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Tristemente fallecida a fines del año 2008 Gladys Zaldívar ha
sido una de nuestras más destacadas voces poéticas en los
últimos años. Aunque también nos dejó agudos e informativos
ensayos, es en la poesía donde descubrimos su voz auténtica
creativa. Sus ensayos giran alrededor de varios de nuestros
mejores escritores como fueron Julián del Casal, Severo Sarduy,
José Lezama Lima, Reinaldo Arenas, Gertrudis Gómez de
Avellaneda y Lydia Cabrera. Estos ensayos muestran su profunda
labor como investigadora para darnos a conocer las
características particulares de cada uno de estos notables
escritores cubanos. Pero es en cuanto a su expresión poética
con que nos encontramos con la verdadera trascendencia y vena
original de nuestra autora.
Entre sus colecciones poéticas nos encontramos con El
visitante (1971), Fabulación de
Eneas (1979), Zéjeles para el
clavel (1980), La baranda de oro (1981),
Viene el asedio
(1987), Cantata de las ruinas (1996), La soledad
fulgurada (2001) y
Severed Garden (2002). Esta
última colección de poemas fue escrita en la lengua inglesa,
lo cual es algo bastante sorpresivo al compararlo con el resto
de su producción poética que fue escrita en el idioma español.
Si nos
acercamos a sus numerosos poemas podemos apreciar sin lugar a
dudas el recuerdo constante de rasgos patrios. Se descubre
una y otra vez esa presencia cubana de una manera persistente,
sutil y reiterativa la cual trae a nuestra memoria la patria
amada, pero distante, la patria añorada, pero perdida, en
fin, que podemos evocar ese lugar tan especial y querido que
continúa vivo en nuestro pensamiento.
Nuestra autora se acerca constantemente a los motivos patrios
en varios de sus libros poemáticos, no solamente de una manera
concreta, sino también de un modo abstracto y nos va
descubriendo esa presencia patria tejiendo imágenes que logran
evocar la esencia cubana. En El visitante como en
Fabulación de Eneas y en Viene el
asedio Gladys
Zaldívar nos va mostrando hábilmente esa constante alusión
telúrica.
Si
analizamos las imágenes concretas encontramos numerosas veces
la mención continua de la “tierra” __ tierra soñada, tierra
añorada, tierra perdida __ motivo persistente del interminable
destierro cubano. En El visitante la poetisa se siente
claramente apegada a Cuba cuando se refiere a la flora del
país al decir:
“Alguien tiene la llave de la ardiente turquesa
y
en la torre los narcisos amasan un fuego fatuo
en
la torre como si fuera el sol de lívidas mañanas
estamos más cerca que nunca de la ceiba” (1)
(p.13).
De
manera similar, elabora versos que giran alrededor de uno de
los árboles simbólicos cubanos incluyendo la mención de las
raíces cuando escribe:
“a decir te devolvemos la lluvia al otro que escribe
con un alfabeto de raíces la canción de los huéspedes del
cuerno
tenemos la saliva jade de las palmas” (EV 15).
Poco después continúa con versos lúcidos y sonoros que hacen
mención de la flora característica de nuestra tierra cubana:
“que a disolver pronto el búcaro no sea que suban a taparnos
la boca con ceniza esos artríticos recuerdos
a cubrir rápidamente los espejos
que ya vienen ardiendo el patio con sus crotos” (EV 15).
Zaldívar recuerda en el poema “Segundo Reino” de la misma
colección, las imágenes del pasado que la unen a sus raíces
cubanas cuando dice:
“si pudiera las dejaría ir temblando entregaría también
su ruta estéril si pudiera pero nacen de una remota
bestia
en la que cabalgó mi infancia por un sendero marino
con grillos luciérnagas donde otro dios del tiempo
impone su aliento de llama sobre nuestras raíces” (EV 21).
En Fabulación de Eneas
la poetisa menciona muchas
veces los vocablos “suelo” y “tierra” que traen a la mente la
solidez de la patria. Cuando escribe del “suelo” le atribuye
permanencia y calor, lo cual parece comunicar claramente el
ambiente acogedor y tierno de la patria al expresar:
“Y
tenga al fin un suelo tibio donde nombrarme con asombro
un suelo donde nombrarlos con la burbuja del odio apaleado
equis también será mañana pero no sé si como
ahora” (2) (p. 15).
