|
Personajes por
orden de aparición:
ELENA:
hermana gemela de Elisa. Ambas de 15 años.
CLOTILDE:
abuela de Elena y Elisa.
AMELIA:
madre de Elena y Elisa. Mujer de pocos estudios.
PEDRO:
buen mozo. Vividor. De unos 35 años.
ARSENIO:
amigo y confidente de pedro. Cuarentón.
ELISA:
confidente de su hermana Elena.
PARAMÉDICO
2
POLICÍAS
2
PRIMER ACTO
ES TEMPRANO EN LA MAÑANA.
AL ENCENDERSE LA LUZ, APARECE UNA ESPACIOSA COCINA COMEDOR. TODO
ESTÁ
ORDENADO Y PULCRAMENTE LIMPIO. APOYADA SOBRE UNA MESA RODEADA DE
CUATRO SILLAS, ESTÁ ELENA TERMINANDO DE DESAYUNAR PARA MARCHARSE
A ESTUDIAR A CASA DE SU AMIGA MICHELLE. SE LE NOTA SOMBRÍA,
PREOCUPADA. LA JOVEN SE LEVANTA Y FRIEGA LOS UTENSILIOS
COLOCÁNDOLOS EN SU LUGAR. EN ESO APARECE, APOYADA EN SU BASTÓN,
LA ABUELA CLOTILDE.
CLOTILDE:
Apúrate Elena, que ya tu amiga Michelle debe estar esperándote.
ELENA: ¡Ay!
Abue, si ella vive aquí enfrente. Ni que viviera en la China.
CLOTILDE:
Hoy no te levantaste cuando sonó el despertador.
ELENA:
Tenía mucho sueño.
CLOTILDE:
¿Y eso?
SE PONE INQUIETA
MIENTRAS TRATA DE ESQUIVAR LA MIRADA DE LA ABUELA.
ELENA: Es
que anoche me quedé hasta muy tarde estudiando...
CLOTILDE:
¿Qué te pasa niña?
ELENA: ¿A mí?...Nada abue...
CLOTILDE: Es que de un tiempo a esta
parte, te noto rara.
ELENA: Son cosas tuyas.
MIENTRAS HABLA, SE MUEVE
NERVIOSA POR TODA POR LA COCINA ORDENANDO CUALQUIER COSA.
CLOTILDE:
No sé, pero tu estás cambiá, si tu siempre ha sio un terremoto
llena de alegría mi'ja, como un pajarito revoleteando y cantando
por toda la casa.
ELENA: (Más
nerviosa.) Debe ser que los exámenes finales me tienen
muy preocupada.
CLOTILDE: ¡Jummm!...
¡Mira mi’ja!...más sabe el diablo por viejo, que por diablo.
Pero ¡bueno!...si tu dices que no te pasa na, pues serán cosas
de esta vieja mal pensá,
ELENA, CAMINA HASTA UNA DE
LAS SILLAS Y SACA DE LA BOLSA UN LIBRO Y PAPELES Y AL OÍR LA VOZ
DE SU MADRE, SALE RÁPIDAMENTE POR LA PUERTA QUE DA AL PATIO.
DESDE EL INTERIOR DE LA CASA, EN VOZ
ALTA, PERO SIN GRITAR, AMELIA LA LLAMA.
AMELIA:
¡Elena…Elena…!
¿Todavía estás ahí?
ENTRA Y AL NOTAR QUE SU HIJA SE HA MARCHADO, SE
PONE HABLAR POR TODA LA COCINA MALHUMORADA.
AMELIA: Yo no sé lo que le pasa a
esta muchachita que siempre anda apurá y no me pone atención
cuando le hablo. Está como ida, anda por las nubes. ¡Que va! A
su eda, ya yo estaba de novia con su padre, a los diecisiete me
case y a los dieciocho, ya las había parío a ella y a Elisa.
Cuando en la sala de parto me dijeron, que venía otra más, por
poco me da un patatú. Yo tan joven con gemelas.
CLOTILDE: Tú fuiste la que siendo tan
joven, quiso casarse. Y no solo eso, dejaste la escuela.
AMELIA: Total, pare hijos y te sacarán
los ojos.
CLOTILDE. ¿Y por qué dices eso? Tus
hijas son dos niñas muy buenas.
AMELIA: Si, yo sé que son buenas, pero
siempre te la hacen. Bien que al poco tiempo de separarme de su
padre, Elisa empezó con la cantaleta de que quería irse a vivir
con él.
CLOTILDE: Y que nunca ha dicho el porque.
AMELIA: Hasta el día de hoy. ¿Y adonde
fue Elena tan temprano?
CLOTILDE: Fue a la casa de Michelle a
estudiar para los exámenes
AMELIA: Ah!...sí, se me había olvidao.
CLOTILDE: Desde niñas las dos siempre han
andao juntas. Se quieren como si fueran hermanas.
AMELIA: (Se le cae un plato.)
Vaya, lo que me faltaba. Parece que hoy no es mi día.
CLOTILDE: ¿Qué te pasa?... Ya sé, es que
ahorita se aparece el Pedrito pidiendo su desayuno y como
todavía no lo has terminao...
