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IDA HERNÁNDEZ CAAMAÑO
Nació en
Manzanillo, República Dominicana (1949). Poeta, narradora,
articulista y docente. Se graduó de Doctora en Derecho en la
Universidad Autónoma de Santo Domingo. Hizo Postgrado de
Especialización en Administración y Planificación de la
Educación Superior en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo
(Intec) y es egresada de la Universidad de Santiago de Chile y
la Organización Universitaria Interamericana. Entre 1979 y 1994
trabajó en el Intec, donde desempeñó varios cargos, hasta ocupar
el de Decana de Servicios a la Comunidad Académica. Su
conocimiento de la universidad y su identificación con su
mística educativa, le permitieron escribir la historia de los
veinticinco años de la entidad. A partir de 1995 es profesora de
Derecho Laboral en los programas especializados para maestros y
directores de centros educativos, y responsable del Círculo
Literario de esa institución. En 1981 comenzó a publicar
artículos sobre asuntos laborales, la condición de la mujer y
otros temas en las páginas del suplemento Isla Abierta,
del periódico Hoy. En 1993, apareció su primer poemario,
un libro cargado de añoranzas, Viajera del Polvo, en el
que evoca su pueblo fronterizo y su adolescencia en Ciudad Nueva,
en Santo Domingo. En las páginas de Oh Magazine, del
Listín Diario, dio a conocer una serie de estampas en la
sección “La mirada¨, escritas a partir de fotografías sobre los
más diversos temas. En las revistas Ysabela y Mujer
Única, aparecieron sus relatos de amor, reunidos
posteriormente en el libro El amor todos los días (2001).
TE RECUPERO A MI MODO
Yo no quiero
hacerte realidad
sino
convertir todo el recuerdo
en
un suspiro infinito,
canto, flor de lluvia
que
huele y no me toca
abrazando en una brizna tu tristeza
hasta el cansancio.
Te recupero a
mi modo;
sin
olvidar el polvo
ni
pensarte a diario
te
veo etéreo,
y
en la distancia
te
siento más cercano.
Quiero
desenhebrarte
traerte al horizonte
nuevamente
sin
quemarme las manos
ni
ahuyentar las palabras
guardándote en secreto
como un misterio ajeno
que
ya no puedo descifrar
porque estoy sola,
lejos de tus arenas
temiendo falsearte
al
invocar las circunstancias
de
tus alrededores,
de
mí y de todos los que como yo
se
extraviaron contigo
de
modo diferente
y
sin embargo igual,
perdidos, reencontrados por siempre.
Te me deshaces
en la memoria
y
aun así quiero
no
pisar por tus calles asfaltadas
ni
conocer el murmullo
que
te encierra,
para dejarte libre
el
mito que se clava
en
mi melancolía
que
nunca,
sin
romper el hechizo
tantas manos ausentes,
convertidas en polvo,
en
nada,
la
instalaron sin límite.
OH MELANCOLÍA
Esta melancolía
de mi ser,
que ha nacido
en el tiempo,
encontró en él
su forma
desparrama y
escurre su resina
entre todos
aquellos que soy
que me hace ser
yo misma en lo adelante.
Con ella me
reitero, desaparezco
y vuelvo a
cimentar mi existencia
sobre un hilo
fino, persistente
que se acuna en
su origen
y me recorre
haciendo magia
con todo lo que
toca.
Yo sigo siendo
como un espejo turbio
de
aquellos que han querido
mirarse en el silencio
permaneciendo a veces
a
través de mis ojos.
Sigo cual
desafío
con
los pies saturados de promesas
para andar, desandar y quedarme
resuelta a no descansar nunca
conciliando pedazos de mi sombra
recogidos en la huella que pasa y me detiene.
Oh melancolía
tú
me llenas sin piedad de fuerzas locas
y
luego me abandonas
al
porvenir oscuro
que
no busco ni alerto.
Tú
sabes poner el límite perfecto
al
universo
cuando moja la lluvia
el
ayer solamente
y
dejas resbalar sobre el cuerpo entumecido
una
gota de rocío que llega hasta mi boca.
Eres lágrima de
montaña lejana
que
anunciada
desciende suave y penetra la vida,
te
ubicas en el centro mismo
de
los amaneceres y en todos los momentos;
me
haces ver hacia atrás, hacia la nada.
Oh melancolía
traducida en la tierra con gaviotas y mares,
en
tiempo del mundo
que
levanta la vida sobre el viento
persistes en inundar el cuerpo
con
recuerdos de dolor, de muerte,
soledad y silencio
acunando en la memoria
la
esperanza del canto, la voz,
la
palabra extrañada
que
tendida en el sueño se recobra de olvido
y
tiene en sus colores de crepúsculos
el
sabor de infinito
como el amor de ausencia.
