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Personaje
Hombre, maduro
algo jocoso, con cierta gracia forzada, como si el humor fuera una
obligación. Que
es, a su vez, una imposición en su vida, es el Único reducto que le
queda. Al tiempo que muestra cambios repentinos de su temperamento,
gesticulando expresiones guturales, como parte de su juego personal.
Ello fragmentará el discurso narrativo de la pieza, otorgándole,
en su lugar, mayor teatralidad. En cualquier caso, el director de
escena será libre de decidir.
Escena,
aparece el
Hombre
quien
muestra signos de una persona enajenada, fuera de conciencia,
sentado frente a un televisor —que será un dispositivo escenográfico
al margen—. Como si lo que le rodea nada tiene que ver con su
pensamiento, el cual se deja arrastrar, acompañando su mirada fija
hacia la imagen del televisor. En el escenario, la luz del televisor
es lo único que se deja ver al principio. Es un juego de
imaginaciones: la imagen establece una pesada atmósfera de soledad.
La oscuridad, por su parte, representa un papel determinante al
inicio de la pieza. Al fondo suena «La Foule de
Edith Piaf»,
la cual
aparece integrándose al ambiente. En la medida en que el ritmo se
desarrolla, los cambios de iluminación expresan (o quieren expresar
para el autor) los diferentes estados de ánimos, cuya expresión
caracteriza al personaje en diferentes roles. A cada cambio de emoción
una posible, a juicio del director de escena, iluminación y
personalidad. Queda al libre criterio los cambios de vestuario, pero
sin descuidar los momentos de ese cambio que exige el texto. La
historia se desarrolla en cualquier lugar y hora del día. Se
dejan ve posteriormente, en la medida que la iluminación cambia, un
conjunto de cartas y sobres lacrados en una mesa. Nunca desorden. El
autor desea que el ritmo que imponga el actor sea dinámico,
mediante la agilidad del parlamento: decirlo en el menor tiempo y
dicción posibles. Lo cual lo prescribe el texto. Para ese instante,
el actor impondrá, y sólo él, su discurso actoral, implicará sus
técnicas para un teatro de ambiente sombrío, por decirlo de una
manera, y, como mejor se quiere, expresionista. Es cuando el
televisor establece una relación irónica con el personaje. Esto es,
que el personaje no sabrá si está en un programa de televisión o
en la realidad.
Único
acto
Única Escena
En
la misma escena. El Hombre, va
cambiando de emoción, aceptando la realidad de la audiencia que
tiene mientras, al
momento de percatarse del público, revisa los sobres lacrados.
Susurra, como para él:
«Cartas del corazón»
Hombre.—
iHola, cómo están!... ¿Se dice cómo están? (Repite
con sonidos guturales) ¿Có...
mo... están? ¿Están?... (No se
alcanza a entender lo que dice. Gira con cierto juego en el habla) ¿Cómo
están? Siempre se ha dicho. No se puede decir de otra manera. Bien,
sí, se puede decir de muchas maneras. Se dice: có... mo... están.
¿Les parece bien que lo diga así? (Cambia)
¿Lo digo como un vago de la calle? Bueno... entonces, es fácil.
(Como vago) De acuerdo, ¿Cómo
están? Fíjense, hay varias maneras de decirlo. (Como
niño) ¿Qué tal?.. iHola niños, no sabia que estaban aquí! (Cambia)
Y son muchos los niños. Porque todos somos, en algún momento
de nuestras vidas, puede decirse, niños. Un niño bueno o un niño
malo. A mi, me gusta ser un niño malo. Todo depende. (Al
público. Pausa) No, no, no piense mal, no me refiero a usted
que, desde luego ya es maduro y no está para niñadas.
Y ahora, como para
muchos de ustedes, los niños son un recuerdo que tienen valor sólo
cuando hablamos de la familia. Sí, me imagino a usted hablando de
la familia y todo lo demás. Cómo escucha: con todo lo demás...
Cada quien tiene un «demás» en su vida. Me refiero a... esos «demás»...
que logran alejarnos de la niñez con tanta facilidad. A veces, para
evitarlo, me gusta hacer de niño, jugando a ser un
vago o lo que me ocurra. Podemos jugar con diferentes cosas.
Depende de qué pretenda la imaginación.
