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CARLOS PINTADO
Nació en La Habana, Cuba (1974).
Poeta, narrador, ensayista y traductor de poesía inglesa. Jefe
de redacción de la revista literaria digital La Zorra y El
Cuervo. Licenciado en Lengua y literatura Inglesa. Ha
publicado los libros de cuentos La Seducción del Minotauro
y Bellas Decapitaciones; los poemarios El diablo
en el Cuerpo, Los bosques de Mortefontaine, y Habitación
a oscuras (Vitruvio, Madrid, 2007). Recibió el Premio
Internacional de Poesía Sant Jordi en 2006 por su libro
Autorretrato en azul. Sus poemas y cuentos han aparecido en
varias antologías y revistas de Estados Unidos, Cuba, España,
México, Perú, Alemania y Turquía. Textos suyos han sido
traducidos al inglés, al alemán y al turco. Tiene inéditos
varios libros de cuentos, novelas y poemas, entre ellos El
arpa en la niebla, Los edades del mal, Bestiario de los seres
fabulosos, El azar y los tesoros, Luna en fuego, La huella del
tigre ciego y dos libros escritos en inglés Dannan
Children (cuentos) y Sonnets for Eva Gore (poesía).
En 1998 terminó una traducción de poetas ingleses y americanos
bajo el título de "La rosa de Coleridge" todavía inédita.
Reside en Miami, Florida, Estados Unidos.
UN TAPIZ DONDE EL BOSQUE SE ILUMINA
En el bosque de Erec y Enid
Chrétien de Troyes
Amanecer que
siempre estás llegando
Y llegando te
quedas impasible,
Fijado por el
tiempo que terrible
Oculta ya tus
bestias murmurando.
Saberte tan
lejano como el sueño
Hiere como la
flecha que lanzada
Vuela, fugaz,
ansiosa en la soñada
Urdimbre del
tapiz del entresueño.
Y sin embargo
nos quedamos viendo
Los altos
pinos donde la penumbra
Niega la
breve luz, la que no alumbra
Siquiera ya
las cosas que van siendo.
Todo está
suspendido y muy distante
En la tela,
en el tiempo, en el instante.
CUARTETAS DE OTOÑO
Me han
concedido el fuego del pecado.
Sólo el fuego;
el amor jamás ha sido
En mí sino
una sombra. Yo he soñado,
en las
eternas noches del olvido,
Que alguien
me ama y me sueña. No he podido
Corresponder.
Soy triste como el hado
Que invierte
los destinos del amado.
Soy el amado;
no quien ama. He sido
El traidor y
el amigo. He complacido
A oscuros
dioses el manjar sagrado.
Alguien en la
penumbra me ha buscado.
Alguien en la
penumbra me ha vencido.
LA BELLEZA
De nuevo amo y no amo
y deliro y no deliro
Anacreonte
La belleza
que pasa como el sueño,
Fugaz,
inabarcable, sin destino,
Se detiene un
instante sobre el labio,
Descubre la
mirada o el cabello,
Vuelve en oro
la sombra, los ocasos,
Una frase de
amor, un cuerpo amado,
Una rosa que
enciende las tinieblas,
Un fuego que
desciende de la noche,
Un alba
silenciosa y ya lejana,
Un parque en
donde estamos tan unidos,
Una calle de
Roma o Inglaterra,
Un muchacho o
muchacha que me aguarda,
Y este verso
que escribo ya sin suerte:
"la belleza
que pasa como el sueño".
ACASO NI LA LUZ PUEDE SALVARME
Lejos de toda luz
nombro mis sombras.
Me abrazo a mi
dolor como quien sabe
Que ningún reino
tendré. Sólo olvido.
No habrá sino las
huellas que otros dejan
Sobre mi huella.
Lejos ya de todos,
Por las tranquilas
tardes de algún pueblo,
Alguien descubrirá
mi rostro acaso
En el rostro sin
vida de una estatua.
Alguna vez sentí
todo ese horror.
Debí soñar la
muerte como sueña
Secretamente un
niño algún juguete
Alto para sus
manos. Me he abrazado
A mi propio dolor,
a todo el miedo,
A mi imprevista
sombra me he abrazado.
Nadie puede
salvarme de la noche
Ni de esas playas
breves donde fuimos
De algún modo el
amado y el amante.
He sentido
espectral la espuma alzándose
Desde mis pies al
rostro, todo el frío
del agua, sus
cuchillos devorando,
Ardiendo en la
tiniebla de las aguas.
Nada puede
salvarme de esa espuma,
De sus cisnes de
muerte recorriéndome.
Acaso ya sin
gloria; despojado
De toda luz y
brillo, silencioso
Como un hombre que
sabe va a su muerte,
Recorro las
estancias donde he puesto
A beber a mi
sombra de tu sombra,
Para después
sentarme y ver tranquilo
Cómo es que alzan
torres en mi nombre,
Cómo es que nadie
escucha cuando digo
Soy mínimo, soy
mínimo, y confieso
Soy yo quien toca,
a veces, con sosiego
El corazón secreto
de los hombres.
CASA EN RUINAS
Como la luna que al
brillar oculta
Su otra mitad en las
tinieblas altas,
Silencioso me vuelvo hacia las
sombras…
Irving Duncan
La oscura
casa tan tranquila guarda
En su
interior las sillas, los objetos,
Ruecas,
espejos, libros, relicarios
Y todo el
viejo polvo acumulado
Sin que nadie
jamás tocar quisiera.
Tan oscura la
casa en su misterio
Nos inunda de
voces los pasillos.
Todo el
silencio de la noche vuelve
Por la pared
en sombras entrevista,
Buscando qué
fantasmas solitarios,
Llamando a
quién por qué improbables nombres.
DÓNDE ESTARÍA YO
DE NO HABER SIDO
Dream not of other worlds
Milton,
Paradise
Lost, VIII
¿Dónde
estaría yo de no haber sido
Éste que
ahora deambula en corredores?
¿Sobre qué
sombra busco los rigores
De la luz en
las puertas del olvido?
¿Dónde
estaría yo sino en la nada,
En el polvo,
en el oro, o en el sueño
De aquel que
se aproxima con empeño
Y paciente me
acerca hacia su almohada?
¿Dónde, sino
en la noche, la silueta
De mi sombra
recorre la entrañable
Belleza de
otra sombra, cruel saeta
Que en tan
sólo un instante me sorprende?
¿Dónde mi
larga muerte se desprende
De algo tan
hondo, oscuro, inevitable?
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