AMELIA: (Mirando lo que está pasando.)
No sé si será suficiente. Él es de muy buen comer.
CLOTILDE:
Lo que es un buitre. Es más lo que come que lo que aporta.
AMELIA: (Soñadora.) Pero es tan
cariñoso conmigo, tan zalamero. Desde que lo conozco, me ha
cambiao la vida.
CLOTILDE: Mejor di que nos la ha cambiao
a todas. .
AMELIA: Bueno mamá, ahora déjame que
quiero tener el desayuno ya servio pa cuado se levante Pedro.
CLOTILDE: Pero acuérdate que tienes que
hablar con Elena.
AMELIA: (Algo molesta.) Si mamá, ya me lo
dijiste ayer y ya me lo has repetio hoy.
MIENTRAS HABLA, AMELIA SE DIRIGE AL INTERIOR DE
LA CASA.
CLOTILDE: ¿Y a dónde vas ahora?
AMELIA: Voy a ver si Pedro ya se levantó.
CLOTILDE: ¡Pedro! ¡Pedro! ¡Pedro!...Oye
niña, entérate, aquí vive más gente no sólo Pedro.
AMELIA: (Se detiene.) Y dale...la tienes
agarra con él.
CLOTILDE: Acuérdate que cuando te
enamoraste del padre de las niñas, mucho que te dije que ese
hombre no te convenía y mira como te salió. Ajjj... tú y tus
cegueras.
AMELIA: ¿Ceguera de qué, mamá? Desde que
conozco a Pedro, sólo me ha dao cariño, vive para mí, siempre
atento a mis cosas.
CLOTILDE: Si, claro.
AMELIA: En cambio, el padre de las niñas
era un desgraciao mujeriego que no salía de la cantina
emborrachándose con sus amigotes para luego llegar a la casa
oliendo a alcohol y ni preguntaba si habíamos comio o no.
CLOTILDE: Eso sí es verda, él ha sio un
padre muy despegao y basura como Mario.
AMELIA: Que va, no se puede comparar con
Pedro.
CLOTILDE: Por lo que dices de Pedro, el
hombre es una joyita.
AMELIA: Pedro no será una joyita mamá,
pero sabe cómo hacerme feliz. Qué sabes tú lo que yo siento
cuando estoy a su lao.
CLOTILDE: Mi’ja, si no te estoy
criticando. Yo sé que toda mujer necesita el cariño, la atención
y la compañía de un hombre, pero esa misma necesida te ha
vuelto insensible con lo que no sea Pedro.
AMELIA: (Furiosa.) ¿Insensible? ¿Que no
me ocupo de mis hijas? ¿Y tú me dices eso mamá?... a mí,
que me he roto el lomo trabajando pa' que a ellas no les faltase
na’, pa’poder sacarlas pa’lante, pa' que no pasen por to lo que
yo he pasao.
CLOTILDE:
Cálmate mi’ja. Yo sólo te he insistio en que averigues qué le
pasa a tu hija Elena.
AMELIA: Ya mamá, ya. Si...voy a hablar
con ella, aunque estoy segura que son cosas de la edad.
CLOTILDE: No mi’ja, no, fíjate bien,
Elena está mal, algo muy serio le está pasando.
AMELIA: ¿En serio mamá?... ¡Ay!!!...ya
empezaste a asustarme con tu insistencia. (Transición.) Yo lo
que si mamá, la he notao algo distraída, como en babia.
CLOTILDE: Eso mismo le he notao yo.
AMELIA: Bueno, ahora déjame que ahorita
se levanta Pedro pidiendo su desayuno. Tu sabes que él es un
tragón. (Se ríe)
MIENTRAS AMELIA ESTÁ TERMINANDO DE HABLAR, ENTRA
PEDRO QUIEN LENTAMENTE SE LE ACERCA Y MIMOSO, LE DA UN BESO EN
EL CUELLO, ABRAZÁNDOLA POR
DETRÁS.
PEDRO:
¿Hablabas de mi ricura?
AMELIA:
(Melosa.) ¿Y de quién más,
papi?
PEDRO: ¡Hummm!...que rico huele. ¿Qué
estas haciendo de desayuno, mami?
CLOTILDE: Apareció el buitre. Ya sabía yo
que tanto amor era por la barriga vacía.
PEDRO: Señora, pero que mal pensada es Ud.
Todavía duda de mi amor por su hija,
CLOTILDE: Y tú qué pensaste ¿eh? seguro
que me va a creer. Pues no joven, ya tengo muchas hojas de
almanaque encima para ser tan ingenua como mi hija.
PEDRO: (Soltando
a Amelia.) Ya se me bajó el ánimo. Mira, mami, mejor dame
ya el desayuno. Es que hoy tengo una cita muy importante con el
gerente de una fábrica. Voy a ver si consigo trabajo.
CLOTILDE: Voy a ver, dijo un ciego
y nunca vió.
PEDRO: (Haciéndose
el que no escuchó a Clotilde.)
Es que yo no puedo
estar sin dinero chica.
