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La
pregunta que se formula Robert Graves es contundente: "¿Por
qué los poetas invocan a la Musa?". Y para responder
ofrece una singular revisión de la cultura occidental a través
de los mitos y su repercusión en el oficio del Poeta; por
supuesto que La diosa blanca no es más que la defensa de este
menester sagrado y consagrado para darle existencia a las
cosas: la Poesía. Tampoco es gratuita la manera en que
designa o subtitula a su trabajo: Gramática histórica del
mito poético, por lo que el autor inglés hace una defensa de
la función del Poeta y del papel que representa incluso en la
actualidad. A lo largo del volumen citado,
Graves califica al druida como héroe, reflexiona sobre los
rituales mágicos, sagrados, de los celtas y su
correspondencia con la cultura hebrea y griega, principalmente;
además examina la figura de la Diosa madre, su antiguo culto
y su vigencia actual, pero siempre en relación con la Poesía.
Otro aspecto relevante constituye el análisis de la inspiración,
basado en el mito de la bruja Cerridwen y su consecuente
repercusión en la actividad lírica a partir del Alfabeto de
los árboles. La lectura pormenorizada de este libro, es
fundamental para cualquiera que desee comprender a plenitud el
porqué de lo sacro de la Poesía. Evidentemente hay
demasiados guiños, abundancia de citas, conceptos y
apreciaciones significativas que requieren prácticamente de
un nivel iniciástico. Y aquí volvemos a la expresión bíblica,
esotérica: "El que tenga ojos, que mire". El
conocimiento no como información, sino en tanto iluminación,
enriquecimiento, transformación; hallazgo de una verdad
evidente, pero oculta a los ojos del profano. Graves parte del
Poeta en tanto oficiante celta, del mítico héroe
judeocristiano conocido como Adán; informa sobre las
principales festividades religiosas del mundo celtíbero,
puntualiza sobre las diversas funciones y definiciones de la
diosa o Musa, resalta el tema único de la Poesía y se
detiene en el estudio de la Lengua de Ogma o Alfabeto de los
Árboles.
Por supuesto que
se puede trazar este parámetro direccional para comprender el
itinerario intelectual de este volumen revelador, donde cada
recuadro sintetiza un universo de conceptos, paradigmas y
arquetipos, tan necesarios para incorporar los elementos
necesarios en este ritual sagrado. Graves
pretende definir a la diosa, a la Musa misma, por sus
funciones mismas y atributos y por la revisión cultural que
establece. En principio, el Poeta es un mago, un hechicero, un
hombre sensible que tiene el poder de la Palabra: Taliesin
desarrollando en una cuarteta mágica un enigma cuya solución
es el viento; es decir, el Poeta conjura, invoca y desata las
fuerzas de la naturaleza. La Palabra es sagrada, tiene una
vibración, una frecuencia rítmica, significativa, un color,
una simbología. La Palabra tiene, y contiene, poder. ¡Ay de
aquel mortal que juegue a la Poesía!, indica la intuición,
la experiencia. Y por lo consiguiente no cualquiera puede ser
Poeta o utilizar para sí tal denominación. La figura, su
relevancia es tal, que representa un sacerdocio; el Escriba
que preserva los rituales antiguos, el druida que oficia en su
paraje sagrado, conjurando a la naturaleza, aunque ocultando
sus secretos a los ojos de los profanos, he ahí al Poeta.
