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Alfaguara (2007)
Buenos Aires, Argentina
ISBN: 978-987-04-0630-3
(368 pp.)

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En
septiembre de 1996, el escritor español Arturo
Pérez-Reverte publicó, El capitán Alatriste,
una novela de aventuras que tenía como telón de fondo
la España de Felipe IV. Para sorpresa de muchos, fue
un éxito instantáneo. Uno de esos fenómenos de venta
que llegan a cambiar hasta las tendencias genéricas de
los mercados. La editorial Alfaguara y Pérez-Reverte
no perdieron tiempo. A esa primera novela le siguieron
otras: Limpieza de Sangre, El sol de
Breda, El oro del Rey, y El caballero
del jubón amarillo. Ahora nos llega, Corsarios
de levante (Alfaguara, 2006), la sexta entrega de
una saga que parece no tener fin.
En
esta ocasión, el capitán Diego Alatriste se encuentra
embarcado –literal y metafóricamente– a bordo de la
galera La mulata, escoltando un convoy mercante
que navega de Cartagena a Orán. El joven mochilero
Iñigo Balboa es –como en las anteriores- la voz
narrativa de la historia. Así, después de relatar la
primera batalla naval de la novela, en la que hunden
una galeota corsaria, Iñigo nos remite a los finales
de El caballero del jubón amarillo y nos pone
en antecedentes: “tras tener la cabeza a dos dedos del
verdugo por disputarle una amante al cuarto Felipe”,
el capitán Alatriste decide alejarse de Madrid, no
sólo por poner una saludable distancia de por medio,
sino también por asegurar el futuro de Iñigo, su
protegido, a quien Francisco de Quevedo trata de
procurarle una carrera en la corte. Pero antes de que
el joven pudiera ser miembro del cuerpo de correos
reales, se imponía un período de vida militar en
regla. Por eso, “en el verano del año veintiséis
embarcamos por Barcelona, y tras hacer escala en
Génova seguimos hacia el sur, hasta la antigua
Parténope, donde Diego Alatriste e Iñigo Balboa
Aguirre sentamos plaza de soldados en el tercio de
Nápoles”. Lo que sigue es una historia que, a pesar de
no tener los elementos de intriga palaciega de las
anteriores, agarra al lector en la primera página y no
lo suelta hasta la última.
Pérez-Reverte ha encontrado la forma de reinventar un
género que ya no le interesaba a nadie. El método es
sencillo: tramas que se desarrollan en un marco de
histórica trascendencia (las guerras que España libró
contra berberiscos y turcos en el Mediterráneo; el
deterioro de las plazas españolas en África y la
miseria de los soldados que, abandonados a sus suerte
por la Corona, las defendían); escenas de acción
narradas con ritmo trepidante (sangrientos saqueos en
los alrededores de Orán y batallas navales que, desde
el primer cañonazo hasta el último degollado, dejan
una estela de mástiles rotos y gargantas abiertas);
una prosa elaborada que le brinda al lector una
adecuada sensación de época (arcabuces, mosquetes,
partesanas y coseletes) y personajes de gran
complejidad sicológica (entre abordajes y matanzas,
Alatriste es capaz de reflexionar sobre la ingratitud
de España hacia sus veteranos mientras le abre la
cabeza de un pistoletazo a uno de sus propios soldados
por violar a una mora). Es decir, la novela tiene
incorporados todos los elementos de la buena ficción.
Y como si fuera poco, para ayudar a los lectores de
poca imaginación a visualizar las escenas, tiene
intercalados los magníficos dibujos a plumilla de Joan
Mundet. No hay uno solo de ellos que no recree
fielmente las descripciones de los capítulos que
anteceden. Es como si estuviéramos viendo fotogramas
de una película de la época. El Diego Alatriste que yo
tengo en mi mente mientras leo, es el que dibujó
Mundet en la primera entrega de la serie.
Corsarios
de levante es otra estupenda novela de
Pérez-Reverte. No hay otra manera de decirlo. Cada vez
son mejores. Hasta ahora son seis, pero hay otras en
camino. Al menos, eso es lo que da a entender
Pérez-Reverte cuando introduce una carta que Angélica
de Alquézar le envía a Iñigo proponiéndole grandes
cosas si aún la ama. O cuando don Francisco de Quevedo
le hace saber a Diego que el italiano Gualterio
Malatesta –su eterno enemigo- no ha sido ejecutado
como todos creían.
Las aventuras de Diego Alatriste continuarán. Viento
en popa y a toda vela. Como las galeras en las que
combatió frente a los corsarios de Levante.
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Manuel C. Díaz
nació en La Habana (1942). Narrador y crítico literario. Ha
publicado los libros: El año del ras de mar
(Novela corta, 1993), Un paraíso bajo las estrellas (Libro de cuentos
cortos, 1996) y Subasta de sueños (Novela, 2001). Sus trabajos han
aparecido en diferentes revistas literarias. Es miembro fundador del PEN
CLUB de Miami. Reside en el sur de la Florida desde 1979, donde actualmente
escribe reseñas literarias y crónicas de viaje para El Nuevo Herald. |
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