Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 49/50

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


MÉXICO

 

ROSY PALÁU


Nació en Culiacán, Estado de Sinaloa, México (1956). Poeta y narradora. Ha publicado los libros de poesía: Quizás el Tiempo, editado por el grupo "La Cabaña" en 1990, Territorio Indeciso, editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa en 1990, La Clara Sombra del Silencio, editado por la Universidad de Guadalajara en 1996, Sonata para una Luz, editado por la Difusora Cultural del Estado de Sinaloa en 1997 y Estamos solos desde ayer, DIFOCUR-Ediciones sin nombre (2007). Y de cuentos: La casa del arrayán, El colegio de Sinaloa (2005). Ha participado en diferentes antologías como: Cuentos de viaje, Editorial Silva, Tarragona, España (2003), Concurso de cuento Carmen Báez, Michoacán, México (2006), Jirones de azul, Sevilla, España (2006), Voces hispano-hablantes en el mundo, Editorial Trazo literario, Buenos Aires-Argentina (2007), Relatos de viajes Yoknapatawpha en Valladolid, España (2007). También es coautora del libro El Café de los verbos, editado por el grupo "La Cabaña" en 1985. Ha sido miembro del Consejo de Redacción del suplemento cultural del periódico "El Sonorense" de Hermosillo, Sonora (1986-1987) y en la actualidad es miembro del Consejo de Redacción del suplemento cultural del periódico "El Sol de Sinaloa", de Culiacán, Sinaloa. Ha participado en diversas revistas y hojas literarias de su país y en el extranjero, tales como Baquiana, Encuentro, Factor, Hojas, Plural y Tinta fresca. Ha ganado los premios nacionales de poesía: “XV Juegos florales de San Juan del Río” en San Juan del Río, Querétaro (1985), “Efraín Huerta” en Tampico, Tamaulipas (1987), “Anita Pompa de Trujillo” en Hermosillo, Sonora (1993). Ha ganado los premios internacionales: Segundo lugar en el premio “Latinoamericano de poesía Almafuerte” en la Provincia de Buenos Aires, Argentina (2005), Segundo lugar en el premio “Internacional de cuento audio libros” en Buenos Aires, Argentina (2005), Tercer lugar en el premio  “Internacional de poesía de Villa del Mar” en Chile (2007), Tercer lugar en el premio Hispanoamericano de poesía Gustave Flaubert” en Buenos Aires, Argentina (2007)  y Tercer lugar  en el premio de “Relatos de viaje Yoknapatawpha” en Valladolid, España.


 

 

ESTAMOS SOLOS DESDE AYER

 

Estamos solos desde ayer

y han crecido los árboles,

huele a limones el patio.

Son las 9 de la noche

de todos los días,

nada nos falta

y estamos solos desde ayer.

 

A veces nos quedamos tristes

junto a las cosas

y hablamos de los muertos,

en sus cuartos pequeños,

sin ventanas,

esperando a todas horas

que un recuerdo los alumbre;

después andamos por la casa

como siempre,

mientras los grillos cantan,

la luna se levanta,

que sí, que no

y son las 9 de la noche

de todos los días

y nada nos falta.

 

Hoy amaneció lloviendo,

el sol se metió por la tarde

en un charco de agua,

el aire se llenó de niños,

de voces que pasaron sin nadie;

hasta que la oscuridad nos fue tapando,

hasta que nadie vino

a cerrarnos las puertas del miedo

con la luz de una lámpara,

porque ya no juegan los fantasmas

a ponerse los zapatos,

el  vestido dejado en la silla,

porque sólo queda este silencio

que no se apaga

y cierro los ojos

y no se apaga.

 

Cada quien se interna en su sueño

buscando tal vez

lo que otros dejaron escrito

en una sombra,

cada quien remueve los escombros

de lo que alguna vez ha dicho

y encuentra pueblos distantes,

seres que cruzan la penumbra.

 

Pero más allá de las sombras

aún perdura la forma de las cosas

y amanece

y todos estamos juntos

en medio de las horas,

todos,

llenando con la prisa

los espacios vacíos.

 

Lo demás es el aire,

son las nubes

en el cielo alegre

de la ventana,

es acariciar las palabras

ahí, pegadas a su deseo;

porque uno se acostumbra

al silencio que lleva,

a guardar en secreto

esas noches que no alcanzan

para tanta luna

y todo se azulece

y nos entran las ganas inmensas

de decir algo;

porque estamos solos desde ayer,

desde que abrimos los ojos por dentro

y llamamos y no vino nadie

y pudimos saberlo.

