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MARIANA COLOMER
Nació en Barcelona,
España (1962). Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad
de su ciudad natal. Ha coordinado el "Espacio de Poesía y
Pensamiento" de los Amigos de la UNESCO del Prat de Llobregat en
Barcelona.
Ha codirigido la exposición y el libro “Tan
mortales, tan divinas. Treinta y dos mujeres creadoras. Diálogo
entre poesía y artes plásticas y audiovisuales”
(2005).
Ha publicado: Crónicas de altanería
en Seuba Ediciones (Barcelona, 1999);
La gracia y el deseo en
March Editor (Barcelona, 2003), volumen que también incluye una
segunda edición, revisada, de Crónicas de altanería; y La Gracia e el desiderio, traducción al italiano y edición, del
poeta, Emilio Coco, Quaderni Della Valle, S. Marco in Lamis,
2004. José Mª
Balcells la incluye en Ilimitada
Voz (Antología de poetas
españolas, 1940-2002), Universidad de Cádiz, 2003. Participa en
la III Antología Poética del Aula de Poesía de la Universidad de
Murcia, 2000-2002; en la antología
Cari poeti…
afectuosamente, traducción de Emilio Coco, Edizione La Nuove Muse, Media de Carolas San Marco in Lamis
(Italia, 2002); en la antología en
homenaje al poeta José Hierro: Trazado con Hierro, Ediciones Vitruvio, Madrid, 2003; en
Místicos y Heterodoxos, de Jaime
D. Parra, March Editor
(Barcelona, 2003); en
La poesía otra de
Barcelona, edición de Carlota Caulfield y Jaime D. Parra, en
versión bilingüe castellano e inglés, InteliBooks, California,
EE.UU. (2003); y en
Agora Poética, antología de poesía de mujer,
que edita el Centre de Cultura de Dones, Francesca Bonnemaison,
en
Barcelona (2004).
DE LAS RAZONES DEL HALCÓN
I
Tus ojos no
se cansan de contemplar mi ascenso,
y es que tu
voluntad no tiene límites,
ni tampoco
mis alas,
Me alejo de
tu mano fragante de ternura,
y el silencio
se vuelve anémona en tu gesto.
No sabes con
certeza si escogeré tu voz
o el sabor de
la altura, y aun así
me dejas
libre y te amo.
Prefieres que
me pierda en la belleza
a sentirme
sumisa.
II
Y lastimé mis
alas
en
deslumbrado vuelo a la hermosura.
Y herida me
recibes
en la buena
acogida de tus ojos.
No faltan en
tus manos
agua rosada,
hierba golondrina,
vino cocido
con mirra e incienso.
Para mis
llagas, ungüento de lirio,
pez luciente,
almáciga.
Pero cuesta
partir.
III
Siempre seré
tu comensal
en el
banquete
en donde
compartimos la belleza.
Yo la busco,
la pongo ante tus ojos,
y el infinito.
IV
A Ausiàs March, halconero mayor
De Alfonso el Magnánimo
Escogiste el
silencio de este yermo
donde el
cierzo templó mis plumas
y tu ánimo,
para
iniciarte en un saber
que no
precisa de palabras.
De soledosa
luz te llenas,
y hallas tu
voz tan desvalida.
Mis alas
alcanzan su júbilo
y tus pupilas
ofrecen el lance
a la mirada
más hermosa.
Pero tan sólo
en tu palabra
perdurará mi
vuelo.
V
Soltaste el
fiador que me unía a tu mano,
y por las
sendas del aire voy ciega.
Si en tu
presencia anhelaba la altura,
ahora sólo
espero
que el viento
me traiga tu voz.
A ISABEL DE ESTE GONZAGA
En el aire de
la mañana el perfume que tú misma destilas, Isabel,
cuando por
las calles de Mantua paseas.
Sobre guante
escarlata, blanquísimo gerifalte, traído para ti desde
cielos de
Groenlandia, regalo de Lucrecia Borgia, tu cuñada y rival
en hermosura.
Y al evocarte,
belleza, amor y voluptuosidad se enlazan. La gracia
de cada
pliegue de tu vestido, la armonía de tus pasos, la elegancia
con la que
luces tal joya palpitante en tu puño. Y hasta parece que
buscas en el
espejo de lo cambiante el vislumbre de la belleza que
perdura.
(Del libro “Crónicas de altanería”)
COMO SI DE MANZANAS SE TRATASE
Como si de
manzanas se tratase,
así arrojas
palabras
para que me
detenga a recogerlas,
y ya no sé si
quedo prendida de tus labios
o de tu mano,
pues tanto me turban
que me
desdigo, y es en el apremio
de tu
silencio donde ya sin remedio cedo.
LLEGASTE COMO UN ÁNGEL
Llegaste como
un ángel.
Busqué en ti
una señal
que hablase
del deseo,
sin saber que
no siempre
la verdad es
el fulgor.
El amor era
en ti
fragancia muy
oculta,
umbral de lo
indecible.
Llegaste.
Marcharás
con el mismo
silencio.
LA REINA BALKIS SE
DESPIDE EN
JERUSALÉN DEL REY
SALOMÓN
A Enrique Badosa
Las voces que
a tu nombre me acercaron
han avivado
en mí
el deseo de
tu palabra,
pues la
Sabiduría siempre busca
a quienes la
convocan.
Todo enigma
encontró en ti su respuesta,
pero no el
del amor, al que me instas
a abandonarme
y probar su deleite
de aflicción
y consuelo.
Y no sirven
las advertencias, dices.
A él hay que
entregarse
sin querer
alcanzarlo,
a solas con
el gozo
de arrebatar
su fragancia a lo eterno.
VIDA NONATA
No sabría
decir quién inició
tan amorosa
búsqueda,
si el alma o
tu cuerpo incipiente.
Mi ser tan
sólo supo del encuentro
cuando las
alas se incendiaron
ante el
umbral de tu carne,
que,
traspasada, el alma la cobija.
De pronto,
todo el azul se hace en mí.
Y se posan
las manos sobre el vientre
excedido en
dulzura
que sólo
ansía soledad
para pensarse.
SANACIÓN DEL PADRE
Aún te
acompañaban el soplo y el latido,
dones tan
ciertos como el de su búsqueda,
porque fue El
quien deseó primero.
Cuando te
contemplé como a un durmiente
-los ojos
nunca admiten
el presagio
de sombra en amadas pupilas-,
supe que tu
alma ansiaba
una región
más bella.
¿Quién de los
dos merecía este llanto?
Mis lágrimas
aquí en lo tenebroso
no empañaban
la prisa de tus alas.
Padre, yo no
quería que te fueras
sin haber
encontrado. Y en su Nombre,
óleo en
frente y manos, Nube que te antecede,
templanza que
te cerca hasta sanar el cuerpo
para elevar
el alma.
Celebro tu
presencia,
y me embarga
el temor de que se agote
la arena de
tus días.
SIN CONSUELO
Busqué el
anochecer para el encuentro,
cuando es más
cierta y oscura la entrega,
pero no hubo
temor, como otras veces,
pues toda me
ocupabas,
y hasta la
sangre supo
que el don
excedería a toda pérdida.
Aquí, en lo
escondido,
me desprendí
primero de lo dulce,
me reservé lo
amargo.
Y qué
olvidada de mí en la renuncia,
y qué
ensalzado eras en mi carne.
Tú me
ofreciste amparo de gozo y lágrimas
conforme a mi
aflicción. Ahora dejas
que sea yo
quien aparte el consuelo.
Sosténme en
Tu tiniebla.
(Del libro “La gracia y el deseo”)
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