Miami
Estados Unidos
Año X

 Nº 59/60

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pensilvania

 

 Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah, Nueva Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

 

ESENCIA DE PATRIA EN LA POESÍA DE

GLADYS ZALDÍVAR 

 

por

  

Ellen Lismore Leeder, Ph.D.

 


 

     Tristemente fallecida a fines del año 2008  Gladys Zaldívar ha sido una de nuestras más destacadas voces poéticas en los últimos años.  Aunque también nos dejó agudos e informativos ensayos, es en la poesía donde descubrimos su voz auténtica creativa. Sus ensayos giran alrededor de varios de nuestros mejores escritores como fueron Julián del Casal, Severo Sarduy, José Lezama Lima, Reinaldo Arenas, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Lydia Cabrera. Estos ensayos muestran su profunda labor como investigadora para darnos a conocer las características particulares de cada uno de estos notables escritores cubanos. Pero es en cuanto a su expresión poética con que nos encontramos con la verdadera trascendencia y vena original de nuestra autora.

     Entre sus colecciones poéticas nos encontramos con El visitante (1971), Fabulación de Eneas (1979), Zéjeles para el clavel (1980),  La baranda de oro (1981), Viene el asedio (1987), Cantata de las ruinas (1996), La soledad fulgurada (2001) y Severed Garden  (2002).  Esta última colección de poemas fue escrita en la lengua inglesa, lo cual es algo bastante sorpresivo al compararlo con el resto de su producción poética que fue escrita en el idioma español.

     Si nos acercamos a sus numerosos poemas podemos apreciar sin lugar a dudas el recuerdo constante de rasgos patrios.  Se descubre una y otra vez esa presencia cubana de una manera persistente, sutil y reiterativa la cual trae a nuestra memoria  la patria amada, pero distante,  la patria añorada, pero perdida, en fin, que podemos evocar ese lugar tan especial y querido que continúa vivo en nuestro pensamiento.

     Nuestra autora se acerca constantemente a los motivos patrios en varios de sus libros poemáticos, no solamente de una manera concreta, sino también de un modo abstracto y nos va descubriendo esa presencia patria tejiendo imágenes que logran evocar la esencia cubana. En El visitante  como en Fabulación de Eneas y en Viene el asedio  Gladys Zaldívar nos va mostrando hábilmente esa constante alusión telúrica.

     Si analizamos las imágenes concretas encontramos numerosas veces la mención continua de la “tierra” __ tierra soñada, tierra añorada, tierra perdida __ motivo persistente del interminable destierro cubano.  En El visitante la poetisa se siente claramente apegada a Cuba  cuando se refiere a la flora del país al decir: 

 

“Alguien tiene la llave de la ardiente turquesa

y en la torre los narcisos amasan un fuego fatuo

en la torre como si fuera el sol de lívidas mañanas

estamos más cerca que nunca de la ceiba”  (1) (p.13).

 

     De manera similar, elabora versos que giran alrededor de uno de los árboles simbólicos cubanos incluyendo la mención de las raíces cuando escribe:

 

    “a decir te devolvemos la lluvia al otro que escribe

    con un alfabeto de raíces la canción de los huéspedes del cuerno

    tenemos la saliva jade de las palmas” (EV 15). 

 

     Poco después  continúa con versos lúcidos y sonoros que hacen mención de la flora característica de nuestra tierra cubana:

 

    “que a disolver pronto el búcaro no sea que suban a taparnos

    la boca con ceniza esos artríticos recuerdos

    a cubrir rápidamente los espejos

    que ya vienen ardiendo el patio con sus crotos” (EV 15).

 

     Zaldívar recuerda  en el poema “Segundo Reino” de la misma colección, las imágenes del pasado que la unen a sus raíces cubanas cuando dice:

 

    “si pudiera las dejaría ir temblando entregaría también

    su ruta estéril si pudiera pero nacen de  una remota bestia

    en la que cabalgó mi infancia por un sendero marino

    con grillos luciérnagas donde otro dios del tiempo

    impone su aliento de llama sobre nuestras raíces” (EV 21).

 

     En Fabulación de Eneas la poetisa menciona muchas veces los vocablos “suelo” y “tierra”  que traen a la mente la solidez de la patria. Cuando escribe del “suelo” le atribuye permanencia y calor,  lo cual parece comunicar claramente el ambiente acogedor y tierno de la patria al expresar:

 

    “Y tenga al fin un suelo tibio donde nombrarme con asombro

    un suelo donde nombrarlos con la burbuja del odio apaleado

    equis también será mañana pero no sé si como ahora” (2)  (p. 15).

