Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 49/50

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


CUBA

 

HERIBERTO HERNÁNDEZ MEDINA


Nació en Matanzas, Cuba, (1964). Poeta y Crítico de arte. Graduado en Arquitectura en la Universidad Central de Santa Clara en 1987 , ciudad en la cual, en los inicios de esta década forma, junto a otros autores,  uno de los grupos literarios más importantes e influyentes en la cultura cubana de estos años. Ha publicado cuatro libros de poesía: POEMAS. Ediciones Matanzas, (1991), DISCURSO EN LA MONTAÑA DE LOS MUERTOS. Ediciones Unión, (1994), LA PATRIA DEL ESPEJO. Ediciones Unión, (1994) y LOS FRUTOS DEL VACÍO. Ediciones Matanzas, (1997). Ha recibido numerosos premios y menciones en los más importantes eventos del género: Mención 13 DE MARZO de la Universidad de La Habana, (1986), Menciones DAVID de la UNEAC, (1986), (1987) Y (1988), Premio DAVID de la UNEAC, (1989), Primera Mención JULIÁN DEL CASAL de la UNEAC, (1988), Mención EL OLIVO DE ORO de la Municipalidad de San Isidro, Lima, (1998), Mención EUGENIO FLORIT de la Asociación “ALAS” de la Pequeña Habana. Miami, 2002 y Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén (2006),  convocado por la Fundación Oasis, la editorial Nave de papel, la revista Tropo a la uña, la Fundación “Nicolás Guillén” y  la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Su obra ha sido considerada por la crítica entre las más representativas de la Generación de los Ochenta en Cuba. Actualmente tiene dos libros de poesía inéditos: Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno y Verdades como templos.


 

   

ARBOL, SUEÑO, ETERNIDAD.

 

I

 

Sombra si la memoria niega, nombra o protege

            y su temblor se torna temblor de húmedo insecto.

Luz que la mano niega sin nombrar el perfecto

            mar de aguas y de dudas que en su silencio teje.

 

Haz que sin ocultarlo, mi sombra se asemeje

            a la verdad que traza la mano. Su trayecto

            del vacío, surcando la sombra, hacia el proyecto

            de espacio en que la luz nuestro temor refleje.

 

Si la memoria asalta del recuerdo la duda,

            ennoblece el designio que agua y aire sustenta,

            y el tiempo que elogiara, y el miedo que lamenta.

 

Del elogio al lamento, no haz de nombrar la aguda

            palabra que el espacio innombrable negara,

            ni el mar, ni el viento breve que mi silencio ampara.

 

 

II

 

Bajo que humilde tierra parecida al vacío

            sueñas la sombra humilde de un sueño que no cesa.

Bajo que sombra etérea o en que amable corteza

            grabas el gesto noble que lento inicia el río.

 

Un temblor insondable de árbol, de baldío

            espacio junto al pecho, a su temblor regresa.

Rememora la savia que de su sombra presa

            inicia su aventura de sangre y aire frío.

 

Dialogo, si en las frondas de su mutismo estuve,

            en su dialogo eterno, el temblor de la savia

            asciende hacia la nube que su silencio agravia.

 

No inicia el gesto unánime que violenta la nube,

            árbol que aguarda insomne su lenta eternidad

            de imaginado bosque que sueña la verdad.


 

NUNCA MI SOMBRA.

 

Estoy trazando un circulo, un circulo de agua;

            florecerá en la estrella, en el ilustre tiempo

            florecerá y su sombra

            tendrá el amargo aliento de la bestia que gime.

 

Estoy trazando un circulo, una flor en el túmulo

            que el tiempo alaba y teme.

 

Borra el perfecto margen que sus armas elude,

            borra sus armas, borra

            el filo que en la nieve ampara y reconforta.

 

Ah, si aun oculto siento vibrar los hilos leves

            en que el agua rugiese su tierna intolerancia,

            escribiré en el blanco rostro que no te nombra

            mi temor, nieve ultima, sobre la cierta nieve.

 

Escucharas el canto, canto si canto fuere

            agredir el silencio

            con la palabra blanca que sostiene el vacío;

            escucharas y el polvo

            será una puerta frágil.

 

Estoy trazando un circulo,

            si cantas para mí será más breve

            la línea otrora azul que cruza el agua;

            será más breve el agua y podrás verla

            como se mira el agua cantando en el silencio.

 

Sentada al borde mismo, la línea te recorre

            equidistante, turbia

            como el agua que funda la mas profunda ausencia.

Interroga la oscura noche de los equívocos,

            nunca mi sombra, nunca

            mi voz de cielo y páramo.


 

A QUIEN CULPAR.

 

Hay un sitio en las aguas en que el hombre

            pone a pruebas sus fuerzas,

            un sitio oscuro y húmedo en que la soledad nombra la duda.

 

Hay un sitio, un oscuro y húmedo sitio,

            en que se superponen los arcos de la muerte;

            el agua traza, alejada de todo esfuerzo humano,

            líneas que han de cruzarse en un espacio incierto.

 

Hay un sitio, un tiempo real e inabarcable

            en que comienza a olvidarse todo tiempo pasado,

            toda verdad lamiendo los muros del recuerdo.