AMELIA:
Yo te presto papi. ¿Cuánto necesitas?
PEDRO: No mami, no. Ya tú me has prestado
mucho dinero.
AMELIA: ¡Ay!, déjate de eso. Tú sabes
bien que lo mío es tuyo.
PEDRO:
Bueno mami, lo voy a coger porque lo necesito pero seguro,
seguro, que te lo devuelvo en cuanto pueda.
CLOTILDE: (Cantando.) Palabras, palabra,
palabras...
AMELIA SE
METE LA MANO EN EL BOLSILLO DE SU DELANTAL Y SACA
VARIOS BILLETES Y SE LOS PONE A PEDRO EN EL BOLSILLO DE LA
CAMISA.
AMELIA: Toma, ya te dije que lo mío
es tuyo.
DESPUÉS DE DARLE REPETIDAMENTE VARIOS BESOS A
AMELIA, PEDRO SE MARCHA CORRIENDO POR LA PUERTA QUE DA AL PATIO.
AMELIA:
(Corriendo tras él.) Pedro...Pedro mi amor, se te olvidó
desayunar... ¡Ay! que hombre este. (Se ríe) Lo tengo
loco.
CLOTILDE:
Sigue... sigue comiendo de lo que pica el pollo. Parece mentira
que a tu edad y con to lo que has pasao en la vida, sigas tan
inmadura.
AMELIA NO LE CONTESTA Y COMIENZA A BUSCAR LAS
COSAS PARA PREPARAR EL ALMUERZO.
CLOTILDE: En lugar de estar todo el
tiempo oliéndole la bragueta a tu marido, lo que deberías de
hacer es averiguar ya, qué es lo que le pasa a tu hija. Después
no me digas que no te avisé.
AMELIA:
(Volviéndose hacia Clotilde.) A ver mamá, dime, ¿tú has visto o
has oído algo para que estés tan alarmá?
CLOTILDE:
No, pero sí me he fijao y esa niña luce muy preocupá, se
sobresalta por to, como asustá
por algo. Yo no sé lo que es, pero lo que sí sé es que algo le
pasa a mi nieta. ¡Ja!... si no la conoceré yo.
AMELIA:
¡Ay vieja!...déjate de aspavientos. Seguro que Elena tiene algún
noviecito y no se atreve a decirlo o teme que nos enteremos.
CLOTILDE: Pero que cachaza tú tienes.
¡Oye!... es de tu
hija de quien te
hablo no de la vecina de enfrente. ¡Chica!... ¿pa' que la
pariste entonces?
AMELIA: Porque sino reventaba.
(Más
calmada.)
Mira mamá, te prometo que hoy mismo voy a sentarme a hablar con
Elena, tu nieta favorita, y tú verás vieja, que son cosa de
jovencita enamorá.
ASOMANDO LA CABEZA POR LA PUERTA DEL PATIO,
APARECE ARSENIO, EL AMIGO DE PEDRO.
ARSENIO:
¡Doña!... ¿Está Pedro?
CLOTILDE: Buenos días, ¿no?
ARSENIO: (Burlón.)
¡Oh!... Excusadme distinguidísimas damas... ¡Buenos Días! (Hace
una reverencia mientras habla.)
AMELIA:
Hace un rato Pedro se fue a una cita de trabajo.
ARSENIO: ¡Ah... caray! Tenía un negocito
para el compadre. Doñita,
¿sabe
cuándo regresa? Es que me apura hablar con él.
AMELIA:
Me imagino que a la hora de almorzar. (Transición.)
¡Ay!... no sé. Dese una vueltecita luego... ¿Y por qué tanto
apuro?... ¿Hay fuego?
ARSENIO:
No se me enoje doñita, que ya me voy. Cuando venga el compadre,
le dice que tengo algo muy bueno para él.
CLOTILDE: ¡Jummm!... Nada bueno debe ser
el asunto viniendo de este sujeto. No sé, pero a mi este hombre
no me gusta nadita, me da mala espina.
AMELIA: Mamá, por favor, que es amigo de
Pedro.
CLOTILDE: Sí, ya veo, menudo amigo se
gasta el Pedro, tan vulgar y mal educado... y tiene una cara.
Aunque el Pedro tampoco es un cofre de oro, pero por lo menos,
hay que reconocer que sabe comportarse.
CLOTILDE SE VA PARA
DENTRO DE LA CASA.
ARSENIO: (Burlón.)
Parece que no le caigo bien a la veterana.
AMELIA: ¡Mire!... so fresco,
respete...ella se llama Clotilde.
ARSENIO: Está
bien doñita,
...mejor me voy porque parece que hoy aquí el día no esta pa’
fiesta.
VA A MARCHARSE PERO SE DETIENE MIRANDO HACIA
DENTRO CON INSISTENCIA.
ARSENIO:
Uste perdone, doñita, pero... y su hija Elena, ¿no está?
AMELIA: (Distraída.) Está
estudiando con su amiguita Michelle. (Transición.)
Pero... ¡bueno! y a uste que le importa dónde está
Elena.
ARSENIO:
No se me ponga brava, doña, que solo era una cortesía.