  

     Al recrear el mito del héroe Eneas , la poetisa con toda intención lo plasma de eternidad. Cuando escribe de la tierra intenta recrearla, pues está plenamente consciente de la ausencia de su amada patria. Así es cuando repite, por medio de la anáfora, la frase “la nueva tierra”  para reiterar una y otra vez la realidad de la ausencia de patria y para recordarnos que el nuevo suelo nos ofrece la solidez y seguridad que necesitamos para sobrevivir. A su vez esos símiles se asocian  a imágenes auditivas y visuales:

           

    “ la nueva tierra es un filo de oscura balada

               …………………………………………….

    la nueva tierra es el adiós inmóvil en el pozo

               ……………………………………………….

    la nueva tierra es la presencia fúlgida de las pomarrosas

               …………………………………………………………..

    la nueva tierra es sólo un secreto melancólico cofre” (FE, 23).

 

     En el poema “Héctor flotando en la noche” del mismo libro se asocia la tierra con intención de fortaleza y afán de búsqueda  al exclamar:

 

   “buscad la tierra que sostenga el párpado del ascua

    que veo jugar los dioses en la cuerda

    buscad el templo de la espuma…el altar de sonidos…la hostia de recuerdos… (FE. 27).

           

     En el poema “Máscara y río” del libro Viene el asedio Gladys Zaldívar nos señala el territorio pinareño cubano, lugar de una belleza natural incalculable y a su vez lo mezcla con profundos sentimientos de soledad:

                       

  “el valle de Viñales, que acude sin prisa a su cerrada soledad

  sostiene ahora un jade intenso, de yunque en sombra bañado

  para que la fijeza al fin resuelva, en el falo clavado

  su destino de arbórea rectitud” (3) (p. 79).

 

     La música de Cuba, conocida no solamente en el país, sino también internacionalmente por su inigualable historia de ritmos y sonidos ardorosos, está presente en los poemas de Zaldívar. Cuando sus versos nos traen el recuerdo del bolero, del danzón y del guaguancó sentimos transportarnos al rico pasado tradicional con la alegre música que amenizaba las fiestas populares y las animadas comparsas carnavalescas.  Esperanza Figueroa destaca la relación entre los nuevos versos de Zaldívar: “Asómate a la acre noche / de azul balcón, despeinado” y el texto del antiguo danzón original:  “Asómate a la ventana / para que mi alma no pene”  (4) (p. 14).

     Gladys Zaldívar siente intensamente el desarraigo patrio y lo expresa reiteradamente en sus versos.  Después de comunicar la presencia cubana con menciones concretas que despliegan la flora, los sitios y la música  de Cuba, de una manera abstracta descubre el intenso sentimiento del desarraigo experimentado por un exilio real, aunque involuntario. 

     En el poema “Sostén del fuego” de la colección poética Fabulación de Eneas cuando se refiere al héroe mitológico, la poetisa asocia el sentido del olfato con la palabra “patria” y denota su sentir al decir que no la halla perdida porque la tiene viva en la memoria.  Además, el silencio aparece en los versos, mezclado con los sabores, utilizando el recurso sinestésico:

 

   “y así mañana…en caso de guadaña…tendré agrupados los recuerdos

   y habrá cenizas una palabra enorme como el infierno

   cerrojos espuma un índice de plomo seleccionando en mi lugar las puertas

   pero un olor ardiendo inextinguible sostendrá el sonido

   un olor socorre mi habitación de pluma…me da pulmón…un olor

   de patria no perdida madreselva…salobre del silencio” (FE, 15).

 

     Cuando la escritora se enfrenta directamente a los exilios particulares, acude a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, héroe nacional de España que sufrió en carne viva el dolor del desterrado.  Al ser expulsado por el monarca Alfonso VI y al alejarse de su amada Castilla, brota la aguda pena del exiliado con las palabras del juglar de Medinacelli que expresan en el Cantar de Mío Cid:  “De sus ojos tan fuertemientre llorando”. (EV, 17).  Podemos captar vívidamente la imagen de un guerrero varonil que no teme expresar su profundo sufrimiento por medio del llanto. Gladys Zaldívar utiliza la intertextualidad en “Solo trece de Orfeo” al decir:

 

   “el inocente nombre a los increíbles funerales del verdor

   de sus ojos tan fuertemente llorando

   brota una astrología de patria en bolsillos por jamás

   porque han cerrado el vegetal de su palabra” (EV, 18).

