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OBRA EN UN
ACTO
Personajes:
Bárbara,
paciente
Gloria,
poli
Es una
habitación de un hospital siquiátrico. Hay allí una silla y,
sobre ella, una mantilla. En una esquina está una muñeca en una
sillita. Está cubierta con una manta.
(En el
transcurso de la obra Bárbara parecerá de pronto muy normal y en
otras ocasiones realmente enferma)
Bárbara:
(Como si estuviera despertando de un sueño) ¿Qué pasó?
¿Por qué me tienen aquí? ¿Qué hice?
Gloria:
(Se pone la mantilla) Joder, que
ya lo sabéis, que no vamos a volver a empezar. (Pausa)
Recuerda, soy Gloria. Tengo tiempo, tía, es mi día libre y vengo
de nuevo a visitarte. Ahora tenéis que decirme por qué lo has
hecho.
Bárbara:
(Recordando) ¡Ah! Ya sé, otra vez el interrogatorio.
¿Sólo arrestaron a los que no somos españoles?
Gloria:
¡Venga! que no estáis aquí para
cuestionar. Que te han tenido demasiada paciencia... ¡responded!
Bárbara: “Responded”
como siempre, sólo haga y no discuta. Por el miedo a que me
regresen a mi país, por el miedo de que me quiten el permiso…
¿Me ve? Soy blanca, y ¿sabe por qué? porque soy hija de
inmigrantes europeos y por eso me duele que nos traten así.
Gloria:
¡Qué cara más larga, tía! Ahora,
estáis diciendo... mol be... ¿Así, cómo?
Bárbara:
Así, como usted sabe y
continuamente ve por las calles, una pareja de blancos, serán
españoles, catalanes, con dos hijos y una mujer morena, que por
lo regular será ecuatoriana, peruana, a la cual le pagan 500
euros mensuales y todavía la tratan como si le hicieran un
favor, como si fuera una arrimada.
Gloria:
Claro, es que eso es lo que le
hacen, un favor. Es que no entendéis nada.
Bárbara:
¿Por qué no la asesoran para que pueda conseguir una cédula de
residente? Si algunos somos personas que terminamos
licenciatura, otros hasta maestría.
Gloria:
Aquí, en Barcelona, nada valen sus estudios… que lo que es en
sus tierras, lo equivalente a la universitat que ustedes
estudian, que aquí se aprende desde jardín de niños.
Bárbara:
Además, es una ayuda mutua: cuando
ustedes van a Latinoamérica, con los sudacas, como tanto les
gusta decirnos: hacen el viaje de su vida; no se fijan en que
somos los mismos que les limpiamos los pisos, los culos, que
casi los mantenemos con todas sus trasnacionales y bancos
españoles que tienen allá, cuidamos a los ancianos, que no son
pocos ¿eh? Cuidamos a sus hijos que tampoco son pocos, con eso
del "baby boom”... aunque hay algunos que ni eso se atreven a
dejarnos hacer.
Gloria:
Hombre, pero claro que no, si a
una amiga mía a la que le han dicho que la chica venezolana ésta
sea la que cuide de su hijo ahora que va a nacer, se ha asustado,
¿eh? Y les ha dicho a quienes les dijeron, que cómo, que para
limpiar la casa, venga, pero para un hijo, no es posible, que
vienen de países salvajes, ¿eh?
Bárbara:
(Ofendida)
Me he mareado, voy a callarme un poco. Ya no hablo más.
Gloria:
Joder tía, que aquí la que parece que manda es otra. Pero claro
y yo que te he traído un regalo, para que no estéis tan sola (Descubre
la muñeca).
Bárbara
corre hacia la muñeca, se asusta al verla, no la toca.
Bárbara:
(Nerviosa)
¡Ah!, Y nosotros que nos conformamos con lo que nos dan porque
ya estamos aquí y no podemos regresarnos con nuestras familias a
decirles que fuimos incapaces, que fracasamos.