A lo que a mi respecta,
a cualquier hora, y ¡cuando
la imaginación ordene!, estoy dispuesto. Por ejemplo, (Cambia, representando a un personaje de historietas de Vaquero) con
el vaquero, ¿ven?... tipo John Wayne, el típico vaquero de
westerns... a la americana. ¡De pronto! Tomo mi arma, me desplazo,
hacia el centro de la polvareda y me detengo a mirar al enemigo,
entregándome con aquella seguridad de que en materia de vaqueros
muertos en la arena no hay quien me gane. (Detiene
el juego) Insisto. Distinguido público esto de los juegos es
cuestión de querer ser niños nuevamente. Fácil
al decirlo. (Pausa. Al público) ¿Cómo,
que lo intente de nuevo? Pero no lo tome con tanta ligereza que,
después de todo, soy quien corre el riesgo... Un momento, (A alguien del público) ¿Qué
le gustó del vaquero?¿La parte masculina o la parte femenina?
Quiero decir, no sé qué deseas de un vaquero como John Wayne: si
te gusta que sea más fuerte y varonil. No hay problema, como
ustedes quieran. (Continúa con el juego) iMás
fuerte... y varonil! De modo que todas las chicas, de padres
irlandeses, por favor, en todo caso,
las blancas hispanas pueden anotarse en mi lista de espera. (Cambia) No piensen que hay preferencia. Sólo es parte del juego. A
querer jugar (Pausa).
Bueno, en este tipo de
ejercicios son en los que estoy pensando para darles el taller. Creo
que para esto me enviaron hasta aquí. De acuerdo, para explicarles
algunas técnicas, las cuales son de gran utilidad a la hora de
manipular... ¿qué digo?, perdón, cuando deseemos orientar, educar
a un grupo determinado. ¿Esto es «el centro de estudios para el
mejoramiento de la personalidad en etapa de formación y autoestima»?
¿Aquí —disculpen tantas preguntas—, es dónde se quiere
mejorar la estima de las personas?
Y estoy para enseñarles todo en cuanto a estima y expresión
corporal se refiere: «una mejor forma de comunicarte», ¿no es
como dice el anuncio?. Entonces es una manera de hacer las cosas (Pausa.
Cambia) ¿Entienden? Empecé
por decides que, antes que nada, tenemos que conocernos bastante, lo
necesario. Con la finalidad de iniciar los primeros ejercicios de
interpretación. 0 sea, que en la medida en que juguemos, en esa
medida seremos capaces de enfrentar nuestros propios temores. (Irónicamente)
Podremos deslastrar todos los malos sentimientos. Entraremos en
nuestro corazón y, sobre todo tomaremos de él mucho, mucho amor. (Cambia. Busca entre los sobres lacrados, cartas dispersas. Toma una) Es
un mensaje de tu amigo de «cartas del corazón»... Ustedes dirán,
¿qué tiene que ver Edith Piaf, después de treinta años, con la
autoestima? (Se esculla
«La
vie
en rose» de Edith Piaf) Sencillo: el primer ingrediente para la estima es el
amor... ¡porqué en «cartas del corazón» te daremos las
respuestas que necesitas... y lo haremos con mucho, muchísimo amor.
¿Ven?, es fácil. Superamos la primera etapa del taller de
autoestima. Das y tienes amor. Tienes amor y das amor. (Ríe.
Pausa) Das amor, tienes amor, das amor, tienes amor... Jugamos sólo
jugamos (Al Público) ¿Quieren que siga con lo del vaquero, con lo del niño,
con las cartas? ¡Hasta de niña podemos hacer! Purgar nuestras
malas energías. Nuestras culpas. Todas las culpas. (Ríe.
Transición. Busca imitar a cualquier personaje del gusto del público)
¿A quien les recuerda?
Ahora,
como he tratado
de hacerles ver, el taller de nivelación empieza por acá: en
conocer cuáles son nuestros primeros sentimientos. No tienen idea
de lo que podemos hacer con nuestros sentimientos... podemos hacer
de vaquero o de banquero. 0 sea, con «be» larga no corta, puesto
que con «ve» corta significa otra cosa... (Cambia.
Suena al fondo «La
vie en rose» de Edith Piaf. Mira al televisor) ¿Escuchan? Sólo escucho el canto
melódico, Porque este es mi verdadero problema: la vida de Edith
Piaf (Cambia, algo nervioso) Esa mujer significa todo para mi: lo que pida lo hago: de
vaquero o de banquero con «be» o sin «be». Como quieran... (Se desdobla) «No
me ames tanto, no es para tanto», de acuerdo, lo haremos con
toda la calma... esperen, no sé que hacer frente a una mujer. Sí,
la expresión corporal sirve para todo, menos para mi. Para saber qué
tengo que hacer con una mujer. Si ellas se paran frente a ti, con un
descote y te dicen:
—Tráeme algo
refrescante. —Y le digo:
—Recuerda
que sólo vinimos a tomar algo caliente, digo, algo
refrescante...
Sólo eso.
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