Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 51/52

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


CUBA

 

AMELIA DEL CASTILLO


Nació en Matanzas, Cuba.  Poeta, narradora, ensayista. Reside en Miami desde 1960. Ha publicado un libro de narrativa y ocho poemarios, entre los que cabe destacar: Cauce de tiempo (Hispanova de Ediciones, Miami, 1981), Las aristas desnudas (Editorial Betania, Madrid, 1991), Géminis deshabitado (Ediciones Universal, Miami, 1994), El hambre de la espiga, Ediciones Universal, Miami, 2000) y Un pedazo de azul para el naufragio (La Torre de Papel, Coral Gables, 2005). Ha obtenido siete premios Internacionales de poesía y cuento en Salamanca, Madrid, New York  y  Miami, entre ellos el  Cátedra Poética Fray Luis  de León  (Universidad Pontificia de Salamanca). Finalista (Accécits, Menciones) de los Premios Carmen Conde (Madrid), Letras de Oro (Miami), Mairena (Puerto Rico), Calíoppe y Polimnia (Vizcaya).  Su obra aparece en Antologías y publicaciones de Argentina, Colombia, Costa Rica, España, Estados Unidos, México y Uruguay. Varios de sus ensayos han sido traducidos y publicados en inglés, francés e italiano, y los reúne en “Apuntes al vuelo” (inédito), que recoge trabajos presentados en Congresos Nacionales e Internacionales.


 

LA TORRE

 

Allá, la torre...

Empinada de tiempo, abierta

a furia de palabras

y a galopar de sueños.

Centinela

de inalcanzables rumbos,

allá, la torre

afilándose al viento.

¿Cómo alcanzarla, di, si crece

como espiral de angustia,

si avanza más y más:

un horizonte siempre más allá

de todo aliento y toda sombra?

 

Conozco su lenguaje,

palpo

la ingravidez de su distancia amiga,

vibran

los hilos que nos unen,

vago

por sus espacios,

llevo

la brújula que dio el Señor al ángel,

sigo

buscándola –o buscándome–

y no acierto.

 

Allá, la torre

con su llamado altivo.

Agigantada, esquiva, retadora,

difícil, solitaria...

 

Allá...,  donde a sonrisas

llegan jugando y sin querer,

los niños.

 

 

CASI YO

 

Estoy casi de vuelta...

Sin bagaje. Náufrago de la noche.

Casi abierta.

A mi lado se acuesta –como un perro–

la sombra del desvelo de mí misma.

¡Cómo me llama el tiempo que no ha sido!

A él voy como al regreso,

como a la mar el río.

Y se rompen estrellas

sobre la  noche blanca

como se rompe en llanto una sonrisa.

Estoy casi de vuelta

aunque no me haya ido.

 

 

DE PIE

 

Si estoy de pie

es porque me levanto,

porque me empino

más allá de mi asombro y mi estatura,

porque no aliento cicatrices

ni fantasmas ni pasado.

Si estoy de pie

es porque sigo andando,

porque me llama el viento

y me llaman la luz y los relámpagos.

Porque cantan los pájaros         (todavía)

y los niños sueñan         (todavía)

porque no preciso razones

ni respuestas.

Porque tomo mi cruz sin intercambios.

 

 

ESTÍO

 

A tu lado pecó

mi desnudez de amor recién nacida

mi retozo de loba desvelada

y para siempre

la hambrienta soledad que me sembraron

en la tierra feroz

de mis esquinas.

 

A tu lado surgí

–Adán prohibido y ofrendado a un tiempo–

y a ti retorno una y mil veces

a germinar tu siembra de azucenas

y a calentar el pan

de cada día.

 

Mientras tiemble tu nombre

en mi garganta

–compañero de culpas

arrojado por mí y en mí del Paraíso–

y te sientan mi piel y mis arterias,

mientras me llamen los brazos

de la lumbre

 y alerta esté el calor en la ceniza,

mientras el mismo barro nos una

nos condene o nos perdone,

mientras te llame el hambre de mi herida

y en mí descanse la sed de tus naufragios,

mientras enhiesto

tu gladiolo de luz busque mi sombra,

mientras yo sea y tú estés 

–compañero de vórtice y mareas–

nos atará el milagro repetido

de azuzar la llama que nos quema.

 

 

OTOÑO

 

No es río que corre

ni huracán eso que gime y ruge

ni afuera se desgarran

el tueno y el relámpago.

 

Es el tren que se aleja

a tus espaldas

con su grito de perra en agonía.

El que pasa a deshora

llevándose tus huellas, tu equipaje

tus zapatos inquietos

tu sonrisa.

El que sabe tu nombre

el que atraviesa

tu mapa circular.

 

El que pasa.  El que vuelve.

El que se aleja

dejándote las culpas

los recuerdos y el pedazo de espejo

que se afila.

 

 

LA SED

 

Es la insaciable sed

del leño, del polvo, del peñasco.

Del que ha pisado agujas y desnudado inviernos.

Del paria o peregrino

que al hombro lleva su transmutado ser,

su sangre y su semilla.

 

La sed de las cenizas y la arena.

La que sube a los ojos y a la boca

y nos transita

arañando la piel y lastimando ausencias.

Ésa que fija al paladar la lengua descreída

sin dejar que se aviven en temblor

o en chispazo de luz, la voz

y la palabra.

 

Hoy le pregunto al tiempo y al oráculo

quién me niega la fuente, el cuenco de agua

que la espante.

Quién me condena a esta sed oscura,

a esta espera inhóspita, a este llevarme

al hombro como si yo y los otros

y todo lo que cargo fuera resto,

lodo, esquirlas o el fardo exacto

que me sobra.

 

Y me rehuye el tiempo. Y todo a gritos

me condena a esta  insaciable sed

de leño, de polvo, de peñasco.

           

 

QUIJOTE EN CASA

 

Si el corazón del tiempo es una piedra,

la piedra es un volcán

y la hoguera una fiesta repetida

¿quién tiene el monopolio de la ausencia,

el lugar exacto del naufragio

y el borde más hambriento de la herida?

 

Se agranda el círculo, cruje la interrogante

y yo, sin molinos de viento

me niego a ser esquirla de cristal.

 

Si vamos a quedar entre las ruinas

mejor gritar a pulmón lleno.

Si vamos a quedar,

que cada cual embride su miseria,

incinere perezas herrumbrosas,

azuce el hambre, espante el miedo,

desate a Rocinante

y se atreva a soñar.

 

 

DE NOCHES Y DE ENCUENTROS

 

Se empecina la noche

en ser a toda costa, noche.

Echada como aguijón de avispa

sobre la gota insomne del recuerdo

se fragmenta en cristales

y en puntos suspensivos

sin respuestas.

 

Yo, 

para tajar de un solo golpe

su plaga de rencor oscuro,

ahuyento brujas,

arranco los yerbajos de la ausencia,

planto, cosecho a sangre y agua,

arraso muros y revivo muertos.

 

Luego,

horneo el pan de cada día,

rescato la sonrisa: creo.

Abrazo al sol, desnudo la palabra,

transito orilla a orilla las devastadas sombras

y me encuentro.