Miami
Estados Unidos
Año I Nº 9/10

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesores de Arte

Carlos Quevedo
Mauricio Saldarriaga

 

 

 

CARTAS DEL CORAZÓN PARA

 EDITH PIAF

por

Juan Manuel Martins


José Ignacio Ochoa, el actor
Para los amigos de Arteteatro



Personaje

Hombre, maduro algo jocoso, con cierta gracia forzada, como si el humor fuera una obligación. Que es, a su vez, una imposición en su vida, es el Único reducto que le queda. Al tiempo que muestra cambios repentinos de su temperamento, gesticulando expresiones guturales, como parte de su juego personal. Ello fragmentará el discurso narrativo de la pieza, otorgándole, en su lugar, mayor teatralidad. En cualquier caso, el director de escena será libre de decidir.

Escena, aparece el Hombre quien muestra signos de una persona enajenada, fuera de conciencia, sentado frente a un televisor —que será un dispositivo escenográfico al margen—. Como si lo que le rodea nada tiene que ver con su pensamiento, el cual se deja arrastrar, acompañando su mirada fija hacia la imagen del televisor. En el escenario, la luz del televisor es lo único que se deja ver al principio. Es un juego de imaginaciones: la imagen establece una pesada atmósfera de soledad. La oscuridad, por su parte, representa un papel determinante al inicio de la pieza. Al fondo suena «La Foule de Edith Piaf», la cual aparece integrándose al ambiente. En la medida en que el ritmo se desarrolla, los cambios de iluminación expresan (o quieren expresar para el autor) los diferentes estados de ánimos, cuya expresión caracteriza al personaje en diferentes roles. A cada cambio de emoción una posible, a juicio del director de escena, iluminación y personalidad. Queda al libre criterio los cambios de vestuario, pero sin descuidar los momentos de ese cambio que exige el texto. La historia se desarrolla en cualquier lugar y hora del día. Se dejan ve posteriormente, en la medida que la iluminación cambia, un conjunto de cartas y sobres lacrados en una mesa. Nunca desorden. El autor desea que el ritmo que imponga el actor sea dinámico, mediante la agilidad del parlamento: decirlo en el menor tiempo y dicción posibles. Lo cual lo prescribe el texto. Para ese instante, el actor impondrá, y sólo él, su discurso actoral, implicará sus técnicas para un teatro de ambiente sombrío, por decirlo de una manera, y, como mejor se quiere, expresionista. Es cuando el televisor establece una relación irónica con el personaje. Esto es, que el personaje no sabrá si está en un programa de televisión o en la realidad.

Único acto
Única Escena

En la misma escena. El Hombre, va cambiando de emoción, aceptando la realidad de la audiencia que tiene  mientras, al momento de percatarse del público, revisa los sobres lacrados. Susurra, como para él: «Cartas del corazón»


