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Una entidad desconocida ha decidido encontrar la razón de un
hechizo. El hechizo de la inmortalidad.
La
escena se desarrolla en la laguna Estigia. Caronte lleva cuerpos en
su barca. En fantasía, de manera extemporánea, su boga es
observada por tres güijes
que comentan entre si. Dichos seres, han sido designados por la anónima
entidad para descifrar el hechizo. Como son seres nacidos en
cautiverio, lejos de sus
lunas africanas,
juegan a confundir una metafísica que los ignora al
pretenderse oriundos de una tierra lejana, cuyas deidades no les
pertenecen. Todo ello ha sido calculado por la entidad
para dar mayor validez a sus hallazgos. Los güijes
son deidades menores que habitan las lagunas y su función es
ahuyentar a los atrevidos que osan penetrar sus soledades nocturnas.
Pero además, como seres mágicos, también son capaces de recordar
antiguas memorias, como la de los mitos arcanos que se evocan en las
urdimbres de esta obra.
Personajes:
Güije primero
Güije segundo
Güije tercero
Caronte
Orfeo
Eurídice
Coro (Güije primero, Segundo y tercero)
ÚNICO
ACTO
ESCENA
PRIMERA
(Los
güijes atisban mientras comentan sobre el lugar oscuro y misterioso
al cual han sido enviados, ignorando que van a descifrar un hechizo.)
GÜIJE
PRIMERO: Las
sombras, que entusiasmo.
GÜIJE
SEGUNDO: Si alumbrara la luna y luego se escondiera….
GÜIJE
TERCERO: Pero aquí nunca hay lunas.
GÜIJE
PRIMERO: Miren aquella barca. Lleva muerto.
(Se
ve a los lejos una barca. Es la barca de Caronte que traslada el
cuerpo desfallecido de una bella mujer de cabellera negra.)
GÜIJE
SEGUNDO: (Mirando la barca) El difunto su drachma pagaría.
GÜIJE
TERCERO: Cierto.
(Se
acerca una
barca con
farol a popa de pobre luz.)
CARONTE:
(Rema y exclama con
cierta ironía) Ah...¡estos muertos!
GÜIJE
PRIMERO: Hoy rema muy de prisa.
GÜIJE
SEGUNDO: Siempre rema lo mismo.
GÜIJE
TERCERO: Sus abismos, conoce..
CARONTE:
(Quitando las manos de los remos) Por qué tanto remar…Hora es ya
que me lleven por mi laguna negra.
Espeto
esta verdad; todas las almas miran,
y
yo, las miro a todas, y pienso:
¿Quién
me llevará?
GÜIJE
PRIMERO: (Mirando hacia la barca, comenta) A este griego… ¿Lo
entiendes…?
GÜIJE
SEGUNDO: Preguntemos a Atabex.
GÜIJE
TERCERO: (Prendiendo un tabaco y golpeando la tierra con su báculo)
Atabex… Atabex….A este griego ¿lo entiendes?
(El
humo se despeja. Nadie responde.)
GÜIJE
PRIMERO: (Dudoso) Preguntemos a Mabuya
GÜIJE
SEGUNDO: (Prendiendo un tabaco y golpeando la tierra con su báculo.)
Mabuya…Mabuya…A este griego: ¿lo entiendes?
(El
humo se despeja. Nadie responde).
GÜIJE
TERCERO: ¿Serán
nuestros dioses…?
¿Quién
es la de la barca?
GÜIJE
PRIMERO: (Mirando en la barca el cuerpo de la mujer desfallecida,
como quien se recuerda de algo muy olvidado ) Es… Es…¡Eurídice!
GÜIJE
SEGUNDO: (Asombrado) ¡Eurídice! ¡Euridice, dices! ¿Eres
Tequina…?
(La
cabellera de la muerta flota como estela fosforescente al bogar de
la barca. Mientras
rema, el barquero comenta.)
CARONTE:
Una
langorosa cabellera es la estela de mi barca…
Mi
barca va bogando
con esa lágrima.
Mis
remos a veces se enredan en sus guedejas…
Mis
ojos languidecen de cabellera amarga
(Los
guijes, a manera de antífona y mirando la barca alejarse.)
GÜIJE
PRIMERO: (Dando un golpe en la tierra con su báculo.) Una
langorosa cabellera es la estela de su barca…
GÜIJE
SEGUNDO: Su barca va
bogando con esa lágrima.
GÜIJE
TERCERO: Sus remos se han enredado en sus guedejas.
CORO:
(Güije
primero, segundo y tercero dando un golpe al unísono
en tierra
con sus báculos.)
Sus ojos languidecen de cabellera amarga. Una langorosa
cabellera es la estela de su barca.
(La
barca se pierde de vista. Se oscurece la escena.)
ESCENA
SEGUNDA
(La
barca de Caronte reaparece en la distancia y se acerca con su débil
luz de popa; única luz que ilumina la escena).
GÜIJE
PRIMERO: (Notando la presencia de la luz que se acerca.)
¡Qué entusiasmo! Una luz….
GÜIJE
SEGUNDO: ¡Son ciegas las visiones! Nunca alumbra la luna en
este lago.
