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No había nubes aquel
día, mas bien una claridad
irritante junto a un calor seco que obligaba a suspender tareas y
arrimarse a cualquier sombra. Transitaba por una hilera de
carreteras crueles por el tráfico y en donde se agrupaban grupos de
muchachos en los semáforos, que igual se ofrecían a limpiar los
parabrisas que vendían afeitadoras desechables, gomas de mascar o
platanutres. Una hilera fina de árboles marcaba un estrecho
territorio libre y detrás otra hilera, esta vez de casas de cemento
a medio hacer con las vigas asomadas en las paredes y montones de
carros desvencijados y arrimados al camino vecinal.
A través y al fondo se podía reconocer un matorral
frondoso con enredaderas venenosas, arbustos silvestres, troncos de
árboles que de alguna forma habían sido rematados por un fulminante
rayo y una verja de púa de donde colgaban un par de iguanas
gigantes, de piel amarilla y rayas negras que intentaban completar
una siesta.
Tomando en cuenta las instrucciones para llegar a su
destino, dobló a la izquierda en un cruce de carreteras punteado por
mazos de tiendas, bancos, gasolineras, Burger Kings y McDonalds.
Ajenos de la locura y del maltrato urbanístico a que estaba sometido
el resto del país y, a pocos metros, fue testigo de pequeños y
vastos pedazos de terrenos vírgenes de frente al sol apabullante.
Unos detrás del otro, separados apenas por alguna tiendecita de
vecindario, verjas de púa o algún garaje de mecánica, y otros y
otros hasta llegar a este último con un gran cultivo de papayas
enfermas, a juzgar por el color amarillento de sus hojas, dando la
impresión que se habían abandonado hacía ya tiempo a las
circunstancias del clima y de los mozalbetes del barrio.
Allí y del otro lado se dibujaban en el horizonte
dos chimeneas recién construídas de cemento burdo y sin acabado,
pintadas en gris tenue que tiraban vapores secos y grises. Aquellos
tubos se distinguían de lo que parecía haber sido una gigantesca
chimenena de ladrillos que se veía más allá en el horizonte,
indicando que aquellos habían sido terrenos de un ingenio azucarero.
¿Habría habitadon los indígenas en este terreno?, pensó
mientras estacionaba el carro a la orilla de la carretera y una fila
de otros carros hacía lo mismo.
Poco a
poco fueron llegando más invitados todos en negro o en blanco, o en
negro y blanco, o solo negro o solo blanco. Alguna que otra mujer
se arriesgó y decidió adornarse con un collar rojo o alguna flor
rosada. Al que le llegó tarde la noticia se aproximó con su uniforme
de trabajo o la ropa de casa. El toque femenino se notaba en todas
partes: el color del papel del programa distribuído por ujieres, las
flores, el murmullo ondulante y el tipo de esencias. Los familiares
y amigos que habían viajado muchos kilómetros y que hacía tiempo no
se veían se abrazaban, se tocaban los rostros y sonreían unos a
otros. Todo parecía suceder en cámara lenta a juzgar por los gestos
restringidos y modestos y la timidez en el movimiento de los
cuerpos. Las tías, que lo reconocieron de inmediato, se acercaron a
abrazarle. El contestaba a los abrazos y a los cariños con atención,
aunque sin dejar de contemplar las chimeneas gemelas que continuaban
ocupadas en su labor de botar excesos, humos, vapores y gases.
Todo parecía que encajaba, aunque la vida no encaje, pensó.
Caminando unos cuarenta pies hacia la izquierda y al fondo ya sintió
que se alejaba de las voces, los aromas y los saludos. Nadie
pareció echarle de menos. A unos cincuenta pies ya se encontraba
frente a aquellas dos chimeneas y sintiéndose como un intruso que de
alguna forma había violado algún reglamento ante un: No Transpassing
Zone, sin permiso o licencias y carente de identificación. Estaba
ahora en un pedazo de terreno sembrado con grama verde y saludable
que a juzgar por su humedad se podía concluir que un torrencial de
lluvia había caído la noche anterior. Era un pedazo de tierra
prístino, sereno, extenso y limpio. Más allá se divisaba la enorme
chimenea de ingenio estrangulada por enredaderas silvestres, pinos y
aguacates como un artefacto de un museo a sol y sereno.