Gloria:
Venga, parece que los mexicanos
sois muy dados a la conversación, ¿eh? Hoy no te sigo el juego
tía, no más. ¿Por qué estabais esa noche rondando fuera? que te
he visto, tía, a mí no me podéis decir como a los jueces... ¿por
qué les habéis dicho que ese día te fuiste en cuanto terminó tu
horario? Que no es verdad tía, que yo te he visto cómo rondabas
fuera después de tu horario de salida... como un animal
encerrado. Pero claro, como sólo soy la poli nadie me escucha.
(Amenazante) ¿Quién asesinó a Letizia? Me tenéis tan
cansada, si no fuera por las leyes que nos rigen, te golpearía,
yo mataría a cualquiera que nos viniera a matar, ¡y en nuestro
propio país! Habrá que verlo, queréis destruí España, que a eso
venís, ¿eh? Pero que desde ahora os lo digo: no lo vais a
lograr, no lo vais a lograr, muertos de hambre... en vuestros
países os moríais de hambre y aquí hasta queréis comer ...
¡guarros! ¡eso no mola! (Como si la fuera a golpear)
¿Quién asesinó a Letizia, emigrante de mierda? Coño, me cago en
Dios, hostias, es que sois brutos, no os han podido educar, ¿eh?
Bárbara:
(Muy tranquila)
¿Sabe quién asesinó a Letizia? Su
novio. Ya no quería vivir con él y como aquí es común eso de
matar a las mujeres cuando te abandonan o pretenden hacerlo,
seguro fue eso. Y no es que no me importe que la hayan matado,
pero
ella nunca me trató con cariño. Por eso yo estaba ese día
después del horario de trabajo rondando fuera.
Gloria:
Hostias, pero qué descaro, ¿su
novio? es que en verdad que sois tonta y encima creéis que yo
también lo soy. (Suspira) Venga, pero por fin estáis
hablando. Que ya me estabais cansando con vuestras tontas
historias. ¿Qué le pensabais decir, eh? Tenéis que decírmelo.
Bárbara:
Pues que tenía cinco años
trabajando allí y nunca había faltado ni un día. ¡Ay!, de pronto
tengo vértigos. (Pausa) Sí, sí que falté una vez a
mi trabajo, no podía trabajar con varicela ¿verdad? ¿O usted
habría venido hoy si tuviera varicela? Tampoco podría venir si a
su marido se le ocurre matarla. Ese guardia con el que a veces
la veía... ¿es su esposo?
Gloria:
Venga, que ahora hasta seré interrogada. ¿Pero qué os importa si
es mi esposo o no?
Bárbara:
Esposo, esposa, esposada ¿porqué nos esposan? creo que está
prohibido... con lo que critican acá en Europa, en España, a los
gringos, ¡y son iguales! Y también nos odian. ¿Sabes que en
Latinoamérica no matan tanto a las mujeres? Alguna vez,
probablemente, la habrán arrojado al piso para darle sus
chingadazos... Pero como “los golpes en el piso casi no
duelen”... eso me decía mi madre cuando alguna vez mi padre le
pegó. (Pausa) Una vez regresé de la escuela y mi padre le
había roto la cabeza. Pero él dijo que mi madre, torpe, se
golpeó con la esquina de un mueble. Le habían cortado un poco de
cabello para curarla y ella nunca sanó porque nunca le volvió a
crecer el cabello en esa parte. Porque los cabellos… y las uñas,
cuentan que es lo único que crece cuando uno muere, y ella
estaba viva... eso decía, me dijo.
Gloria:
Joder, que vais a empezar
nuevamente con vuestras historias, que entre chingadazos y
vírgenes ya me tenéis cansada. Me tenéis que decir lo que
sucedió con Letizia, las razones que habéis tenio para
apuñalarla, todas esas historias que están muy bien que no veas,
pero… ¡Joder!, Tenéis que hablarme de lo que te ha traío acá.
Bárbara:
(Hacia el público)
Todos los polis son cerrados, toda la guardia está sorda.
