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ODÓN
BETANZOS PALACIOS
o
LA
INTEGRIDAD DEL ÁRBOL HERIDO
Editor: Gerardo Piña-Rosales
Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de
Nueva York
628 páginas. (2004)
ISBN 0-86515-036-2

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There seem to be a life and infinity in
the incomplete.
George Santayana
Siempre hay que acercarse con cautela a una antología.
Como autor me aterra el momento en que se debe cerrar
y engrapar un libro (después de un agotador proceso de
selección), y someterse a la muerte súbita de editores,
impresores y lectores. Es decir, dejarlo caer por
gravedad en el maremagno de la literatura. Si el
cadáver flota, no estuvo mal, si se hunde sólo te
queda la esperanza de que alguna generación poética lo
saque a flote de aquí a cien años, si resiste. Ante
las antologías (¿antilogías?) el miedo crece. Y es que
hay algo de ala y de ancla en el intento de
seleccionar y meter entre dos tapas de cartoné un
puñado de textos que podrían corresponder a diferentes
momentos estéticos en la vida de un autor. No importa
que sean los que la caprichosa falibilidad de un autor
—o de un antólogo — dispongan. Ninguno de los dos está
mejor, ni peor autorizado.
En resumen, se trata de un problema de perspectiva:
los textos fuera de contexto, demasiado perfectos, son
como vedettes que tratan de robarse el
espectáculo. Los volúmenes que de cierta forma
desplazan y lanzan al olvido otros libros menores,
plagados de textos bellos y defectuosos, tienen para
mi un una vitalidad antidialéctica; la misma que llevó
a la mujer de Lot a mirar por encima del hombro.
Mirar atrás no siempre es bueno en la vida de un autor.
El pasado tiene, no sé por qué razón, un efecto
ambiguo. Cuando un escritor alimenta de el su
imaginación revive; sin embargo, cuando se enfrenta a
su propia obra como a un volumen de grandes éxitos,
puede quedar petrificado. Parte de su volatilidad
consiste en que puede ser un fuego fatuo para la
vanidad o un aterrador combustible; porque una
antología es un espejo: aquel que la mira con cierta
frivolidad, como si recibiera un premio, queda preso
entre las páginas de lo que fue; el que intenta entrar
al laberinto de la imagen y unir los fragmentos
dispersos de su propia identidad puede volver a la
aterradora madrugada del 19 al 20 de Agosto de 1936,
cuando a los 10 años supo que su padre había sido
fusilado; o releer los poemas que escribió desafiando
una muerte que no sería otra que la de su propio hijo.
Por otro lado, las antologías también tienen su magia.
A cierta altura de la vida, cuando un hombre ya ha
estado tan asediado por la muerte que puede mirar su
propia existencia de otro modo, sin frivolidades ni
mezquinas ambiciones personales, forman parte de su
inmortalidad, de su ser en lo eterno. Ese sentido de
fragmentación, que muchos críticos pretenden ver como
una debilidad de las antologías, no hace más que
añadirle vida e infinitud a una obra que por supuesto,
para un lector agudo, trasciende cualquier selección.
De esta manera, el criterio para determinar si una
antología es buena o mala depende, a mi juicio, de que
pueda atrapar el espíritu de esa obra vital e infinita
que, parafraseando a Santayana, parece existir por
debajo de toda muestra incompleta.
Supongo que el poeta Odón Betanzos haya experimentado
todos, o algunos, de estos sentimientos encontrados
cuando recibió ese excelente volumen que recopila
parte de su multifacética obra literaria. Una separata
de ensayos sobre su obra, traducciones a otros idiomas
y comentarios biobibliográficos escritos por casi un
centenar de académicos y escritores, agrupados bajo
una rigurosa selección, que permite calar a
profundidad el carácter y el oficio de ese singular
poeta y ser humano. Esto es más que suficiente para
que un autor-lector supere el pudor y celebre los
augures -¿acaso las felicidades?- de una obra como
Odón Betanzos Palacios o la integridad del árbol
herido: una imprescindible antología.
