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ELIDIO LA TORRE LAGARES
Nació en Adjuntas, Puerto Rico
(1963). Poeta, ensayista, cuentista y novelista. En su calidad
de escritor, ha publicado un libro de cuentos,
Septiembre
(Editorial Cultural, 2000), premiada por el Pen Club de Puerto
Rico como uno de los mejores libros de ese año, y dos novelas,
Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor, 2001,
igualmente premiada por el Pen Club, y Gracia (Oveja
Negra, 2004), casa publicadora que diera a conocer a Gabriel
García Márquez y a Isabel Allende, entre otros. Además, ha
publicado los siguientes poemarios: Embudo: poemas de fin de
siglo (1994), Cuerpos sin sombras (Isla Negra
Editores, 1998), Cáliz (2004),
que incluye el poema clásico Mariposas
para Lorca, premiado por el
Ateneo de Ponce en el 2002 y Vicios de construcción
(2008). Formó parte del grupo Puertas, importante colectivo de
poetas que reunió a destacadas figuras de la Generación del
Noventa en su país. En la actualidad es profesor de Literatura
en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico,
Recinto de Río Piedras, y colabora de manera habitual en el
periódico El Nuevo Día en su revista Domingo y en la sección
Perspectiva. Profesionalmente, ha
laborado para las editoriales Grupo Santillana, donde dirigió la
creación de la serie de inglés para estudiantes de escuela
elemental Tools, y dirigió por espacio de cuatro
anos el Departamento de Edición de la Editorial de la
Universidad de Puerto Rico. En el 2002 fundó Terranova Editores,
una de las editoriales de más proyección y seriedad en Puerto
Rico.
En el 2007 recibió el galardón Gran Premio Nuevas Letras,
otorgado por la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico,
por su labor editorial.
INERCIA
sus ojos acatan
el lenguaje interior
del cuerpo— la posibilidad
se mueve en verbos
silentes— sonríe
a medias como si tentara
abrirse en mundo— sus pestañas
abanican el retazo
de su mirada— me ahogo,
me dice
y su rostro se aja
como el papel
mojado— arrójate hacia mí,
escucho— toma mi vacío
pero sólo puedo
mirarla desde la orilla
LOS HUESOS DE MI PADRE
todas las formas de la tristeza
venidas en el rostro de mi padre
la tibia aspereza de su barba
decantada en los juegos de sombra
el terror de los años soflamados
en los capilares de sus ojos
mientras me mira,
con piedad, pavor y perdón,
como quien sabe
que los latidos recesan
y abandonan el cuerpo
para llenar otro espacio
un luto en su aliento
predica la tarde fría
donde el cielo se ennegrece
como un hormiguero
mi padre duerme
hecho huesos,
o puentes caídos,
y su voz,
azorada,
se pierde
como cenizas
de una luz
MEMORIA
From pain you
suffered, pain had set you free
Howard
Moss
te he ahogado todas las noches,
todas las noches menos una, cuando tú me ahogaste a mí
y ahora los peces comen de tu cuerpo
henchido por el verde del río
tus ojos sin párpados le hacen de isla a los cangrejos
y yo te observo, escupiendo mi silencio al viento
que arrastra hojas y memorias
perceptiblemente dolidas
por la forma que se entierran
en la arena negra y mojada
con la que una vez
adosaríamos aquellos castillos
de los cuales siempre hablábamos y nunca construíamos
qué me queda, si no una liviandad de conciencia
desovando el misterio, ya no hay causalidad,
sólo consecuencia
te he matado tantas veces, para que no te mueras
para que la vejez del arrepentimiento
no llegue a tu rostro ni al mío,
manjar flotante para las garzas
que llegan entre el manglar
por fortuna te reducirán
a lo irreconocible, pero no indefectible;
a lo temporal, mas aun ininteligible
contenida, mas aun continente
en la geografía de la memoria
ENSAYO DEL VUELO
aletarga la tarde
por el ralo pesar
de las horas a solas
la voz es un ejercicio de planos
en esta ciudad acantilada
donde la luna maúlla
a la fruta de la noche
que madura
ante la imperturbable
traición de la materia
quedan historias huecas
que persisten
como memorias sin pasado
y ángeles suicidas
como palabras lanzadas hacia el vacío
soy cadáver lento entre la luz
mantengo la plausibilidad de la larva
que se arrastra como un teorema
de incertidumbres
la amplitud de la posibilidad es devastadora,
tan sólo un principio de adaptación,
o un ensayo del vuelo
para los que no tenemos alas
SOLO
a mitad de camino,
más o menos
amaso la idea de
otros pasos,
ahora que la
noción de juventud madura,
ahora que la
vitalidad se significa en otros términos
entiendo el
rompecabezas
la voz se detiene
y la verdad es que
ya nunca me tendré
completo
los poemas son una
suerte de luto
mi piel arde en el
sol de verano
y el aire es la
tumba cristalina que recibe la noche
encogida al toque
de mis dedos
mi cuerpo queda
atrás
como una concha al
filo de una playa blanca
bella muerte:
me evaporo como la
tinta inerte y en desuso
la voz en marcha,
me torno a mitad de camino
entro en
movimiento
piedra errante:
voy solo
VISITACIÓN DE LA MUERTE
la Muerte llega
se sienta
se sirve de mi whiskey
enciende un cigarrillo
te lo dije, Elidio La Torre Lagares, dice
para alcanzarte
no hacen falta brazos
estás hecho de tierra, mar
y olvido
cansada de mí,
ahora bebe del pozo
de mi sangre
la Muerte
me arroja un beso
que duele
y no puede ser deshecho
mi piel prestada
abriga tormentas
y humecta poemas
de piedra
que hacen
la verdad
más llevadera
la Muerte
termina el trago
termina el cigarrillo
termina conmigo
en efecto,
para alcanzarme
no le hacen falta brazos
PÉRDIDAS
(Melancholy
is useful. Use yours
-Li Young Lee, ‘With mine’)
admiro un remolino de hojas
que barre la acera
cual falda de bailarina
el árbol desnudo
permanece impávido
insufrible, indoloro
las hojas se alejan
el árbol, es obvio,
no las extrañará:
no tiene recuerdos
pese a que se hace en el tiempo
el árbol, he de decir,
no sabe poesía
es condición del lenguaje
evocar una ausencia:
la poesía es la memoria de las palabras
el árbol, seguro,
no tiene necesidad
de reparar por sus pérdidas
AVATAR
presumo
que a ella le atrajo
mi manera de hacer sentido con el mundo
que llegué a ella
de la forma que asciende un pensamiento
que se planteó la posibilidad
de besar mis tenaces pectorales
que deliró con el sueño
de sumergir sus dedos entre mi blonda cabellera
que mi rostro era un espejo
donde refractaba su mundo
que por un momento blanquecería entre sus piernas
que mis palabras enlabiaban como dulces salmos
que liberaban los sonidos aprisionados
en su secreta voluntad,
como el sol al claroscuro
mientras se mira al cielo hundirse en negro
y debió sentir el mundo disolverse a su alrededor
como cuando uno encuentra el amor de su vida,
todo esto, sin saber
que esa no era mi foto
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