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A
mediados del año 2000 le comuniqué a Ulises Varsovia, que pensaba
visitar Chile. Me preguntó que si pensaba dar un recital de mis
versos, y me advirtió que me iba a sentir extraño porque ya la
poesía tradicional y en especial el soneto, estaba en desuso en
Chile. Yo comprobé que no es verdad, por la cantidad de sonetistas
que me acompañaron en el homenaje que me rindieron en la hermosa
patria de Pablo Neruda, para mí el mejor poeta del siglo XX.
Siempre sentí deseos de visitar Chile (mucho antes de leer los
“versos“ de Ulises) cuna de grandes poetas y dos premios Nóbel
de literatura (Pablo Neruda y Gabriela Mistral) así como David
Valjalo, ya fallecidos, y otros que actualmente son orgullo del
Parnaso chileno: Alfonso Larrahona Kästen, Eliana Godoy Godoy, Dina
Ampuero, María Cristina Aliaga Luna, María Rosa Carrasco Peña,
Armando Sol, Pedro Mardones Barrientos, Elba Hurtado Camogliano,
Carmen Ramos Beiza, Carlos Aránguiz, Pablo Cassi... y otros que,
aunque no todos son sonetistas, escriben verdaderos versos con poesía.
De ahí que me sintiera tan defraudado cuando leí los renglones que
Varsovia llama poesía, sin haber pasado antes por la categoría de
verso. Decir “yo escribo poesía”, es un error: el poeta escribe
versos, y los versos puede que tengan poesía o no. La poesía es
para el verso lo que el espíritu es para el cuerpo. Los versos
necesitan el espíritu musical de la poesía.
Mi amigo Ulises Varsovia (nombre literario) acaba de publicar
en el número anterior de la Revista Literaria Baquiana una queja que
es más bien una recriminación. Se queja el prosista de la
sinceridad que tuve al pedirle que me demostrara, en 14 versos
endecasílabos, sus cualidades poéticas. Presto me envió 14
renglones que no me convencen de que sea un soneto. (Creo que después
de haber obtenido 40 premios en poesía, y de haber servido como
Jurado en decenas de certámenes literarios, debo tener alguna
autoridad para saber lo que es un soneto) y se lo dije con toda
franqueza. Sin embargo, tengo que admitir que es un excelente
prosista. Varsovia dice que su poesía es moderna. No sé si se
refiere al modernismo iniciado en América por Rubén Darío y José
Martí en el siglo XIX, o si se trata de algo iniciado más tarde
por movimientos que auspician la “antipoesía”. El caso es que
la poesía es una sola: “la expresión de lo bello por medio de la
palabra”, cuya belleza también se encuentra en la prosa poética.
Quien escriba con belleza puede llamarse poeta, pero en tal caso
debiera escribir prosa, porque el verso, para alcanzar la categoría
de “verso”, necesita de ciertos ritmos interiores, cualidad ésta
que lo distingue de la prosa. Y no necesariamente hay que buscar ese
ritmo en la rima, que en definitiva es sólo un adorno de la poesía.
En todos los tiempos ha habido poetas-prosistas que se han quejado
de su inhabilidad para escribir versos: Víctor Hugo fue uno de
ellos. Y es que del mismo modo que para la música es necesario
tener oído musical, con la poesía pasa un tanto igual: se trata de
una virtud que es innata en los seres dotados de ese privilegio. Las
academias pueden mejorar a un músico o a un poeta, pero no pueden
hacer poetas ni músicos, si el individuo no nace con esa vocación.
Quizá Ulises Varsovia debiera vivir por algún tiempo entre
guitarras y pianos, para que llegue a entender la belleza del verso
musical, que nada tiene que ver con la cultura, la literatura ni las
universidades... Simplemente se trata de sentir en endecasílabo,
“buenos días, adiós, hasta mañana”, como decía el gran poeta
español-cubano-americano, Eugenio Florit. El poeta mexicano, Juan
de Dios Peza, citaba: “Ser poeta, según afirma un escritor de
fama, es sentir hondo, pensar alto y hablar claro, y cuán pocos de
los que el vulgo llama poetas, han cumplido con estas raras
condiciones. En materia de arte, son muchas las escuelas, muchas las
exigencias de los críticos, muchas las reglas que imponen los
maestros y, sin embargo, lo esencial en el artista no lo dan los
libros ni lo pueden repartir en las cátedras, ni se sabe en qué
estriba el secreto de posesión en el individuo: la inspiración
inmortal y sublime”.
