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Uno de los autores más
llamativos de la narrativa actual es el escritor chileno
Roberto Bolaño, tristemente desaparecido en el año 2003. Ha
sido valorado favorablemente por la crítica, tanto en su
faceta poética como en la de novelista y autor de cuentos,
como una voz indiscutible de la realidad actual. Para nuestro
trabajo hemos elegido dos narraciones de su volumen
Llamadas telefónicas (1997) con el fin de realizar un
análisis sobre algunas características de los personajes y de
las circunstancias que los rodean.
La
sensación que tiene el lector que se introduce en la
literatura de este autor es la de la falta de seguridad
general que transpiran las situaciones, los personajes e,
incluso, muchas de las afirmaciones a las que el narrador se
ve abocado. Da la impresión de que ningún tema expuesto
alcanza una plenitud o un final concreto, muy al contrario el
panorama se ofrece como un comienzo de diversos itinerarios
que no conducen a ninguna parte. De ahí que una de las
características fundamentales en los personajes de Bolaño sea
la desorientación, consciente o no. Según la opinión de
Patricia Espinosa, recogida por Guillermo García-Corales, se
trata de un fenómeno generalizado en la literatura chilena y
que produce tales efectos a causa del proceso dictatorial. A
los personajes, en concreto, Patricia Espinosa los califica
como personas “siempre a la deriva” (García 35), término que a
su vez extrae, posiblemente, del mismo autor chileno (Bolaño
17).
Por nuestra parte pensamos que más que un fenómeno exclusivo
de la literatura chilena se trata de una corriente engastada
en la postmodernidad, la cual, sin ánimo de ser exhaustivos,
posee algunas de estas características:
Según Calinescu, la posmodernidad literaria cuestiona la
unidad, valora más la parte que el todo (301). En la narrativa
de Roberto Bolaño se dan estas circunstancias, la amplia
variedad de situaciones, personajes y juicios que no hallan
una unidad clara a la cual aferrarse. Unas palabras de María
Antonieta Flores respecto a los personajes pueden ser
esclarecedoras, aunque se refiere a la novela Los
detectives salvajes, la situación se puede extrapolar a
los cuentos que más abajo vamos a trabajar:
Esta imprecisión de los personajes que están allí en el texto
junto a la visión múltiple de los múltiples personajes lleva a
pensar que en el fondo no hay protagonistas y que es una
manera de elaborar narrativamente un concepto y tema caro a la
postmodernidad: la disolución del sujeto. (Flores 92)
Siguiendo con las características que nos interesa señalar,
continúa Calinescu mencionando que el perspectivismo narrativo
se aborda desde “un nuevo uso existencial u ontológico”, es
frecuente hallar “duplicación y multiplicaciones de comienzos,
finales y acciones narradoras (…) la tematización paródica del
autor (la reaparición del autor intruso o manipulador, pero
ahora en una vena distintivamente autoirónica) (…) el
tratamiento sobre idénticas bases del hecho y la ficción,
realidad y mito, verdad y mentira, original e imitación, como
un medio de subrayar la indecibilidad.” (293)
Indecibilidad que vendrá a reforzarse con otro factor
desestabilizador de la realidad: la imposibilidad. Discutiendo
conceptos de Fokkema, Calinescu refiere que a la llamada
hipótesis modernista con la que los autores llenaban su vacío
de conocimiento:
“Los escritores posmodernos (…) oponen sus «imposibilidades» y
un penetrable sentido de incertidumbre radical insuperable… En
el punto de vista posmodernista simplemente no existe una
«realidad» que pueda validar tal hipótesis, ni siquiera bajo
condiciones ideales (…) el posmodernismo ya no puede escribir
desde la hipótesis; escribirá, como es el caso, desde la
imposibilidad”. (294)
Estas
ideas generales se hacen concretas en la narrativa de Roberto
Bolaño en unas coordenadas estéticas que han sido denominadas
de modos diferentes, pero cercanos, por varios críticos. Éstos
críticos redundan en la idea que el lector puede obtener de la
lectura de los textos de Bolaño, vivimos en una época en la
que no existen absolutos, optemos por el camino que optemos
éste siempre será incompleto, si no equivocado. No estamos en
un tiempo ni en un espacio de héroes, una variopinta infinidad
de antihéroes es la que pulula por nuestro mundo, sus
supuestas hazañas serán carentes de transcendencia, pasarán
desapercibidas; las salidas a la desesperación y al
escepticismo no se vislumbran. Todo queda reducido a un vivir
al día en la cuerda floja, y en ocasiones a unas sensaciones
de fracaso, absurdo e imposibilidad muy propias del
existencialismo. Son términos éstos en los que se expresa
María Antonieta Flores en lo que de nomina estética de la
imprecisión y épica degradada en nuestro autor
Roberto Bolaño (Flores 92-3).