Taliesin atrayendo al viento, Moisés separando las aguas del
mar Rojo durante el éxodo, Jesús aplacando al océano y
caminando sobre la marejada. El mito de la Creación en cada
Poema generado; Elohim dando forma a lo informe, determinando
lo seco como tierra y a la humedad como mares. El
Poeta es un pequeño dios,
sentencia Huidobro de manera contundente; José Gorostiza
musitando con modestia: “el poeta es un hombre de Dios”. Inicialmente,
Graves manifiesta el sentido sacro del mundo, siempre
conjugado a la creación poética. ¿Y no es eso, justamente,
lo que significa Poesía? La poiéses calificada por los
griegos y que aún no satisface del todo a los hombres de
letras, a los académicos e intelectuales. La tradición druídica
destaca que el alma es inmortal y que inicialmente ésta
reside en un lugar subterráneo denominado Annwn y que para
obviar aquí llamaremos preexistencia; las mariposas
representan el alma de los muertos, las que encarnan o
transmigran en diversos animales; la ciencia de los celtas
manifestaba vida, intelecto y afecto, mientras que la sabiduría
destaca por su objeto, el modo y la utilidad; comprensión por
el afecto, la señal distintiva y el respeto por lo mejor
manifiestan la memoria. Ciencia, Sabiduría, Recuerdo. Ciencia,
Fuerza, Vida. He aquí, resumido el mágico mundo celta, cuyos
árboles ofrecían protección, influencia mágica.
Por supuesto que
la instrucción se ofrecía a los bardos a través de un
maestro, en virtud de un voto hecho a la divinidad, mejor
dicho, a la Diosa. Según
la tradición céltica, cuatro festividades regían los
misterios bárdicos: la primera, el 1º. de febrero,
involucraba ritos de fertilidad dirigidos a Brígida; el fuego
hermoso (Beltaine) se conmemoraba el 10. de mayo, la celebración
de los esposos (Fiesta de Lughasa) el 1º. de agosto y, sobre
todo, 1º. de noviembre, cuando concluía el año y el velo
del otro mundo coincidía con el plano material, por lo que se
encendían las fogatas, se cortaba la última gavilla de trigo
y se invocaba a la diosa Cailleach, protectora de los cerdos.
Esta última fiesta religiosa seguramente ha desembocado en la
actual festividad nórdica del Halloween.
Pero al igual que
el mito de la Diosa madre, que requiere de su consorte, el rey
sagrado que se ofrece en sacrificio, el Poeta necesita de una
Musa, que no es más que la Luna o la Mujer simbolizada por ésta.
Cabe resaltar que
en Cuarto Creciente representa a la niña, a la doncella, a la
núbil, a la virgen. La Luna Llena o Nueva de primavera
caracteriza a la mujer fértil, a la mujer en su plenitud,
mientras que en Cuarto Menguante significa a la anciana sabia,
a la enferma y a la muerte. "Visto
desde adentro, un mito es, evidentemente, una revelación, un
absoluto, un instante intemporal, pero por su propia
naturaleza tiende a hacerse historia, a suceder entre los
hombres, a devenir poesía o teoría, negándose con ello como
mito, como fuera del tiempo, y sometiéndose a la indagación
genético-causal de los historiadores", apunta Santayana.
Desde esta perspectiva, un Poeta sin Musa y sin
inspiración nada tiene qué hacer en esta esfera. Un Poeta
sin oído y sin conocimientos técnico-formales es un Poeta
muerto; un Poeta sin el conocimiento de la expresión antigua
y de su tradición, nada representa; un Poeta sin el
conocimiento de los mitos, se encuentra desprotegido. Para
clarificar el aspecto de la Musa, basta señalar que en un
principio la Mujer detentaba los medios de producción en los
sistemas agrícolas. Las mujeres eran sacerdotisas de la Diosa
madre, cuyo consorte era el rey sagrado o regente.
El rey era, además,
contrahecho, porque se le descoyuntaba la pierna, cojeaba. Este
rey moría devorado para ofrendar sus atributos a quienes lo
comían. Recuérdese la liturgia católica, la comunión, la
hostia que es el cuerpo de Dios, el vino que es su sangre. De
ahí también los sacrificios humanos. Jesús es un dios vivo.
Pero no adelantemos juicios y reflexionemos sobre el mito de
la Inspiración, que se basa en la bruja Cerridwen y el
caldero mágico. Graves relata que esta hechicera tuvo dos
hijos, una hermosa pequeñina, Creirwy, y un niño feísimo,
Afagddu; para compensar a su vástago decidió dotarlo de
grandes dones, como son el conocimiento y la inspiración.
