Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 51/52

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

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UNA VISIÓN POSMODERNA DE CUBA

DESDE EL EXILIO, DAÍNA CHAVIANO Y

LA ISLA DE LOS AMORES INFINITOS.

 por

Alicia E. Vadillo

   

Grijalbo (2006)

Impreso en Barcelona, España

Distribuido por Random House, Inc.

ISBN: 0-307-37654-0

(384 pp.)

 

     Con La isla de los amores infinitos (Miami, 2006), la escritora  Daína Chaviano, se une al ya creciente grupo de autores que narran la nación cubana a partir de una saga familiar.  Entre ellos Hilda Pereda (Los Robledal, Miami, 1987) y Julio Travieso Serrano (El polvo y el oro, Cuba, 1998) se destacan por presentar en sus obras la alegoría de una Cuba que posee diferentes discursos e ideas políticas pero que aun así, estos se resumen en una identidad colectiva regida por principios dominantes que la legitiman como nación.

     Chaviano, a diferencia de los autores mencionados,  apoya  su novela en otro  tipo de alegoría, ahora puramente literaria, la cual  no muestra a la nación a través de una historia nacional ejemplar identificada como el fundamento de la independencia sino más bien su opuesto, esto es,  la nación como consecuencia de la independencia, con múltiples  particularidades y defectos heredados de una larga colonia y como un sistema cultural híbrido producido por las mezclas de razas, costumbres y credos que en ella se reunieron.

     Esta reconceptualización  la logra Chaviano aplicando su  modelo propio de inclusión/exclusión de los elementos constituyentes de “la nación.” De esta manera,  sustituye el hecho histórico, considerado hasta el momento como  incuestionable por poseer una estructura, un tiempo y un espacio de posible comprobación, por otro mucho más novedoso, el cual,  sin dejar de ser histórico, se aferra a lo diferente para constituir nuevas unidades como son la trasgresión espacial, la identidad nacional dividida, y el exilio.

     Paralelamente, introduce otros elementos que alteran el sentido tradicional de realidad. La magia, elemento paralógico, le da misterio y energía a la novela, permite el desarrollo de los personajes y paraleliza al personaje Cecilia con Cuba. Así, Cecilia y Cuba constituyen dos focos temáticos, inicialmente aislados, de una narración común; focos que oscilan entre la luz y la sombra para superponerse finalmente.

     Aun siendo marcado el interés de la autora por reconstruir la nación, la familia, como grupo humano, se impone y es en su decursar que corre una narración fragmentada, discontinua, con múltiples meta narraciones que describen la venida a la Isla en el Siglo XIX de tres familias diferentes,  representantes de las tres etnias y culturas básicas de la formación nacional. Estas son: la familia de Clara y Pedro, procedentes de Cuenca, España; la  de Dayo, esclava traída del Reino de Ifá, Nigeria; y la de Pag Chiang, llegada de Cantón, China.

     Resulta interesante el hecho de que Chaviano, a diferencia de otros escritores, cita el constituyente chino en los cimientos nacionales. Y no solamente lo incluye sino que lo trabaja cuidadosamente a través de su comida, sus tradiciones, sus credos y su cultura en general. Destaca el intercambio de esta comunidad con las otras culturas del país como es el caso del  lenguaje chino/español, del sincretismo Sanfancón/Shangó y de su participación en la segunda guerra de independencia cubana donde la postura digna y heroica que sus miembros asumieron les llevo a recibir el honor de ser calificados como:

 

“Nunca hubo un chino cubano desertor;

  Nunca hubo un chino cubano traidor”, [1]

                                       (Chaviano 345)

    

     Los límites raciales desaparecen cuando  la familia blanca y la de descendencia africana se unen a través del matrimonio de María de las Mercedes (nacida en 1889) y José (nacido en 1887); mientras que la china se mantiene aislada hasta que Pag Li, conocido como Pablo, (nacido en 1926) se casa con Amalia (nacida en 1926) hija de María de las Mercedes y José, culminando así, metafóricamente, la integración de las tres etnias.

     La historia de las familias corre por la parte del personaje masculino, Miguel, mientras que Cecilia tiene una historia familiar corta que la sitúan viviendo sola en Miami, después de abandonar la isla pocos años atrás. Solamente se sabe que sus padres murieron en un accidente, y que su tía, lazo con sus antepasados, vive también en Miami.  Aunque la familia masculina es la que cuenta su historia, ésta llega al lector a través de la voz femenina de Amalia, esposa de Pablo, quien la llena de detalles, juicios y emociones femeninas.

