donde se concentra una mayoría cubana.

4 El escritor norteamericano, Jerome Stern ha definido el concepto de microficción en su antología homónima, Micro Fiction, como un relato breve, una idea, una anécdota; una narración que no sobrepase un limitado número de palabras.  Stern indica que las narraciones incluidas en Micro Fiction oscilan entre las doscientas cincuenta y las trescientas palabras (15-19).  De esta forma, Stern ha estipulado la longitud requerida ya que cualquier texto que sobrepase esta cifra no podrá ser considerado microficción.  El reto al autor es evidente; la simplicidad del evento acentúa la dificultad de la empresa.  No obstante, es algo que el lector ha enfrentado con anterioridad, y es Stern quien aclara que antes de los llamados días de la televisión, las revistas populares solían con regularidad publicar ficción y los relatos cortos de final inesperado era algo que podía leerse mientras se aguardaba el turno en una barbería, para concluir con lo que considero se suprema importancia: todo como parte de una irreconocible literatura de la vida diaria (18).  Esta definición se ajusta a fragmentos que aparecen insertados en la obra de Fernández, quien rescata situaciones cotidianas que no pasan inadvertidas ante su aguda visión crítica y donde la parodia, la sátira y el juego lingüístico—características inconfundibles de su obra—vuelven a imperar dentro de la reducida extensión de la microficción.

5 La presencia de microficciones a través de la obra de Fernández es el tema de otra investigación que estoy realizando y que en su momento será publicada.

6 Tomemos como ejemplo a dos de ellos, Mirta y Nelia.  Mirta, idealizadora del ayer y diseminadora de mitos sobre la Cuba que abandonó años atrás, termina desahuciada viviendo bajo los puentes de Miami y dependiendo de la caridad ajena para subsistir (218).  Nelia, la abuela de Michael, al presentir que se acerca el final de sus días, decide regresar a Cuba a morir, utilizando una canoa de roble que su nieto le ayuda a construir.  No obstante, la ironía de Fernández se manifiesta al la anciana equivocar el rumbo en su regreso al pasado—lee la carta marítima al revés y desaparece en el Atlántico Norte donde el lector presupone que perece congelada (149).  El destino sombrío que sufren estos dos personajes corrobora el despego que siente hacia Cuba la niña Tatiana; la realidad de Cuba no es parte de las nuevas generaciones.

7 Véase la entrevista publicada por Time, “A Surging New Spirit”(47).

 Obras citadas

 “A Surging New Spirit”. Time 11 July 1988: 47.

Álvarez Borland, Isabel. Cuban-American Literature of Exile: From Person to Persona. Charlottesville and London: UP of Virginia, 1998.

Binder, Wolfgang. “Roberto G. Fernández: An Interview”. Americas Review 22 (1994): 106-22.

Deaver, William O. Raining Backwards: Colonization and the Death of a Culture”. The Americas Review 21.1 (1993): 112-18.

Febles, Jorge. “English and Spanish Pop Songs as Part of Character Speech: Cultural Hybridity in Roberto G. Fernández’s Raining Backwards”. Imagination, Emblems and Expressions: Essays on Latin American, Caribbean, and Continental Culture and Identity. Ed. Helen Ryan-Ranson. Bowling Green, OH: Bowling Green U Popular P, 1993. 99-108.

Fernández, Roberto G. En la Ocho y la Doce. New York: Houghton Mifflin, 2000.

---. Raining Backwards. Houston: Arte Público Press, 1988.

Ibieta, Gabriella. “Transcending the Culture of Exile” Raining Backwards”. Literature and Exile. Ed. David Bevan. Amsterdam: Editions Rodopi, 1990. 67-76.

López Cruz, Humberto. “Ficción y realidad en un personaje femenino en Raining Backwards de Roberto G. Fernández” Confluencia 13.1 (1997): 194-202.

Luis, William. Dance Between Two Cultures. Nashville and London: Vanderbilt UP, 1997.

Pérez Firmat, Gustavo. El año que viene estamos en Cuba. Houston: Arte Público Press, 1997.

Stern, Jerome, ed. Micro Fiction: An Anthology of Really Short Stories. New York: W.W. Norton and Company, 1996.

Suárez, Virgil. Spared Angola: Memories from a Cuban-American Childhood. Houston: Arte Público Press, 1997.

Vázquez, Mary S. “Parody, Intertextuality and Cultural Values in Roberto G. Fernández’ Raining Backwards”. The Americas Review 18.2 (1990): 92-102.

 


Humberto López Cruz (La Habana, 1959). Profesor, investigador y crítico literario. Graduado de Florida State University en Tallahassee.  Actualmente, imparte clases de lengua española además de cursos de literatura y civilización latinoamericanas en la Universidad Central de la Florida en Orlando, donde además desempeña el cargo de Director del Laboratorio de Lenguas Extranjeras.  Ha sido Editor de SELA—South Eastern Latin Americanist, una revista académica interdisciplinaria impresa y distribuida en los Estados Unidos.  Es coeditor de un libro de crítica sobre la narrativa de Reinaldo Arenas, Ideología y subversión: otra vez Arenas, publicado en 1999 por la Universidad de Salamanca.  También es el editor de la segunda edición de El garrote en Cuba (2000), estando la primera edición agotada desde 1927. Ha publicado numerosos artículos críticos en diversas revistas nacionales e internacionales sobre aspectos de la literatura del Caribe, Centroamérica, con concentración en Panamá, y la producida por hispanos en los Estados Unidos. Durante el pasado mes de noviembre se presentó en Cádiz, España, su poemario, Escorzo de un instante, impreso por la Editorial Betania.  En estos momentos está en prensa su último libro, Asedio a Panamá: su literatura, sobre aspectos de la literatura panameña.