Cerridwen prepara una poción con hierbas mágicas recogidas a
determinadas horas, que deben permanecer a fuego lento durante
un año más un día (365 días actuales); luego de ese tiempo
tres gotas ardientes saltan al dedo de Gwion, un pequeño que
cuida el perol y quien accidentalmente las bebe. Entonces
advierte que la bruja quiere eliminarlo.
Cerridwen
y Gwion se enfrentan en una batalla de transformaciones, él
para huir y ella para atraparlo. Finalmente,
Gwion se transforma en un grano y Cerridwen en una gallina,
que termina por tragarlo; cuando recupera su forma femenina se
encuentra embarazada. Cerridwen da a luz un niño, Taliesin
–el resplandeciente, como el rostro de Enoch-, el más alto
bardo del mundo galés; para algunos, Taliesin es el padre de
Merddin o Merlín, incluso se dice que son el mismo. Este mito
recuerda al héroe solar Jesús. Recuérdese la inmaculada
concepción, el nacimiento, la muerte y la resurrección del
niño divino (las estaciones del año) que es celebrada por
los católicos en Semana Santa. La Musa, la Mujer, la Luna.
Eva, Naamá o Lilith surgiendo en cada cántico, en cada
invocación. El Poeta es el consorte, el rey sagrado, el médium
que conjura a su diosa. En cada poetisa vuelve a surgir el
llamado perentorio del mito hebreo o celta. Tradición que
confluye en la expresión del artista. Lilith según la
mitología judía, fue la primera mujer de Adán, hecha como
él de polvo, solo que impuro. Tuvo problemas con Adán por
considerarse igual a él y no querer yacer debajo, por lo que
se marchó al mar Rojo donde habitaban los ángeles caídos
con los que tuvo relación.
La visión de la
Musa se trastoca y enriquece. Imposible
soslayar sus aspectos luminosos y trágicos. Dos concepciones
no contrapuestas, sino complementarias. El Poeta y la Musa,
unidad insoslayable frente a los vapores embriagantes de la
inspiración. Algunas versiones mitográficas indican que
Lilith, encargada de los infantes hasta el octavo día no pudo
ser muerta, pero si castigada, por eso los judíos protegen a
los recién nacidos hasta la etapa de la circuncisión. En
general se considera como prototipo de la dominación del
hombre por la sexualidad, se relaciona con la pulsión llamada
libido, o el símbolo de la lujuria; también ha sido tomada
como icono del feminismo en la actualidad. La personalidad y
la influencia de Lilith en la literatura universal es
insustituible, es posible que hasta Bécquer y Poe la hayan
padecido. Nahamá o Naamá, la segunda esposa de Adán, a
pesar de su hermosura fue repudiada por éste en virtud de que
al observar cómo los dioses la creaban con huesos, sangre,
etc., le provocó asco.
Naamá, desde mi
particular punto de vista, concilia los dos extremos
representados por Lilith y por Eva. Representa
no la lujuria o la santidad, sino a la mujer real, concreta,
con los atributos necesarios y suficientes. Para evitar que se
repitiera lo que sucedió con Naamá, Adán fue dormido para
extraer su costilla y formar de ella a Eva, la madre de todos
los vivientes. Si Lilith fue la primera feminista que exigió
sus derechos, Eva es la primer mujer intelectual que aspira a
la sabiduría, de ahí que comiera el fruto del bien y del
mal, a pesar de que Dios les había prohibido comerlo. El mito
sostiene que Adán no es engañado, puesto que al ver a su
tercera esposa ya sabía que ella había desobedecido. Como él
se resistía a comer la fruta que le ofrecía, Eva le respondió
que si no comía ella sería expulsada del Jardín del Edén,
él volvería a quedar solo y no podrían cumplir la orden de
Dios: “creced y multiplicaos”. Entonces Adán decide comer
del fruto prohibido. He aquí, resumido, el mito de la caída
del hombre.
