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FELIPE LÁZARO
Nació en Güines,
Cuba (1948). Salió
de Cuba en 1960, residiendo en Puerto Rico hasta 1967 y, desde
entonces, en España. Licenciado en Ciencias Políticas y
Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, en dos
especialidades: Estudios Internacionales e Iberoamericanos.
Terminó los Cursos Monográficos del Doctorado en la mencionada
universidad. Diplomado en Estudios Internacionales por la
Escuela Diplomática de España. Master en Administración de
Empresas por el Instituto de Empresa de Madrid. Fue uno de los
fundadores de las revistas Testimonio (1968), La
Burbuja (1984) y Encuentro de la Cultura Cubana
(1996), y Redactor Jefe del periódico La Prensa del Caribe
(1997-1998), editado por el Centro de Estudios del Caribe en
Madrid. Obtuvo la Beca Cintas (1987-1988) que concede el
Institute of International Education de Nueva York.
Actualmente reside en Madrid, donde dirige
la editorial BETANIA desde 1987. Vicepresidente de la Asociación
Cultural Gastón Baquero y miembro de honor de la Asociación
Cultural “Con Cuba en la distancia”, con sedes en Sevilla y
Cádiz, respectivamente. Pertenece al Consejo Editorial de la
Revista Hispano Cubana y del Boletín del Comité Cubano Pro
Derechos Humanos (España) publicadas en Madrid. Ha
publicado en poesía: Despedida del
Asombro (1974), Las Aguas (1979), Ditirambos
Amorosos (1981), Los muertos están cada día más indóciles
(1986 y 1987), Un sueño muy ebrio sobre la arena (2003),
Data de Scadenza (Antología poética), traducción de
Gaetano Longo (Trieste, 2003) y la antología poética
Fecha de Caducidad (Madrid, 2004). Antologías: 9 poetas
cubanos (1984), Poesía Cubana Contemporánea (1986),
Poetas Cubanos en España (1988), Poetas Cubanos en
Nueva York (1988), la antología bilingüe Poetas Cubanas
en Nueva York / Cuban Women Poets in New York (1991),
coautor con Bladimir Zamora Céspedes de Poesía Cubana: La
Isla entera (1995), y Al pie de la memoria. Antología
de poetas cubanos muertos en el exilio,1959-2002 (2003). Otros
libros: Conversación con Gastón Baquero (1987 y 1994),
Entrevistas a Gastón Baquero de VV. AA. (1998) y Gastón
Baquero: La invención de lo cotidiano (2001). Colaboró
con trabajos en los libros: Cuba: voces para cerrar un siglo
(Testimonios de escritores cubanos en la Isla (I) y en el
exterior (II) (Suecia: Olof Palme International Center, 1999),
compilación y prólogo de René Vázquez Díaz; en La Patria
sonora de los frutos. Antología poética de Gastón Baquero
(La Habana: Ediciones Letras Cubanas, 2000), de Efraín Rodríguez
Santana; en Creación y Exilio. Memorias del I Encuentro
Internacional “Con Cuba en la distancia” (Madrid: Editorial
Hispano Cubana, 2002), selección y prólogo de Fabio Murrieta y
en el
I Congreso Internacional de Cultura Cubana (Cádiz: Editorial
Aduana Vieja, 2004), de VV.AA.
Su poesía ha sido seleccionada en diversas
antologías, como: La poesía de las dos orillas. Cuba,
1959-1993 (Libertarias/Prodhufi, 1994), de León de la Hoz;
Poetas sin fronteras (Verbum, 2000), de Ramiro Lagos; La
isla en su tinta. Antología de la poesía cubana (Verbum,
2000), de Francisco Morán; Antología de la Poesía Cubana,
Vol.IV (Verbum, 2002), de Ángel Esteban y Álvaro Salvador;
Poemas Cubanos del siglo XX (Hiperion, 2002), de Manuel Díaz
Martínez y Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas
cubanos de la diáspora (Plaza Mayor, 2004), de Odette Alonso
Yodú.
TRANSPLANTADO
transplantado
vivir cotidianamente
como
agonizando
mantenido por savia propia
raspando paredes para
encontrar verdades
caminar sin leer las calles
ni
anuncios
ni nombres
de ciudades
para hacerlo todo aún más
ficticio
así darnos cuenta de lo
irreal presente
construyendo ese ideal más
humano del futuro
que nos ha tocado soñar...
