Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 53/54

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


CUBA

 

CARLOS PINTADO


Nació en La Habana, Cuba (1974). Poeta, narrador, ensayista y traductor de poesía inglesa. Jefe de redacción de la revista literaria digital La Zorra y El Cuervo. Licenciado en Lengua y literatura Inglesa. Ha publicado los libros de cuentos  La Seducción del Minotauro y Bellas Decapitaciones; los poemarios El diablo en el Cuerpo, Los bosques de Mortefontaine, y Habitación a oscuras (Vitruvio, Madrid, 2007). Recibió el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi en 2006 por su libro Autorretrato en azul.  Sus poemas y cuentos han aparecido en varias antologías y revistas de Estados Unidos, Cuba, España, México, Perú, Alemania y Turquía. Textos suyos han sido traducidos al inglés, al alemán y al turco. Tiene inéditos varios libros de cuentos, novelas y poemas, entre ellos El arpa en la niebla, Los edades del mal, Bestiario de los seres fabulosos, El azar y los tesoros, Luna en fuego, La huella del tigre ciego y dos libros escritos en inglés Dannan Children (cuentos) y Sonnets for Eva Gore (poesía). En 1998 terminó una traducción de poetas ingleses y americanos bajo el título de "La rosa de Coleridge" todavía inédita. Reside en Miami, Florida, Estados Unidos.


 

 

UN TAPIZ DONDE EL BOSQUE SE ILUMINA

 

                                    En el bosque de Erec y Enid

                                              Chrétien de Troyes

  

Amanecer que siempre estás llegando

Y llegando te quedas impasible,

Fijado por el tiempo que terrible

Oculta ya tus bestias murmurando.

Saberte tan lejano como el sueño

Hiere como la flecha que lanzada

Vuela, fugaz, ansiosa en la soñada

Urdimbre del tapiz del entresueño.

Y sin embargo nos quedamos viendo

Los altos pinos donde la penumbra

Niega la breve luz, la que no alumbra

Siquiera ya las cosas que van siendo.

Todo está suspendido y muy distante

En la tela, en el tiempo, en el instante.

 

 

CUARTETAS DE OTOÑO

           

Me han concedido el fuego del pecado.

Sólo el fuego; el amor jamás ha sido

En mí sino una sombra. Yo he soñado,

en las eternas noches del olvido,

 

Que alguien me ama y me sueña. No he podido

Corresponder. Soy triste como el hado

Que invierte los destinos del amado.

Soy el amado; no quien ama. He sido

 

El traidor y el amigo. He complacido

A oscuros dioses el manjar sagrado.

Alguien en la penumbra  me ha buscado.

Alguien en la penumbra me ha vencido.

 

 

LA BELLEZA

 

                       De nuevo amo y no amo

                                 y deliro y no deliro

                                                        Anacreonte

 

La belleza que pasa como el sueño,

Fugaz, inabarcable, sin destino,

Se detiene un instante sobre el labio,

Descubre la mirada o el cabello,

Vuelve en oro la sombra, los ocasos,

Una frase de amor, un cuerpo amado,

Una rosa que enciende las tinieblas,  

Un fuego que desciende de la noche,

Un alba silenciosa y ya lejana,

Un parque en donde estamos tan unidos,

Una calle de Roma o Inglaterra,

Un muchacho o muchacha que me aguarda,

Y este verso que escribo ya sin suerte:

"la belleza que pasa como el sueño".

 

 

ACASO NI LA LUZ PUEDE SALVARME

 

Lejos de toda luz nombro mis sombras.

Me abrazo a mi dolor como quien sabe

Que ningún reino tendré. Sólo olvido.                 

No habrá sino las huellas que otros dejan

Sobre mi huella. Lejos ya de todos,

Por las tranquilas tardes de algún pueblo,

Alguien descubrirá mi rostro acaso

En el rostro sin vida de una estatua.

Alguna vez sentí todo ese horror.

Debí soñar la muerte como sueña

Secretamente un niño algún juguete

Alto para sus manos. Me he abrazado

A mi propio dolor, a todo el miedo,

A mi imprevista sombra me he abrazado.

Nadie puede salvarme de la noche

Ni de esas playas breves donde fuimos

De algún modo el amado y el amante.

He sentido espectral la espuma alzándose

Desde mis pies al rostro, todo el frío

del agua, sus cuchillos devorando,

Ardiendo en la tiniebla de las aguas.

Nada puede salvarme de esa espuma,

De sus cisnes de muerte recorriéndome.

Acaso ya sin gloria; despojado

De toda luz y brillo, silencioso

Como un hombre que sabe va a su muerte,

Recorro las estancias donde he puesto

A beber a mi sombra de tu sombra,

Para después sentarme y ver tranquilo

Cómo es que alzan torres en mi nombre,

Cómo es que nadie escucha cuando digo

Soy mínimo, soy mínimo, y confieso

Soy yo quien toca, a veces, con sosiego

El corazón secreto de los hombres.

 

 

CASA EN RUINAS

 

                                    Como la luna que al brillar oculta

                            Su otra mitad en las tinieblas altas,

                 Silencioso me vuelvo hacia las sombras…

                                                                               Irving Duncan

 

La oscura casa tan tranquila guarda

En su interior las sillas, los objetos,

Ruecas, espejos, libros, relicarios

Y todo el viejo polvo acumulado

Sin que nadie jamás tocar quisiera.

 

Tan oscura la casa en su misterio

Nos inunda de voces los pasillos.

Todo el silencio de la noche vuelve

Por la pared en sombras entrevista,

Buscando qué fantasmas solitarios,

Llamando a quién por qué improbables nombres.

 

 

DÓNDE ESTARÍA YO DE NO HABER SIDO     

           

                                              Dream not of other worlds

                                                          Milton, Paradise Lost, VIII

 

¿Dónde estaría yo de no haber sido

Éste que ahora deambula en corredores?

¿Sobre qué sombra busco los rigores

De la luz en las puertas del olvido?

¿Dónde estaría yo sino en la nada,

En el polvo, en el oro, o en el sueño

De aquel que se aproxima con empeño

Y paciente me acerca hacia su almohada?

¿Dónde, sino en la noche, la silueta

De mi sombra recorre la entrañable

Belleza de otra sombra, cruel saeta

Que en tan sólo un instante me sorprende?

¿Dónde mi larga muerte se desprende

De algo tan hondo, oscuro, inevitable?