Otro concepto acuñado al respecto, en este caso por Ignacio
Echevarría, es el de la épica de la tristeza. No es el
único en llamar la atención sobre la extraterritorialidad de
los personajes de esta literatura. Entre el elenco de tipos
que encontramos abundan los exiliados, los seres deambulantes
en busca de sentido, en busca de una patria, tal vez interior,
en la cual encontrarse a sí mismos. Personajes tristes, o
situaciones vividas por ellos que provocan nuestra tristeza.
Tristeza por el drama individual de sus vidas desorientadas o
por la certeza de que acudimos al final de una época en la que
ciertos territorios, muy habitualmente Latinoamérica,
funcionan como ojo del huracán, como el exponente social,
político y personal de este carnaval final, de este concepto
del mundo herido posiblemente de muerte (Echevarría 193-5).
“Sensini”, el primer texto seleccionado, nos narra la relación
epistolar entre dos escritores, el joven narrador y el
veterano Luis Antonio Sensini, ambos exiliados en España por
las dictaduras que azotan sus respectivos países (Chile y
Argentina) e, igualmente ambos, protagonistas de una vida
complicada por las circunstancias económicas, la relativa
soledad, las incongruencias del mundo literario y la
desubicación propia del exilio. Dice el narrador de sí mismo:
Casi
no tenía amigos y lo único que hacía era escribir y dar largos
paseos que comenzaban a las siete de la tarde, tras despertar,
momento en el cual mi cuerpo experimentaba algo semejante al
jet-lag, una sensación de estar y no estar, de
distancia con respecto a lo que me rodeaba, de indefinida
fragilidad. (Bolaño 13)
A
través de los contactos que mantienen por carta el narrador va
conociendo, y nos va dando a conocer, a su compañero
epistolar, nos lo muestra como un hombre mayor, que subsiste,
él y su familia, de los trabajos literarios propios y de los
de su esposa, traducciones, correcciones, algún cheque de la
editorial que publicó su novela Ugarte, y de los
premios de certámenes literarios de provincia en España -que
tendrán un protagonismo especial en este cuento- como triste
medio de ayuda a la subsistencia. A estos premios literarios,
el personaje Sensini se refiere con entusiasmo, al igual que
el mismo Bolaño en una entrevista:
Los
premios que recuerdo con mayor cariño e incluso con mayor
fervor son esos premios de provincias, porque cuando yo gané
el Herralde, no me hacía falta el dinero, y cuando gané el
Rómulo Gallegos, tampoco. Pero cuando yo ganaba esos premios
de provincias, cuando llegaba el cheque, era como agua
bendita, era maná caído del cielo, pennies from heaven.
(Gras 56)
Todo
lo que rodea a Luis Antonio Sensini está envuelto en una
atmósfera de limitación y fragilidad que lo circunda a él
mismo, como a gran parte de la obra de Bolaño. Su hijo
Gregorio, de un primer matrimonio, se encontraba desaparecido
en Latinoamérica por efecto de alguna dictadura. Esta
circunstancia se deja entrever en el cuento como una espina
clavada en Sensini. El nombre del hijo, además, homónimo del
protagonista de La metamorfosis de Kafka, añade tácitas
connotaciones en lo que a las circunstancias de los personajes
de éste y otros cuentos se refiere. Miranda, fruto del segundo
y actual matrimonio, que en los inicios del cuento tendrá poco
más que un protagonismo simbólico, aparecerá al final de la
historia también marcada por el estigma de la precariedad. No
queda ahí el efecto de esta especie de epidemia finisecular,
también los personajes de las obras propias de Sensini
muestran los mismos síntomas:
… historias de gente armada, desafortunada, solitaria o con un
peculiar sentido de la sociabilidad. Todo lo que en Ugarte
era frialdad, un pulso preciso de neurocirujano, en el libro
de cuentos era calidez, paisajes que se alejaban del lector
muy lentamente (y que a veces se alejaban con el
lector), personajes valientes y a la deriva. (Bolaño 17)
La
idea general que se puede obtener de este cuento es una
valoración positiva, por la dignidad personal, de estos
autores literarios apartados del ámbito de la fama, ajenos al
gran negocio editorial, marginados del mundo de la crítica
literaria en sí, que a nuestros ojos aparece parodiado y
desprestigiado (Espinosa 21).