¡Parece seguir siendo la de Franco! siguen ustedes igual. ¡Ah!
¡Y cómo se multiplicaron al llegar a Latinoamérica!, Allá no se
olvidan los tiempos de cuando comían ratas y eran perseguidos…
sí, españoles, europeos: les cortaban la lengua… y ustedes en
manadas, así como ahora llegamos nosotros, y casi en pateras
como hoy llegan desde África. Así llegaron ustedes, ¡ah!, Pero
allá… como reyes (Hace una reverencia)
Gloria:
(Hacia el público) Una rata, una rata ¡una rata! ¿No la
ve? ¡Muerden!
Bárbara:
¡Ah!, Pero yo, la ingenua, creía
que había algo mejor en el mundo. ¿Has visto el otro día a la
mujer que pasaron en TV española, a la que le destrozaron la
cara de un escopetazo? Su marido... su ex marido fue. Hay muchas
cosas que me han gustado, como todo lo que hizo Gaudí, ¡qué
orgullo! ¿Es cierto que murió atropellado por mirar el trasero
de una chica? Ja, ja... yo también he sido alegre... brincaba
sobre las camas con mucha ilusión porque pensaba me iba a ir
volando. ¿Será que a las mujeres nos da por querer desaparecer?,
No ver lo que hay y querer otra cosa... También era feliz cuando
mi madre me contaba cómo habían tenido que llegar a México y
cómo los habían recibido; que México era ahora su país, al igual
que el mío, y crecí comiendo tortillas, mole, tamales, chile.
Porque no crea que he estado sólo en España, no, también en Nueva
York, y lo que es a los mexicanos nos trataban... que no veas.
Después de tantos que se nos mueren. Si no teníamos poder ahora
seguro que sí, pero como esas noticias acá no llegan. ¡Ah!, los
mexicanos, los colombianos, venezolanos...
(Se
escucha la marcha de los pendejos y Bárbara baila como si
estuviera en un carnaval)
He bebido
tequila, cañas, mezcal, manzanilla, coñac, tintos, blancos,
negri, cervezas alemanas, todo lo que he bebido que ya ni
recuerdo. Sólo me queda como una gran añoranza, una evocación
infinita como si quisiera volver a repetirlo todo. Yo no
desprecio, las carnes frías, el pan tomaquat me encanta, las
olivas, el fuet... ¡ah! Yo no creo en eso de las fronteras
porque no hay, mi abuela, que no era mi abuela pero que me
adoptó como su nieta en México, me decía que si no había
fronteras para que yo fuera su nieta pues tampoco las había en
el mundo. Aunque ella nunca salió, le daban miedo los viajes,
por algo sería. Pero a pesar de que mi madre decía que México
era su país a cada momento me decía lo que había dejado de
hacer... Hasta que se me murió de cáncer y todo lo que había
ahorrado a mí me sirvió para viajar trabajando en los lugares a
donde voy. Por eso yo no sueño con comprarme un piso; si se me
antoja me compro un helado.
Dirigiéndose al dependiente, como en una heladería.
Me da un helado
con tres bolas. De éste, éste, y éste, no, no, el de atrás. (Pausa)
No, que ese de frambuesa no. No, porque me recuerda toda la
sangre que no vi… (Hacia el público) ¡Oiga!, Si yo lo
único que quería para nosotros es que nos trataran con cariño,
con un poco de cariño; como el que nosotros les damos cuando
ustedes van... Aunque, no sé por qué los tratamos con tanto
cariño, quizá nos acostumbramos a ser los vencidos… así había un
libro en México, como que así somos. (Pausa) Ahora me
siento así, como vencida. De niña soñaba con ser bailarina… de
flamenco, mi madre bailaba.
Se
escucha Calabocito oscuro de Camarón de la isla y ella baila un
poco. Finalmente tambalea y cae.
…y ahora mis
piernas están así, vencidas.