GÜIJE
TERCERO: Riela una luz exigua en la penumbra.
(Lentamente,
se aproxima la
barca.)
GÜIJE
PRIMERO: Es la barca… el remero…. y ahora ¿Ven? la barca
lleva vivo...
GÜIJE
SEGUNDO: Vivo está el pasajero. No habrá pagado drachma.
GÜIJE
TERCERO: ¡Un viajero despierto!
GÜIJE
PRIMERO: ¡Sí!
GÜIJE
SEGUNDO: Muy
despacio va el remero.
CARONTE:(
Habla con el pasajero mientras
boga hacia
la orilla.) ¿Por qué tanto remar?
Hora
es ya, cerca
del sueño, para
exhausto
de
esta laguna de sangre ennegrecida,
donde
todas las almas se miran y yo las miro a todas …
Hora
es también,
la mía.
Pero…
¿Y mis remos?…
(La
barca llega a la orilla y el pasajero desembarca desapareciendo en
la semioscuridad. El barquero suelta los remos y
desaparecer dentro de la barca. Los güijes que le han
escuchado y que han observado lo que ocurre, comentan.)
GÜIJE
TERCERO: (Dando un golpe en la tierrra con su báculo, como
expresión de certidumbre) A este griego lo entiendo.
GÜIJE
PRIMERO: Cierto. Yo, también.
GÜIJE
SEGUNDO: Lo creo. Ya la barca no lleva cabellera lánguida.
GÜIJE
SEGUNDO: Los ojos le descifran.. Sólo miran lo negro.
GÜIJE
TERCERO: (Señalando hacia la barca.) Veo los remos flotando.
GÜIJE
PRIMERO: ( Que ha observado a Caronte desfallecer en la barca.)
El barquero…está muerto.
GÜIJE
SEGUNDO: (Asombrado, escucha
la voz de un trovador en la orilla donde ha carenado
la barca, muy cerca de un riachuelo que desemboca en esa
parte de la laguna.) ¡¿Y esa voz…?!…. ¡Es afuera!… ¿Quién
canta en la corriente…?
¿De quién es esa endecha que gime por el agua…?
(Se
escucha risa de mujeres ebrias. Son las Bacantes en orgía sagrada
que, en celoso rapto, creen haber terminado con el trovador que le
cantaba a Eurídice; su único amor presuntamente perdido.)
ESCENA
TERCERA
(Se
ilumina suavemente la escena donde es escuchado el canto.)
GÜIJE
TERCERO: Ha
salido la luna
GÜIJE
PRIMERO: (Señalando la barca donde
ha de yacer el cuerpo inerte de Caronte y de donde ha
desparecido el pasajero) ¡Miren! ¡Miren!…¿ Y el remero…?
GÜIJE
SEGUNDO: El remero está muerto. Su
barca es el pasado.
(La
escena se ilumina vivamente, aparece por el lado derecho un dorado
Orfeo; el trovador que cantaba la endecha acompañado de arpa o
guitarra.)
ORFEO:
He
vencido la muerte.
¿De
qué me serviría si sólo fuera el
vencedor de mi muerte…? ¿Para qué?, condenado a
la pasión de una ausencia.
¡Oh,
amada Eurídice!
Por tí crucé dos veces este espejo de sangre.
Tal
fue mi dolor y mi vacío que hubiera deseado acompañarte en tu
destino maldito.
Pero
ahora, sé que puedo y, te conjuro, en nombre del amor,
que
puede más que los mitos, y los dioses y que el amargo destino.
¡Yo
te conjuro, amada, a que abandones los cristales de sombra!
(A
la izquierda de la escena , como una iluminada visión, aparece la
imagen de una mujer de larga cabellera negra, envuelta en velos con
destellos de
adornos plateados, que son acentuados por los efectos de la luz.)
ORFEO:
Estrella
mía. ¡Gloria!, ¡Gloria!, ¡Eurídice… ¡Mi Euridice! Ya vences
la tiniebla.
(Continúa
la música de fondo.)
CORO:(Güije
primero, segundo y tercero) Él
te conjura, amada, a que abandones los cristales de sombra.
(Orfeo
y Eurídice, envueltos en una nube –efecto especial- desaparecen
de la escena.)
GÜIJE
TERCERO: Hemos sido testigos… ¡Seamos profetas!
¡A
los Orichas! ¡A los sahumerios! Se han ido las Bacantes.
GÜIJE
SEGUNDO: ¡Avisad a la Diosa! ¡Ya tenemos la magia!
CORO:
(Güije
primero, segundo y tercero) ¡El Amor ha vencido los cristales de
sombra!
No
hagamos duendecillo, no asustemos a Orfeo…
¡Que
mañana nos cante!
GÜIJE
TERCERO: No
asustemos a Orfeo. No hagamos duendecillo…
¡Que
mañana nos cante!
GÜIJE
PRIMERO: Silencio…
Silencio….
No
hagamos duendecillo… No asustemos a Orfeo. …
¡Que
mañana nos cante!
(Disminuye
la música de fondo y termina la obra.)
FIN
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