Hombre
.— iHola, cómo están!... ¿Se dice cómo están? (Repite con sonidos guturales) ¿Có... mo... están? ¿Están?... (No se alcanza a entender lo que dice. Gira con cierto juego en el habla) ¿Cómo están? Siempre se ha dicho. No se puede decir de otra manera. Bien, sí, se puede decir de muchas maneras. Se dice: có... mo... están. ¿Les parece bien que lo diga así? (Cambia) ¿Lo digo como un vago de la calle? Bueno... entonces, es fácil. (Como vago) De acuerdo, ¿Cómo están? Fíjense, hay varias maneras de decirlo. (Como niño) ¿Qué tal?.. iHola niños, no sabia que estaban aquí! (Cambia) Y son muchos los niños. Porque todos somos, en algún momento de nuestras vidas, puede decirse, niños. Un niño bueno o un niño malo. A mi, me gusta ser un niño malo. Todo depende. (Al público. Pausa) No, no, no piense mal, no me refiero a usted que, desde luego ya es maduro y no está para niñadas.
          Y ahora, como para muchos de ustedes, los niños son un recuerdo que tienen valor sólo cuando hablamos de la familia. Sí, me imagino a usted hablando de la familia y todo lo demás. Cómo escucha: con todo lo demás... Cada quien tiene un «demás» en su vida. Me refiero a... esos «demás»... que logran alejarnos de la niñez con tanta facilidad. A veces, para evitarlo, me gusta hacer de niño, jugando a ser un  vago o lo que me ocurra. Podemos jugar con diferentes cosas. Depende de qué pretenda la imaginación.
      A lo que a mi respecta, a cualquier hora, y  ¡cuando la imaginación ordene!, estoy dispuesto. Por ejemplo, (Cambia, representando a un personaje de historietas de Vaquero) con el vaquero, ¿ven?... tipo John Wayne, el típico vaquero de westerns... a la americana. ¡De pronto! Tomo mi arma, me desplazo, hacia el centro de la polvareda y me detengo a mirar al enemigo, entregándome con aquella seguridad de que en materia de vaqueros muertos en la arena no hay quien me gane. (Detiene el juego) Insisto. Distinguido público esto de los juegos es cuestión de querer ser niños nuevamente. Fácil al decirlo. (Pausa. Al público) ¿Cómo, que lo intente de nuevo? Pero no lo tome con tanta ligereza que, después de todo, soy quien corre el riesgo... Un momento, (A alguien del público)  ¿Qué le gustó del vaquero?¿La parte masculina o la parte femenina? Quiero decir, no sé qué deseas de un vaquero como John Wayne: si te gusta que sea más fuerte y varonil. No hay problema, como ustedes quieran. (Continúa con el juego) iMás fuerte... y varonil! De modo que todas las chicas, de padres irlandeses, por favor, en todo caso,  las blancas hispanas pueden anotarse en mi lista de espera. (Cambia) No piensen que hay preferencia. Sólo es parte del juego. A querer jugar (Pausa).
      Bueno, en este tipo de ejercicios son en los que estoy pensando para darles el taller. Creo que para esto me enviaron hasta aquí. De acuerdo, para explicarles algunas técnicas, las cuales son de gran utilidad a la hora de manipular... ¿qué digo?, perdón, cuando deseemos orientar, educar a un grupo determinado. ¿Esto es «el centro de estudios para el mejoramiento de la personalidad en etapa de formación y autoestima»? ¿Aquí —disculpen tantas preguntas—, es dónde se quiere mejorar la estima de las personas?
      Y estoy para enseñarles todo en cuanto a estima y expresión corporal se refiere: «una mejor forma de comunicarte», ¿no es como dice el anuncio?. Entonces es una manera de hacer las cosas (Pausa. Cambia) ¿Entienden? Empecé por decides que, antes que nada, tenemos que conocernos bastante, lo necesario. Con la finalidad de iniciar los primeros ejercicios de interpretación. 0 sea, que en la medida en que juguemos, en esa medida seremos capaces de enfrentar nuestros propios temores. (Irónicamente) Podremos deslastrar todos los malos sentimientos. Entraremos en nuestro corazón y, sobre todo tomaremos de él mucho, mucho amor. (Cambia. Busca entre los sobres lacrados, cartas dispersas. Toma una) Es un mensaje de tu amigo de «cartas del corazón»... Ustedes dirán, ¿qué tiene que ver Edith Piaf, después de treinta años, con la autoestima? (Se esculla  «La vie en rose» de Edith Piaf) Sencillo: el primer ingrediente para la estima es el amor... ¡porqué en «cartas del corazón» te daremos las respuestas que necesitas... y lo haremos con mucho, muchísimo amor. ¿Ven?, es fácil. Superamos la primera etapa del taller de autoestima. Das y tienes amor. Tienes amor y das amor. (Ríe. Pausa) Das amor, tienes amor, das amor, tienes amor... Jugamos sólo jugamos (Al Público) ¿Quieren que siga con lo del vaquero, con lo del niño, con las cartas? ¡Hasta de niña podemos hacer! Purgar nuestras malas energías. Nuestras culpas. Todas las culpas. (Ríe. Transición. Busca imitar a cualquier personaje del gusto del público) ¿A quien les recuerda?

      Ahora, como he tratado de hacerles ver, el taller de nivelación empieza por acá: en conocer cuáles son nuestros primeros sentimientos. No tienen idea de lo que podemos hacer con nuestros sentimientos... podemos hacer de vaquero o de banquero. 0 sea, con «be» larga no corta, puesto que con «ve» corta significa otra cosa... (Cambia. Suena al fondo «La vie en rose» de Edith Piaf. Mira al televisor) ¿Escuchan? Sólo escucho el canto melódico, Porque este es mi verdadero problema: la vida de Edith Piaf (Cambia, algo nervioso) Esa mujer significa todo para mi: lo que pida lo hago: de vaquero o de banquero con «be» o sin «be». Como quieran... (Se desdobla) «No me ames tanto, no es para tanto», de acuerdo, lo haremos con toda la calma... esperen, no sé que hacer frente a una mujer. Sí, la expresión corporal sirve para todo, menos para mi. Para saber qué tengo que hacer con una mujer. Si ellas se paran frente a ti, con un descote y te dicen: 

       —Tráeme algo refrescante. —Y le digo:

      —Recuerda que sólo vinimos a tomar algo caliente, digo, algo          refrescante...  Sólo eso.