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FULGENCIO MARTÍNEZ
Nació en
Murcia, España (1960). Poeta, articulista y editor. Licenciado
en Filosofía, por la Universidad Autónoma de Madrid, se dedica a
la enseñanza de esta materia en un IES. Ha publicado cuatro
libros de poesía.: Trisagio, (Editora Regional, Murcia,
1986), La docta ignorancia (Ayuntamiento de Alcantarilla,
1989), Libro del esplendor (Ediciones Bonet Sichar,
Valencia, 1996) y Nueve para Alfeo (Nausícaä-Micromedia,
Murcia, 2002) y el más reciente, Cosas que quedaron en la
sombra (La Rosa Profunda, 2006), que fue Premio de Poesía de
los Premios del Libro Murciano del Año. Su poesía ha sido
incluida en las siguientes antologías: Antología de Poesía
Nueva, seleccionada por Luis Rosales, (Taller Prometeo,
Madrid, 1982) y Murcia, antología general poética,
seleccionada por Santiago Delgado, (Nausícaä, Murcia, 2000). Ha
publicado artículos en la prensa murciana y poemas, críticas y
relatos en revistas literarias. En la actualidad dirige la
revista de crítica y creación literaria “Ágora” y preside la
Asociación Cultural Taller de Arte Gramático, que en 2006
recibió el Laurel de Cultura de la Asociación de la Prensa de
Murcia.
PASEO POR UNA NUEVA ERA
GÓTICA
El mundo es un castillo
destruído,
mi Dama: Los pecios de una
galerna
son sus torres; su foso, una
caverna
donde los murciélagos buscan
nido.
Ya los grajos la almena han
invadido,
y ondea en su mástil la
hidra de Lerna.
La claridad no halla ni una
poterna
por donde entrar. Oíd. Sólo
hay ruido
de huecas cabezas rompiendo
espumas:
Huestes afanosas que, cuando
aplauden
la mierda auditorios de
villanos,
piensan multiplicaciones y
sumas,
solicitan antenas que
recauden
más diezmos con que llenarse
las manos.
ERA DOMINGO TODO EL AÑO
Era hermoso cuando los
poetas escribían
sus inspirados versos en
domingo,
y hasta los periódicos en su
edición
dominical pasaban las
noticias,
las vulgares, usadas
y tercas noticias de un
mundo
que carecía de espíritu
durante el resto de la
semana,
a la página de atrás.
Bien aseado,
enmarcaba el periódico un
soneto
que olía aún a tinta y a
café
con bollos de domingo.
DISECCIÓN DE LA EBRIEDAD
Casi siempre un mero gesto
vacío.
Una tela pintada con un
barniz malo,
un desorden arreglado con
hilo y aguja
prestada por otro
correligionario
en la desastrosa baraja de
la borrachera:
no alcéis la voz los que en
este negocio confuso
permanecéis con dignidad de
cisnes
mientras otro paga la
cuenta; reparad
en que estáis fuera de
control
y que así es más barato ser
vulnerable.
Dejarse violar por una
muchacha
llamada inspiración, o como
se llame
esa que os entrega su cuerpo
comprado,
la
musa de alcohólicas pupilas de loba.
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