En
su Teoría Literaria “Origen musical de la versificación”,
Gayol Fernández cita: “Versificación, en general, es la
composición en verso conforme a un determinado sistema. Constituye
su estudio la técnica de la expresión poética en su más estricto
y material sentido. Esa técnica, en español, se aplica al lenguaje
para someterlo no sólo al ritmo (cadencia musical basada en acentos
y pausas) sino también a una proporción regular o medida —simetría—
que establece un determinado número de sílabas métricas. La técnica
de la versificación castellana crea, en consecuencia, el ritmo simétrico,
que es lo que llamamos verso con sus distintas especies y
agrupaciones o combinaciones métricas: las estrofas. La versificación
—se ha repetido— nació con la música. Precisamente para
acomodar el lenguaje al canto y seguir su cadencia musical surgió
la frase rítmica de proporción uniforme: el verso. La cadencia del
verso equivale al compás de la música: «El verso nace con la música,
unido a la danza», Afirma autorizadamente Pedro Henríquez Ureña”.
Si por desconocimiento musical intentamos deshacernos del ritmo en
el verso, en vez de verso tendremos un simple renglón. Eso
equivaldría a tomar una pieza musical y quitarle, caprichosamente,
ciertas notas musicales: como resultado tendríamos, no una pieza
musical, sino una pieza de ruidos. O sería lo mismo que si a una
guitarra, en lugar de colocarle las cuerdas tradicionales: primera,
segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta, decidiéramos eliminar la
prima y la tercera y en su lugar colocáramos una sexta o una quinta.
¡No habría músico capaz de afinar esa guitarra, a no ser que el músico
sea un ser inarmónico! De la citada Teoría Literaria: EN RITMO
INTERIOR EN LA NUEVA POESÍA “La poesía de hoy —traducción de
una nueva sensibilidad poética— se orienta en la obtención de
otra clase de ritmo, sin esencias musicales: el ritmo interior o
espiritual, la «adecuación de la forma al concepto»,
indudablemente de más difícil logro que el ritmo exterior musical.
Con el ritmo interior de la nueva poesía se corresponde
frecuentemente a la unidad conceptual de cada verso. Contrariamente,
en la poesía tradicional, de mero ritmo verbal, esa unidad
conceptual se quebranta cada vez que lo exige la armonía”.
A
Ricardo Palma, el poeta peruano, un aprendiz de poeta le preguntó
una vez qué: cómo se hacía una poesía, y el poeta le respondió:
“Pues escriba Ud. renglones del mismo largo y póngales en las
puntas palabras de sonidos parecidos”. ¿Y en el medio del verso
“qué pongo”, preguntó de nuevo el aprendiz? “¡Ah, en el
medio del verso! “Pues en el medio del verso tiene que poner poesía”,
le respondió Palma. No es un secreto que en los últimos años todo
el mundo quiere ser poeta, y para demostrarlo, los que quieren serlo,
tienen que escribir muchos libros: una docena, diez docenas...
porque si una persona escribió 100 libros llenos de renglones, con
o sin rimas, y aunque en el centro del verso no digan nada poético,
no habrá quién tenga autoridad para decirle que no es poeta, ¡porque
los libros justifican que él es poeta, sino no los hubiera podido
escribir! Yo estoy seguro que si Pablo Neruda, César Vallejo, José
Santos Chocano, Rubén Darío, José Martí, Antonio Machado,
Gustavo Adolfo Bécquer, Federico García Lorca y otros de antes y
después que la poesía los inmortalizó, hubieran escrito nada más
que un sólo libro, hubiera sido suficiente para dejar constancia de
que, verdaderamente eran poetas. La poesía que sólo su autor pueda
recitar o cantar o que no sea contagiosa o pegajosa, no pasa a la
inmortalidad, porque la poesía verdadera es como la del “Cantar
de los Cantares”. De ahí que la poesía de José Asunción Silva,
Pablo Neruda, José Ángel Buesa, Norman Rodríguez, Carilda Oliver
Labra... y otros afortunados de la poesía musical, se hayan
inmortalizado, porque su poesía es “tarareada, cantada” y
repetida hasta el cansancio, por la voz popular. Norman Rodríguez (cubano)
fue poeta de novedosas imágenes y sorprendentes metáforas. De su
poema LA HERIDA, tomo estas metáforas: "Amapola de fuego
visitada/ por una procesión de duendecillos/... De su soneto LA
MUJER, tomo el terceto final: "...de tu misión de nardo
compartido.../ La Vida, que te toma para nido,/ te declara profunda
en mariposas..." Veamos lo que el poeta Rodríguez dice sobre
la persona poeta: EL POETA Exploras un jardín desconocido. De la
vida y la muerte sabes tanto que todo lo que pones en tu llanto es
parte de la muerte que has vivido. Eres de polvo derrumbado y
ciertos ingredientes levísimos y oscuros. Los cetros te repugnan, y
los muros; pero puedes crecer en los desiertos... El pétalo, la
llama y la alegría se cuentan entre tus predecesores. A ratos
pienso que me gustaría que se te designara centinela de amaneceres
amanecedores... ¡Tu oficio es el amor, aunque te duela...! CARILDA
OLIVER LABRA (cubana) Desde siempre, su poesía tuvo matices de un
romanticismo ardoroso, vibrante, conquistador... Cientos de poetas
le han cantado a Carilda Oliver Labra: En ocasión de una de mis
visitas a Cuba, le hice la siguiente décima: ¡Por Carilda! ¿qué
sentir/ por Carilda Oliver Labra?/ Carilda es una palabra/ que es más
que para decir./ Nació para arder y uncir/ con hilos de amor el
ser.../ Carilda sabe tejer/ hilos con su aguja fina/ y en la noche
femenina/ puede soñar ¡y envolver! Pero, dejemos que Carilda nos
lo diga con sus propios versos, en este poema titulado: CITA Sin mi
parco vestido de ceniza, sin mis ojos de nunca, sin la rota gravedad
de violeta que me triza, sin mi tedio romántico de gota. Con el
hambre y la sed, con una lanza de sostenido fuego diminuto, con una
blusa nueva, con un fruto con la misma paloma que ahora danza.