 

 

LA MEMORIA

 

A través de los sueños,

cuando el silencio ilumina

su niñez de los hechos

y nace un árbol que prolonga

la especie de lo triste

y no hay luz

y no hay sombra,

sólo la pureza de los días

que conservan la frescura

del instinto,

por esa inmensidad abreviada

en un segundo de la noche,

pasas.

 

Eres la palabra

en cuyas aguas el cielo se descubre

una nube ardiendo en el pecho,

un rumor de atardecer,

en ti toca fondo el olvido

y se aparece

con la sencillez que toman

los cuerpos en el alma.

 

Pero de pronto

el viento golpea la puerta precisa,

las cosas se alzan verdaderas

y hay que detenerse,

dejar caer la palabra

que se astilla en la sospecha

de un posible asombro,

mirar esa ciudad donde la luna

buscando su evidencia

en reflejos se deslava.

 

Dichosos los que aún

no han sido descubiertos,

los que ciegos de amor

se alumbran con el milagro

y andan por todas partes

adivinando el pasado,

los iniciados del deseo,

porque a ellos no los tocarán

las sombras.

 

Silencio de paso la memoria,

tiempo del tiempo

que para siempre irse, vuelve

y sediento de si mismo

se busca en la claridad que existió,

pero esa luz,

no tiene pruebas.

 

 

LA ESPERA

 

Las sombras se maquillan

en las esquinas

como en los camerinos

de un viejo teatro.

Atenta,

la mirada las espía

bajo el reflector

de su propia luz.

El tiempo avanza.

Actrices, minuciosas,

repasan el libreto

que les escribe la memoria,

disfrazadas de realidad

se alistan para saltar al escenario.

 

Afuera relumbran los astros,

monedas en el pozo de la ventana.

Los árboles se repiten serenos,

milenarias columnas

sosteniendo el techo del mundo.

Formas neblinosas

transitan las calles

desbaratando con sus pasos

la noche de los charcos

y lejos, muy lejos,

este silencio vela

en espera de un milagro.

 

 

LA SOMBRA

 

Pienso en huir.

Cierro los ojos.

El instante deja caer su telón de pájaros,

el silencio silva   

y la luz enciende la hoguera de flores

que alumbra el patio.

Amanece.

Voy por el camino de imágenes,

naufraga el cielo en las olas de los mangos.

La sombras son el aire

hablando con la claridad.

Tierra de murmullos

donde el tiempo se recoge a si mismo.

 

En una loma de piedras

vive el sol que te contempla, 

eres como el río cuando llueve

un viento de nubes te atraviesa.

A tu lado se pelea la luz con el minuto

y ruedan juntos por el polvo,

son la fruta que del árbol se desprende.

Reconozco el zumbido del insecto

que se acerca,

el olor que lo atrae  adormecido.

Soy nadie, un puñado de sílabas ardiendo

del otro lado de la noche,

lo que de pronto parece que adivinas.

 

Entre el allá y el aquí

 no hay espacio.

Sueño derramado,

mirada en la corriente de un espejo

donde nada es igual y es idéntico.

 

En tu cuerpo

el día viaja en transparencias,

quietud que desembarca

entre las hojas

de ese jardín

por donde salgo sin cerrar la puerta,

porque no, no me atrevo al olvido.

 

 

NADA SE OYE

 

He buscado en la borrosa

forma de los sueños

el último silencio de las cosas,

he leído ese renglón de la memoria

donde están escritos los muertos,

he caminado la ausencia,

pero en una orilla de mi

el tiempo avanza,

la luz devora un árbol,

una piedra silenciosa.

 

Antes que la noche caiga

el viento cruzará tres veces

el viejo salón de las hojas,

se alzará la lumbre de una flor,

antes,

se detendrán un segundo

en la brevedad azul los pájaros

y en los muros gastados

recobrará mi cuerpo en una sombra

su serenidad.

 

Nada se oye,

sólo tus pasos

cruzando la alcoba

de una palabra,

sólo ese ruido de las cosas

que regresan a los sueños,

a ese reverso del tiempo

donde viven los días remotos

de la tierra.

 

Quién va a encontrarnos

ahí donde no hay nadie,

donde no pasa nada más

que volver a soñarse,

que inventar las miradas

que nos miran

en un lugar, en otro,

bajo los restos de un tiempo

que se alza y vuelve a despeñarse.