SE MARCHA RIÉNDOSE
CÍNICAMENTE.
AMELIA:
Yo no sé como Pedro puede tener estos amigotes de pacotilla. Ahí
mamá
tiene razón. A mí tampoco me gusta nadita este tipo. Bueno
Amelia, a cocinar se ha dicho.
ENTRA ELENA. SE LE NOTA QUE ESTÁ MOLESTA.
AMELIA:
¡Niña!... que cara traes. ¿Qué mosca te picó?
ELENA: Cuando venía para acá, me tropecé
con Arsenio, el amigote de Pedro y otra vez se puso atrevido,
piropeándome con groserías. (Imitándolo.)
Mami... sabrosona. Estás de rechupete, si te agarro te pongo a
gozaaa. ¡Ay!...es que no lo soporto.
AMELIA:
Es un grosero. Ni tu abuela ni yo lo pasamos.
ELENA: Michelle le tiene pánico. Con ella
también se ha puesto grosero diciéndole indecencias pero ella no
se atreve a decirle nada. Me ha dicho que cuando él la mira con
esos ojos de sátiro en celo, ella tiembla toda.
AMELIA: Yo no sé cómo Pedro, tan distinto
que es a ese tipejo, puede soportarlo. Deja que le diga lo que
te hizo.
ELENA: Mejor no le digas nada, mami. No
quiero líos entre hombres.
AMELIA: ¿Qué
busca mi’ja?
ELENA:
(Registrando entre unos papeles.) Vine a buscar unas
notas que necesito. Ya tenemos los exámenes encima y si los
paso, me gradúo.
AMELIA COMIENZA A CAMINAR HACIA EL INTERIOR DE
LA CASA MIENTRAS LE HABLA A ELENA.
AMELIA: Que bueno mi’jita. Pero no te
demores que en cuanto llegue Pedro, almorzamos... ¡Ah!... (Se
detiene.) Después que comamos, quiero hablar contigo.
ELENA:
¿Sobre qué mami?
AMELIA: Es que tu abuela anda procupá
porque dice que a ti te pasa algo y que...
ELENA: Ya le he dicho a abuela que no me
pasa nada.
AMELIA: (Entrando al interior.) ¡Ay!,
estos muchachos de hoy que complicaos son Señor. Tú y tu
hermana, como buenas gemelas, son igualitas, escurridizas,
secretistas, misteriosas, etc., etc.,
ELENA VA A SALIR CUANDO SE TROPIEZA CON PEDRO
QUE ENTRA.
PEDRO: (Autoritario.) ¿Adónde vas?
ELENA: Ya le pedí permiso a mi madre para
salir y a Ud., Señor, no tengo porque darle cuenta de lo que
hago. Ud. No es mi padre.
PEDRO: Por suerte no lo soy, hubiera sido
una desgracia.
ELENA SE MARCHA DEJANDO A
PEDRO PARADO EN LA PUERTA OBSERVANDO HACIA DONDE ELLA SE
DIRIGE. AMELIA SALE DEL INTERIOR.
AMELIA: ¡Papi!...Que
rápido regresaste... ¿Te dieron el trabajo?
PEDRO: Tengo que volver mañana para
hablar con un supervisor. Ahora lo que quiero es meterme bajo la
ducha, tengo mucho calor.
AMELIA: Tu socio Arsenio estuvo
buscándote. Dijo que tiene algo bueno pa ti. A propósito, vas a
tener que darle un hasta aquí a ese tipo.
PEDRO: ¿Qué pasó ahora con Arsenio.
¿Otro problemita?... ya me esta cansando con sus pendejadas.
AMELIA: Otra vez acosando a Elena y
diciéndole piropos groseros.
PEDRO: ¡Ah...si!... Deja que lo agarre.
Ya yo le he advertido que con Elena no se juega. Y si no
entendió a las buenas... pues a las malas voy.
AMELIA: Ten cuidado, papi, ese tipo
parece peligroso y a mi me luce que va armao.
PEDRO: Tranquila mami, tranquilita que
aquí estoy yo para cuidarlas. Además, yo sé muy bien como tratar
a sujetos como él. Te digo más... que se cuide él de mí.
ARSENIO ASOMA LA CABEZA POR LA PUERTA.
ARSENIO: Pedro, que buenos que ya
llegaste. Necesito hablar contigo.
PEDRO: Que casualidad, yo contigo
también. Amelia, déjanos solos.
AMELIA: Pero Pedro...
PEDRO: Amelia...
AMELIA: Está bien.
AMELIA SALE Y PEDRO ESPERA UN POCO PARA ESTAR
SEGURO DE QUE ESTAN SOLOS.
ARSENIO: ¿Qué pasa Pedro?
PEDRO SE LE ACERCA Y CON VIOLENCIA, LO AGARRA
POR EL CUELLO DE LA CAMISA ARRASTRÁNDOLO HASTA LA MESA Y
APOYÁNDOLO SOBRE ELLA.
PEDRO: ¿Cuántas veces tengo que decirte
que respetes a Elena?... que ni la mires... ¿es que tu no
entiendes?... ¿o es que quieres buscarte un problema grande
conmigo?