     Chaviano hace uso de su propia intertextualidad al traer a esta novela el personaje de Gaia y la casa embrujada que ya se han visto en Casa de Juegos (Chaviano. Planeta; 1999). La casa, ahora vista en Miami, transita a esta nueva novela como un símbolo, como continuidad o signo de origen del espacio Cuba,  revelando el alma del lugar donde aparece.  En La Habana, la casa fue un ente compacto, reflejo de tradiciones y credos que llegaban a ser diabólicos, mientras que en Miami, sus contenidos se suavizan a partir de los conceptos familia y amor.

     En Miami, la casa representará dos espacios coherentes: Cuba, (aparece solo en fechas patrióticas), y  “un alguien” desconocido inicialmente que después resulta ser Cecilia. Este viraje o cambio metafórico se aprecia al hacer la casa  un tránsito en sus apariciones, las cuales posteriormente, sólo ocurrirán en fechas familiares, relacionadas todas con Cecilia y a su vez, porque sus habitantes resultan ser  los familiares muertos de dicho personaje. Cecilia descubrirá nuevos y positivos valores en esta visión mágica que la relacionan a ella, como personaje individual, con la Isla como nación y gracias a esto, podrá encontrarse a sí misma.

     Daína Chaviano, utilizando creativas y trabajadas imágenes que llegan a desarrollar una prosa casi poética, nos regala en su texto una singular visión de nuestra nación. Visión pluralista y alejada de convenciones formales. Visión que muestra un espacio nacional surgido de convergencias culturales venidas de muchas partes del mundo y que ahora, en un gran exilio vuelven a codificarse. Visión de un espacio rico en tradiciones, música, artistas, comidas, credos que acompañan a aquéllos que ya no viven en la Isla pero que se sienten ser parte de ella. Esta fue la identidad híbrida que encontró y aceptó el personaje Cecilia para llenar de  paz y alegría su alma.

 


[1] Inscripción que aparece en el monumento a los chinos combatientes de la segunda Guerra de Independencia Cubana en Línea y L, Vedado, La Habana.

                                                                                            

Alicia E. Vadillo nació en Cárdenas, Cuba (1946). Ensayista, conferencista y profesora. Graduada de la Universidad de La Habana y de Syracuse University.  En la actualidad es catedrática en la Universidad Estatal de Nueva York en Oswego. Es especialista en Literatura Caribeña Contemporánea. Ha publicado numerosos ensayos en diversas publicaciones de prestigio internacional, entre los que se destacan “Excilia Saldaña y su texto Kele Kele” (Revista Folklore Americano, Universidad San Carlos de Guatemala, Febrero 2002), “La escritura homoerótica cubana contemporánea” (Antología del Ambiente, Alfaguara, Febrero 2002), “La metáfora de Cuba en Maitreya” (Boletín Circa. Universidad de Costa Rica, Enero-Marzo 2000),  “Una lectura metafórica entre comida y poder en la literatura neobarroca cubana” (Boletín Circa. Universidad de Costa Rica, Enero-Marzo 2000), “Una lectura homoerótica: La balada del Güije de Nicolás Guillén” (Signos, Cuba, Enero 2000), “La Santería como base epistemológica de personajes homoeróticos en Paradiso” (Umbral, Universidad Central de las Villas, Cuba, Diciembre 1999), “La metamorfosis del signo lingüístico: artificio creativo de Severo Sarduy en el texto artístico Maitreya” (Symposium, Vol. 52, State University of  New York) y “Una posible re-escritura del “amor” en la voz poética de una mujer del tercer mundo: Soledad Cruz” (Aleph 8.2, Penn State University, Pennsylvania). Fue profesora de la Universidad de Syracuse y Le Moyne College en el Estado de Nueva York. Ha sido editora asistente de la revista universitaria Point of Contact de la Universidad de Syracuse. Su libro Santería y Vodú; sexualidad y homoerotismo (Caminos que se cruzan en la literatura cubana contemporárea) fue publicado por la editorial Biblioteca Nueva en Madrid, España (2002).