II
De tiempo en tiempo Gerardo Piña Rosales abandona su
taller renacentista en Monsey, Nueva York, para
dedicarse a otra de sus pasiones: la edición. Entonces,
con una naturalidad pasmosa, mete al horno alguna de
las piezas capitales de los estudios hispánicos en
América. Él no lo sabe (o aparenta con humildad no
saberlo) pero con cada uno de estos volúmenes va
dándole cuerpo a la historia de una literatura que se
ha ido fraguando de manera dispersa, como de tránsito,
marcada por la amarga resaca de los exilios, las
estampidas políticas y la nostalgia. Esta vez su
cacería editorial ha cobrado una pieza mayor, pues
Odón Betanzos, director y fundador de la Academia
Norteamericana de la Lengua Española, es uno de los
más importantes escritores españoles vivos y su
quehacer, desde 1952 hasta la fecha, un monumento del
devenir literario hispano-norteamericano en una etapa
crucial en la consolidación de la lengua y la
literatura española en Estados Unidos.
Odón Betanzos o La integridad del árbol herido
comienza acertadamente con un credo. El poema Yo
Creo, es un testamento universal en el que
Betanzos patentiza su filiación estética y política,
que destaca el profundo humanismo que une sus
diferentes ejercicios escriturarios. En toda la obra
del autor de Diosdado de lo Alto, Santidad y
guerrería, La mano universal, De ese
Dios de las totalidades y Sonetos de la muerte,
se respira esa nazarita savia esencial en la que el
hombre y Dios están conectados por una aceptación
mutua de religio, de lazo inquebrantable; pero
la divinidad lírica de ese pacto está en su humanidad
y en la manifestación más sublime de ella: el perdón.
Cómo el poeta dice en Alma Desnuda: “Busca a
Dios, hijo, búscalo,/ que tal vez lo encuentres detrás
de ti mismo”.
Este es un volumen salutatorio; por eso, a esta
imprescindible portadilla, le sigue, a modo de
presentación, un excelente texto de su editor. Las
cápsulas de Odón Betanzos Palacios o la
recuperación del humanismo perdido, más que
presentar a un autor que no necesita presentación,
recorren de manera ágil y contundente resumiendo con
memorables acotaciones la vida y obra del autor de
Diosdado de lo Alto, su labor en pro del idioma,
su apostolado escriturario y su misticismo terrenal.
El resto del volumen está dividido en 11 secciones,
que recogen textos imprescindibles para conocer la
vida y la obra de Betanzos, incluyendo semblanzas y
adhesiones, estudios sobre su obra poética, narrativa
y ensayística, estudios críticos, textos de creación
dedicados a Betanzos, entrevistas, traducciones de su
obra al francés, portugués, italiano, inglés, ruso,
hebreo, árabe y chino, una veintena de poemas
escogidos, muestras de narrativa, ensayos y notas
críticas y un entrañable álbum de fotografías. Así
como una bibliografía selecta de sus publicaciones.
Ars poética
Love makes us poets, and the approach
of death should make us philosophers.
George Santayana
Contagiado por este excelente resumen de una vida, no
puedo evitar la tentación de acudir a un recurrente
ejercicio filosófico, definir a Odón Betanzos con un
término simple que encierre un universo de gran
complejidad. Para eso creo que basta una palabra:
poeta. Hay desgarrado lirismo en su narrativa,
profundidad mística en su poética, contundencia sin
ornamentos, decantación lingüística de sus emociones,
y una voracidad de búsqueda interior en su crítica que
sólo son compatibles con la búsqueda de la razón
poética y su expresión.
El poeta (¿o era filósofo?)
Wittgenstein, decía que: “Los límites de un idioma
son los límites de un mundo” (Annalen der
Naturphilosophie, 1921). La expedición mistérica de
Betanzos lo ha salvado de las constreñidas
cartografías. He leído con deleite su ensayo La
poesía y sus misterios (pág. 521), dónde define en
una sola línea la universalidad del idioma, del suyo,
en el momento mismo en que logró su definición mayor:
“…con el castellano primero que al saltar océano se
hacía español”; y luego su ensayo La tierra, aldea
universal, de un exquisito regusto fisiocrático,
que lo devuelve a su natal Rociana, en la Andalucía
Occidental. ¿Quizás el secreto de su universalidad
esté en haber partido sin abandonar sus raíces? ¿En
insertar la infinitud del mundo dentro de los linderos
de una aldea, un terruño, hasta que desaparezca dentro
de la arquitectura finita y mortal del poeta?