ARSENIO: (Asustado) Cálmate Pedrito...
cálmate. Yo te voy a explicar, es que...
PEDRO: Es que nada... ¿no hay suficiente
muchachitas en este barrio para satisfacer tu enfermiza
lujuria? ¿Tu hambre insaciable por hembras?
ARSENIO: Pedro, mi hermano... te juro que
yo solamente la salude. Suéltame mano que me estás ahogando.
Además, tu sabes que a ti yo siempre te he respetado.
PEDRO: (Soltándolo amenazador) Más te
vale Arsenio, más te vale y que sea la última vez que te tengo
que llamar la atención.
ARSENIO: Así será mano. Como tú digas.
PEDRO: Deja a Elena en paz, no vuelvas a
molestarla. Te conviene escucharme por tu bien. Tu me conoces y
sabes de lo que soy capaz. Que no me entere que la sigues
acosando.
ARSENIO: (Levantando la mano.) Prometido
hermano, prometido. Ahora ven, vamos que quiero mostrarte algo
que sé te va a gustar.
ARSENIO: SE LE ACERCA PARA ABRAZARLO
CONCILIADOR.
PEDRO: Quita chico. No tengo ganas de ir
a ninguna parte.
ARSENIO: Vamos mano, olvídate ya de lo
ocurrido, tu sabes que tu eres como mi hermano y que yo nunca te
fallaría. Ven, tu verás lo que te tengo.
LE PASA EL BRAZO POR LOS HOMBROS Y AMBOS SALEN
POR LA PUERTA DEL PATIO. ELENA ENTRA POR LA MISMA PUERTA, SACA
EL MÓVIL DE LA MOCHILA Y MARCA. ESTÁ
CAYENDO LA TARDE.
ELENA: Elisa... si, soy yo. Aproveché que
vi a la gente salir de la casa para llamarte y contarte lo que
me pasó anoche. Fue de terror mi hermanita. Te juro Eli, que ya
no sé que voy a hacer, yo nunca pensé que me pasaría esto.
¡Claro que estoy asustada Eli!...es que ese hombre cada día esta
más empecinado conmigo, me vigila, me acosa, El colmo fue lo de
anoche. ¡Niña!... que te cuento. Resulta que como había tanto
calor, fui a abrir la ventana que da al patio para que me
entrara fresco y ¿a que tu no sabes quién estaba allí, al lado
de la ventana? El mismo que viste y calza... Si vieras las
miradas que ese hombre me echó, me miró con unos ojos que
parecía un gato de cómo le brillaban en la oscuridad. Yo creí
que me moría del susto cuando lo vi.. Pensé que iba a saltar
para adentro y a violarme y rápido cerré la ventana y le puse la
tranca. Espérate Eli, me pareció oír un ruido... (Se levanta
asustada) Parece que son ideas mías, es que siempre estoy
asustada. Anoche no pude pegar un ojo de lo nerviosa que estaba.
Bueno...como te decía... ¿cómo?... no, no le digas nada a papi,
puede ser peligroso para él, ya yo veré cómo hago para arreglar
esto. Eli, yo no puedo irme de la casa y dejar a la abuela
sola. Tu sabes que yo soy la que la atiendo y estoy al tanto de
que tome su medicina. ¿El que...? Ay no Eli, no, ahora no me
hables de eso que no tengo cabeza ni animo para pensar en
fiesta. Si, ya sé que tengo que distraerme un poco. Bueno, está
bien, voy a pensarlo. Claro que yo sé que es importante un baile
de graduación.
ENTRA PEDRO Y SE QUEDA OYENDO.
ELENA: Deja ver, a lo mejor te hago caso,
me embullo y vamos al baile.
AUTORITARIO Y MOLESTO, PEDRO LA INTERRUMPE.
PEDRO: ¿Con quién estás hablando, Elena?
¿Con tu enamorado de la escuela?
ELENA BRINCA
ASUSTADA.
ELENA: Y a
Ud. que le importa, señor
PEDRO: Si me importa. Además, yo soy el
hombre de esta casa.
ELENA: (Irónica) ¿No me diga? (Hablando
al celular). Eli, te llamo después, ahora tengo que regresar a
casa de Michelle. Si, todo está bien. No, no pasa nada. Que no
Eli, no tienes porque venir, todo está bien. Te llamo luego.
SE LEVANTA GUARDANDO EL CELULAR EN LA MOCHILA,
SEGUIDAMENTE, SE ENCAMINA, CON PASOS RÁPIDOS, HACIA LA PUERTA
DONDE ESTA PARADO PEDRO, AL PASAR POR SU LADO, ESTE LA AGARRA
POR UN BRAZO.
PEDRO: Como me entere que andas brincando
con un chico, ya verás Elena, ya verás.
ELENA: (Asustada.) Por favor Pedro,
déjeme que se me hace tarde, me van a cerrar la biblioteca y
necesito unos libros…
PEDRO: (Susurrante) Así me gustan las
nenas, mansitas.
