Miami
Estados Unidos
Año XII

 Nº 67/68

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hills College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


ARGENTINA

 

Luis Benítez


Luis Benítez nació en Buenos Aires, Argentina (1956). Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, Estados Unidos, con sede en Columbia University; de la World Poets Society (Grecia); de la International Society of Writers (Estados Unidos); del Advisory Board de World Poetry Press (India); del colectivo literario Los Argonautas (España) y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina. Miembro Honorario de la sección argentina del IFLAC (International Forum for a Literature and a Culture of Peace). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Entre los premios y reconocimientos literarios nacionales e internacionales que ha recibido, se encuentran: el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Sus 24 libros de poesía, narrativa, ensayo literario y teatro se publicaron en Argentina, Chile, España, Estados Unidos,  México, Uruguay y Venezuela. Recientemente, la editorial española www.publicatuslibros.com ha publicado en e-book sus Poemas Completos, con introducción del Profesor Luis González Platón, de la Universidad de Madrid.


 

 

Underground New York

 

Arriba sopla el cannabis

El viento de la ciudad entre los que hablan solos

Y aquí abajo los trenes brillan y van y vienen

Por el cribado laberinto. La mujer negra borracha sola

A medias incorporada sobre el banco de la estación Lexington

Le explica interminablemente al prudente policía

-Oigo apenas entre el bosque de sombreros que sonríen

Las blancas manos que aprietan sus carteras

Los impávidos latinos que como yo

Son bárbaros en la farsa de Roma-

Los detalles de una muerte –es su esposo un niño o su trabajo-

Que la llevaron al abandono de la recta vertical de su cuerpo larguísimo

Al charco que bajo el banco de la culpable se derrama. Al abandono.

Entonces la pequeña japonesa

-Dónde dejó la vitrina minúscula de su caja de música

El tu-tu absurdo como la envoltura de un bombón

A mitad de camino entre los agujeros de las medias de baile

Y la cara de la loca-

Hizo un rotundo croisé

Burlando con su pelo amarillo

Las mandíbulas verticales

Clavada en puntas de pie sobre el piso en movimiento

Un lago de los cisnes a toda carrera

Bajo el piso nevado de Manhattan.

 

Luego el vaso blanco de su delicado y dignísimo gesto

Entre saltos y reverencias y miradas a otra parte

Sin abandonar el otro lado desde donde no nos miraba.

Dónde estaba la pequeña japonesa

En qué salón de luces y de aplausos

Cuando en medio del vagón inclinó el tronco y la cabeza

Y extendió las manos de uñas despintadas

La boca torcida por su risa demente.

 

En el fondo del vaso sola como su alma la moneda.

 

 

El Hudson

 

O! Und dann wieder dies Bei-sich-selbst-Sein!

Diese Stummheiten! Dies Gebriebenwerden!

 

¡Oh! ¡Y luego estar con uno mismo!

¡Estos enmudecimientos! ¡Este andar a la deriva!

Gottfried Benn

 

Cuando la tomamos demasiado en serio,

La poesía empieza a tomarnos en broma:

 

Dónde es el papel, en qué otro cielo

Vuela este insecto porque yo lo escribo.

Por qué cadencias la madurez de su ausencia

Se troca en lo que ya antes sin yo saberlo era

Una agregada catástrofe, quizá feliz,

Sin que sea del todo aquí la falta del volumen

Y del peso, casi inconsistente pero ya

Medianamente cierto, éste

Que revolotea entre el cuarto y aquel cielo,

Sin duda tan entero como nosotros

Lo estamos de su lado.

Y si no, certidumbre dime

De dónde viene y adónde va

Su desafiante respiración

Que señalas como ajena y es suya

Aunque lejana, en trayecto.

De igual modo allí están

Cuantos y cuanto no veo,

Adonde el insecto va y donde vuela...

 

¿Quieres cuál insecto, dime, tras esos bordes?

 

Nadie conjura nada que no lo haya evocado.

 

Y leer que es buscar

Lo que más se teme,

El otro acto tan indivisible

Como el caballo o el hombre del centauro,

No es atravesar ningún borde

Sino en la misma vigilia otra repentina forma;

Las manos que vuelven cada página

Abren la maleza de una ambigua selva.