COSECHAS DEL TIEMPO
Estoy como
desnuda
y
para ello
arrojé mi piel cual los lagartos
quité a mi corazón sus experiencias
comenzando la vida
con
mis años a cuestas
que
sirven para remontarme
sin
perder el pasado
que
me trilla razones
restaurando memoria
que
desentierran sueños.
Voy recogiendo
el tiempo
de
aquellos que legaron sus palabras
de
quienes presentaron credenciales
ante el mundo,
con
su canto,
con
la voz del dolor, la trascendencia,
el
origen y todo lo que adentro se aprisiona,
de
lo que guarda el elan que nos fija a la tierra
y
se queda presente en la esencia del viento.
HIJA
Una perla
nacarada creció en mí
en
septiembre, sol del mundo
emigró de los mares, se colocó en la tierra
en
una media isla, entre mis manos
yo
la entrego a la vida poco a poco.
Esa perla
callada, esplendorosa
atesorada en mí, lleva nombre de poesía
cubre ternuras, recoge sus destellos
irradia por las noches
desde su umbral mi sueño.
La mecen
golondrinas en invierno,
y
un cantar de gaviotas
y
mi piel, mis palabras
se
derraman en ella lentamente
para centrar mi vida con la suya.
RELEVO EN LA PALABRA
En honor a ti y
a tus deseos
levanto la palabra que se escondió en la bruma
recojo de tu vientre lo callado y no dicho
descifro en la penumbra
de
tu sueño entrecortado
que
en mis manos se expande,
y
en mi ser se hace eco,
tu
palabra perdida para decir por ti
lo
que en tu voz oculta
fue
la vida, el dolor y la muerte.
Te recorro en
tu carne que es la mía
y
buscando comprenderte en el silencio
llega en la soledad un homenaje
a
tu existencia transida
que
se agotó en el camino hacia la nada,
a
tus cenizas que empolva el horizonte,
a
todo lo que de ti pernocta
debajo de la tierra humedecida y caliente
imagen y palabras entrañadas por siempre
que
a mi ser sobrecogen
en
tu ausencia infinita.
LA VIDA EN MEDIA ISLA
Bajo un techo
de nubes de esta isla
que
sin ser toda nuestra
vive su historia, su vida
cada quien.
En ella
estamos.
En
ella, donde se enredan los dedos
de
soledad y silencio enrarecido
donde es preciso hacer un hueco
para alojar temprano la tristeza,
y
un puñado de angustias.
En esta isla
pequeña
encontré en las tardes de la vida
un
trillo fino de ternura
un
oasis profundo para abrevar pasiones,
multiplicar la vida
soñar la trascendencia misma
dejando jirones de amor
impresos en el viento.
Allí le
crecieron raíces a mis pies
importunando el vuelo hacia los sueños
apegándome a la tierra calurosa
abordando las orillas del mar que me rodea
como viajero eterno que se amarró a su mundo
para volver al centro, empuñar la palabra
y
jugar con mi acento, con mi voz apagada
golpeando la esperanza
resguardada en los humores del tiempo.
En esta media
isla,
cruzo por la penumbra y me quedo en la sombra
entrego en cada edad, en mis transmutaciones
la
visión del contagio con los años,
hago sonar los dedos intranquila
abono la paciencia
yendo y viniendo de mí hacia los otros,
de
los otros a mí, de los otros a los otros
de
mí hacia mí misma, hacia la nada…
MORIR ES FÁCIL
Morir es fácil
nadie me lo dijo
lo
supe de repente y con simpleza
en
una madrugada de septiembre
con
la esperanza en vilo y espantada.
Luego se
presentaron otros días
una
tarde de enero y de febrero
la
mañana de un diciembre
que
asolaron de mi cuerpo la alegría
y
sembraron la penumbra del dolor eterno
cuando vi de nuevo que morir es fácil.
Todavía deseo
ser como antes
cuando colgaba la risa en los puntos cardinales
y
la vida era un propósito con alas
y
la muerte se expresaba con campanas lejanas
con
olores de azucenas y rosas
hasta que de repente y muy temprano
supe que morir es fácil.
ESTA PERENNE SENSACIÓN
Urgida por la
fosa
de
mi ancestral tormento
me
coloqué en tu pecho
golondrina.
Para viajar
contigo tan serena
formando parte
de tu ropaje suave
me estremecí en
tu cuello
y volé con tu
aliento
y posaste mi
pena estremecida
en la cima de
un cerro silencioso
cual remedo
ferviente
de mi fiel
nostalgia.
Dejé tu pico
recorrer mis ternuras
hurgué bajo tus alas sensitivas
sin
encontrar consuelo
abrí la vida al viento
caí
en profundos mares
y
se acunó entre el prodigio
del
dolor siempre abierto
que
mira con desdén las alegrías
una
perenne sensación:
melancolía.
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