LA SUELTA Y ELENA SALE CASI CORRIENDO PASANDO
POR EL LADO DE LA ABUELA QUE VA A ENTRANDO.
CLOTILDE: Pedro, que le hizo a mi nieta
que iba llorando.
PEDRO: ¿Yo? yo no le he hecho nada a
Elena. Cómo le iba a hacer algo si yo la quiero como si fuera mi
hija.
CLOTILDE:
Por favor, no me haga reír que no tengo ganas.
PEDRO:
Señora Clotilde, ¿por qué Ud. siempre me trata así, con ese
tono, si yo siempre le he mostrado mi aprecio y respeto?
CLOTILDE:
Mire, Pedro, lo que sucede es que Ud. a mi nunca me engañó. Yo
siempre sospeché que algo en Ud. andaba mal y ya pude comprobar
que no estaba equivocada…
PEDRO: …Si,
¿y cómo?
CLOTILDE: Sencillo, lo mandé a investigar
y ya me informaron de la pata que cojea.
PEDRO: ¿No me diga?
CLOTILDE: Si le digo. Ya sé cuales son
los sucios negocios que hace con su compinche el Arsenio.
PEDRO: A ver, Clotilde, dígame. ¿Cuáles
son esos negocios sucios que tan mala opinión le han dado de mi
persona?
CLOTILDE: No sea cínico Pedro, que yo se
más de lo que supone. Y si sigue acosando a mi nieta, hablaré y
diré quien es en realidad Pedro, alias "el Alacrán". Y si no lo
he hecho antes, es por mi hija que lo adora y sufriría mucho al
enterarse de la clase de alimaña que metió en su casa
PEDRO: ¿Y entonces?... ¿A quién piensa
contarle toda esa sarta de mentiras?
CLOTILDE: ¿Mentiras?... Mire, entre otras
cosas, me informaron que Ud. tiene antecedentes penales por
múltiples delitos. Y que si ahora se encuentra en la calle bajo
palabra, es por una equivocación de las autoridades.
PERDIENDO LA COMPOSTURA, PEDRO SE LE ACERCA
AMENAZADOR.
PEDRO: Es verdad todo lo que ha dicho,
doña, pero me falta un delito más, el de degollar a una vieja
entrometida y lengüilarga que yo conozco.
CLOTILDE: (Asustada retrocede mientras
comienza a agitarse.) No se me acerque, miserable.
PEDRO: Vieja, no me busque que me puede
encontrar. Mire que soy mala comida cuando me atacan.
CLOTILDE: Vieja sí, pero no idiota como
mi hija, que no se da cuenta de la clase de víbora venenosa que
es Ud.
DISFRUTANDO DEL SUSTO DE LA ANCIANA QUE CADA VEZ
SE AGITA MÁS, PEDRO SACA UNA NAVAJA.
PEDRO: Ve esta navaja, con ella he
cortado varias lenguas que me molestaban.
DE PRONTO, CLOTILDE SE LLEVA LA MANO AL PECHO
LANZANDO UN PEQUEÑO GRITO.
CLOTILDE: ¡Ay!!!...Dios mío... me siento
mal. Cállese Pedro y ayúdeme por favor que me siento muy mal...
¡Ay!, me ahogo, que dolor. (Sofocada, se lleva la mano al pecho)
mis pastillas... por favor,.. Pedro, trai...ga...mela...
CLOTILDE CAE SOBRE EL SUELO CADA VEZ MAS
AGITADA. PEDRO LA CONTEMPLA SIN MOVERSE.
CLOTILDE: Ay Dios... ayúdame... auxilio,
que algui...en me...me...ayude. Pedro...que...me...mue...ro.
PIERDE EL CONOCIMIENTO CAYENDO AL SUELO. PEDRO
GUARDA LA NAVAJA MIENTRAS SE LE ACERCA CALMADAMENTE Y LE TOMA
EL PULSO DEJANDO CAER EL BRAZO SOBRE EL PECHO DE LA ANCIANA.
PEDRO: ¡Bueno!...parece que la suerte me
acompaña y ya esta vieja metida no me molestara más. La misma se
me había convertido en un peligroso estorbo.
SE ESCUCHAN PASOS
APURADOS AFUERA APARECIENDO ELISA. AL VER A LA ABUELA TIRADA EN
EL SUELO Y A PEDRO A SU LADO, DA UN GRITO AHOGADO.
ELISA: ¡Abuelita!.., ¿qué te ha hecho
este hombre?
PEDRO: ¡Hey! niña... que yo no le he
hecho nada a tu abuela. Acabo de llegar y me la he encontrado en
ese estado.
ELISA: ¿Que le pasó entonces?
PEDRO: Tal parece que sufrió un ataque al
corazón. ¿Que tú querías? Ya ella estaba vieja y además,
enferma. Era de esperarse le ocurriera esto en cualquier
momento.
ELISA: Si, es verdad.
PEDRO: Es una pena, tan buena gente doña
Clotilde. Conmigo era muy cariñosa.
ELISA: Voy a llamar a una ambulancia. A
lo mejor todavía hay tiempo de salvarla.