Al recrear el mito del héroe Eneas , la poetisa con toda
intención lo plasma de eternidad. Cuando escribe de la tierra
intenta recrearla, pues está plenamente consciente de la
ausencia de su amada patria. Así es cuando repite, por medio
de la anáfora, la frase “la nueva tierra” para reiterar una y
otra vez la realidad de la ausencia de patria y para
recordarnos que el nuevo suelo nos ofrece la solidez y
seguridad que necesitamos para sobrevivir. A su vez esos
símiles se asocian a imágenes auditivas y visuales:
“
la nueva tierra es un filo de oscura balada
…………………………………………….
la nueva tierra es el adiós inmóvil en el pozo
……………………………………………….
la nueva tierra es la presencia fúlgida de las pomarrosas
…………………………………………………………..
la nueva tierra es sólo un secreto melancólico cofre” (FE,
23).
En el poema
“Héctor flotando en la noche” del mismo libro se asocia la
tierra con intención de fortaleza y afán de búsqueda al
exclamar:
“buscad
la tierra que sostenga el párpado del ascua
que veo jugar los dioses en la cuerda
buscad el templo de la espuma…el altar de sonidos…la
hostia de recuerdos… (FE. 27).
En el poema “Máscara y río” del libro Viene el asedio
Gladys Zaldívar nos señala el territorio pinareño cubano,
lugar de una belleza natural incalculable y a su vez lo mezcla
con profundos sentimientos de soledad:
“el valle de Viñales, que acude sin prisa a su cerrada soledad
sostiene ahora un jade intenso, de yunque en sombra bañado
para que la fijeza al fin resuelva, en el falo clavado
su destino de arbórea rectitud”
(3)
(p. 79).
La música
de Cuba, conocida no solamente en el país, sino también
internacionalmente por su inigualable historia de ritmos y
sonidos ardorosos, está presente en los poemas de Zaldívar. Cuando
sus versos nos traen el recuerdo del bolero, del danzón y del
guaguancó sentimos transportarnos al rico pasado tradicional
con la alegre música que amenizaba las fiestas populares y las
animadas comparsas carnavalescas. Esperanza Figueroa destaca
la relación entre los nuevos versos de Zaldívar: “Asómate a la
acre noche / de azul balcón, despeinado” y el texto del
antiguo danzón original: “Asómate a la ventana / para que mi
alma no pene” (4)
(p. 14).
Gladys
Zaldívar siente intensamente el desarraigo patrio y lo expresa
reiteradamente en sus versos. Después de comunicar la
presencia cubana con menciones concretas que despliegan la
flora, los sitios y la música de Cuba, de una manera
abstracta descubre el intenso sentimiento del desarraigo
experimentado por un exilio real, aunque involuntario.
En el poema
“Sostén del fuego” de la colección poética Fabulación de
Eneas cuando se refiere al héroe mitológico, la poetisa
asocia el sentido del olfato con la palabra “patria” y denota
su sentir al decir que no la halla perdida porque la tiene
viva en la memoria. Además, el silencio aparece en los
versos, mezclado con los sabores, utilizando el recurso
sinestésico:
“y
así mañana…en caso de guadaña…tendré agrupados los recuerdos
y habrá cenizas una palabra enorme como el infierno
cerrojos espuma un índice de plomo seleccionando en mi
lugar las puertas
pero
un olor ardiendo inextinguible sostendrá el sonido
un olor socorre mi habitación de pluma…me da pulmón…un olor
de patria no perdida madreselva…salobre del silencio” (FE,
15).
Cuando la
escritora se enfrenta directamente a los exilios particulares,
acude a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador,
héroe nacional de España que sufrió en carne viva el dolor del
desterrado. Al ser expulsado por el monarca Alfonso VI y al
alejarse de su amada Castilla, brota la aguda pena del
exiliado con las palabras del juglar de Medinacelli que
expresan en el Cantar de Mío Cid: “De sus ojos tan
fuertemientre llorando”. (EV, 17). Podemos captar vívidamente
la imagen de un guerrero varonil que no teme expresar su
profundo sufrimiento por medio del llanto. Gladys Zaldívar
utiliza la intertextualidad en “Solo trece de Orfeo” al decir:
“el
inocente nombre a los increíbles funerales del verdor
de sus ojos tan fuertemente llorando
brota una astrología de patria en bolsillos por jamás
porque han cerrado el vegetal de su palabra” (EV, 18).
