Miami
Estados Unidos
Año X

 Nº 57/58

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pensilvania

 

 Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah, Nueva Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


ESPAÑA

 

YOLANDA GELICES NIETO


Nació en Terrasa, Barcelona, España (1966). Poeta. Licenciada en filología hispánica y profesora de secundaria de lengua y literatura castellana desde el año 1990. Sus poemas han sido publicados en las revistas digitales: Badosa,   Yo Escribo, Hispanorama Literario, Artecomunicarte, La Rosa Profunda, Palabras Diversas y Olerki-poesía, así como en la revista impresa Escribir y publicar. Su poesía forma parte de las antologías: Poemas para un minuto II (Editorial Hipálage-2008) y IV Cuaderno Profesores Poetas (IES-Fco. Giner de los Ríos. Curso 2007-2008). Ha publicado el poemario El corazón en la lengua (Editorial Creápolis-2008). Ha sido finalista del premio José M. Valverde de Poesía en las convocatorias de los años 2005 y 2008. Fue ganadora de un Accésit en el X Premio José M. Valverde de Poesía, convocado por el CCOO Barcelonés en el 2006.


 

CARACOLAS EN MI OÍDO

 

Precisamente ahora

que no hay nada que decir

el eco de tu mar,

la sed inútil,

habla

con su lenguaje fiel.

 

Me disuelvo, pequeña,

ante su voz cegada de recuerdos,

ante sus rosas de trapo

en manos del siempre,

del nunca y del mañana.

 

Ante las historias de agua

que sólo tú conoces,

los mil modos de soñar de otro modo

las caricias de mi huída.

 

Precisamente ahora

entiendo

que amarse puede ser, también,

quedarse quieto

al borde de unos ojos.

 

 

CONTRA TODA ESPINA

 

Vamos a olvidar este día,

a guardarlo bajo tierra

en la fosa oscura

donde se pierden para siempre

los sonidos imposibles

de las espinas de piedra.

Dejemos que planee sin rumbo,

este día confuso,

entre los dedos huecos del olvido.

 

Y abrámonos

a las muchas olas blancas

que quedan en nuestro pecho,

a esas canciones de amor

que flotan conmovidas,

a los racimos de pétalos rojos

que llevan en sí

aladas emociones de otros reinos.

 

Quizá resbalemos.

Quizá resbale.

 

Pero hasta en las últimas migajas

perdurará el eco de lo eterno.

 

 

EL ABANDONO AZUL

 

 

“Con esta sola mano me fatigo

al amarte desde lejos”

Vicente Gallego

 

 

Entras dócilmente

en los ojos tristísimos del sueño,

en los repliegues profundos

que anidan en las hogueras de tu frente.

 

Te inclinas

para besar la boca roja que se ensancha

en el temblor blanco

de una presencia

tan sólo presentida entre la niebla.

 

Te inclinas

para besar tan sólo el aire.

 

Y un nombre deshabitado

va derritiéndose lentamente

en tu lengua,

se ensortija en el hambre desgarrada

que entre tus dedos tiembla.

Mi voz quema tu mano

cuando tus pies coronan la cima

donde espumean  lágrimas,

lágrimas dulces aún por derramar.

 

 

ESE OTRO MUNDO

 

Si alguna vez

existió el poema

no fue escrito por mí,

sino por todo aquello que impalpable

vibraba en el eco de otro mundo

de esferas encendidas,

cuando yo fingía ser un ángel

y con vacilante mano

iba trazando anillos sobre el pecho,

con una voz  de cálido y denso aroma,

distinta en cada verso.

 

¿Será todo un juego oscilante de reflejos y sombras?,

¿De azules sueños de pájaros heridos?

¿O no fue ni será nada?

 

 

HILO DE ORO

 

Vienen de fuera

y se instalan adentro

llenando el espacio de frágiles aromas.

 

De noche

se las oye murmurar colmadas de calma,

requiriendo impacientes

un tema en donde detenerse

para perpetuar su reino de cristal azul

y música exótica.

 

Muerden la vida,

a veces pasan como una tromba,

saltan la tapia,

se desprenden de lo inútil

dejando en la página

tan sólo lo esencial e indispensable.

 

Vienen de fuera.

 

Boca arriba y en silencio

espero sus destellos,

su vuelo fértil.

Y escribo,

escribo todo aquello que tal vez no digo.