En
el segundo cuento, “Vida de Anne Moore”, volvemos a
encontrarnos con un personaje central sobre el que gira
igualmente un torbellino de fragilidad. En este caso se trata
de una chica estadounidense, nacida en Chicago y criada en
Great Falls, que a muy corta edad “vio por primera vez el
rostro del carbón, el rostro manchado de tierra (así lo define
ella indistintamente), de la realidad” (Bolaño 175). Anne, con
una hermana que cae en el alcoholismo, tras la traumática
experiencia del doble parricidio cometido por un novio de la
adolescencia, y una serie de amantes con los que no suele
alcanzar la satisfacción sexual, es otro personaje perdido en
el mundo supuestamente civilizado de la segunda mitad del
siglo XX. Los tumbos que da su vida y las opiniones que
expresa a lo largo de la narración, que vienen hiladas por
boca del narrador, son otra muestra de esta falta de seguridad
que bien parece ser el credo de Roberto Bolaño. Las etapas de
Anne nos parece que se asientan sobre tierras movedizas: “Cada
paso lo es en una dirección que la aparta de sí misma” (Echevarría
54), mientras ella permanece a la espera del estallido de una
crisis total que en ningún momento llega a declararse, pero
que ella siempre siente que está por suceder. Acepta, por
ejemplo, en cierta ocasión, prostituirse por incitación del
amante de turno, por las dificultades económicas que
atraviesan y aprovechando la falta de placer que encuentra en
el sexo: “Probablemente aceptó por la ternura que le inspiraba
Charles en aquellos días. O porque le pareció emocionante
probarlo. O porque supuso que aquello aceleraría el estallido”
(Bolaño 187). Esta debilidad en los personajes y en los
juicios del narrador, como hemos indicado más arriba, se nos
muestra como unas de las claves centrales del estilo de
Bolaño.
El
mismo Charles aparece como un personaje propio de la índole de
tipos humanos que comentamos, aparentemente seguro pero
curiosamente muy centrado en sus conversaciones en el lugar de
la infancia y de la adolescencia “como si allí presintiera un
secreto que había pasado por alto” (Bolaño 186). Insistimos,
cada acto de seguridad, o de aparente equilibrio, es una
quimera.
Del resto de la pléyade de amantes de Anne conviene destacar a
Tony, que llegó a ser su marido. Coreano metódico y
trabajador, aficionado al cine pornográfico y con unas ideas
supuestamente claras sobre la vida y el ser humano que podrían
ofrecernos una visión del mundo del propio autor:
Tony jamás se enfadaba, jamás discutía, como si considerara
absolutamente inútil tratar de que otra persona compartiera su
punto de vista, como si creyera que todas las personas estaban
extraviadas y que era pretencioso que un extraviado le
indicara a otro extraviado la manera de encontrar el camino.
Un camino que no solamente nadie conocía sino que
probablemente ni siquiera existía. (Bolaño 190)
Parte de los personajes de este cuento tienen relación con el
mundo del arte, la misma Anne, descubrimos casi al final de la
narración, ha ido acompañando su vida de cuadernos, una
especie de diario, en los que desahoga sus experiencias y sus
tormentos. En este mundillo pseudoliterario los altibajos de
los personajes son más que abundantes, al igual que los
idealismos, aderezados con drogas y temas de conversación y
gustos literarios cercanos a la generación beat. A los
diecisiete años Anne se establece con Paul, un chico pintor
inteligente, pero de carácter en ocasiones intratable según la
protagonista. En esa época tienen ambos relación con otra
pareja, Linda y Marc, que se mantienen vendiendo droga y que a
veces escriben. En concreto Linda es autora de “cuentos
infantiles que ninguna editorial aceptaba publicar” (Bolaño
181). Marc aparece como un tipo bastante misántropo, escribe
poesía, pero sobre todo destaca por pasarse muchas horas
encerrado en su habitación oyendo la radio o viendo la
televisión “y esperando el estallido de la Tercera Guerra
Mundial” (Bolaño 181). La relación se establece entre sexos
afines Linda y Anne, Marc y Paul, fundamentalmente, pero la
consistencia de dichas relaciones es bastante frágil:
Aunque Paul y Marc nunca llegaron a ser muy amigos, eran
capaces de estar juntos durante horas leyéndose mutuamente
poemas… y bebiendo. La amistad de Anne y Linda, por el
contrario, creció de forma imperceptible pero segura, aunque
no parecía estar cimentada en nada. (Bolaño 182)
El
cuento “Vida de Anne More” es una galería de personajes
deambulantes en el círculo del sinsentido del final del siglo
XX. Modestamente opinamos que es éste un tema clave digno de
ser estudiado en la obra de Roberto Bolaño.