Símbolo de la libertad ante el conocimiento, el
llamado pecado original se presenta todos los días de la
existencia del hombre, cuando se plantea lo que hay que
realizar o lo que dejará de hacer. El
libre albedrío, la libertad de actuar con responsabilidad y
asumir las consecuencias de nuestros actos, según lo postula
la ética. Adán transgrede la ley para que exista el Hombre.
Pero, ¿qué es la caída? Un derecho divino ganado a pulso
tras el destierro del jardín del Edén. El hombre es un ser
anómalo que tiene partes terrenales y aspectos sublimes. El
privilegio del Poeta es darle nombre a las cosas. La Cabalá
refiere que el cuerpo es todo, menos una máquina física (esto
ocupa apenas el 1% del espacio; en esencia somos 90 %
conciencia, pensamiento metafísico. Hay influencia cósmica
sobre el cuerpo, el pensamiento controla todas las
manifestaciones de la realidad física. Sin embargo la relación
energía-inteligencia es ilusoria, por eso conviene ser
cautelosos con las apariencias. El
cosmos –que significa orden- es la fuerza integral en
nuestras vidas, a través del cual todo puede cambiar.
Por otra parte,
conviene precisar que El Zóhar, la fuente básica del judaísmo
místico, fue escrito por el Rabí Shimón bar Yojai; salió a
la luz gracias al Rabí Moisés de León y se ocupa de la
relación que existe entre las fuerzas invisibles del Cosmos,
la Fuerza y su impacto en el hombre.
Constituye el significado más profundo y oculto de la Torá,
de la cual se derivó La Biblia;
los Libros 6 y 7 de Moisés referentes a la Nigromancia,
proscritos por las iglesias cristianas, sirven para dar órdenes
a los Ángeles y Espíritus Sacerdotales del cuarto elemento;
también se refieren a los 7 sellos que señala el Apocalipsis;
son conjuros para que las entidades celestiales realicen
acciones; además explican el uso de los salmos, a partir del
santo nombre E El CHAD (grande, fuerte y único Dios).
En otras palabras,
tiene conexión espiritual con el Creador y sus fuerzas. Aquí lo extraño se vuelve conocido y la fe se vuelve conocimiento.
Hermenéutica pura. Pero la deidad asume diversos
aspectos y adquiere diferentes nombres; no es una mujer, pero
puede asumir sus formas: es un canal espiritual, lo divino en
su aspecto femenino (la Shejinah de los hebreos). En su
advocación de Luna Nueva (la diosa blanca del nacimiento y
crecimiento), Luna Llena (diosa roja del amor y la batalla) y
la Luna Vieja (diosa negra de la muerte y la adivinación), la
Musa consigue representarse en diversas advocaciones; incluso puede tener apariencia múltiple
(en tiempos pitagóricos, las mujeres adquirían según sus
etapas vitales, los siguientes nombres: Koré cuando doncella,
Nymphe en su calidad de esposa; Meter cuando ejercía como
madre y Maia le correspondía ser abuela); por eso la Musa es
creadora, conservadora, destructora, etc., pero básicamente
representa un poder, una energía. De esta manera puede ser
iracunda o desafiante, hostil o luminosa. Corazón de la vida,
de la muerte, de la existencia ulterior. La diosa que musita o
aterroriza al cantor. La que excita e incita a obedecer.
En este contexto
se explica la función del Poeta, la Musa y su relación con
la Universo. La
conexión con la tradición celta parte del Mito de Cerridwen
y su Caldero mágico, que puntualiza sobre el nacimiento,
muerte y resurrección del Niño divino, el hijo de una virgen.
He aquí el tema único de la Poesía. La Diosa o Musa se
explica por sus funciones, que se clasifican en términos del
ciclo femenino vital y por la cultura en que se observa; desde
sus propios atributos, sin independencias ideológicas, puede
determinarse en tanto principio femenino mismo; es la Mamaki,
la dakini tibetana.
