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Edición limitada y no venal (2007)
Miami, Florida, EE.UU.
Foto de portada "Crepúsculo en
Beacon Street"
Boston Common Park, Boston, Massachusetts.
(124 pp.)

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No todos los grandes poetas hacen fama, ni dejan
de hacerla, en grande, muchos que mediocres son.
Poetastros, otros, que pueblan el mundo en letra de
molde, colmando los estantes de la eternidad. O al
decir de Borges, “la biblioteca de Babel”.
Es otra manera de decir lo que si bien es
consabido, no solemos tener tan presente como se
merece para el claro escorzo de lo valedero. Pero
conviene ahora destacarlo, porque Leonora Acuña de
Marmolejo es de esos poetas de uno u otro género —o
en su caso, poetisa— que aún está por recibir su más
que meritoria dosis de reconocimiento. Y lo he dicho
en singular —poetisa— porque lo es, sin duda alguna,
conforme defínenlo su talento, su acendrada vocación
lírica y su genial inspiración.
Nuestra poetisa cultiva todos los géneros y
estilos. Sabe andar, aunque no siempre, por la senda
relativamente menos exigente de lo que suele llamarse
poesía libre, aunque nunca podríamos atribuirle la
falta de todos los elementos fundamentales de la
poesía: rima, metro y ritmo. Puede omitir la rima,
pero conservando el metro y el ritmo, o bien omitir la
rima y el metro, pero conservando el ritmo, que en tal
caso nunca será desacompasado.
Se apega más, en cambio, a
los cánones clásicos que le dan sabor y sentido al
verso, que lo hacen grato y armonioso al oído físico y
psíquico, así como al ámbito emotivo y espiritual.
Porque ahonda doña Leonora en
esos rincones y resquicios de la humana experiencia
que llegan a lo que otros apenas sugieren, sin lograr
aproximarse a lo que aspirarían como meta. Abarca
todos los temas y sentimientos que definen al ser
humano —romanticismo, amor, afecto, comprensión,
soledad, compasión, nostalgia, alegría, desengaño,
gratitud— , aparte de señeros acontecimientos en su
vida personal y familiar.
Sus innovaciones van por el
camino del hipérbaton y la elegancia retórica que
sorprenden, que estimulan y que dan vuelo y acicate a
la imaginación, reclamándonos a proseguir la lectura.
Por otra parte, sus diáfanos conceptos y la clara
ilación de sus ideas es, si bien en gran medida
inusual en la poesía que hoy se escribe, infalible en
el caso de Leonora.
Sin desdoro de buenos poetas que
cultivan el estilo moderno arraigado en la
inobservancia de la normativa secular del verso, cabe
advertir que es, diríase, demasiado tentador recortar
en trozos la prosa corriente y moliente e ipso facto,
paradójicamente, declararla poesía. Nada de eso, ni
por asomo, captamos en los inspirados versos de esta
singular poetisa.
Aprovechamos la ocasión para
afirmar la importancia lingüística
—si es que nuestro perspicaz lector no hubiera ya
captado nuestra alusión— de emplear los femeninos con
su justo sentido cada vez que corresponda. Si no,
acabaríamos por descartar voces como reina y
actriz, para vernos obligados a decir rey mujer,
y actor mujer. Nada más disparatado, desde
luego, pese a todos los razonamientos. El mundo
unisexual, si más igualitario, nos parecería
francamente intolerable, por no hablar de aburrido.
Leonora Acuña de Marmolejo sigue
la ya larga tradición de los grandes poetas
colombianos como Rafael Pombo y José Asunción Silva,
que tanto han enriquecido la literatura hispana,
poniéndola por las cimas de sus majestuosas
cordilleras.
Ya nos tenía nuestra poetisa
acostumbrados a apreciar su fino sentido versificador
con anteriores colecciones de poesía, como Poemas
en mi red, Brindis por un poema y Baraja
de poemas, publicados en 1992, 1995 y el año 2000,
respectivamente.
Ahora, con la edición de este
conjunto poético, Del crepúsculo a la alborada,
Leonora Acuña de Marmolejo completa, acaso, un ciclo
que marca un hito en su destacada trayectoria
intelectual. Aunque esperamos que no haya de ser sino
un paso más en su continuo empeño por iluminarnos con
su estro, elegancia y hermosura de sentimientos.
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Emilio Bernal
Labrada
nació en La Habana, Cuba
(1930). Escritor, traductor, intérprete y corrector de estilo (en español e
inglés). Emigró a Estados Unidos en 1956. Se especializó en traducción e
interpretación y prestó servicios en la Organización de los Estados Americanos
(O.E.A.) durante 27 años, donde llegó a ser Director del Servicio de
Traducciones. Es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y
de la Real Academia Española, donde es Coordinador de Información. Ha publicado
las siguientes obras: La Prensa LiEbre
o Los crímenes del idioma
(Ediciones Universal, 2001), Emilia Bernal: su vida
y su obra (Ediciones Universal – 1999) por A. Betancourt de Hita (edición
revisada, organizada y prologada por E. Bernal Labrada, que también hizo la
versión inglesa de las poesías de Emilia Bernal en la sección «Antología
bilingüe»), figura en Antología de El Trujamán [artículos
sobre traducción, de diversos autores],
Instituto Cervantes, Madrid, España (2002) y
Árboles genealógicos de la Cuba española (Editorial Verbum, 1997). Sus
columnas, las instructivo-humorísticas «Nuestro idioma de cada día» y «Gracias
y desgracias del idioma», están adscritas a Firmas Press. También publica «Temas
de actualidad», que aparece en diversos órganos de prensa. Sus artículos sobre
el idioma han aparecido en el Boletín del Departamento de Español Urgente de la
Agencia EFE y en la nueva publicación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu),
«Donde dice…». En inglés, escribe la columna idiomática «Language, Our Daily
Fiesta». Además, es autor, en ambas lenguas, de ensayos, artículos, reseñas de
libros, poesías, entrevistas y ponencias sobre temas literarios, lingüísticos y
culturales. Ha publicado en las revistas «Américas», «Hispania» y la «Revista
Interamericana de Bibliografía», entre muchas otras. Especializado en el
estudio y análisis de los anglicismos y de las medidas para rectificarlos,
suplantarlos y superarlos, ha escrito
estudios sobre el tema en
el Boletín de la Academia Norteamericana, así como para el Boletín de la
Academia Colombiana, en el cual ha publicado una serie de artículos titulada «Influencias
anglicistas en el español contemporáneo» que ha durado más de 30 años.
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