Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 49/50

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

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CORSARIOS DE LEVANTE

 -Viento en popa y a toda vela-

de Arturo Pérez Reverte

 por

Manuel C. Díaz

   

Alfaguara (2007)

Buenos Aires, Argentina

ISBN: 978-987-04-0630-3

(368 pp.)

 

     En septiembre de 1996, el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó, El capitán Alatriste, una novela de aventuras que tenía como telón de fondo la España de Felipe IV. Para sorpresa de muchos, fue un éxito instantáneo. Uno de esos fenómenos de venta que llegan a cambiar hasta las tendencias genéricas de los mercados. La editorial Alfaguara y Pérez-Reverte no perdieron tiempo. A esa primera novela le siguieron otras: Limpieza de Sangre, El sol de Breda, El oro del Rey, y El caballero del jubón amarillo. Ahora nos llega, Corsarios de levante (Alfaguara, 2006), la sexta entrega de una saga que parece no tener fin.

     En esta ocasión, el capitán Diego Alatriste se encuentra embarcado –literal y metafóricamente– a bordo de la galera La mulata, escoltando un convoy mercante que navega de Cartagena a Orán. El joven mochilero Iñigo Balboa es –como en las anteriores- la voz narrativa de la historia. Así, después de relatar la primera batalla naval de la novela, en la que hunden una galeota corsaria, Iñigo nos remite a los finales de El caballero del jubón amarillo y nos pone en antecedentes: “tras tener la cabeza a dos dedos del verdugo por disputarle una amante al cuarto Felipe”, el capitán Alatriste decide alejarse de Madrid, no sólo por poner una saludable distancia de por medio, sino también por asegurar el futuro de Iñigo, su protegido, a quien Francisco de Quevedo trata de procurarle una carrera en la corte. Pero antes de que el joven pudiera ser miembro del cuerpo de correos reales, se imponía un período de vida militar en regla. Por eso, “en el verano del año veintiséis embarcamos por Barcelona, y tras hacer escala en Génova seguimos hacia el sur, hasta la antigua Parténope, donde Diego Alatriste e Iñigo Balboa Aguirre sentamos plaza de soldados en el tercio de Nápoles”. Lo que sigue es una historia que, a pesar de no tener los elementos de intriga palaciega de las anteriores, agarra al lector en la primera página y no lo suelta hasta la última.

     Pérez-Reverte ha encontrado la forma de reinventar un género que ya no le interesaba a nadie. El método es sencillo: tramas que se desarrollan en un marco de histórica trascendencia (las guerras que España libró contra berberiscos y turcos en el Mediterráneo; el deterioro de las plazas españolas en África y la miseria de los soldados que, abandonados a sus suerte por la Corona, las defendían); escenas de acción narradas con ritmo trepidante (sangrientos saqueos en los alrededores de Orán y batallas navales que, desde el primer cañonazo hasta el último degollado, dejan una estela de mástiles rotos y gargantas abiertas); una prosa elaborada que le brinda al lector una adecuada sensación de época (arcabuces, mosquetes, partesanas y coseletes) y personajes de gran complejidad sicológica (entre abordajes y matanzas, Alatriste es capaz de reflexionar sobre la ingratitud de España hacia sus veteranos mientras le abre la cabeza de un pistoletazo a uno de sus propios soldados por violar a una mora). Es decir, la novela tiene incorporados todos los elementos de la buena ficción. Y como si fuera poco, para ayudar a los lectores de poca imaginación a visualizar las escenas, tiene intercalados los magníficos dibujos a plumilla de Joan Mundet. No hay uno solo de ellos que no recree fielmente las descripciones de los capítulos que anteceden. Es como si estuviéramos viendo fotogramas de una película de la época. El Diego Alatriste que yo tengo en mi mente mientras leo, es el que dibujó Mundet en la primera entrega de la serie.   

     Corsarios de levante es otra estupenda novela de Pérez-Reverte. No hay otra manera de decirlo. Cada vez son mejores. Hasta ahora son seis, pero hay otras en camino. Al menos, eso es lo que da a entender Pérez-Reverte cuando introduce una carta que Angélica de Alquézar le envía a Iñigo proponiéndole grandes cosas si aún la ama. O cuando don Francisco de Quevedo le hace saber a Diego que el italiano Gualterio Malatesta –su eterno enemigo- no ha sido ejecutado como todos creían.

     Las aventuras de Diego Alatriste continuarán. Viento en popa y a toda vela. Como las galeras en las que combatió frente a los corsarios de Levante.

                                                      

Manuel C. Díaz nació en La Habana (1942). Narrador y crítico literario. Ha publicado los libros: El año del ras de mar (Novela corta, 1993), Un paraíso bajo las estrellas (Libro de cuentos cortos, 1996) y Subasta de sueños (Novela, 2001). Sus trabajos han aparecido en diferentes revistas literarias. Es miembro fundador del PEN CLUB de Miami. Reside en el sur de la Florida desde 1979, donde actualmente escribe reseñas literarias y crónicas de viaje para El Nuevo Herald.