 

Palabras para una historia enferma y eternamente dividida,

            sin árboles, sin espejos, sin brumas insondables.

 

A quien culpar cuando la noche canta.

 

 

CABE EL IMPULSO.

 

Cabe el impulso, mirar pudiera el ojo simple, bastaría

            si no fuera tan amargo ser ojo opaco, turbio,

            encerrado en su profundidad de cálido retiro.

Y no fuese por asco, no ansiedad,

            cable el impulso, siempre cabe

            aunque no siempre

            tiene el impulso el filo de un dardo en la penumbra.

 

Mirar pudiera,

            con una no tan amarga pose de observador ecuánime

            y tener la justa respuesta

            que como un grueso cristal, antecede sólido

            un frágil cristal de inusitada transparencia.

Y no fuese por asco, no ansiedad,

            simple no decir o no a quien decir

            que de igual modo entendiera y bastaría.

Puede que de algún modo no fuese el impulso una lección de dignidad,

            cargo de conciencia o falsa estrategia o equivocada estrategia

            o simplemente no es político ahora.


 

HACER TIEMPO.

 

Es la calle, donde, cansado lector de libros grises,

            buscaba la acera de la sombra,

            la ansiada acera en que la sombra calma la sed y observa

            en cierto modo distante

            los soleados portones de la duda.

 

Buscaba la sombra calma

            sin nombrar nada cierto, sin nombrar nada

            y el nombre es hoy la calle

            empujándonos hacia la puerta heráldica,

            lamento, arco perdido en los inicios o el fin,

            en la tonsura o el sueño de un Don desconocido,

            hacia la plaza donde la Libertad recuerda,

            los pies en la tierra, los pechos desnudos,

              el naufragio olvidado a tiempo

            de ciertos y eternos símbolos.

 

No era esta o aquella la acera de la sombra ayer

            ni la sombra

            una u otra puerta que de abrirse

            mostrara

            desconocidos monstruos, pálidas beldades del diecinueve.

Era, puedo decirlo, voz limpia en el silencio

            de oscuro salón,

            de oscura ciudad que aun sueña su pasado,

            puedo decírtelo en voz baja, saludable,

            mejor vista,

            una simple acera de una calle

            oscura como un país donde ya nadie escucha.

 

Nunca mas corto el paseo

            agotado en los ávidos álamos

            que de cubrirlo todo

            no han sido aun descubiertos,

            fundados por bondad alguna.

Aquí terminara,

            paseo, especulativo discurso,

            y ya no seria una puerta la razón, una muchacha puede

            o una mentira de mármol

            como duele a veces escuchar.

O abrirse pudiera la ventana, o caer

            y el espejo

            o el lienzo mejor, que de soñarlo

            fue un sueño, estuvo horas enteras posando para él.

En el espejo todo fue distinto,

            cómplice de un instante,

            y yo no he de entrar para hacer juego

            que hacer tiempo no es hacer historia.

 

 

PRAEMEDITATIO MALORUM.

 

Solo, como un monstruo que siente que ha destruido el cielo

            ha puesto en orden todas las palabras,

            ordenado tanto objeto que apenas reconoce,

            ha descubierto un sitio

            para escribir sin dudas la palabra silencio.

 

Tardes soleadas, paseo entre los árboles

            para sentir que solo se ha olvidado lo que un día fue cierto.

 

Ordena objetos grises,

            mira al cielo y blasfema

            sintiendo que ha olvidado las palabras más áridas.

 

Bebo en el aire

            esta humedad probable del agua que no he visto,

            siento que voy pisando

            las pisadas distantes con que borra mis pasos,

            con que pisa insegura.

            ese seguro paso que sostiene mis dudas.

Fuera el uno del otro

            me he escondido en su sombra,

            en mi voz he abrigado su odio, su desprecio.

Me juzga, me destruye cada palabra suya

            y en cada gesto siento que niego que la juzgo.

Callo su nombre, callo

            el nombre que me niego solo por no nombrarle,

            callo toda palabra que en algo me recuerde

            y construyo un olvido que algún día nos borre.

Vivo una muerte otra que dibujo en su pecho

            con la daga punzante que aun en sus manos tiembla.

Siento, mas el que yo

            porque aun puede olvidarlo,

            que amo el pan noble, el barro primario al que volvemos

            y en el que el fuego nada

            puede ya alimentar.

 

Piedra que calla, escribe

            o simplemente existe,

            somos el fuego, el agua,

            no uno u otra,

            es cierto que en uno u otra hablamos,

            que no existimos solo porque hagamos silencio.

 

Le concebí tan solo para poder negarle

            esas palabras turbias

            a las que amo temiendo que un día he de borrar;

            o he sido concebido

            sin dolor, como un árbol,

            para que haya una sombra noble como el olvido.

 

Piedra que calla, escribe

            y a su vez es escrita,

            existe como un templo, como un lamento antiguo.

Piedra de sacrificio, somos dos condenados

            piedra y hombre sin serlo,

            sin matar,

            sin ser muertos, fuera uno del otro

            y al otro destinados.