Miami
Estados Unidos
Año XI

 Nº 64/65

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pennsylvania

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

VICTORIA OCAMPO: UNA MUJER TRANSGRESORA EN LA SOCIEDAD INTELECTUAL DE SU ÉPOCA

 

 por

 

Graciela Bucci

 

 

“yo no soy aquello, lo perecedero que formó parte de mí

y ya nada tiene que ver conmigo.

Soy lo otro. Pero ¿qué?”

Victoria Ocampo

         

     Abocarme a la figura de Victoria Ocampo, escritora, mecenas, editora argentina, es traer la figura de una mujer emblemática de un cambio histórico, de sólida formación intelectual, ejemplo de generosidad en pos de la educación, de la cultura, del mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres, deficiente, por cierto, en los comienzos del Siglo XX.

    

     Nació el 7 de abril de 1890 en Buenos Aires, según ella misma “en una futura gran ciudad que  merecía el nombre de Gran Aldea todavía”,  en el seno de una familia de origen colonial, de la elite tradicional,  que luchó por la emancipación argentina, una de  las dueñas de esa Gran Aldea de  familias patriarcales, todas emparentadas entre sí, o en vías de estarlo unidas por la sangre, el afecto, el odio, los desacuerdos, los arbitrajes conciliadores.

    

     Parte de la historia argentina, se había gestado en casas  y familias tan cercanas a ella que pensaba que el país entero había sido moldeado por su entorno. Su decisión fue siempre no la de negar un pasado de privilegio, sino de continuarlo según sus convicciones, “viviendo mi sueño, traté de justificar mi vida”, diría.

   

     Sus padres fueron Ramona Aguirre y Manuel Ocampo –ingeniero especializado en  puentes- ambos de acaudaladas familias de clase alta. Gozó del privilegio de una buena educación –tanto ella, la primogénita,  como sus cinco hermanas- y de una familia que la rodeó de cariño no exento de la rigidez  victoriana que se ejercía sobre las mujeres en la época.

   

     Tenían profesoras que las atendían en forma particular –no asistieron a la escuela- recibían  estricta educación en francés, inglés, y, sobre todo, materias humanistas. Se convirtió en  lectora insaciable. Desde chica, frente a algún problema, la lectura fue refugio y alivio; y escribir cartas, una catarsis terapéutica. Los libros le dieron la libertad de vivir en ellos; las historias leídas las hacía suyas, las prisiones sufridas por los protagonistas, fueron también la suya; pero a pesar de sus quejas en este sentido, amaba profundamente a sus padres, le dolía herirlos; ese fue su gran conflicto existencial.

    

     Siempre reconoció en ella dos fuerzas irreconciliables: la inteligencia y el corazón. Una se rebelaba, negaba, titubeaba, la otra se conmovía y creía. Un dilema que preocupaba a Victoria.

   

     A pesar de estas disyuntivas, tenía el don de la risa, de la gracia oportuna, del relato ágil y colorido, eso atemperaba las sombras que poblaban su juventud.

   

     Hacia la primera década del siglo cuando las mujeres de su clase casi no salían del encierro de casas confortables transformadas en lujosas prisiones, Victoria osaba bañarse en  Mar del Plata, la principal ciudad balnearia argentina, ubicada a orillas del Océano Atlántico,  en la playa mixta – es conveniente recordar que, a usanza de la época, las mujeres tenían playas exclusivas- bailaba tango, considerada una danza indecente, usaba pantalones para montar a caballo, manejaba autos, fumaba en público, quería ser actriz…; una verdadera transgresora, en el amplio sentido de la palabra.

   

     A los 20 años, se sentía desolada  en un mundo que no la comprendía, la angustiaban las injusticias cometidas contra la mujer, las diferencias en los órdenes político y social; por ello, se propuso luchar firmemente contra ese estado de cosas, y admiró por su entereza, a otras feministas argentinas; entre ellas, a Eva Perón, a pesar de haberse opuesto siempre al régimen de su esposo, el Gral. Perón, motivo por el cual, en 1953 estuvo en prisión durante un mes en una cárcel de mujeres, no se le permitió el asesoramiento de un abogado, no gozó de ninguna prerrogativa, la colocaron  en una celda colectiva;  en ese momento –ya Victoria tenía 63 años- buscó consuelo en  la fe y entretuvo a sus ocasionales compañeras, entre ellas algunas prostitutas,  con relatos, poemas, y sus propias historias de vida.