Los dos personajes protagonistas de los cuentos elegidos para
nuestro trabajo tienen en común su dedicación a la escritura y
una pléyade de personajes que los circundan, tocados en menor
o mayor medida por la fragilidad. Finalmente, también los une
la experiencia del dolor. Las opiniones sobre las
circunstancias de este dolor y de esta fragilidad, parece
decirnos el mismo Roberto Bolaño que poco importan, lo que
produce unidad a sus páginas, lo que realmente dignifica y
relaciona a sus personajes es ese dolor y no hay más que
preguntar: “Como si el dolor no fuera suficiente enigma o como
si el dolor no fuera la respuesta (enigmática) de todos los
enigmas” (Bolaño 203).
Finalizamos con una referencia sobre este tipo de personajes
que aparecen en la obra de Bolaño, que podemos hallar en el
volumen de cuentos al que hemos dedicado nuestro trabajo, así
como en la mayoría de las páginas narrativas producidas por el
escritor chileno. Llamamos la atención sobre ellos pues
consideramos que suponen un campo de investigación que podría
ser abordado desde diversas disciplinas. Este tipo de
personajes son parte de una realidad que, como tal, no debe
sernos ajena:
Nos encontramos con escritores mediocres que han abandonado
todo sueño de grandeza, mujeres promiscuas que han abandonado
toda esperanza de amor, personas que han encontrado otra
imagen en el espejo, suicidas, enfermos, del cuerpo y de la
mente, solitarios incapaces de comunicar, agobiados por la
nostalgia, y siempre hijos de una época que va de la Segunda
Guerra Mundial y la División Azul a la Dictadura de
Pinochet. (Masoliver 52)

Textos Citados
Bolaño, Roberto. Llamadas telefónicas. Barcelona:
Editorial Anagrama, 1997. Calinescu, Matei. Cinco caras de
la modernidad. Modernismo, Vanguardia, Decadencia, Kitsch y
Posmodernismo. Trad. María Teresa Beguiristain. Madrid:
Tecnos, 1991.
Echevarría, Ignacio. “Relatos de supervivientes.” La
escritura como tauromaquia. Ed. Cecilia Manzoni. Buenos
Aires: Corregidor, 2002: 53-54.
---. “Una épica de la tristeza.” La escritura como
tauromaquia. Ed. Cecilia Manzoni. Buenos Aires:
Corregidor, 2002: 193-195.
Espinosa Hernández, Patricia. “Estudio preliminar.”
Territorios en fuga. Estudios críticos sobre la obra de
Roberto Bolaño. Ed. Patricia Espinosa Hernández. Santiago:
Frasis editores, 2003: 13-32.
Flores, María Antonieta. “Notas sobre Los detectives
salvajes.” La escritura como tauromaquia. Ed.
Cecilia Manzoni. Buenos Aires: Corregidor, 2002: 91-96.
García-Corales, Guillermo. “La imagen de la precariedad en «Sensini»
de Roberto Bolaño.”
Territorios en fuga. Estudios críticos sobre
la obra de Roberto Bolaño. Ed.
Patricia Espinosa Hernández. Santiago: Frasis
editores, 2003: 35-45.
Gras Miravet, Dunia. “Entrevista con Roberto Bolaño.”
Cuadernos Hispanoamericanos 604 (octubre 2000): 53-65.
Masoliver Ródenas, Juan Antonio. “Relatos de la vida
inexplicable.” La escritura como tauromaquia. Ed.
Cecilia Manzoni. Buenos Aires: Corregidor, 2002: 51-52.

Francisco Javier García Hernández
nació
en Guadix, España, (1969). Crítico
literario, editor, ensayista y profesor. Licenciado en Filología
Hispánica, con Diploma de Estudios Avanzados en Estudios
Superiores de Filología Española por la Universidad de Granada y
Master of Arts por NMSU (EEUU). Ha ejercido como profesor de
lengua y literatura españolas en el Centro de Lenguas Modernas de
la Universidad de Granada y en las Universidades de Tartu
(Estonia) y en la New Mexico State University (Las Cruces, EEUU).
Especializado en la narrativa de Juan José Arreola, realiza su
tesis doctoral sobre este autor. Ha colaborado en revistas y
publicaciones como: Arenas Blancas (Las Cruces, Nuevo
México, EE.UU.), Casa de las Américas (La Habana, Cuba),
Decir del Agua (Miami, Florida, EE.UU.), Diario Ideal
(Granada, España), Revista Calas (Málaga, España) y la
Revista Interlitteraria
(Tartu, Estonia), entre otras.

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