Pero aclaremos: la
Diosa ancestral, la Musa de los poetas, no puede servir de
pretexto para reivindicar movimientos feministas o
manifestaciones lésbicas; la defendida igualdad de las
mujeres tampoco tiene sentido, puesto que lo femenino (ámbito
lunar) está involucrado en lo masculino (expresión solar)
genéticamente hablando; el yin yang de los chinos, movimiento
y estatismo en la unión sexual; principio de unidad, no
dualidad, es evidente que para muchos la Diosa es pagana, idolátrica,
abominable. Cierto:
los hombres no paren hijos, pero ayudan a engendrarlos. Y aquí
se completa el círculo del yin yang oriental. La Diosa Madre
y el dios vivo, el consorte, el regente que gobierna en lugar
de la diosa, aunque un día malhadado para las mujeres, el rey
decide que otro debe morir en su lugar; entonces comienzan los
sacrificios de niños, los más débiles e indefensos, y después
de las doncellas. Paulatinamente el patriarcado inicia su
entronización y la Diosa sucumbe ante el Dios celoso que no
admite ningún dios más que él, ni siquiera alguna imagen
que pueda debilitar su autoridad. Históricamente, cuando
Juliano rearma las creencias religiosas, en el año 408 a.C.,
se establece la caída de la divinidad femenina. María,
esposa de José, asume en Efeso su condición de teotokos,
madre de Dios, de Jesús divinizado. Por ende, el actual
diezmo de algunas iglesias representa las antiguas ofrendas a
la Diosa madre.
El rito mariano es,
desde luego, parte de la expresión de la Musa de los Poetas. "Pero
no es de creer que, en sí, esta experiencia del mito sea un
privilegio de los poetas y, en un grado más distante, de los
pensadores. Es un bien universalmente humano, es la religión
que sobrevive aun en los corazones más escuálidos o más
mezquinos, los cuales no se sorprenderían poco si alguno les
explicase que dentro de ellos hay un germen que podría
devenir una fábula. Es -¿hay que decirlo?- la condición sobre la que se funda la universalidad
y la necesidad de la poesía", reflexiona George
Santayana.
¿Por qué los
poetas invocan a la Musa?, se cuestiona Graves. Y
Santayana responde, advirtiendo sobre la consagración de la
leyenda, de la tradición mitográfica: "De la niñez, de
la infancia, de todos aquellos momentos de fundamental
contacto con las cosas y con el mundo, que encuentran al
hombre desprevenido, conmovido e inmediato, de todas las
“primeras veces” irreductibles a racionalidad, de los
instantes aurorales en los que se formó en la conciencia una
imagen, un ídolo, un sobresalto de adivinación frente a lo
amorfo, se eleva, como de una garganta o de una puerta abierta
de par en par, un vértigo, una promesa de conocimiento, un
pregusto extático. Lo propio de esta sensación es un
detenerse del tiempo, un revivir cada vez como nueva aquella
primera vez –así ocurre en las prácticas rituales para la
celebración de una fiesta. Abandonarse a la contemplación, a la excavación de aquel momento,
significa salir del tiempo, desflorar un absoluto metafísico,
entrar en una esfera de trabajo, de codiciosa conquista de un
germen que no perderá su inmovilidad sino para devenir otra
cosa –poesía consciente, pensamiento desplegado, acción
responsable- en suma, historia.
Hacer Poesía o teoría, tal la ley del espíritu al
observar el choque de la realidad con los mitos.