    

     El francés, en tiempos de Victoria, era el idioma preferido por las familias de la clase alta argentina, a tal punto, que cuando  decidió escribir para publicar, debió  perfeccionar su español. Su padre comentaba que, con esa inteligencia, si hubiera sido varón, habría seguido una  carrera universitaria. Tampoco se le permitió estudiar teatro, su gran pasión. Sí pudo hacer cursos en La Sorbona y en el College de France en alguno de sus múltiples viajes a Europa.

    

     Todas las prohibiciones generaron en Victoria una rebelión latente, no admitía la diferencia entre los sexos, propias de las costumbres de la época, detestaba ciertos tabúes o prejuicios y en ese replanteo de cosas, también tuvo momentos de duda ante el dogmatismo religioso; recién en su juventud se acercó a la comprensión del  amor “sagrado”, al creer entender el amor “profano”.

    

     Sólo mucho más adelante, en su encuentro con Gandhi, sintió la necesidad imperiosa de comentar con el pensador y político indio, ciertas verdades de origen religioso.

    

     A pesar de que no todas las lecturas le eran permitidas –como mujer soltera- su rebeldía no aceptaba censuras y leía cuanto libro podía acaparar sin ser vista. No le eran ajenos: Charles Dickens, Arthur Conan Doyle, Paul Verlaine, Edgar Allan Poe, Moliére, León Tolstoi, William Shakespeare, Dante Alighieri, sólo por citar algunos autores.

    

     Como en todas las familias de abolengo, en la suya  existían los prejuicios de clases en cuanto a “alianzas matrimoniales”, así es que en 1912, se casó  con Luis Bernardo de Estrada, habiéndolo tratado muy poco, según usanza de la época. Bajó las imponentes escaleras de mármol de su mansión, del brazo de su abuelo “a modo de espectáculo” –diría Victoria- de viaje de bodas fueron a Europa, a las pocas semanas, comprendió que ese hombre la irritaba, que era convencional, despótico, extremadamente celoso, muchas veces sujeto a accesos de ira. Se sintió inmersa en una vida inaceptable; no soportaba, ya en la luna de miel, la sensación de vacío al lado de un hombre tan diferente a ella. Como mujer pasional que era, imaginaba que esa era la única forma posible de dicha; pero su inteligencia podía despreciar los frenesíes y angustias de la pasión.

    

     Durante este largo viaje conoció a Igor  Stravinsky, a quien años más tarde invitaría a su casa, a José Ortega y Gasset, quedó fascinada por la inteligencia del filósofo español ,quien no tardó en enamorarse de ella; la  llamaba “la Gioconda de las Pampas”. Ortega la mencionó en sus libros y publicó y prologó  el ensayo “De Francesca a Beatrice ”en 1924, obra de Victoria. Su amistad  jamás se interrumpió.

    

     En Europa los hombres la ponderaban, destacaban su encanto, su finura, su gracia, lo cual provocaba en Estrada continuas recriminaciones. El malestar entre los esposos se acrecentaba.

     

     En abril, conoció, durante su estadía en Roma, a Julián Martínez, primo de su marido, quien estaba cumpliendo una misión diplomática. Él tenía 36 años. Fue su gran amor. Sería con él indiferente a la censura social; no se avergonzaba de un amor al que consideraba genuino.

    

     De regreso en Buenos Aires, aumentaron  las diputas con Estrada quien comenzó a recibir anónimos insinuando una supuesta relación entre Victoria y Julián Martínez; esto a Estrada lo sacó de quicio; esas notas, cuyos primeros efectos fueron catastróficos, actuaron  también como  vía de comunicación para poder ponerse en contacto con Julián.

   

     Ese fue el principio del fin del matrimonio. Aunque ya existía la separación “de hecho” era impensable que su familia la aceptara. Siguieron juntos, por ocho años más,  sólo hablándose en público, viviendo separados en la misma casa. Su unión era una farsa social.

   

     Victoria vivía en una sociedad que dividía a las mujeres en dos grandes grupos: las respetables: esposas, madres, y las que no había razón para respetar: las prostitutas  y adúlteras. Victoria la llamaba  sociedad “cavernícola”; y en ella debía moverse.