 

Quizá mis palabras

también jueguen a perderse

en la penumbra de otros deseos,

quizá dejo de existir

en el olvido de alguien,

a esta hora en que el paisaje

es una ciudad detenida al borde

de su luna llena.

 

Pero mi amor,

pero el amor,

no es lo que vuelve a nombrarnos,

no es la huída para siempre

de los días,

es un sitio donde el ayer y el ahora

son un instante

en que la muerte

se muere a ratos.

 

Nada se oye,

sólo el canto de la noche

como un rumor de los que duermen

para llenar el vacío de sus cuartos

y estamos solos,

junto a los árboles despiertos,

solos entre la apenas luz y el aire,

buscando ángeles intactos,

pero,

nada se oye…

 

 

NOCTURNO

 

La noche florece

en el asombro de los astros

que la espían.

Por la calle un perro ladra

a la voz indiferente

del minuto.

El tiempo vuelve,

se derrama.

El pasado existe

en el hoy eterno.

 

Arrastra un árbol

el oleaje de las claridades.

Cierro los ojos

y es incendio desbocado,

cielo de hojas ardiendo

en la lumbre de los pájaros.

De un silencio a otro

las palabras hablan sus imágenes,

el sueño se congrega

para contarse a si mismo.

 

Hay un patio.

Quietud errante

las piedras beben apiladas

en los arroyos de yerba.

Los muros se encienden,

parpadean,

cegados por el relámpago

de las enredaderas.

Lejano sol que se deshace

dentro del día

mientras el día hila las horas

en el agua de una pila.

 

El pensamiento construye

verdades y deseos.

No hay nadie.

Los muertos están muertos.

El instante es la lámpara

que los rebela

atravesando los espacios

todavía frescos de su misterio.

 

Me despierto.

La inmensidad se ahonda

en la ventana

como un Dios

hecho de miradas inexplicables.

 

 

La ciudad se alza

desde sus laberintos,

un gallo canta a deshoras,

una puerta se abre y otra se cierra.

Correr de pasos anónimos,

sílabas que se alejan solitarias

como la oscuridad que apenas toca

tu cuerpo manso de reflejos.

Tierra dormida

sobre el alma que respira

goces y miedos infinitos.

 

En qué pozo te abismas,

qué aventura te arrastra

como la tarde en rápidos de luz.

La luna se asoma

desde un acantilado de estrellas.

Eres la playa que se extiende

allá debajo.

Columna de transparencia,

el espejo que a la nada sostiene,

en repentinas marejadas te refleja.

 

La mirada va, vuelve,

se regresa.

El mundo conoce sus historias,

se contempla

como la flor en su tallo dichoso,

como la nube que se abre en lo alto

y se deja salir

en formas vivas.

 

Pasajeros de las horas,

junto a la sombra que te escribe

yo te leo y te repito.

Diminuto torbellino

zumba el aire en un insecto.

El cuarto se aparece.

Ya clarea.

 

 

PIENSO

 

Dulzura escondida

prisionera del juego

sirena de los charcos

vagabunda

en tus ojos se refresca la tarde

como el silencio

en el agua de las vasijas

princesa del árbol y la nube

sobre un trono de ladrillos rotos

te viste el día

luz entre la hierba plantada

tallo del que brotan

los reflejos en racimos

perfume de prado recién llovido

te llamas como dejaron escrito

las hojas

que asistieron tu bautismo

en ti se ampara la claridad

alma que cuelga en hilos de beso

soledad sonriente

prometida de la sombra

que viaja en una flor

visitadora de secretos

misterio que alumbra

la luna llega de lejos

y te encanta

te recuestas sobre tu nombre

como sobre un espejo

donde todo es principio

y es fin

pedregal del sueño

suben por tu cuerpo

las estrellas

pareces el monte

cuando se va con el arroyo

nómada de la quietud

en tu orilla la noche

caza sus imágenes

un árbol viene por ti

cuando amanece

tu mirada es el hilo

con el que la luz

enhebra su paisaje

entre el ramal de nubes

el sol espía,

te bañas en chorros

de la mañana

ríes y el aire es un mar

por donde llega

todo el cielo en pájaros.

Pienso niña:

Si una estatua en otro juego fueras

de tus ojos saldrían chispas

para salvar de los malos

a la tierra.