Gloria:
(Burlándose)
Joder con la mexicanita, no sabéis
bailar flamenco, tía. La mexicana a sus bailes, la española a
los suyos y la catalana, a la sardana. (Pausa) ¿Así que
te creéis artista, ¿eh? Venga tía, que bien sé que mataste a
Letizia pero con todo lo que hablas, que no hay quien te calle.
¿Qué, estáis enferma?
Bárbara:
Es extraño que uno se acostumbre a estar en el sitio que lo
pongan, yo no sé si me acostumbro, pero aquí estoy. (Irguiéndose)
Pero tampoco he aprendido nunca el catalá… pero mire eso del
acento español que por toda “La Madre Patria” es casi religión
el tenerlo para vivir aquí, a pesar de que para algunos está clá:
No somos de aquí ¡venga! ese sí que lo tengo cuando quiero y a
su aire ¿eh? A su aire como en Madrí... ¡Venga tía!, Que no le
voy al barza ni al real... y ¿sabe un poco por qué no he
aprendido el catalá? Un poco porque no me tratan bien, ni aquí
ni en Nueva York... ¡Ah!, Porque, también estuve en Alemania, pero
allí se acabó el dinero de mi madre.
Gloria:
(Burlona)
¿En qué país decís? ¿En el país de vuestros
padres? Me tenéis que decir de dónde eran vuestros padres,
porque eso de que eran europeos, que no me lo he creído nunca,
sois demasiao bruta.
Bárbara:
Mi padre murió a los quince años
de que llegaron a México. Él murió y mi madre nunca se volvió a
casar (Pausa). Era como muy lorquiana (Pausa), ella
era de allí tía, de Granada, mis padres eran españoles. (Con
tristeza) Españoles, ¿te queda claro? Mi padre catalán, de
Reus, pero eso no aclara nada, nunca me han querido dar la
nacionalidad. Nací en México, soy mexicana. Con ustedes, no
tengo mucho que ver.
Gloria:
(Asombrada, cambia su actitud)) Joder tía, pero es que
por allí teníais que haber empezao, que yo no imaginaba, que
somos iguales, entonces, casi iguales.
Bárbara:
Mi madre me dijo apenas murió mi
padre: “ningún hombre me volverá a enredar, nunca, en su solapa.
No lo permitiré y tú tampoco lo permitas”, y nunca lo he
permitido, aunque hoy ya no me acuerdo si algún día lo
permití... ¿pero Gloria, por qué te asombra tanto? Somos tantos
inmigrantes de tantas partes y en tantas partes. Unos, son
inmigrantes en un sitio y otros en otro, españoles: los
encontraba mucho en otros sitios, igual que a los
estadounidenses, ”americanos”, alemanes, menos rusos pero aún
así en Nueva York sí que había, y franceses, africanos,
australianos, chinos, árabes, congoleses… cuántas razas, formas
y colores me he encontrado en el metro de París, y en Austria.
En Alemania, esas apariciones vestidas en negro y los
musulmanes… y los suizos… Ahora con eso que llaman primer mundo
¿siempre se ha llamado así? (Pausa) ¿Desde cuándo y cómo?
(Pausa) porque globalización significa migración, si
desde antes, tantos salían de sus países sin estar enterados de
que se podía vivir mejor en otros lugares, ¿ahora que lo saben?