Cierto: La mujer
es Musa, pero también Creadora. Las
sacerdotisas de la diosa la sustituían, por ello se les
llamaba pro stares, prostitutas, de alguna manera la divinidad
era La Luminosa, pero también la devoradora, la loba, lupa
(de ahí lupanar) y cuando es sustituida por el Dios celoso,
las vestales son consideradas las puttas, las podridas. Si
santuario es el lugar mítico (tactus de coelo –ha caído el
fulgor) donde el fiel participa de algún modo con la
presencia, con el contacto, con la vista de la Revelación, la
Poesía constituye el lugar de adoración, la colina sagrada
donde la Musa se manifiesta. Aquí el tiempo se detiene, el vértigo,
el éxtasis es el símbolo encarnado de la fe, núcleo central
de la vida interior. Liturgia, ciertamente, donde tiene lugar
lo “verdadero metafísico”. Para el Poeta actual el poema
devela el misterio. La tradición bárdica alude al mágico
Alfabeto de Ogma, revelado a los hombres por el dios Ogham,
deidad del aprendizaje y la escritura, consistente en las
rayas secretas grabadas en uno de los lados, o en ambos, de
una línea divisoria. Amor, Conocimiento y Verdad, los rayos
de luz del conocimiento. Graves compara el Beth Luis-Nion con
el alfabeto helénico y los alfabetos irlandeses, puesto que
hay conexión entre los celtas, los hebreos y los griegos
antiguos.
El significado místico de cada día, referido a los árboles,
simboliza obviamente, una letra, con una valencia en cuanto a
color, substancia, etc. Así,
las letras OIV, similares a la escritura rúnica, tienen su
correspondencia con el tetragramatón hebreo JHWH, el Santo e
Inefable Nombre de Dios, la expresión misma del cántico poético.
El siguiente cuadro refleja con claridad lo que aquí
se ha planteado
ASPECTO
SAGRADO DE LA POESÍA
La Musa, símbolo de la
mujer, representación de la Luna:
1.-
Luna en cuarto creciente = la niña, la núbil, la virgen, la
doncella
2.-
Luna llena = mujer fértil
3.-
La luna en cuarto menguante = la anciana sabia, la enferma, la
muerte
Obras
citadas
Robert Graves,
La diosa blanca,
Alianza Editorial, Madrid, 1986, 1ª. reimp.,701 pp.
Vicente Huidobro, Poesía y prosa.
Antología, Edit. Aguilar, Madrid, 1967, passim
Cfr. Poesía, FCE, Méx.,
1977, 1ª. reimp., pp.23-25
George Santayana, Interpretaciones
de poesía y religión, Edic. Cátedra, Madrid, 1993, p.
107
Gershom Sholem, La Cábala
y su simbolismo, Siglo XXI Edit., Méx., 1995, 9ª. Edic.,
239 pp.
Philip S. Berg, El
poder del Uno, Centro de Investigación de la Cabalá, New
York, USA, 1992, 282 pp.
Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio
constituyen los cinco libros iniciales conocidos como Pentateuco
Israel Ben Yesha, Hacia Dios por
la Kábala, Edit. De Juan S. L., Barcelona, España, 1990,
135 pp. En Lapalabra
inconclusa, Esther Cohen ofrece una lectura pormenorizada
sobre los alcances de la cosmovisión cabalística como
actividad privilegiada en la interpretación de textos
sagrados.
Cfr. Interpretaciones de poesía y religión, Edic. Cátedra, Madrid, 1993, p. 109
Op. cit., ibid., p. 105
Es interesante, y valiosa, la reflexión de Esther Cohen sobre la
esencia del lenguaje y el aspecto de nombrar, aunque a veces
caigamos en el caprichoso juego de los signos. Cfr. El
silencio del nombre. Interpretación
y pensamiento judío, Edit. Anthropos/Fundación Cultural
Eduardo Cohen, Méx., 1999, 110pp.
Óscar
Wong nació
en Tonalá, Chiapas, México (1948). Poeta, narrador,
ensayista y profesor de literatura. Es miembro activo de la
comunidad intelectual de Chiapas. Promotor y editor de antologías
de excelente calidad, tales como Chiapas. Nueva fiesta de pájaros
(Editorial Praxis, 1998), en donde se rescata la tradición de
un siglo de su entidad natal a través de las voces de 17
poetas nacidos en ese estado sureño y Chiapas. Dimensión
social de la narrativa (Editorial Edaméx, 1999), proyecto
que incluye a narradores chiapanecos. Sus poemas, ensayos,
narrativas y artículos aparecen en diferentes publicaciones
de Chiapas y de México.
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