(Despedida del asombro,
1974)
NOSTALGIAS ARREBATADAS DEL
NAUFRAGIO
Detrás de cada estancia
evaporada
encuentro recuerdos
yaciendo quedamente
acurrucados
al compás del olvido de los
adioses
mientras llegan las
distancias
agolpadas de tristeza
falleciendo de languidez
sin laureles pasados
ni protocolarios asuntos
así se presentan cual son:
nostalgias arrebatadas del
naufragio...
(Despedida del asombro,
1974)
EL PASO LIGERO SIN PARADAS
reunir trozos de periódicos
reconstruyendo la
historia que escapa
arañar un pasado en
el que quisimos estar
desentrañar las verdades
ocultas tras tanto
panfleto
escurrirse taciturno para
evitar
las inevitables
preguntas
huir antes de que te
encasillen
el no querer
entablar el diálogo bizantino
así proseguir
el paso ligero
sin paradas
callando a los que
te quieren de uno de los lados
o aquellos que
retan tu apatricidad apática
impuesta por
burócratas en papeles mohosos
pues en estos tiempos
el ser hombre no es
pertenecer a un país
no basta con tener el
pasaporte en regla
ni presta la banderita
en la solapa...
(Despedida del asombro,
1974)
LLUEVE
Caen goterones
zigzagueantes,
líneas inconclusas,
iluminadas rayas
que lloran la desierta
ciudad
ennegrecida,
apagada.
La calle, empapada de
lágrimas,
sudada de la labor diaria,
descansa en la noche húmeda.
Todo se moja dilatadamente.
El suelo adquiere un brillo
especial de espejo,
donde quiero verme
y no me
encuentro,
sólo agua,
sólo lluvia
arrasando toda brizna,
quitando
y
removiendo
polvo.
En realidad,
sólo llueve.
(Las aguas, 1979)
ESTABA MUERTO DETRÁS
DE LOS OJOS
“Déjame
ser tu puta”, son palabras de Eloísa,
más él
cedió a las leyes, la tomó por esposa
y como
premio lo castraron después.
Octavio Paz
Todo comenzó con un
estremecimiento del sudor
allí donde la piel se
arruga
ocupándole suntuosa boca
verdades de hombre
trepidando cadenciosamente
electrizados cuerpos
Un día preguntó y la nada
por respuesta fue su primera sorpresa
El que los poros soñaran
bañarse cotidianamente pasó desapercibido
Los abrazos idos a los
días ya eran distintos
La frialdad convirtió en
témpano lo inapreciable
cubriendo
una escarcha que mentalmente oxidaba
Repeticiones zozobras
angustia acumulada
y no saber qué hacer esta
noche
ni
las tardes
o
las mañanas
ningún
día
jamás los minutos
cuando los meses fueron
poseyendo desequilibradamente
apenas un segundo una mal
mirada puede destruir un ser
descomponer el cadáver de una convivencia
Estáticamente muda
—como vieja
fotografía del primer apartamento
con su copa de coñac
junto a la cama
desnuda
con sus
ojos reclamando piel—
inauguró los reproches
con una furia inusitada
—como al principio le
encantaba hacer el amor—
golpeándose los ridículos
cabellos por una culpa inexistente
La algarabía era
extrañamente lejana
procedía de lo más
egoísta de los seres
Sólo unas paredes
disconformes mostraban bondad
De noche todo deseo de
venganza es poco
Las sombras ya languidecen
y se marchan afanosamente
El contrato prosigue en
unos papeles desafiantes e incoloros
Estas son las verdaderas
actas judiciales
SUEÑOS DE RÁBULA
Abril es
el mes más cruel.