… ¡Pues más!, y como todos quieren ser primeros en algo,
entonces... por eso no se casó conmigo John, porque no hubiera
sido el primero, sino el número 30, creo. En ese entonces
llevaba la lista pero ahora la he perdido... Yo no entiendo y
este no entender hace que casi explote mi cabeza y sólo viva del
recuerdo, de algunos recuerdos… como que la memoria es
selectiva, también será de primer mundo, ¡je, je! Porque sólo
algo recuerdo, como si el lugar donde se destrozó mi cabeza no
existiera porque me sigue doliendo... inmigrante, inmigrante ¿no
somos todos inmigrantes en el mundo? A cada momento la guardia
parando gente en las calles, pidiendo pasaportes, gritando... (Dirigiéndose
al público) ¿No llegó usted un buen día sin saber cómo? (Recordando
algo doloroso) Letizia... “Letizia Cabeza de Vaca” de pura
cepa española, me dijo: “Vosotros sois los que llegáis, tenéis
que comportaros a la altura de este país, tenéis que agradecer
la comida que os brindan y tenéis que cuidarme, que soy vuestra
vaca sagrada, como en la India, tenéis que respetarme” jajá, por
lo menos se reconocía Vaca, no importa que se creyera sagrada,
se apellidaba Vaca, y era una Vaca, tú lo recuerdas pero no lo
reconoces. A ti tampoco te trataba muy bien. Hay de inmigrantes
a inmigrantes. Yo con casi nadie me llevaba… de verdad: ni con
los inmigrantes naturales… esos que nacieron aquí, ni con los
otros. Era como algo que no existe... ¿nunca te diste cuenta? Yo
nunca tuve hermanos pero sí amigos. Sí, sí que tengo amigos...
¡tengo amigos! Mis amigos... mis amigas de México, mi abuela que
me adoptó... ¿Ella sabe?, ¿Ellos saben? Porque, ¡por eso no me
visitan!
Gloria:
Joder, Bárbara, venga tía, es que lo dicho, es que no dejáis
hablar... ahora sí que me tenéis que escuchar, porque si te digo
que somos casi iguales, es porque yo, pues bueno, que yo, soy
hija de migrantes, pero es que, perdona, pero me han
acostumbrao a ser así, y bueno, yo no sabía que éramos casi
iguales, porque está claro que yo he nacío aquí, que eso ni duda.
Bárbara:
Bárbara, por primera vez dices mi nombre... pensé que no lo
sabías... y claro que has nacido aquí y claro que estás clara no
sólo en eso sino en otras cosas... (Ingenua) ya casi te
veo como a una amiga, eres la amiga que nunca tuve aquí, y a las
amigas se les cuenta todo... (Pausa) ¿sabes qué? yo
siempre tuve border line... ese síndrome fronterizo. (Pausa)
Sí la maté, sí maté a Letizia, sí la maté, y no es fácil matar a
una vaca, por eso fue tan sangriento, no sé por qué se asustaron
tanto, “un crimen terrible” ¿quién dijo eso? (Exaltada)
Pues sí, Gloria, tenías razón, sí que la maté, la maté... ¿y
qué? Eso tampoco arregla nada, porque estoy loca, soy de tercer
mundo, soy una paria, estoy mejor aquí adentro que allá afuera.
Ni siquiera sé si tengo familia en este país, mis padres nunca
quisieron hablar de eso. ¿Por qué? ¡No lo sé! ¡No lo sé! ¿Por
qué siempre tiene que haber razones para todo? Además, dicen que
no tengo razón, que la tengo extraviada... ¿cómo quieres que la
encuentre? (Pausa. Como serenándose) Me hubiera gustado
ser astronauta. ¿Y a ti? ¿Siempre soñaste con ser poli?
Gloria:
(Desconcertada) Jo... no, no siempre, pero bueno, es que
eso es lo que hay. (Pausa) En cuanto a lo del asesinato
de Letizia, han dicho que no hay más que interrogar. Te quedáis
aquí y ya está. Pero yo necesitaba que confesaras, tus historias
ya me tenían enferma... es que no podéis asesinar así de fácil y
todo tan tranquilo... que he venido por mi voluntad. Es que
teníais que haber ido a la cárcel, ¿eh? que aquí también nos
cuestas, que esto de la seguridad social lo pagamos todos, y
estáis tan cómoda. Y cuando he visto la muñeca, es tan igual a
Letizia que teníais que confesar al verla. Que he escuchado eso
del psicoanálisis y cosas que te recuerdan lo que habéis hecho.
(Intentando calmar a Bárbara) Que ya te la he regalado y
te podéis quedar con ella. ¡Joder! siempre es bueno liberarse.
Que ya lo sé que me debo ocupar de mis cosas. Perdonadme.