SACA SU MÓVIL DEL BOLSO Y MARCA DANDO LOS DATOS.
LLEGA AMELIA CON UN PAQUETE DEL SUPERMERCADO.
AMELIA: Elisa, mi'ja, que sorpresa.
Pero...¿qué pasa? (Nota que la madre está en el suelo.) Mamá...
qué le pasa a mamá?... ¡Ay Dios mío...! viejita respóndeme.
Pedro, ¿qué le pasó a mamá?
PEDRO: No sé, cuando llegué me la
encontré ahí, en el suelo, sin conocimiento. Parece que sufrió
un ataque al corazón. Pero cálmate Amelia, tú sabías que ella
estaba muy enferma.
AMELIA: Es que es mi vieja, Pedro, es mi
madre.
ELISA: (Abrazando a Amelia.) Ya mami, a
lo mejor todavía hay tiempo para salvar a abuela…
AMELIA: ¿Tu crees mi'ja?... Es que yo no
la veo respirar.
ELISA: Yo creo que sí respira mami,
abuelita es fuerte.
AMELIA: Hay, cómo se demora la
ambulancia. Y eso que el hospital está a dos cuadras de aquí.
LLEGAN LOS PARAMÉDICOS. TODOS OBSERVAN EN
SILENCIO.
PARAMÉDICO: Hay que apurarse la señora
todavía respira. Por favor, denme la tarjeta de salud de la
paciente.
AMELIA: Enseguida.
ENTRA AL INTERIOR DE LA CASA. MIENTRAS, LOS
PARAMÉDICOS CARGAN A CLOTILDE Y LA PONEN EN UNA CAMILLA SALIENDO
DE LA CASA. AMELIA REGRESA DIRIGIÉNDOSE A PEDRO QUE HA ESTADO
OBSERVÁNDOLO TODO EN UN EXTRAÑO SILENCIO
AMELIA: Mi
amor, me acompañas, estoy muy nerviosa.
PEDRO: Yo voy después. Quiero esperar a
Elena para informarle lo que pasa y llevarla al hospital.
MIENTRAS HABLA, LA VA EMPUJANDO SUAVEMENTE HACIA
LA PUERTA DE SALIDA.
AMELIA: Bueno, entonces me voy que ya se
va la ambulancia y no quiero dejar sola a mamá ni un instante.
YA SOLO, PEDRO SE DIRIGE HACIA LA PUERTA QUE DA
AL INTERIOR DE LA CASA PASÁNDOLE LLAVE. CIERRA LAS VENTANAS Y
DIRIGIÉNDOSE AL RADIO, LO ENCIENDE Y PONE, ALGO ALTA, MÚSICA
SUAVE. LAS PRIMERAS SOMBRAS DEL ANOCHECER VAN INVADIÉNDOLO TODO.
PEDRO SE DETIENE OBSERVANDO LA ESCENA SATISFECHO Y DIRIGIÉNDOSE
HACIA EL RINCÓN MAS OSCURO, SE AGACHA. SEGUNDOS DESPUÉS, SE
ESCUCHA LA VOZ DE ELENA ENTRANDO A LA CASA.
ELENA: ¡Huy!.. que oscuro está todo.
Mamá... mami... ¿ya esta la comida? (Suelta los libros sobre una
silla) Pero... ¿que pasa? ¿Y dónde está la gente de esta casa?
(Alzando la voz) ¿No hay nadie aquí?
PEDRO: (Incorporándose) Yo... Estamos
solitos tú y yo.
ELENA SE VUELVE SORPRENDIDA HACIA LA VOZ Y DE
PRONTO SE DA CUENTA DE SU SITUACIÓN. DESESPERADA, CORRE HACIA LA
PUERTA QUE DA AL INTERIOR DE LA CASA Y COMIENZA A HALARLA.. AL
VER QUE ESTA NO ABRE CORRE HACIA LA PUERTA DEL PATIO, PERO PEDRO
LE CORTA EL PASO CERRÁNDOLA CON LLAVE.
PEDRO: Vamos, mi reina, mi vida, mi sueño
dorado, no te me resistas más, si de todas maneras va a suceder.
Te lo dije muchas veces, que no iba a parar hasta hacerte mía.
ELENA: Por favor Pedro no. Por lo que más
quiera déjeme ir.
PEDRO: Pero si lo que más quiero es a ti.
Desde la primera vez que te vi, te convertiste en mi obsesión,
mi locura, si de sólo tenerte así, a mi merced, se me calienta
la sangre, cómo me pides entonces que te deje, ahora que tengo
la oportunidad de cumplir mi más ardiente deseo. No preciosa, ni
loco desaprovecho esta oportunidad de tenerte entre mis brazos.
MIENTRAS HABLA, PEDRO SE LE HA IDO ACERCANDO
LENTAMENTE Y ELLA RETROCEDIENDO. EL LOGRA LLEGAR A ELLA Y LA
TOMA ENTRE SUS BRAZOS APRETÁNDOLA CONTRA SU PECHO.