Además del
sentimiento del desarraigo y del dolor del exilio, en El
visitante captamos varios ejemplos del uso del vocablo
“visitante” que denota la idea de lo transitorio del exiliado.
Estamos de “visita” pues añoramos regresar al suelo patrio.
Estamos de “pasada” pues sólo por un breve límite de tiempo
quisiéramos estar ausentes de nuestra patria. Es por eso que
en los versos de Gladys Zaldívar podemos apresar la idea de la
vida transitoria. Cuando en el poema “Segundo reino” de El
visitante la poetisa dice: “la ciudad en su oficio de
enmascarada muerte / asalta mi lentitud de visitante gris” (EV,
21) parece estar consciente de lo pasajero de su vida en este
“otro” sitio, que no es realmente su lugar patrio. Al decir
en el mismo poema “ con el territorio ya perdido, rescatable
sólo al tacto del alma” (EV, 22) sin usar la palabra
“visitante” repite la misma idea de la pérdida de la tierra
uniéndola a lo espiritual. En “Sólo trece de Orfeo” el
pasajero está sumido en una oscuridad que denota tristeza
espiritual cuando dice: “pero el visitante conoce los agrios
pies de la noche / y echa a volar su corazón como un badajo
mudo” (EV, 16); y en “Segundo reino” se encuentra ese mismo
visitante transitorio envuelto en la frialdad del ambiente y
con la pérdida de su identidad al decir:
“el dios
del invierno desciende por los nudos del agua / hasta mi
rostro innúmero de visitante”(EV, 21).
Gladys
Zaldívar mantiene a Cuba viva en nuestra memoria de una manera
tenue y constante. En El visitante captamos el
espíritu del exiliado que clama por su tierra y por su suelo
con vehemencia, y al sufrir angustia, reconoce la realidad de
la lejanía de la patria. En Fabulación de Eneas
mediante la elaboración y recreación del mito del antiguo
héroe, nos damos cuenta del dolor del desterrado. Finalmente,
en Viene el asedio al recordarnos la música
popular cubana penetramos en la realización de la pérdida de
la patria, de la confrontación de tener las raíces al aire, de
estar desasidos de la tierra natal. Es por eso que la poesía
de Gladys Zaldívar expresa persistentemente la imagen de la
patria en sus poemas. De un modo concreto, por medio de
vocablos que recogen la flora cubana, los sitios particulares
y los bailes del pueblo, y finalmente, al utilizar motivos
abstractos que recogen los sentimientos angustiosos del
exiliado que se encuentra arrancado de su suelo, nuestra
autora expresa la continua presencia de Cuba de una manera
inolvidable.
Homenaje
póstumo del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio a:
Gladys
Zaldívar y Concha Alzola,
fallecidas en fechas recientes.
Miami,
Florida
−
Koubek
Center
de la Universidad de Miami
Sábado,
21 de marzo de
2009
NOTAS
Y BIBLIOGRAFÍA:
1. 1 Gladys
Zaldívar, El visitante España: Artes Gráficas Soler,
1971, 13. (De
ahora en adelante las siglas EV
señalarán las páginas de esta edición).
2. Gladys
Zaldívar, Fabulación de Eneas, Miami: Ediciones
Universal, 1979, 15.
(De ahora en
adelante las siglas FE señalarán las páginas de esta edición).
3
Gladys Zaldívar, Viene el asedio, Miami: Publicaciones
de la Asociación de
Hispanistas de las Américas, 1987, 79. (De ahora en
adelante las siglas VA señalarán las páginas de esta edición).
4
Esperanza Figueroa, Introducción a Viene el asedio de
Gladys Zaldívar, op. cit., 12.

Ellen Lismore Leeder
nació en La Habana,
Cuba (1931). Ensayista, investigadora y profesora. Graduada
con un doctorado en Literatura Española de la Universidad de Miami
en Coral Gables. Ha ejercido como profesora del Departamento de
Español de Barry University por más de treinta años y ha sido, en
varias ocasiones, la directora de dicho departamento. Es
miembro de varias asociaciones profesionales de profesores, como
Hispania, ATSP y MLA. En la actualidad es la Presidenta del Consejo
Director de la NACAE, Asociación Nacional de Educadores
Cubano-Americanos. Ha cultivado mucho el ensayo con artículos
académicos y literarios en numerosas revistas literarias y
profesionales. Forma parte de la dirección de la revista Ambos
Mundos: Cuadernos de Literatura.

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