T. S. Eliot
una especie de iceberg
humano
perfecta como un diamante
petrificado
no sabe de botellas vacías
de sábanas húmedas y olorosas
de la bofetada que sin
recibirla te marca el rostro para siempre
tenuemente felina
miente te acorrala se
salta las leyes
y en vez de hacer el amor
le fascina ganar casos y más casos
jamás se acuerda del
desdichado
cree a su cliente como
cuando niña creía en el espíritu santo
le
produce un inmenso placer el daño que hace que sabe que hace
no admite barreras brinca
desnuda los obstáculos
una trapecista consumada
duerme constantemente con
el Código entre las piernas
no consulta jamás el
diccionario
pues sabe que las faltas de
ortografía no impresionarán al juez
como es costumbre llegará
cansada al hogar
su amigo de turno se
contentará leyendo las Memorias de Adriano
ingerirá un somnífero para
calmar su mala conciencia
no soñará con los casos
profesionales pendientes
sino con los personales que
le atormentan
así aparece regularmente un
ogro que la devora
o la escena de violación en
una calle cualquiera
otras veces es asaltada y
despojada de su cartera repleta de calumnias
no obstante se trastorna
cuando despierta sudada
—en medio de grandes
convulsiones—
soñando con los maridos de
sus clientes
que sucesivamente le hacen
el amor
en su propio despacho
encima de su gran mesa
ante la
atónita mirada de un perro guardián
pero nada más alejado de la
realidad:
era el marido que
incontenible la poseía dormida
(Los muertos están cada
día más indóciles, 1987)
REPENSANDO
EN CUBANO UN POEMA DE NICANOR PARRA
Para
Louis Bourne
Todas las mujeres en
un definitivo poema:
las calladas, las
patidifusas o acomplejadas,
las tímidas —nerviosas del
colchón—,
las inconclusas,
también las secretarias.
Todas las féminas en
desfile amoroso:
la bizca y la atormentada,
la miope o la cuerda.
Todas las damas lascivas
como miel de vida,
sensibles:
la señora o la ramera,
la matrona y la madama
(con perdón de Madonna).
La fiel esposa que después
deviene en loba,
la media naranja y la cara
mitad,
el ángel del hogar o la
dulce enemiga.
La mujer pública, mundana,
perdida.
La costilla de Adán
y las hembras.
Esas son algunas de las
inquietas musas.
Faltan las que nunca deben
olvidarse:
las amantes,
las imposibles,
las soñolientas,
hasta las perfectas
que en un interminable
orgasmo consumen todo su ser.
¡Esas son las magníficas!
Finalmente quedan las
irreparables,
las que cuestan lágrimas.
¡Esas son las perdibles!
(Un sueño muy ebrio
sobre la arena, 2003)
UN SUEÑO MUY EBRIO SOBRE LA
ARENA
Una copa
con alas: quién la ha visto.
José Martí
Dicen que el néctar de los
dioses está vedado a los hombres,
más ellos confunden el
almíbar con los jugos del destino.
Diría mejor:
copular con todo vaso
repleto de lucidez
que esperar la ansiedad de
un tiempo no realizado.
Llegaría incluso a maldecir
mi época
antes que dejar una copa
inconclusa.
Las grandes jarras hermanan
brazos.
La intolerancia se disipa
con un buen jerez,
cuyo aroma deslumbra a León
de la Hoz
o un oloroso hace las
delicias de Efraín Rodríguez Santana
asemejando a La Habana con
Madrid un buen día de chateo.
Un trago de aguardiente
desatasca toda garganta enmohecida
y permite entonar a
Bladimir Zamora su más preciado son.
Gastón Baquero enseña a
Armando Álvarez Bravo
la visibilidad de un
escocés con zumo de manzana.
Un buen whisky de malta
atesora un misterio
despejado por la palabra de
Salvador Garmendia.
Y si es Jack Daniel'l
Louis Bourne nos deleita con canciones
de Shakespeare o Marlowe en
las viejas tabernas madrileñas.
¿Qué decir de un helado e
inesperado vodka
que despierta la fantasía
de Heberto Padilla y Nelson Simón,
danzando ambos hasta el
amanecer del trópico,
en una interminable
comparsa pinareña?
¿O de las eternas rubias,
negras o tostadas cervezas
—propiedad en exclusiva del
ubicuo José Mario—
que enfrían suavemente todo
hilillo de vida?
A grandes sorbos empina su
preferida Hatuey Mario Guillot
disertando sobre leones o
alacranes, tigres o elefantes,
de los industriales o
azucareros: cerveceros todos.
Una bella isla llamada
Muriel
se regodea con el primer
guarapo del mediodía,
escuchando una tenue danza
cubana del XIX.
