Miami
Estados Unidos
Año X

Nº 57/58

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pensilvania

 

 Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah, Nueva Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

UNO, DOS, TRES...

por

María de los Ángeles Camacho Rivas

 

     Caminó lentamente contando cada loseta blanca del largo pasillo.  Le pareció irónico caminar sobre un color que representaba: pureza, sosiego, paz... Todo lo contrario a lo que había sido su vida.

Desde que tenía uso de razón el contar objetos, situaciones, insultos, y humillaciones, se había convertido en su oficio de vida. 

 ¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve...

cien!. −le hacía repetir su padre.

     Su padre la enseñó a contar.  Las lecciones fueron tan repetitivas que ya a los 4 años podía contar hasta mucho más allá de cien. 

 Ciento uno, ciento dos, ciento tres... −gritaba todas las

noches.

     Y con cada número un grito, una marca imborrable, un llanto eterno.  Y con cada noche un sueño roto, un no a la esperanza. Y con cada grito un sí al odio, al dolor, a la muerte...

     “Hace veinte años contaba golpes, hoy cuento los minutos”; eso pensaba mientras se dirigía a la puerta gris que estaba al final del pasillo de losetas blancas.

     −Menos quince minutos, menos catorce minutos. −paró su conteo mental al llegar a la puerta gris.

     Miró de nuevo hacia el piso. Algo le llamó la atención: una loseta agrietada. Como un fantasma llegó a su mente ese mismo retrato.

     Una noche su padre la arrancó de la cama en la que dormía.  Luego la rebotó sobre el piso. ¡Uno!  ¡Dos!  ¡Tres!...  Decenas de golpes que sonaban como los cocos que su padre abría para preparar aceite que luego vendía, o que a veces usaba para quemarla cuando estaba demasiado borracho para pegarle o violarla. Por eso nunca pudo probar nada que tuviera coco como ingrediente, ya que relacionaba su sabor con el de la sangre que casi siempre escupía luego del ritual nocturno. Mientras era golpeada, se entretenía mirando la sangre incrustarse por las grietas de la loseta blanca donde siempre caía su rostro de imán, y las comparaba con la tinta de un tatuaje en las arrugas de una piel envejecida.  Esa loseta blanca con los años fue tornándose en un hermoso y absurdo color rosa. Esto le parecía otra burla a su vida.

     El fantasma se fue al abrir la puerta y escuchar los murmullos de todos los que la esperaban. La prensa, el cura, su padre... Lo miró y le sonrió en postura de triunfo. Se sentó en la única silla vacía. Siguió contando, pero esta vez para repasar todas las obras que la llevaron allí. Uno: huir de su casa. Dos: robar. Tres: prostituirse. Cuatro: endrogarse. Cinco: regresar a su casa.  Seis: asesinar a su madre. Siete: fallar el tiro disparado a su padre. Cada noche  de su infancia esperaba ver la silueta de su madre aparecer en el cuarto. Lejos de eso, ella permitió que, noche tras noche, su padre descargara, en su única hija, todas las frustraciones por las burlas y desprecios proferidos por ella misma.

      Sus pensamientos fueron interrumpidos por la pregunta:

 ¿Desea decir algo? −escuchó con mucha dulzura.

 Sí. Pedí que mi padre estuviera presente para que me

acompañe a contar. −dijo con firmeza, mirando a su padre a los

ojos.

− ¡Uno, dos, tres!  −contó ella mientras su padre enmudeció cuando la vio temblar en la silla eléctrica.

 

María de los Ángeles Camacho Rivas nació en Guayama, Puerto Rico (1969)Poeta, narradora y profesora de español. Graduada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, en 1992, como profesora de lengua española, y de la Universidad Metropolitana en el 2007, con una maestría en el área de Educación Especial.  Ha trabajado en las escuelas Pachín Marín, Rafael María de Labra y República del Perú y actualmente en la Bilingüe Padre Rufo. Allí ha organizado el Proyecto Karina. Éste es un taller de trabajo comunitario, donde los estudiantes confeccionan piezas de ropa, con modificaciones especiales, para niños pacientes con cáncer.  En el año 2004 organizó la exposición "Un refrán para ser contado" en el Museo de Arte de Puerto Rico. Ha recibido el primer lugar en dos certámenes literarios de la Federación de Maestros de Puerto Rico en la categoría de cuento (2007 y 2008) y por su ensayo "La caja de Pandora" obtuvo también el primer lugar. El periódico  El Nuevo Día la honró al publicar el mismo. Hoy su energía continúa dirigida a realizar servicio comunitario y a la literatura. Aunque ha publicado en varios medios de prensa, aún está en proceso de publicar una novela, un poemario y un libro de cuentos inéditos