Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 53/54

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 


 

"APRENDICES DE BRUJO" DE

ANTONIO ORLANDO RODRÍGUEZ

 por

Lourdes Rensoli Laliga

   

Rayo/Harper Collins Publishers

Nueva York, EE.UU.

ISBN: 978-006-05863-5-5

 (468 pp.)

 

     A quien conozca otros libros del autor, en los que se codea con vampiros, íncubos y alimañas de toda índole, podría sorprenderle encontrarse de pronto con una novela de peripecias, con puntos de contacto con la novela bizantina y una indisimulada deuda con Petronio. Sin duda alguna, entre los relatos que componen Querido Drácula (1989) y esta narración media una distancia, que marca la maduración intelectual y humana de Antonio Orlando Rodríguez y de sus visiones y creaciones. Pero quizás también suceda que las criaturas nocturnas asuman faces humanas y jueguen a comportarse, al menos durante el día, como ciudadanos más o menos normales de dos ciudades que marcan las pautas de la novela: Bogotá y La Habana. 

     Porque Lucho y Wen, los jóvenes petimetres que protagonizan, desde una perspectiva, esta historia, se toman la vida como un juego, sin olvidar que a veces, por muy divertido que sea, puede complicarse y acarrear muchos sinsabores. Como, por suerte para ellos, no les falta dinero, y es sabido que este allana los más variados inconvenientes, logran librarse de todos aquellos que no proceden del complicado mundo de las emociones propias y ajenas, de las preferencias personales, y hasta consiguen evadir los compromisos derivados de tradiciones y prejuicios que no admiten –al menos de modo “oficial”– a personas no heterosexuales.

     Eso les resulta especialmente útil cuando deciden viajar a La Habana para ver actuar a la famosa Eleonora Duse. Ella también protagoniza la historia desde otro extremo: el triste. Como símbolos del teatro, la máscara riente de Talía, bajo la cual afloran los dos jóvenes, y la máscara triste, a veces trágica, de Melpómene, que cubre el rostro de Eleonora Duse, cansada, envejecida, sin ilusiones. Entre ambos extremos oscila la trama. Se alternan, se tocan sin llegar a entrelazarse. La actriz está de regreso de todos los caminos de la vida. Los jóvenes anhelan recorrerlos todos, alegres y sin tomarse nada a pecho.

     Porque la gran actriz no es la diva caprichosa y grandilocuente que muchos quisieran. Es una mujer decepcionada del amor, del teatro, de los seres humanos, que, con una gran sabiduría, ha acumulado también una gran paciencia, y sólo aspira a terminar su carrera lo mejor posible y a vivir en paz. Los monólogos de Eleonora Duse, que cuenta su historia y revela su alma, dan paso a las andanzas de Lucho y Wen, quienes, acostumbrados a Bogotá, ciudad conservadora, culta, llena de distinción y de convencionalismos, en la que la vida oficial y la secreta están perfectamente separadas, descubren con asombro La Habana. En ella encontrarán una ciudad de personajes estrafalarios, de sucesos absurdos e increíbles y de contrastes cuyos extremos se tocan.

     Haciendo gala de sus sólidos conocimientos acerca de la vida sociocultural de la época en ambas ciudades, el autor recrea en cada una de ellas figuras históricas y/o literarias de gran curiosidad. En Colombia sobresalen Esmeralda Gallego, bohemia y enamorada del amor; Ana Bolena, cuyo nombre es una historia de por sí, o el escritor sefardí Abraham Zacarías López-Penha. En La Habana, Rigoletto y los Trebijo, personajes de las novelas de Miguel de Carrión* que devienen piezas de los bajos fondos habaneros, el conocido líder comunista Julio Antonio Mella y un anónimo hacendado gallego, “instrumento de Satán” según el autor. Dejamos a la imaginación y a los valores humanos del lector conjeturar la causa, que es la misma por la cual la vidente ordena su asesinato.

     Es notable el hecho de que el nivel de la peripecia no decaiga. En novelas de este tipo, es difícil impedir el cansancio del lector, pero aquí se consigue. La multiplicidad de hechos encadenados que marcan el “buscar y encontrar” –en este caso el perseguir a la insigne actriz hasta La Habana, ganar su confianza e intentar obtener de ella una entrevista– se combina con otra búsqueda: la del tío cabeza loca que un buen día partió de Bogotá hacia ese país y no volvió a saberse gran cosa sobre él. El tío asumirá el papel del “presente-ausente”, al que se está a punto de hallar muchas veces, pero se esfuma, parodia de la persecución mítica del amado, hasta que el encuentro se produce cuando acaba de morir, y por complicadas artes taoístas, aprendidas en el submundo de los inmigrantes chinos, su alma se aposenta en el cuerpo de un joven marinero para seguir viviendo con renovados bríos.