Hasta un suspiro del alma
atormentada, como volcán aflora,
cuando los títeres de Teuco
Castilla aparecen reales como la vida misma,
reclamando con cierta
urgencia:”Un anís dulce con hielo por favor”.
Si el catire D'Jesús
retrata el aura de la bohemia,
las botellas hablan de
melancolía
y los cuerpos se vuelven
transparentes.
Un rioja vuelve aún más
roja toda piel
y “tinto en sangre”
cantamos Los pájaros fornican en la Catedral,
repitiendo “la carne no
tiene ruido” con Carlos Contramaestre,
agasajados por la sabia
amistad literaria
que nos brindan Don Alfonso
Ortega y Alfredo Pérez Alencart
en cada estancia salmantina.
La sabiduría adquiere
tintes majestuosos
cuando Joaquín Ordoqui
escancia un Ribera del Duero.
Los claretes de Valdepeñas
suenan al clarinete D'Rivera
a cuyo compás Pío E.
Serrano busca un rinoceronte perdido
en la aurora de un tierno
despertar.
Un blanco catalán,
preferentemente del Penedés,
hace ensayar a Adriano
González León una clásica habanera,
que recuerda un criollísimo
joropo venezolano
cantado por Carlos Pérez
Ariza.
En una jota celestial se
convierte la sidra asturiana
con fabes y almejas, o pote
incluido,
mientras Waldo Balart
construye sus cuadros.
La manzanilla de Cádiz
hiela los más sutiles pensamientos
donde Rafael Soto Vergés y
Antonio Hernández
juegan en la arena como
niños asombrados
por la tranquilidad del
Mediterráneo.
El mismo mar que contempla
añorante Fabio Murrieta
desde otro Malecón, ahora
gaditano.
El mejor vino mendocino es
servido sutilmente
acompañando empanadillas y
un gran asado
—el vacío tira la entraña—
en la azorada azotea de
Marisa Monguillot.
Margarita López Bonilla
diluye la social curda
con un toque de jengibre
sobre el dulce de leche.
Las dos Alicias en el añejo
Torrelodones
confirman una gran verdad:
¡Ah, las argentinas: Qué
carne más consecuente!
Los jóvenes artistas con
David Gall como anfitrión de hierro
acercan su calimocho en el
Bar Vicente
y crean su economía
alternativa:
madera Jorge,
encuadernación Rosa,
cerámica el Kasker,
serigrafía el Migue.
El interminable viaje de la
gran cogorza
es filmado por Quique
Álvarez en un destartalado tren matancero
con Alfredo Zaldívar como
vigía,
Laura y Gisela como etéreas
azafatas
y Carilda, siempre Carilda,
en nuestros corazones.
Camilo Venegas se empapa de
tequila y arroz blanco con maíz
y nos recuerda la etapa
mexicana del Benny
o la actual de Alejandro
González Acosta tras los pasos de Malcolm Lowry.
Es cuando Raúl Thomas nos
embriaga con mezcal Gusano Rojo
y todos “culitos a la
pared”,
entonando Las Mañanitas.
Nidia Fajardo se vuelve
invisible con un trago de Havana 7
bañandose en las playas de
otra isla.
Isleña ella, ya para
siempre.
Manolo Díaz Martínez fija
su vista en el Atlántico
paladeando un rotundo café
negro
y nos diserta sobre una
Habana ida,
mientras que Gaetano y Rada
apuran un cuba libre.
Hasta el carajillo de la
sobremesa despejará toda duda,
cuando César López prende
su primer Cohiba
y Carlos Julio Báez nos
brinda un soberbio Barcerló,
tendiendo puentes
libertarios en las Antillas.
El daiquirí en Floridita
para comprender la importancia de llamarse Ernesto,
como el siempre iterable
mojito en la Bodeguita del Medio,
donde Pepe Prats y Antonio
Pérez, como inefables comensales,
recuerdan al viejo Nicolás
con sones montunos, yuca y congrí.
Y después de muchas
penúltimas —siempre la penúltima—
al otro día, con un buen
Bloody Mary o un Cubanito
—según las preferencias
estrictamente etílicas—
un viejo danzón cantado por
Barbarito
hará bailar a todas las
hetairas del cielo.
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