Atardece, es de noche en la ciénaga,

Ya ves como obediente a la luz que declina

Se ha posado a cantar en la orilla vecina,

Las alas contra el cuerpo, inocente de todo.

Nada puede ocurrir si le acierta esta piedra.

 

 

I.

¿Qué otro río es éste bajo el nombre

Sino el mismo río que te mata, Heráclito, en sus aguas?

Las saladas y las dulces son el idéntico

Caudal que las transporta:

Una orilla es el Hudson, otra es el Ganges

Y hay otra orilla, además, para otros nombres.

 

Ancho y angosto, largo y corto río del mundo

Al que tomamos por sus meandros:

Incluso el que gotea en sus sótanos profundos.

Todo es la orilla: ni la rueda ni el fuego ni el lenguaje

Salieron jamás hacia otras tierras que no fueran esta azul Mesopotamia.

Siempre atrás, siempre adelante,

Nunca supiste, Almirante,

Cuán interiores

Eran las aguas que cruzaste.

 

Así es de noche y es de día en cada mitad del río.

 

 

II.

Qué ingenuo, viejo Hudson, el que creyó

Que iba a hablar de ti y del Rin y del Danubio,

Cuando esta noche he bebido tus metáforas

Como allá enfrente ¿es New Jersey? alguien bebe

Su vodka, su arak, su whisky, el usho de las Cícladas,

El vino negro y espeso de un fuerte mediodía.

El trago de tus aguas que emborrachan lleva

Al centro mismo de tu corriente múltiple:

 

Cuanto más quito de ella, más le devuelvo.

 

¿Qué relación habrá, íntimo Hudson, entre tú

Y este río al que veo escurrirse entre los puentes,

Este sí, seguro, de la estirpe del río único del que habla el primer canto?

Cuánto se aclararía y se enturbiaría de saberlo,

Entre un juego del mundo y un juego de palabras.

Pero tenía que engañarte a ti que lees o a ti que escuchas

(¿Dónde, en qué lugar correrá ahora, después de escrito,

El poema-río?) para que con menos desconfianza

me acompañaras a estos movedizos remolinos,

donde como en el desorden de una sopa de letras

muchos nombres se asoman y se esconden.

Me pregunto también qué pasaría si estuviera a mi lado

un poderoso policía, un hombre bueno,

y tuviera que explicarle todo esto paso a paso,

la intoxicación con agua que no está

pero que sí, también ella deja su huella en el aliento

y un andar trémulo y distante,

es esto ya una experiencia rara en el mundo

pero igualmente fácil de confundir con otras dilatadas pupilas,

con otros pulsos alterados, con otras alucinaciones ¿más baratas?

Ni hablar de las secuelas. Crea un hábito incontenible.

En otros tiempos seguramente había quien mataba para proporcionársela

(¿Me escuchas Gilles de Rais?

¿Me escuchas gran Tiberio debajo de la tierra?)

O nunca hubo nadie en ese trance.

Ni siquiera alguien que muriera por ella;

viejo Hudson de la mente, tú que eres su objeto y su riego

tendrías que saberlo y que decírmelo.

 

Ya nadie dice “caballo”

y hay un potrillo nuevo sobre el mundo.

Maldice, bendice, de ahora en más

el pan que lleves a tu boca sabrá a contradicción.

 

 

Una tarde en el jurásico

 

Ojalá no despertara.

Que la ciega noche me llevara

Hacia un día oscuro sin las horas

Menos una: aquélla tan precisa

Que hoy demora.

 

Lo que me salva me pierde

Y el resto es apenas mi memoria.

 

Barrida sea y lo puede una cosa sola,

Que con ella barrido será

Este universo,

Que lo abriga todo

Salvo una cosa sola.

 

Perdámoslo todo y de una vez

Ganemos en desolación.

 

Quizás así, desde la sola forma que nos lleva,

Se verá más claro: presente, pasado y futuro

Eran el verdadero engaño y los días las lenguas

De la mentira única: ése que se aleja

Nunca saltó de su silla, eso que viene no será conocido.

 

Suspendido en lo que pasa,

Indeciso como aquel que está seguro

Y yerra, siempre se verá más claro

Aunque no habrá perdón:

Esto espanta a los hombres desde el primer llamado.