PEDRO: (Excitado) Ven, no tengas miedo,
Si no te voy a hacer daño, al contrario, te voy a hacer muy
feliz…
ZAFÁNDOSE DE SUS
BRAZOS, ELENA CORRE HACIA LA VENTANA Y TRATA DE ABRIRLA.
ELENA: Auxilio, Ayúdenme por favor.
PEDRO: Estate quieta Elena, mira que a ti
no quiero lastimarte. De todas maneras va a suceder, así que no
te me resistas más.
ELENA: (Llorando.) Pedro no, por piedad
no, déjeme ir. Pero... ¿por qué? Ud. vive con mi madre y ella es
muy feliz y lo quiere mucho. Por eso nunca le dije nada de sus
intenciones. Si se entera se muere.
PEDRO: Pero yo te quiero a ti, muñeca,
solo a ti. Eres tan hermosa, tan bella y estás tan rica.
LA AGARRA Y COMIENZA A BESARLA COMO UN LOCO, LA
LEVANTA EN VILO Y COMIENZA A CAMINAR CON SU CARGA HACIA LA
PUERTA QUE DA AL INTERIOR D LA CASA.
ELENA:
(Luchando por zafarse) Pedro... ¿que está haciendo? suélteme...
¡déjeme ir!... ¡no!... (Asustada) ¿Adonde me lleva?
PEDRO: Al Paraíso, mi reina.
APAGÓN
SEGUNDO ACTO
HAN PASADO TRES
DÍAS Y ES YA MEDIODÍA. ENTRAN AMELIA Y ELISA, LAS DOS VESTIDAS
DE NEGRO. AMELIA LUCE DEMACRADA. HAY UN BREVE SILENCIO QUE ROMPE
AMELIA. SENTÁNDOSE EN UN SILLÓN.
AMELIA:
Estoy agotada mi'ja, estos días han sido terribles.
SE QUITA LOS
ZAPATOS Y SE PONE UNAS ZAPATILLAS QUE LE ALCANZA ELISA.
AMELIA:
¡Hay!...cómo me duelen los pies.
SE LEVANTA Y SE
DIRIGE A LA ESTUFA.
ELISA: ¿Qué
vas a hacer mami?
AMELIA: Voy
a colar café a ver si me reanimo.
ELENA:
Porque mejor no te vas a tu cuarto y te recuestas un poco. Se te
ve muy mal.
AMELIA: Es
que esto tres días han sido terribles mi'ja. Los peores días de
mi vida.
ELISA: Por
eso mismo mami, vete a descansar que yo hago el café.
ELISA EMPIEZA A
HACER CAFÉ.
AMELIA: Ha sio como si una maldición
hubiera entrao en esta casa. Primero, a mamá le da ese ataque,
se pone grave y se nos muere y ese mismo día, cuando regreso del
hospital, me encuentro que tu hermana ya estaba con la depresión
y no quiso abrirnos. ¡No vaya!...
ELISA:
Bueno, mami, es comprensible lo de Elena, todos sabemos ella
adoraba a la abuela.
AMELIA: Si mi'ja,
pero es que sigue encerrá
y no ha querio hablar con nadie. Ni a hacer los exámenes fue,
con to lo que estudio y con lo empeña que estaba por graduarse.
Ya mamá me había advertio que algo le estaba pasando.
ELISA: Es
que abuela era muy lista.
AMELIA:
¡Qué va!... ya lo de Elena es demasiao… Ni siquiera fue al
hospital a verla, ni al velorio, ni al entierro, Tanto que ellas
do se querían.
ELISA CUELA EL
CAFÉ Y LOS SIRVE EN DOS TASAS
ELISA: (Trayéndole el café.) Toma mami,
tómate el café ahora que está caliente.
AMELIA: Entonces yo estaba tan afligía
que no insistí en hablar con ella. Pero ahora va a ver.
ELISA: Déjala tranquila mami. Ya ella
saldrá y entonces la llevamos al médico.
AMELIA: ¿Qué si qué? Yo la llevo al
médico aunque sea a rastra. ¿Cómo es Eli?... ¿siquiatra, no?
ELISA, RECOSTADA
SOBRE LA PARED. NO LE CONTESTA.
AMELIA: ¡Niña! ...que te estoy hablando.
Pa´ muda con tu hermana tengo.
ELISA: Es
que estoy muy cansada mami.
AMELIA:
¿Tienes sueño mi'ja?
ELISA: Se
me cierran los ojos mami
AMELIA: Pobrecita, es que nos levantamos
tan temprano. Y ¿que me dices de anoche en el velorio? Como fue
gente viste, yo no podía atenderlos de tanto que fueron y eso
me mato Eli, estoy cansadísima.
ELISA: A mi
me pasa igual.
AMELIA: Y
como le mandaron coronas de flores los vecinos ¿viste?
ELISA: Ella era
muy popular en la cuadra.
AMELIA:
Sólo hace unos días que se nos fue y ya empiezo a extrañarla.
ELISA: Tan
sabia e inteligente. A ella sí que no se le escapaba nada de lo
que sucedía a su alrededor.
AMELIA: ¿Y
porque tu dices eso Eli? ¿Tú sabes algo?
|