    

     En su desasosiego, buscó refugio en la lectura de Rabindranath Tagore, reconocía sus propias emociones en los anhelos místicos del poeta indio; cuando Tagore visitó Buenos Aires, en 1924, ella vendió una tiara de diamantes para hacerse cargo de su alojamiento, durante dos meses, en una casa vecina a la suya, en San Isidro, barrio aristocrático de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata. A sus 34 años, su pretensión era entablar una profunda amistad con el poeta casi 30 años mayor,  declaró siempre que su amor por Tagore fue enteramente espiritual. Él, como en su momento Hermann Keyserling y Ortega y Gasset, quedó capturado por la belleza y la sensibilidad de su anfitriona a quien le dedicó varios poemas y escritos.

    

     En su vida azarosa, Victoria sufrió otro tipo de censura: el menoscabo hacia la mujer escritora; cuando escribió  un artículo para uno de los principales diarios del país, La Nación, los más altos literatos del momento criticaron que se hubiera referido a la obra de Dante; lo consideraban un atrevimiento de su parte. 

   

     Comenzó a escribir su autobiografía (serían 6 tomos), pero dejó constancia de que  debía ser publicada después de su muerte; en ella, trató de liberarse, de ser ella misma con una necesidad imperiosa de confesión. Cito: “hubo días en que esos escritos me pesaban tanto que hubiera querido quemarlos”.

   

     Ya en 1929, luego de vivir un tiempo en la casa paterna, se construyó una casa en un lugar privilegiado de Palermo, barrio de la Capital Federal, donde actualmente funciona el Fondo Nacional de las Artes. Llevaba a sus casas: la de Palermo, la mansión de San Isidro (Buenos Aires) y la Villa situada en Mar del Plata, a las mayores celebridades de Europa, EEUU, India, todo bajo su tutela económica; a veces, los alojaba en los hoteles más caros de Buenos Aires, como en el caso del Conde Hermann Keyserling, filósofo alemán. Con Keyserling Victoria se decepcionó, entre otras cosas, por su comportamiento descontrolado, su forma excesiva de beber, lo cual provocó en ella tal rechazo que, luego de darle todo cuanto necesitaba durante su estadía en la capital argentina, le negó cualquier familiaridad para con ella. Por supuesto, su amistad con el autor de Diario de Viaje, terminó en malos términos; lo tildaría de arrogante, grosero, con poco sentido de la caballerosidad.

    

     Con Waldo Frank, hispanista, escritor estadounidense, entabló una hermosa y duradera amistad; él fue quien contribuyó, en gran parte, al nacimiento de la revista cultural SUR en 1931 de la cual dice que es la única revista literaria en América. Frank era un enamorado de América, quería conocer especialmente América del Sur.  Victoria lo introdujo en los círculos intelectuales para que diera conferencias, las cuales eran traducidas por el escritor argentino Eduardo Mallea.

    

 Victoria Ocampo en su oficina de la Revista SUR

    

     Otra gran figura que tuvo especial incidencia en la vida de Victoria fue el escritor francés Pierre Drieu la Rochelle; cultivó la amistad con él durante 15 años, fue una relación turbulenta ya que la manera de pensar de ambos, sobre todo en el campo político, era muy diferente –la Rochelle era fascista- fue un duro golpe para ella enterarse del suicido de Pierre en París a los 52 años; ella lo definía como un  hombre en el que primaban el heroísmo, la rebeldía y la desesperación; cuando  acabó con su vida, se había firmado una orden de arresto contra él.

    

     Imposible dejar de recordar, que Victoria ayudó a algunos intelectuales europeos a escapar de la percusión nazi.

   

     En ella, vida y obra se involucraban,  sus amistades y amores se continuaban en el papel en forma de carta –era una cultora del género epistolar- o de relato autobiográfico, con Roger Caillois, la pasión del comienzo se transformó en una entrañable amistad; se enamoró de él en París, cuando Caillois tenía 25 años, a causa de la guerra ella lo alojó en Buenos Aires en una de sus casas, al enterarse de que Ivette, novia de Caillois en Francia, había tenido una niña, Victoria lo instó  a que reconociera a su hija y se casara con Ivette: un verdadero acto de nobleza. Renunció a él e hizo  viajar a ambas a Argentina, luego de ubicarles y amueblarles un departamento. “Nada te comprometa a nada conmigo” le escribió a Callois. Sería, más tarde, la mejor amiga de Ivette.

   

Grupo de colaboradores de la Revista SUR (1961): De pie, de izquierda a derecha: Enrique Pezzoni, Eduardo González Lanusa, Silvina Ocampo, Alberto Girre, Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo, Alicia Jurado, Héctor Murena. Sentados, de izquierda a derecha: María Rosa Lida, Guillermo de Torre, Carlos Alberto Erro, Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea.