¿No sería precisamente aquí dónde se estableció el
grupo de indígenas?,
se preguntó nuevamente. No sé cuánto tiempo permaneció allí de
frente a aquellas chimeneas de tan distinto propósito, pero pareció
no importar, ya que muy pocas veces se da uno la oportunidad de
compartir el planeta tan de cerca con los zapatos encharcados y el
pensamiento dirigido hacia la historia y luego hacia la nada. Se
sintió liviano, con el pensamiento curado de basuras y posiblemente
más seductor. De súbito el espacio, el aire, el terreno, los
pastos, las pocas flores silvestres comenzaron a vibrar por el rumor
de las chimeneas jóvenes. El sonido trajo un humo claro,
transparente y limpio que se soltó al extenso y claro cielo. Por
allí se arrojaban los componentes químicos de su madre: los polvos,
las esencias, los aceites, los huesitos triturados y convertidos en
arena que se elevaban cada vez más hacia el espacio abierto.
Desde tiempos
inmemoriables el humo de los cadáveres enriquece el aire y la
tierra. La muerte es distinta así, pensó. El tamaño del
cuerpo y la cantidad de grasa determinan este tipo de operación. El
operador del equipo de cremación debe controlar la temperatura.
Cuando la temperatura sube entre cien o doscientos grados el equipo
se apaga, aún así hay que continuar evaluando la temperatura. Si
ésta se mantiene igual o baja, nuevamente habrá que encender el
aparato. Se debe enfatizar que el
operador debe mantenerse al lado del equipo de cremación en todo
momento. Así
es la muerte técnica
Pero hay más.
Algo aquí y en este
lugar y precisamente hoy se va ubicando entero, íntegro y en su
sitio,
pensó. No lo pudo describir, pero de repente todo estuvo
allí de frente a él, sin justificación, mas explicando el conjunto
en aquel inmenso terreno tropical, a veces seco a veces húmedo,
verde claro, verde intenso, con su horizonte de montañas, valles y
sabanas. Fue cuando el hombre se incrustó en la felicidad del
paisaje con su horizonte transmutable y ya fue un punto atrapado en
los cientos de satélites en el infinito, que revelaron la imagen a
los monitores, asegurando que era un hecho sospechoso.
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Lourdes Vázquez
Nació en San
Juan, Puerto Rico (1949).
Poeta, narradora, ensayista y profesora de literatura
latinoamericana.
Entre
los
libros
que
ha publicado
se
encuentran:
Samandar: libro de viajes/Book of Travels (Argentina: Tse Tse,
2007) traducido por Enriqueta Carrington; Salmos del cuerpo
ardiente: libro de artista por Consuelo Gotay (2007); Sin ti
no soy yo (San Juan: Puertos, 2005); Bestiary: Selected Poems
1986-1997 (Arizona: Bilingual Review Press, 2004), finalista del
premio para Mejor Libro del Año/ revista de crítica literaria
Foreword; La estatuilla (San Juan: Cultural, 2004) que
incluye el cuento ganador del Premio Internacional Juan Rulfo
en la categoría Literate World (2002) (Francia); Salmos del
cuerpo ardiente (México: Chihuahua Arde, 2004); May the
Transvestites of my island who tap their heels... (New York:
Belladona, 2004); Obituario (Madrid: Babab, 2004); Desnudo
con Huesos/Nude with Bones (New York: La Candelaria, 2003);
Park Slope (Provicentown: (Duration Press, 2003); Hablar
sobre Julia (Texas: SALALM , 2002); Historias del Pulgarcito
(San Juan: Cultural, 1999); De identidades: bibliografía y
filmografía de María Luisa Bemberg (SALALM, 1999). La rosa
mecánica (San Juan: Huracán, 1991); Las Hembras (Chile:
Andalicán, 1987); y Poemas (Colombia: Museo Omar Rayo, 1988).
De próxima aparición:
Tres cuentos y un infortunio (Argentina:
Fundación Ross), la novela Not myself without you, traducida
por Bethany Korp-Edwards (Bilingual Review Press) y una antología de
mujeres cuentistas latinoamericanas en Estados Unidos (Argentina:
Fundación Ross).
Su poesía, cuentos y ensayos también han sido publicados en
numerosas revistas en Estados Unidos, América Latina y Europa. Forma
parte de varias antologías entre las últimas:, Writing Toward
Hope: The Literature of Human Rights in Latin America (Yale
University Press, 2007); Memoria del VII Encuentro Internacional
de Poetas en Ciudad Juárez (Chihuahua Arde: Ciudad Juarez,
2004); Mujeres como islas (Cuba: Unión y Feria del Libro
Santo Domingo, 2003). Algunos de sus trabajos han sido traducidos al
inglés, sueco, italiano, portugués, rumano, gallego y mixteca.

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