Leyendo a Betanzos me ha vuelto a asaltar una
preocupación crítica que tengo desde hace años. Y es
que creo que una de las crisis modernas de la poesía
está en la exagerada proliferación de poetas sin
poéticas. Aquellos que no pueden definir la misión de
su discurso, ni el sentido oculto de su vaticinio. Los
grandes poetas casi siempre han tenido una
“explicación de la poesía”, una bitácora para seguir
el viaje. Y eso Odón, que es un navegante de carrera,
lo sabe bien. Su grandeza, de cierta manera radica en
su ars poetica. “Poesía como solución del
misterio universal”, “como forma de expresión de la
divinidad” y como instrumento para mejorar el mundo.
Esta poesía de acción, con una rotunda fibra humanista,
no admite poses ni complacencias. Por eso al concluir
La poesía y sus misterios escribe con auténtica
alarma: “me queda una preocupación: cómo armonizar el
egoísmo del poeta creador con el desprendimiento que
debe ser norma en la nueva civilización del amor por
la poesía”. Y culmina: “Sólo si se interpreta que su
obra no es nada por si sola si no se combina y se
armoniza con las de tantos y tantos creadores de ayer
y de hoy”.
Sólo lamento la ausencia de otro texto esclarecedor,
publicado en De la Catedral al rascacielo (Actas
de la XVII Asamblea General de ALDEEU), y editado por
el mismo Gerardo Piña Rosales, con Rafael Corbalán y
Nicolás Toscano, en 1998. Se trata de su conferencia
inaugural A la búsqueda de una interpretación
poética (págs. 5-20), que muestra la inquisitiva
angustia de Betanzos por desentrañar los secretos de
la poesía: esa fiebre que lo atrapó hace más de medio
siglo. Allí define: “Si por el plano humano caemos en
la animalidad, por la poesía vislumbramos el plano
angélico". Y concluye: “Quizá sea, quizá sea la poesía
vista en el poema, en la totalidad de los poemas, la
verdad opaca de la eternidad, los saltos trascendentes,
la infinitud de nuestros destinos, más allá del cuerpo,
de las épocas y de las limitaciones que nos encierran.
Poesía, en fin, sería, podría ser, alas para volar,
para sobrevolar, para ser y respirar esencias, para
convivir con ellas. Quizá, quizá, el reflejo, la
aureola, el ambiente, la expresión y el impulso en
esencia del Dios dinámico que se eterniza creándose
sin tiempo y sin distancias”.
No puedo dejar de notar que en casi todas las
cosmogonías existe algún tributo a un árbol cósmico.
Ese del que parte la vida, que conecta los mundos, en
cuya estructura vegetal se hospeda alguna deidad
mayor. Por eso el titulo Odón Betanzos o la
integridad del árbol herido, tiene ese sentido
totalizador que tan bien retrata a su autor. Odón es
como un viejo roble que ha sufrido las ventiscas más
crueles y sigue recortándose contra el techo del
universo. Como Yggdrassil, el árbol nórdico que
conecta los 9 mundos, abastece al hombre y extiende
sus raíces. Un mito sublime y acabado que reúne todos
los elementos de un sistema poético. Yggdrassil se
mantiene de pie y florece cada año. Es el árbol de la
existencia: el pasado, el presente y el futuro; lo que
se ha hecho, lo que se hace y lo que se hará. Dios y
los hombres, todo lo que posee vida, tienen su morada
en este árbol. Ygdrassil, como Betanzos, es el símbolo
de la vida renovada. Del rocío de Betanzos se
alimentan las abejas.
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Joaquín Badajoz
nació
en Pinar del Río, Cuba (1972). Graduado de Ciencias Económicas. Ha sido comisario – curador de una
treintena de exposiciones de Artes plásticas en Cuba y Panamá. Textos suyos
pueden encontrarse en Encuentro de la Cultura Cubana (España); El
Panamá América y La Prensa (Panamá); Arcoiris (Bilingüe,
Francia); y en las publicaciones cubanas: Vitral, Deliras, Cause, Arte
Cubano y La Gaveta (Cuadernos de Arte y Teoría de la Cultura). Fue miembro
hasta 1999 del consejo de redacción de la revista VITRAl y miembro fundador de
la Unión Católica de Prensa en Cuba UCLAP-Cuba y de la Unión Católica
Internacional de la Prensa; así como miembro- consultante de la revista
independiente de literatura Deliras y miembro del Consejo Editorial de
Ediciones Loynaz. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de
la Lengua Española y de la Asociación de Licenciados y Doctores
Españoles en EE.UU. (ALDEEU). Reside en la ciudad de Miami
(EE.UU.) desde 1999. En la actualidad es editor ejecutivo de la
revista Cosmopolitan en español. |
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