      

     Con respecto a la revista SUR, que se editó durante cuatro décadas, por la que luchó y trabajó hasta muy avanzada edad, la motivación principal que la llevó a crearla fue su propósito de poner en contacto a escritores y artistas en general de América del Norte y América del Sur y revelar lo mejor de las nuevas generaciones de escritores argentinos y europeos.

    

     Ella la sostuvo económicamente, lo que provocó esa armonía relativa en la que vivía con respecto a su dinero. Desde el surgimiento de la revista, la historia personal de Victoria se confundiría con la de la revista. Todo lo que hizo: viajes, ensayos, cartas, se publicaría en SUR.

   

     Esta mujer de letras siempre demostró ecuanimidad en cuanto a la brillantez; escribieron para su revista intelectuales del ámbito nacional e internacional, muchos de ellos ajenos al posicionamiento político y social de Victoria. Priorizaba el talento. Ernesto Sábato –escritor argentino, autor de la famosa novela El túnel- hombre de izquierda, admiraba su franqueza, su generosidad, a raíz de lo cual surgió entre ellos una amistad que ninguna polémica alteraría.

    

     Jorge Luis Borges manifestó: “la revista defendió siempre la causa por la democracia contra la dictadura”.

    

     Quizá los nombres de sólo algunos de los colaboradores de SUR,  dé una idea de lo que encarnaba esta revista en términos de encuentro cultural y de  la magnitud de la excelencia que  perseguía. Ellos son, entre otros: Adolfo Bioy Casares, los  escritores mexicanos Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Octavio Paz-Premio Nobel de Literatura 1990-; el español Juan Ramón Jiménez -Premio Nobel de Literatura 1956-, los argentinos Enrique Anderson Imbert, Manuel Mujica Láinez, el uruguayo Juan Carlos Onetti, Roger Caillois, Thomas Mann, William Faulkner, el escritor cubano Alejo Carpentier, James Joyce, Virginia Woolf, Federico García Lorca, Luigi Pirandello, Gabriela Mistral.

    

     Cuando, en 1953, como dije arriba, fue encarcelada  durante el gobierno de Perón, los más grandes intelectuales europeos y americanos  firmaron un acta de protesta, entre ellos: André Maurois, Roger Caillois, Paul Mauriac, Albert Camus, Waldo Frank, Aldous Huxley;  también se la defendió desde las páginas del New York Times. Gabriela Mistral –poetisa chilena Premio Nobel de Literatura en 1947- informó a la opinión pública y hasta envió una carta al propio General Perón. Las presiones mundiales, el apoyo generalizado, lograron una liberación que se transformaría, sin embargo, en continua persecución política, y en escollo sistemático para  todas sus solicitudes.

    

     Al cumplir Victoria los 70 años, se realizó una edición especial en la que dieron testimonio los más grandes exponentes de la intelectualidad universal, poniendo de manifiesto la labor de esta mujer en favor de todo movimiento cultural.

   

     Tímida, Victoria nunca accedió a ocupar ningún cargo público, inclusive rechazó la propuesta que se le hizo para ocupar el cargo de Embajadora en la India. Cuando aceptó, en 1977 su incorporación  a la Academia Argentina de Letras, lo hizo como una forma de abrir el camino para las mujeres, sería la primera mujer que ingresara a la Academia, en su discurso enfatizó el valor feminista de su compromiso literario, y expresó hasta qué punto era difícil haber nacido mujer a orillas del Río de la Plata,  de nada servían las prerrogativas de fortuna y linaje ante las iniquidades a las que estaba sometida la mujer.

   

     En enero de 1973 dona a la UNESCO (Organización de las Naciones unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), sus casas de San Isidro con su mobiliario y sus colecciones, y la Villa de Mar del Plata cito: “para ser utilizadas de una manera viva y creativa, para la producción, investigación, experimentación y desarrollo de actividades culturales”.

   

     En 1978, ya víctima desde hacía algunos años de un cáncer de garganta, se enteró de la muerte de su amigo Roger Caillois, lo que la sumió en una profunda depresión. Su última carta fue la dirigida a la viuda del escritor, Aline.

 

    Durante los dos últimos años de vida aumentaron los problemas económicos, se vio obligada a vender joyas, objetos preciosos, cuadros, vendió también, por 50.000 dólares, la partitura original de Perséfone, de Igor Stravinsky,  a la Universidad de Harvard.

