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Sale a las 6:30 de la mañana para
ir a trabajar. Que llueva, que nieve, es el primero en llegar a la
empresa desde que lo contrataron hace ya muchos años.
Empleado perfecto, vela por el
buen funcionamiento de una entidad que no es suya, de unos
asalariados que están igual o peor pagados que él.
Se desvive para que el engranaje
de la producción sea fructífero y su jefe pueda cambiar de coche
cada dos años y de querida cada seis meses.
Cada fisura en los muros de la
fábrica se conjuga con una nueva arruga en su rostro honesto y
servil. El tiempo se desliza con unos andares hipócritas, bailando y
rozando sus sienes cansadas, sus manos firmes pero aburridas.
Danza erótica y morbosa del
poder y del poseído. Bailoteo indecente del poderoso y del modesto.
La pista de baile resbala cada día más y el subyacente, sin zapatos
de charol, pierde el compás del fandango.
Se desvive por ser la estrella de
la escena, brillar en el cielo cerúleo del día, resplandecer en el
firmamento quemado de la noche.
Pasos de tango, pasos de vals. Pasos
de una vida que no avanza, pasos de una agonía que triunfa al ritmo
de las taladradoras y de los serruchos.
Cuando calla la
música infernal y todos se van, el hombre repasa con una mirada
cansada los hangares de su vida. Cierra metódicamente la puerta de
su primer hogar, la puerta de su muerte.
Huye ahora
hacia una nueva farsa, un nuevo baile indecoroso en el bar de la
esquina donde beben y beben, y vuelven a beber otros danzadores,
aturdidos por la música discrepante de los talleres de la
ofuscación. Telones de humo, hedores de vino y cerveza confunden las
ideas y los sentimientos de los trabajadores desalentados.
Cuando la
noche cansada quiere ya retirarse, el hombre por fin decide volver a
casa.
Otro baile
ahí le espera. Pantomima de una danza nunca emprendida, pantomima
del amor olvidado, del amor desfallecido.
Postergó los
gestos del cariño, arrinconó las palabras, relegó las sonrisas,
desterró la pasión, el amor y la ternura, creyendo que su vida
estaba en otra pista de baile.
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Harmonie Botella
nació en Alicante, España. Narradora y
Profesora agregada de Francés en la Escuela Oficial
de Idiomas de Alicante. Ha publicado la novela Ojos Que no ven.
Editorial Jamais, Sevilla (2002). Ha participado en el Primer
Festival de Literatura del Casino de El Campello con el relato:
Él y Ella, en la organización del festival de presentación de
Anuesca (Diciembre, 2001), del Primer concurso de cuentos de Navidad
de El Campello (Diciembre, 2001), de la primera semana literaria de
El Campello (Marzo, 2002) con la colaboración de la extensión
Universitaria de la Universidad de Alicante y la Casa de cultura de
El Campello y del Primer Certamen Bilingüe de Literatura de El
Campello. Es colaboradora de la revista electrónica Webalia y
cuentos suyos han sido publicados en las revistas impresas El
Celador y El rincón del voluntariado, al igual que en el periódico
La Illeta y en la Revista Literaria
Baquiana (versión digital e impresa). Es presidenta de la Asociación de Nuevos Escritores de El
Campello: Anuesca y de Xaloc, la
primera Revista Literaria de Anuesca.

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