(Pausa) Venga, tía, que ya te puedo dejar. Te dejo tía,
tenéis que rezar a tu Virgen. Siempre Dios perdona, ¿eh? que no
os tenéis que preocupar por eso, que seguro que ya estáis
perdonada.
Gloria
deja la mantilla sobre la silla y se va. Bárbara se hinca frente
a la silla.
Bárbara:
¿Sabe
alguien aquí que lo único que pedía era un poco de cariño?
(Agarra la mantilla como si fuera un ramo de flores)
Flores... flores,
no les he podido llevar flores. ¡Hostias! Que yo no tengo flores
¿quién las ha traído? Seguro que Gloria, la guardia, la poli
esa, seguro que me odiaba desde que me veía en el
supermercado... ella era la vigilante de donde Letizia y yo
trabajábamos, siempre me veía, me veía, como que algo quería
descubrir en mí, como que ella sabía que en mí vivía... una...
pero quién me ha traído esas flores que chorrean sangre... ¿yo
sabía que lo único que quería era un poco de cariño? ¿Lo sé?
(Hacia el público)
¡Un día el amor va
a triunfar! ¡Un día el amor va a triunfar! ¡Bon nadal! ¡Bon
Nadal! Bon día, ¿com ba? ¿Com ba? ¿Sabe alguien en México que
estoy aquí? (Gritando mientras da
vueltas por toda la habitación)
¡Ahora mismo, ahora mismo! ¿Sabe alguien en México que me
encerraron? (Cae de rodillas)
Me encerraron, me encerraron, como cuando era niña, era chiquita
y me encerraban con la luz apagada para que perdiera el miedo,
eso decía mi madre. (Recapitulando)
Mi madre era española, mi padre también, y yo sólo quería un
poco de cariño y Letizia (Señalando a
la muñeca)
Letizia siempre me hablaba feo, me despreciaba, como que ella
quería ver a la que vivía en mí, y un día saltó y saltó tan feo
que ya ni me acuerdo. (Desesperada)
Tengo mi
cabeza llena de espejos, en cada espejo hay un inmigrante y hay
sangre, mucha sangre... sangre del río Bravo, del mar
Mediterráneo, de África, sangre de fronteras... (Infantil)
Brinca la tablita,
yo ya la brinqué, bríncala de nuevo, yo ya me cansé...
(Dirigiéndose a la muñeca, la agarra de los cabellos)
¡Letizia!
(Emite gritos agudos como si estuviera apuñalando un cuerpo,
luego le recrimina a la muñeca)
Sólo un poco de
cariño, sólo un poco de cariño.
Cubre a
la muñeca con la mantilla y cae como si fuera una marioneta.
OSCURO
Tanya de Fonz
Nació en Guadalajara, Estado de Jalisco, México (1976). Poeta,
dramaturga y
actriz. Estudió en la Escuela Rusa de Actuación en México, en la
Escuela del Realismo Sicológico y en la Escuela de Escritores.
Ha publicado las siguientes plaquettes y libros de poesía:
Jocabed y la ranura abierta (Plaquette.
TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas);
Pequeño Panfleto en Gran Formato y Otras Cuartillas
(Plaquette. TAN-MAR Editores 2003, San Cristóbal de las Casas,
Chiapas); Indagación de lo correcto
(Virtual. Crunch! Editores 2004, Baja California); De lo
roto (Virtual. Crunch! Editores
2004, Baja California); y Ronda de muertos
(Editorial Andrógino-Versodestierro 2005, Ciudad de México, D.F.).
Ha participado en las publicaciones colectivas: Voces
varias a veces líquidas. Muestra de poetas jaliscienses
(Ediciones Marbelina 2005, Casa del poeta Peruano. Lima, Perú) y
100 poetas del Mundo (Cultura,
Arte y Tradición, 2006. Zamora, Michoacán, México).
Actualmente es coeditora de la Editorial Andrógino y forma parte
de las compañías de teatro El ojo lleno de dientes y La Escena
Muda.
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