     De ambas búsquedas, escurridizas y complicadas, cada una en su género, está tejida la trama habanera de esta novela. Uno de los descubrimientos que los jóvenes realizan es que en La Habana el nivel en que se mueven las personas oficialmente honestas, cultas y representantes de la alta sociedad no está del todo separado del ámbito de la picaresca, cuyos personajes pasan de una dimensión a otra con la mayor naturalidad del mundo.

     El tratamiento de la sexualidad dista mucho, por fortuna, de lo que parece haberse establecido como una moda, obligación casi, en cierta narrativa. Las relaciones entre los protagonistas, las orgías que llevan a cabo, sea con prostitutos, sea con hombres machistas que alardean de virilidad, pero que no le hacen ascos a jóvenes efebos, no resultan hirientes ni tienen un tono grosero, sino lúdico, y una vez más se observa la huella del Satiricón

     La picaresca lo inunda todo: los extraños manejos del tío con la colonia china, la búsqueda de aventuras en la ciudad, la exploración de la feraz naturaleza en la breve excursión al campo, los curiosos seres que rodean los teatros y acechan a las grandes figuras, el acceso a la crónica social, la vida de muchos encumbrados. Una élite, inteligente y honesta, se salva: la familia Loynaz, José María Chacón y Calvo, María Cay, cantada en sus versos por Julián del Casal. También se salvan los practicantes del sincretismo religioso, personas humildes y acogedoras, con las que no vacila en alternar Eleonora Duse, y Julio Antonio Mella, quien parece ejemplificar la honestidad del convencido, una suerte de elegido de los dioses, por su belleza y su carisma, que, como tal, ha de morir temprano, y deviene objeto inalcanzable del deseo de Lucho. 

     Los petimetres regresarán a Bogotá después de haber aprendido mucho del ser humano, de las posibilidades de la vida, de los esquemas que se rompen. La inquietante visión de un tenebroso futuro, que llegaría de la mano del hijo aún no engendrado del hacendado gallego al que deberían haber asesinado en aras del bien común, los hace abandonar con alivio una ciudad que deja de ser alegre emporio de lo más selecto de la cultura (a causa de su posición geográfica como “llave del golfo”) y de lo más pintoresco y agresivo de los bajos fondos (a causa de la extraña síntesis de tipos humanos y sociales) para convertirse en “inmensa prisión llena de zombies” (p. 473). En Lucho y Wen se produce la catarsis del retorno a casa, al ritmo feliz y calmo de la existencia después de días de vértigo. El resto de sus vidas transcurre apaciblemente, sin graves contratiempos. El peor de todos los posibles lo han dejado atrás, por el momento; porque en el futuro tocará a la propia Colombia y a otras regiones cercanas: el gallego no fue asesinado. Y engendró al hijo.

 

* Autor de las novelas Las honradas y Las impuras, cuadros de La Habana de los primeros años de la república.

                                                                                             

Lourdes Rensoli Laliga nació en La Habana, Cuba, en 1952. Desde 1991 reside en España. Graduada de Filología Hispánica en la Universidad de la Habana en 1976, se especializó en Literatura medieval española y en Historia de la Filosofía. Trabajó como profesora de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía e Historia de la mencionada universidad hasta 1991 (desde 1982, fue catedrática de Historia de la Filosofía en la misma Facultad de Filosofía e Historia). Profesora invitada en la Universidad de Leipzig (1985) y en la Gottfried Wilhelm Leibniz Gesellschaft de Hannover (1990). Es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid con una tesis sobre el problema del hombre en la filosofía de G. W. Leibniz, preparada en la Universidad de Leipzig (no fue discutida en Leipzig porque esto le fue prohibido por el Ministerio cubano de Educación y ciencia), y actualizada más tarde y discutida en España. Su bibliografía incluye, entre otros títulos, los poemarios Calenda del mes frío (1987), Júpiter ante el pararrayos (1990) y Mester de Trovadora (2002); el ensayo literario Lezama Lima: una cosmología poética (en colaboración con I. Fuentes, 1990) y obras sobre filosofía como Quimera y realidad de la razón: el Racionalismo del siglo XVII (1987), Paracelso, alquimista y filósofo (1990) e Historia de la filosofía e historia de la ciencia (dos volúmenes, 1984 y 1985).