 

     Además del sentimiento del desarraigo y del dolor del exilio, en El visitante captamos varios ejemplos del uso del vocablo “visitante” que denota la idea de lo transitorio del exiliado. Estamos de “visita” pues añoramos regresar al suelo patrio. 

     Estamos de “pasada”  pues sólo por un breve límite de tiempo quisiéramos estar ausentes de nuestra patria.  Es por eso que en los versos de Gladys Zaldívar podemos apresar la idea de la vida transitoria.  Cuando en el poema “Segundo reino” de El visitante la poetisa dice: “la ciudad en su oficio de enmascarada muerte / asalta mi lentitud de visitante gris” (EV, 21) parece estar consciente de lo pasajero de su vida en este “otro” sitio, que no es realmente su lugar patrio.  Al decir en el mismo poema “ con el territorio ya perdido, rescatable sólo al tacto del alma” (EV, 22) sin usar la palabra “visitante” repite la misma idea de la pérdida de la tierra uniéndola a lo espiritual.  En “Sólo trece de Orfeo” el pasajero está sumido en una oscuridad que denota tristeza espiritual cuando dice: “pero el visitante conoce los agrios pies de la noche / y echa a volar su corazón como un badajo mudo” (EV, 16); y en “Segundo reino” se encuentra  ese mismo visitante transitorio envuelto en la frialdad del ambiente y con la pérdida de su identidad al decir:

 

   “el dios del invierno desciende por los nudos del agua / hasta mi rostro innúmero de visitante”(EV, 21).

 

     Gladys Zaldívar mantiene a Cuba viva en nuestra memoria de una manera tenue y constante. En El  visitante captamos el espíritu del exiliado que clama por su tierra y por su suelo con vehemencia, y al sufrir angustia, reconoce la realidad de la lejanía de la patria. En  Fabulación de Eneas  mediante la elaboración y recreación del mito del antiguo héroe, nos damos cuenta del dolor del desterrado. Finalmente, en Viene el asedio al recordarnos la música popular cubana penetramos en la realización de la pérdida de la patria, de la confrontación de tener las raíces al aire, de estar desasidos de la tierra natal. Es por eso que la poesía de Gladys Zaldívar expresa persistentemente la imagen de la patria en sus poemas. De un modo concreto, por medio de vocablos que recogen la flora cubana, los sitios particulares y los bailes del pueblo, y finalmente, al utilizar motivos abstractos que recogen los sentimientos angustiosos del exiliado que se encuentra arrancado de su suelo, nuestra autora expresa la continua presencia de Cuba de una manera inolvidable. 

 

 

Homenaje póstumo del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio a:

Gladys ZaldívarConcha Alzola, fallecidas en fechas recientes.

Miami, Florida Koubek Center de la Universidad de Miami

Sábado, 21 de marzo de 2009

 

 

 

 

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA:

 

1.         1      Gladys Zaldívar, El visitante España: Artes Gráficas Soler, 1971, 13. (De         ahora en  adelante las siglas EV señalarán las páginas de esta edición).

 

2.     Gladys Zaldívar, Fabulación de Eneas, Miami: Ediciones Universal, 1979, 15. 

  (De ahora en adelante las siglas FE señalarán las páginas de esta edición).

 

3      Gladys Zaldívar, Viene el asedio, Miami: Publicaciones de la Asociación de

        Hispanistas de las Américas, 1987, 79.  (De ahora en adelante las siglas VA señalarán las páginas de esta edición).

 

4      Esperanza Figueroa, Introducción a Viene el asedio de Gladys Zaldívar, op. cit., 12.

 

 

Ellen Lismore Leeder nació en La Habana, Cuba (1931). Ensayista, investigadora y profesora.  Graduada con un doctorado en Literatura Española de la Universidad de Miami en Coral Gables. Ha ejercido como profesora del Departamento de Español de Barry University por más de treinta años y ha sido, en varias ocasiones,  la directora de dicho departamento. Es miembro de varias asociaciones profesionales de profesores, como Hispania, ATSP y MLA. En la actualidad es la Presidenta del Consejo Director de la NACAE, Asociación Nacional de Educadores Cubano-Americanos. Ha cultivado mucho el ensayo con artículos académicos y literarios en numerosas revistas literarias y profesionales. Forma parte de la dirección de la revista Ambos Mundos: Cuadernos de Literatura.