   

     Algunas de sus publicaciones han sido su autobiografía, escrita en 6 tomos, ensayos, testimonios –divididos en 7 tomos-, traducciones,  críticas literarias, poemas, diálogos con escritores, cartas. Victoria fue también multipremiada a nivel nacional e internacional.

   

     Sólo citaré algunas distinciones: Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores; Medalla de Oro de la Academia Francesa, Palmas Académicas del Gobierno Francés, Dra. Honoris Causa por la Universidad de Harvard en 1967,  y por la Universidad de Visva Barathi –India- en 1968.

   

     En este trabajo he presentado a esta mujer argentina, que, pese a los rígidos mandatos sociales de su clase, tuvo amigos y amores prohibidos, fundó la revista literaria más importante de América, escribió, se relacionó con grandes celebridades del mundo intelectual. Pero cierto es que su sangre aristocrática despertó prejuicios, celos, y no faltaron quienes quisieran minimizar su accionar llamándola mecenas, musa o amante dadivosa.

    

     Llena de contradicciones, controversial, valerosa, cándida, por momentos, generosa y autoritaria, excesiva, vulnerable, vehemente,  jamás renunció a sus orígenes y se arruinó, en parte, persiguiendo su pasión y obsesión: la creación. Una mujer transgresora, sí, pero con una meta clarísima a cumplir: la divulgación de la cultura.

   

     Murió en su casa de San Isidro, en  enero de 1979. Considero apropiadas, como corolario de esta reseña, citar las palabras que pronunció Jorge Luis Borges en esa ocasión: “En un país y en una época que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo. Dedicó su fortuna, que era considerable, a la educación de su país y de su continente. Personalmente, le debo mucho a Victoria pero le debo mucho más como argentino”.

 

 

Bibliografía:

 

     Arambel-Guiñazú, María Cristina. “La escritura de Victoria Ocampo”, Edicial, Buenos Aires, 1993.

     Lojo, María Rosa. “Las libres del sud”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004.

     Ocampo, Victoria. “Testimonios. Primera Serie, 1920-1934”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1981.

     Ocampo, Victoria. “Testimonios. Décima serie. 1975-1977”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1978.

     Ocampo, Victoria. “Testimonios. Novena Serie.1971-1974”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979.

     Ocampo, Victoria. “Autobiografía I. El archipiélago. El imperio insular”, Fundación Victoria Ocampo, Buenos Aires, 2005.

     Sitman, Rosalie. “Victoria Ocampo y Sur. Entre Europa y América”, Ediciones Lumiere, Buenos Aires, 2003.

     Vázquez, María Esther. “Victoria Ocampo. El mundo como destino”, Editorial Seix Barral, Buenos Aires, 2002.

     Viñuela, Cristina. “Victoria Ocampo. De la búsqueda al conflicto”, Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2004.

 

Graciela Bucci nació en Buenos Aires, Argentina, ciudad donde reside. Poeta, narradora y docente. Ha publicado algunas de sus obras en periódicos y revistas literarias de Argentina, Uruguay, Venezuela, Chile y España. Ha coordinado durante varios años talleres de creatividad literaria. Actúa como jurado en varios concursos literarios nacionales e internacionales. Participa activamente en congresos literarios nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones se encuentran, los poemarios: Un orden diferente, ganador de la Primera Mención de Honor en el Concurso de Autores Contemporáneos organizado por el Departamento Judicial de Lomas de Zamora con el auspicio de la Dirección de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, y Las fronteras posibles, galardonado con la Faja de Honor de la SADE, en el género de Poesía. En narrativa: Detrás de las palabras...el eco, galardonado con la Faja de Honor de la SADE, en el género de Cuento. Forma parte de once antologías de Argentina y España, entre las que cabe destacar: la Antología de Cuentistas Argentinos "Cuenta Conmigo" y de la Antología de Poetas y Narradores de Iberoamérica. Fue invitada a participar con poesía en la antología bilingüe (español-alemán) editada en Viena a raíz del Festival Internacional Anual de Fundaciones, dentro del marco "Europeo, EJID 2008". Ha recibido numerosos premios en el ámbito nacional e internacional. Algunas de sus obras han sido traducidas al catalán, al portugués y al alemán. Forma parte de la Comisión Directiva de la Asociación Americana de Poesía, es socia del Instituto Latinoamericano y Cultural Hispánico (ILCH) con sede en California, EE.UU. y es miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).