Ignorante de qué, cómo ni cuándo, vine a la cita del amor
cantando; y relámpago fiel, astro viajero, bajo la noche estática
y brillante, iluminando todo el paradero como un destino apareció
mi amante. No podía faltar en este recorrido por el bosque de la
poesía (la poesía verdadera, la inmortal) ese maestro del ritmo
que se llamó Pablo Neruda. Sin dudas el más grande poeta del siglo
pasado. Hasta en los versos de más difícil construcción, Neruda
se las arreglaba para que la música primara en el verso, consciente
de que, sin ese ingrediente, el verso es un simple renglón. En sus
Cien Sonetos de Amor, libro dedicado a su amada Matilde, el poeta
juega con los versos y sin necesidad del rigor de la rima, logra una
verdadera joya en cada verso, en cada soneto. Aunque todos y cada
uno de sus cien sonetos son de perfecta simetría, tomo como ejemplo
el SONETO No. II. Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, qué
soledad errante hasta tu compañía! Siguen los trenes solos rodando
con la lluvia. En Taltal no amanece aún la primavera. Pero tú y yo,
amor mío, estamos juntos, juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas, hasta ser sólo tú, sólo yo
juntos. Pensar que costó tantas piedras que lleva el río, la
desembocadura del agua de Boroa, pensar que separados por trenes y
naciones tú y yo teníamos que simplemente amarnos, con todos
confundidos, con hombres y mujeres, con la tierra que implanta y
educa los claveles. Veamos de José Ángel Buesa, (cubano) este
melodioso poema: CANCIÓN DEL AMOR LEJANO Ella no fue, entre todas,
la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me
amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso
fue porque la amé de lejos, como a una estrella desde mi ventana...
Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más
reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena, como una playa cada vez
más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre
la arena. Ella estuvo en mis brazos, sin ser mía, como el agua en
un cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que
vuelve en el viento todavía... Me penetró su sed insatisfecha como
un arado sobre la llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la
esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer
aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía.
No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo ¡a
ninguna la quise como a ella! Los que conocieron a Buesa cuentan que
ejercía un poder avasallador sobre el género femenino: Era un
hombre elegante, de gestos finos, y palabra de miel, como lo prueba
este poema titulado: POEMA DE LA ESPERA Yo sé que tú eres de otro.
Y, a pesar de eso, espero. Y espero sonriente, porque yo sé que un
día, como en amor el último vale más que el primero, tú tendrás
que ser mía. Yo sé que tú eres de otro, pero eso no me importa,
porque nada es de nadie, si hay alguien que lo ansía, y mi amor es
tan largo, y la vida es tan corta, que tendrás que ser mía. Yo sé
que tú eres de otro, pero la sed se sacia solamente en el fondo de
la copa vacía; y, como la paciencia puede más que la audacia, tú
tendrás que ser mía. Por eso, en lo profundo de mis sueños
despiertos, yo seguiré esperando, porque sé que algún día buscarás
el refugio de mis brazos abiertos, y tendrás que ser mía. Y
cerramos con este pensamiento del propio José Ángel Buesa: "Amor
se llama amor para quien ama. Más tarde, flor a flor, dejamos de
saber como se llama, —o acaso lo sabemos, pero ya no es amor—".
Creo que en este breve recorrido poético, hemos aprendido
algo de lo que es la verdadera poesía, la poesía de siempre, la única,
¡la inmortal!... Hasta la próxima.
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