 

Pero, ¿qué cuerno suena, para qué cacería?

Este halcón o palabra no volverá a la mano.

 

 

Primer Piso: Elianne McGohan

 

Ella estuvo en Miami

Aquella noche inolvidable

En que Jim Morrison cerró las puertas

Y se subió desnuda al escenario

“The old sacred spirit is alive!”

“The ancient holy ghost is alive!”

Gritaba en brazos de la policía

Y se golpeaba el pecho hermoso y bamboleante

“Santa, santa, santa” aullaba

En vez de “miserere”

El borracho panzón desde el micrófono

Le arrojó aquel beso

Antes de que se la ocultara

La Vía Láctea que había bajado hasta el escenario

Ella hoy tiene su Ph.D.

Y él su Pére Lachaise

Ambos enseñan poco pero bueno

Tres días a la semana

Ella en el salón correctamente iluminado

El en el más oscuro rincón del baño público

Apenas los separa un muro

Y unas pequeñas, eficientes puertas:

Es una suerte para todos

-ella incluida- que conozcan

Tan bien este trabajo

Y tengan tantos años en su oficio

 

 

Segundo Piso: Eliot Di Nucci

 

Nadie estuvo en el pasado

Y ninguno habitará el futuro.

Sólo existe este apartamento,

La ventana que da a Central Park,

El tedio infinito de mis piernas inválidas,

El reloj que indica que dentro de dos horas

Vendrá la enfermera profesional

No sabe todavía lo que dice.

Mi vida no importa:

Una sola cosa late entre estas desiertas paredes

Y hace mucho que no es mi corazón.

En alguna parte, en algún cajón, una Beretta 40

Recuerda que vengué a mis piernas con ella,

Un día improbable, indefinido, de 1964,

Desde esta misma silla de ruedas,

Vaciándole el cargador a Moe “Ametralladora” Carrick,

No lejos de aquí, en una esquina que he olvidado.

Debajo de la pistola un viejo diario amarillento

Da todos los detalles de mi asunto.

 

 

Tercer Piso: Fiona Lara Fredericksen

 

Las tapas de la mitad de las revistas de la Tierra

Ofrecen mi retrato y buena parte de ellas

Se apilan hasta el techo en este piso

Y en esta vida donde sonrío a solas.

 

 

Cuarto Piso: Maurice y Miriam Podolski

 

Las antigüedades no tienen lugar

En nuestro piso, son sólo para vender,

De 8 AM a 8 PM ocupan nuestras vidas

Y luego, al abordar el metro tomados de la mano,

Como lo hacemos desde hace 45 años,

Las olvidamos en el negocio cerrado.

En la casa postales de nuestros hijos,

Venidas de Israel, de Missouri y de Idaho,

De Venezuela, de Salt Lake City y de Baviera,

Desplazan a las lámparas firmadas,

Los camafeos, las espadas y los jarrones.

Todas las noches, después de cenar,

Solos en la sala, contemplamos

Esas cartulinas resquebrajadas,

donde la tinta ya se desdibuja,

donde las palabras se transforman,

como lo hicimos la primera vez,

Cuando todavía alguna de ellas

Era echada por debajo de la puerta.

La vida es algo que siempre

Hay que cuidar de las polillas.

 

 

Pent house

 

La puerta, las paredes, el empapelado, las formas. Las cortinas, las alfombras, los ceniceros, las cómodas. Los armarios, las mesas, las sillas, los sillones. Las ventanas, los atardeceres, las madrugadas, las noches, los amaneceres. La cocina, los enseres, los utensilios, los manteles. Los pasillos, las sombras, el aire a encierro, una puerta entreabierta, la humedad, la ceniza. El polvo, las telarañas, los ruidos de la calle. El baño, las goteras, los mosaicos, el espejo, la ducha, las rajaduras, el óxido. Los insectos muertos, la mugre, las colillas, los enchufes. El dormitorio, las sábanas, los libros, las luces apagadas, las almohadas. El televisor, la radio, los cables, las revistas. El salón de estar,  el techo, la biblioteca, el par de sillones, la mesa baja, los periódicos, la lámpara de pie, el aparato de aire acondicionado. El balcón, las plantas de tiesto y el vacío.